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La radio FM debate su gratuidad en los teléfonos celulares

Una nueva regulación del ENACOM establece que las empresas de telefonía móvil no deben bloquear esa funcionalidad en los dispositivos. Las implicancias de la decisión.

La radio FM debate su gratuidad en los teléfonos celulares

06/12/2018 12:45

El Ente Nacional de Comunicaciones (ENACOM) sancionó una resolución que obliga a las empresas que brindan el servicio de telefonía móvil a no bloquear los chips de FM en los dispositivos celulares que los tengan. ¿Qué quiere decir eso? Que Personal, Claro y Movistar no podrán impedir que los usuarios de sus líneas escuchen radio FM de forma abierta y gratuita.

La resolución Nº 506/2018 explica que el ENACOM pidió un informe técnico a las empresas de telefonía sobre el estado de situación de los dispositivos con esa funcionalidad bloqueada. Luego de recibida esa información, el organismo emitió la regulación. Se trata del segundo capítulo de una saga que comenzó con una recomendación de marzo último. Las negociaciones e intereses de los empresarios, nucleados en la Asociación de Radiodifusores Privados de Argentina (ARPA), fueron centrales para la decisión de avanzar de un tibio consejo a una obligación.

 

 

¿Qué envergadura tiene este problema? ¿Qué es un chip de FM? ¿Es relevante para el derecho a la libertad de expresión e información?

Efectivamente se trata de un problema discutido a nivel mundial: ¿el teléfono celular debe contar con acceso libre y gratuito a la radio FM o los contenidos de este medio de comunicación pueden quedar librados a su explotación comercial a través del uso de los datos (con un costo) contratados para navegar en internet a través de un abono o tarjeta prepaga de telefonía móvil? Brasil, Estados Unidos y México son algunos de los países que debaten este tema.

El receptor de radio FM de los teléfonos celulares es el tercer dispositivo más utilizado para escuchar la radio en Argentina. Casi dos millones de personas la utilizan en AMBA para recibir los contenidos de más de un centenar de emisoras. Sin embargo, en los últimos años los fabricantes de dispositivos han dejado de incluir el chip que hace posible la recepción de radio FM (con la utilización de auriculares que hacen las veces de antenas) al mismo tiempo que algunas operadoras de telefonía móvil bloquean esta funcionalidad para que sus clientes deban gastar los datos contratados. A modo de referencia, escuchar una hora de radio en RadioCut consume 8 MB mientras que hacer lo mismo en la app de Mega 98.3 implica un gasto de 34 MB. Esto convierte, inmediatamente, la recepción de radio en una actividad onerosa.

 

 

Los principales argumentos utilizados para defender la inclusión y el no bloqueo de los receptores de FM en los dispositivos celulares son dos: la seguridad pública/nacional y el acceso a contenidos informativos y culturales (sentido social de la libertad de expresión).

Ante una catástrofe natural o situación de incomunicación masiva, la radiofonía como red de acceso a información útil cuenta con una robustez y universalidad mucho más amplia que internet (red privilegiada por las empresas que bloquean la recepción de FM). La radio es una red de comunicación más robusta que internet porque sus comunicaciones no caen de acuerdo a la cantidad de personas que se sumen a la transmisión y es menos sensible a situaciones de catástrofe en las que los servicios de electricidad e internet móvil se interrumpen. O, incluso, en situaciones más banales, como un estadio de fútbol lleno o un recital de gran magnitud. Además, la cobertura de la red es mucho más amplia: pueblos donde no llega internet móvil sí cuentan con transmisiones radiofónicas.

Arancelar el acceso a este medio, que puede ser la única fuente de información en una situación como la mencionada, tiene el peligro de aumentar la vulnerabilidad de la población de menos recursos: paga más caro los datos por la contratación del servicio a través de tarjetas prepagas.

En vista del derecho a la libertad de expresión y el acceso a la información, sostener y defender la gratuidad y apertura del acceso a la radio parece suficiente argumento. Sin embargo, puede citarse otro factor, como el anonimato de la escucha: todo lo que hacemos en internet deja rastros y genera un perfil nuestro como usuarios de esa red.

Los fabricantes de dispositivos, principales responsables de incluir o no el chip, argumentan que el mercado decidirá la relevancia de la FM en los celulares: el que quiere un dispositivo con FM lo compra con esa funcionalidad. En los últimos años, los dispositivos de alta gama comenzaron a excluir esta posibilidad. Apple, por caso, no incluye el chip de FM en ninguno de sus dispositivos de acuerdo a lo que la empresa contestó a la FCC cuando, en Estados Unidos, este organismo le recomendó habilitar esa funcionalidad.

 

Arancelar el acceso a la radio, un medio que puede ser la única fuente de información en una situación social de peligro, puede aumentar la vulnerabilidad de la población de menos recursos: paga más caro los datos por la contratación del servicio a través de tarjetas prepagas.

 

A pesar de la práctica de bloquear el chip de FM –que muestra cierto nivel de conveniencia para telefónicas, fabricantes de dispositivos y plataformas de streaming musical-, en distintos países la regulación ha dado muestras de funcionar para realizar su activación en los casos en los que el microprocesador del teléfono cuenta con esta funcionalidad. Fue el caso de Samsung en Estados Unidos.

