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La brecha de género en la pantalla grande Argentina

La brecha de género en la pantalla grande Argentina

08/05/2019 19:03

En la Argentina, las mujeres ganan en promedio un 25,4% menos que los varones (Economía Femini(s)ta) por cumplir con iguales actividades. Esta diferencia se agrava al conocer que “las ocupadas encuentran más obstáculos para acceder a cargos jerárquicos: mientras que un 8,1% de los ocupados varones tienen cargos de dirección o son jefes, un 4,7% de las ocupadas ejercen puestos de esas características”. Techo de cristal, pisos resbaladizos y brecha salarial son algunas de las formas de nombrar las desigualdades a las que nos enfrentamos las mujeres a la hora de desarrollar una carrera profesional.

La industria cinematográfica argentina no está exenta de esta situación. Las mujeres que trabajan detrás de las cámaras de esta industria sufren una situación de desigualdad que comienza en la inserción laboral y se acentúa en cuestiones salariales, en los espacios jerárquicos, en la representación sindical y en la falta de políticas públicas para enfrentar este escenario.

TOMA UNO: CÁMARA GRABA. En el ámbito de la formación académica en el sector audiovisual se da una situación de relativa paridad entre géneros: la Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica (ENERC) registra un total de 42% de graduadas, en sus distintas especialidades. Por otro lado, el portal Latfem indica que en 2018 las estudiantes en la ENERC, en la carrera de Diseño, Imagen y Sonido en la Universidad de Buenos Aires (UBA) y en la Universidad del Cine (FUC) registraron un total de entre el 54% y el 60% del alumnado compuesto por mujeres, respectivamente. Hasta acá, todo bien.

Sin embargo, a la hora de analizar la representatividad en el ámbito profesional comienza a insinuarse la brecha de género en la industria cinematográfica de nuestro país. Las mujeres directoras tienen mucha menos visibilidad: del total de películas argentinas estrenadas en la última década, sólo el 13,68% fueron dirigidas por mujeres (Otros Cines).

En un estudio publicado en 2016 por la consultora Grow y la organización Un Pastiche, se analizaron las diez películas nacionales más vistas aptas para menores de 13 años, estrenadas entre enero de 2010 y mayo de 2013. Allí se observa que en roles de dirección los varones ocupan el 90%, en roles de producción el 80,4% y en roles de guión el 68%.

 

 

A este desbalance se le agrega que la mayoría de las mujeres que trabajan en la industria quedan relegadas a rubros como vestuario o maquillaje, mientras que en tareas de maestranza, técnica, edición o dirección, predomina el género masculino. De las personas que integran la Asociación de Autores de Fotografía Cinematográfica Argentina (ADF), sólo el 7% son mujeres, ya que la mayoría accede a los roles de ayudantes de cámara y muy pocas logran dirigir. Así se sigue reproduciendo un estereotipo de género que encasilla a las mujeres a roles específicos.

Respecto de los salarios también se da una situación dispar. La consigna de ‘igual salario por la misma tarea’ no se cumple en casi ningún rubro. Las mujeres, inclusive las más experimentadas y en plena actividad, no llegan a percibir los mismos salarios que los varones por desempeñar el mismo rol. En el caso de la edición audiovisual, por ejemplo, la Asociación de Editores Audiovisuales (EDA) detalla en su informe 2012-2017 que las mujeres que trabajan en este rubro perciben un 23,5% menos de salario que los varones.

 

 

Otro de los problemas que se observa en este mapa de la desigualdad es la falta de presencia femenina en la conformación de los espacios jerárquicos o de decisión, tanto de empresas o instituciones cinematográficas como en espacios de representación sindical. Los sindicatos vinculados a la industria en cuestión forman parte de la amplia mayoría de organizaciones sindicales que no cumplen con la ley de cupo femenino sindical, la cual establece un piso del 30% de participación. Actualmente solo cuatro gremios (Alimentación, Bancarios, Entidades Deportivas y Sanidad) de los 24 sindicatos evaluados cumplen con esta prerrogativa, tal como expresa el informe oficial "Las mujeres en el mundo del trabajo" publicado en 2017 por el entonces Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de la Nación.

Otro factor que incide a la hora de explicar esta problemática es que las instituciones referentes del sector están dirigidas por varones. Hoy en día el INCAA, ente público no estatal que funciona en el ámbito del Ministerio de Educación, Cultura, Ciencia y Tecnología, posee un directorio en el cual los cargos más importantes están ocupados por varones en su mayoría. La única gerencia del ente dirigida por una mujer es la de Medios y Audiencias.

Este cerco al acceso y la participación de las mujeres en los organismos de decisión de las instituciones relacionadas a la actividad audiovisual constituye al llamado "techo de cristal" y reviste otra forma más de violencia simbólica e impide que las mujeres desarrollen sus tareas de forma equitativa en el mundo del trabajo, en este caso de la industria cinematográfica argentina.

TOMA DOS: CAMBIO DE AIRE. Frente a este panorama fueron cobrando fuerza agrupamientos de mujeres en la industria audiovisual que bregan por cambiar esta situación. La Mujer y el Cine, la primera de ellas, fue creada en 1988 por prestigiosas trabajadoras del cine, como María Luisa Bemberg, para estimular a las mujeres a ejercer roles de liderazgo en el cine y lograr mayor difusión de sus producciones creativas.

 

 

En 2017 se conformó Mujeres Audiovisuales (MUA), una organización que nuclea a mujeres que se dedican a la formación, producción y realización de contenidos audiovisuales de cine, televisión y nuevas plataformas en Argentina. MUA acaba de impulsar una plataforma de portfolios y currículum de mujeres que se desempeñan como directoras, camarógrafas, etcétera.


 

 

A mitad de 2018, 400 mujeres autoconvocadas de diversas agrupaciones de la industria argentina firmaron un petitorio en el que solicitaban al INCAA que el nuevo plan de fomento contemple acciones que promuevan la igualdad de género en la industria cinematográfica.

Por otro lado, a fines de 2018 el movimiento Actrices Argentinas denunció la violación sexual de Juan Darthes a Thelma Fardin, cuando la actriz tenía 16 años.  Con el hashtag #Miracomonosponemos llevaron adelante la visibilización de la denuncia, la cual puso de manifiesto la situación de vulnerabilidad a la que están expuestas las mujeres y niñas que trabajan en la industria. Este hecho trascendió la lente de las cámaras y puso en primer plano que no se trata de una cuestión aislada. A raíz de esta denuncia, decenas de mujeres del mundo del espectáculo en Argentina se animaron a denunciar y hacer públicos los abusos vividos en ámbitos laborales.

La falta de protocolos, de protección y de acción, para saber cómo proceder ante este tipo de desigualdades de género cada es un agravante a esta situación. A su vez, existen pocos estudios que evidencien un escenario completo de la brecha de género en la industria audiovisual a nivel nacional. Es necesario que se construyan estadísticas claras y actualizadas para demostrar la magnitud de la situación. En principio, con el fin de regular dicho desbalance, pero especialmente para que el Estado elabore políticas públicas al respecto que reviertan las inequidades con las que conviven las mujeres del sector.