Impunidad biológica

Lesa humanidad: murió sin ser juzgada una represora de víctimas del terrorismo de Estado

Dora Regeni fue directora de la Alcaidía de Mujeres de Formosa, donde sometía a vejámenes a "presas especiales". La historia se repite.

La impunidad biológica le volvió a ganar a la justicia. La represora Dora Regeni murió antes de que el Tribunal Oral Federal de Formosa comenzara a juzgarla por delitos de lesa humanidad perpetrados en la Alcaidía de Mujeres de la capital provincial, donde en la última dictadura militar funcionaba un centro clandestino de detención. Allí la represora fue jefa y sometía a torturas, vejaciones y trato inhumano a “presas especiales”, como se identificaba a las víctimas del terrorismo de Estado.

Menos de 50 mujeres, de un total de 1200 personas, fueron condenadas a lo largo de 20 años interrumpidos de juicios de lesa humanidad. La mayoría recibió penas en calidad de apropiadoras de bebés nacidos en cautiverio y arrebatados a sus familias. Son muy pocas las castigadas por la justicia por su participación en secuestros, torturas y asesinatos en el marco del genocidio de la última dictadura.

Un caso emblemático tiene como protagonista a Mirta Antón, una policía que torturó a personas llevadas al Departamento de Informaciones Policial de Córdoba. “La Cuca”, como se la conocía, es hasta el momento la primera y única mujer con sentencia a prisión perpetua. Regeni se encaminaba a ser la segunda; pero murió impune y sin ser juzgada.

Regeni fue imputada en una causa que nació de un juicio que en 2013 terminó con condenas a militares, gendarmes y policías retirados por su vínculo con la estructura represiva del Regimiento de Infantería de Monte 29 (RI 29); que fue centro clandestino y base de operaciones del Consejo de Defensa de las Fuerzas Armadas en Formosa. Entonces, Regeni tenía 77 años y estaba jubilada. Su procesamiento llegó casi diez años después, cuando su salud ya estaba deteriorada. Murió hace 15 días, a los 86 años.

Conocía y ordenaba ejecutar las vejaciones

Regeni fue la jefa de la Alcaidía de Mujeres de Formosa, donde en la actualidad funciona la Unidad Penitenciaria número 2 de la provincia. Durante la dictadura fue una dependencia de detención, que la Policía formoseña convirtió en centro clandestino de detención, tortura y exterminio. Operativamente respondía al Consejo de Defensa; y recibía y enviaba secuestradas al RI 29.

Médica de profesión y también abogada, Regeni ingresó a la estructura policial en 1971 y renunció en 1987. Según su legajo, además de jefa del centro clandestino, también fue jefa interina de Sanidad policial y médica forense de la fuerza. La Alcaidía estuvo a su cargo desde febrero de 1976 a febrero de 1978. Un grupo de sobrevivientes acusó a Regeni tanto de conocer las vejaciones a las que eran sometidas las cautivas como de ordenar que se ejecutaran.

La prueba más sólida en su contra son los testimonios que se escucharon en el juicio de 2013. Elsa Chagra contó que entre septiembre y octubre de 1976 y luego unos días de diciembre, permaneció encerrada un mes en una celda “muy pequeña y sin ventilación”.

Testimonios de la crueldad

Chagra fue secuestrada en agosto de 1976 y llevada al Regimiento; y desde ahí a la Alcaidía. Durante su estadía, Chagra no pudo higienizarse y para comer tenía que hacerlo “como los perros”. “Le dejaban la comida en el piso”, transcribió el juez federal de Formosa Pablo Morán en el dictamen para procesar a Regeni. Según el testimonio de la sobreviviente, “los guardias le daban de comer sólo cuando la doctora (Regeni) no estaba”.

Juzgado federal de Formosa
Juzgado Federal de Formosa donde debió ser juzgada Elsa Regeni

Juzgado Federal de Formosa donde debió ser juzgada Elsa Regeni

El documento judicial consigna también que, en diciembre, Chagra estuvo descompuesta y cuando solicitó medicación una enfermera se la negó “por orden de Regeni” y con la excusa de que “las gotas de paratropina eran para la perra de la Alcaidía”. Asimismo, contó que era obligada a hacer sus necesidades fisiológicas en una lata, a la que podía vaciar sólo una vez al día.

La “lata de leche” a modo de inodoro, la comida en el piso y el carácter asfixiante de las celdas en las que eran encerradas también fueron relatadas por Olga Gauna, Miriam Daldovo y su prima Marta Mayo. Gauna contó que, en 1977, permaneció encerrada durante seis meses junto a Daldovo “en una celda de un metro cuadrado, donde permanecieron vendadas y maniatadas” y a la que le daba el sol todo el día. Mayo recordó que el calabozo “no tenía ventilación” y precisó: “Solo se podía respirar aire a través de la rendija de la puerta”.

Ese grupo de mujeres, consideradas “detenidas especiales”, estaban apartadas de las presas comunes que había en la Alcaldía formoseña. Así lo testimonió Mercedes Bresanovich, celadora de esa prisión, quien aseguró que “era Regeni la que disponía qué no se debía hacer con esas detenidas; ya que era la única que hablaba con la gente del Regimiento”.

Bresanovich detalló que “nadie tenía que hablar” con las detenidas políticas, “salvo los del Ejército”; y confirmó que “se les suministraba la comida junto con una cuchara a través de una puertita, según orden establecida por Regeni”. También dijo que en el caso de que las “detenidas especiales” se enfermaran, “no se las podía llevar a atender al hospital sin orden del Regimiento; por lo que nunca se las llevó”. “Las detenidas comunes podían calentar agua para bañarse, las especiales se tenían que bañar con agua fría”, diferenció.

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