La inclusión y habilitación de los chips de FM no será la única dificultad que la radio deba sortear para sostenerse en ese dispositivo de escucha: el crecimiento de los auriculares bluetooth y la eliminación de las terminales para conectar auriculares analógicos en los aparatos ya se convirtió en otra amenaza. Estos puertos, denominados jack, hacen las veces de antena en los dispositivos móviles.

La regulación de la convergencia tiene aspectos más controversiales que otros, pero en cada uno de ellos demuestra la dificultad del Estado para administrar la relación entre tecnologías (plataformas, dispositivos, redes), medios de comunicación (radios, audiovisual, prensa), usos sociales, interés público e interés comercial de los actores involucrados. Resta saber si, como sucedió en Estados Unidos y en Brasil, el ente regulador avanza también sobre los fabricantes (e importadores) de dispositivos.

La radio FM debate su gratuidad en los teléfonos celulares

Miembro del Programa de Industrias Culturales y Espacio Público (UNQ).

Una nueva regulación del ENACOM establece que las empresas de telefonía móvil no deben bloquear esa funcionalidad en los dispositivos. Las implicancias de la decisión.

El Ente Nacional de Comunicaciones (ENACOM) sancionó una resolución que obliga a las empresas que brindan el servicio de telefonía móvil a no bloquear los chips de FM en los dispositivos celulares que los tengan. ¿Qué quiere decir eso? Que Personal, Claro y Movistar no podrán impedir que los usuarios de sus líneas escuchen radio FM de forma abierta y gratuita.

La resolución Nº 506/2018 explica que el ENACOM pidió un informe técnico a las empresas de telefonía sobre el estado de situación de los dispositivos con esa funcionalidad bloqueada. Luego de recibida esa información, el organismo emitió la regulación. Se trata del segundo capítulo de una saga que comenzó con una recomendación de marzo último. Las negociaciones e intereses de los empresarios, nucleados en la Asociación de Radiodifusores Privados de Argentina (ARPA), fueron centrales para la decisión de avanzar de un tibio consejo a una obligación.

 

 

¿Qué envergadura tiene este problema? ¿Qué es un chip de FM? ¿Es relevante para el derecho a la libertad de expresión e información?

Efectivamente se trata de un problema discutido a nivel mundial: ¿el teléfono celular debe contar con acceso libre y gratuito a la radio FM o los contenidos de este medio de comunicación pueden quedar librados a su explotación comercial a través del uso de los datos (con un costo) contratados para navegar en internet a través de un abono o tarjeta prepaga de telefonía móvil? Brasil, Estados Unidos y México son algunos de los países que debaten este tema.

El receptor de radio FM de los teléfonos celulares es el tercer dispositivo más utilizado para escuchar la radio en Argentina. Casi dos millones de personas la utilizan en AMBA para recibir los contenidos de más de un centenar de emisoras. Sin embargo, en los últimos años los fabricantes de dispositivos han dejado de incluir el chip que hace posible la recepción de radio FM (con la utilización de auriculares que hacen las veces de antenas) al mismo tiempo que algunas operadoras de telefonía móvil bloquean esta funcionalidad para que sus clientes deban gastar los datos contratados. A modo de referencia, escuchar una hora de radio en RadioCut consume 8 MB mientras que hacer lo mismo en la app de Mega 98.3 implica un gasto de 34 MB. Esto convierte, inmediatamente, la recepción de radio en una actividad onerosa.

 

 

Los principales argumentos utilizados para defender la inclusión y el no bloqueo de los receptores de FM en los dispositivos celulares son dos: la seguridad pública/nacional y el acceso a contenidos informativos y culturales (sentido social de la libertad de expresión).

Ante una catástrofe natural o situación de incomunicación masiva, la radiofonía como red de acceso a información útil cuenta con una robustez y universalidad mucho más amplia que internet (red privilegiada por las empresas que bloquean la recepción de FM). La radio es una red de comunicación más robusta que internet porque sus comunicaciones no caen de acuerdo a la cantidad de personas que se sumen a la transmisión y es menos sensible a situaciones de catástrofe en las que los servicios de electricidad e internet móvil se interrumpen. O, incluso, en situaciones más banales, como un estadio de fútbol lleno o un recital de gran magnitud. Además, la cobertura de la red es mucho más amplia: pueblos donde no llega internet móvil sí cuentan con transmisiones radiofónicas.

Arancelar el acceso a este medio, que puede ser la única fuente de información en una situación como la mencionada, tiene el peligro de aumentar la vulnerabilidad de la población de menos recursos: paga más caro los datos por la contratación del servicio a través de tarjetas prepagas.

En vista del derecho a la libertad de expresión y el acceso a la información, sostener y defender la gratuidad y apertura del acceso a la radio parece suficiente argumento. Sin embargo, puede citarse otro factor, como el anonimato de la escucha: todo lo que hacemos en internet deja rastros y genera un perfil nuestro como usuarios de esa red.

Los fabricantes de dispositivos, principales responsables de incluir o no el chip, argumentan que el mercado decidirá la relevancia de la FM en los celulares: el que quiere un dispositivo con FM lo compra con esa funcionalidad. En los últimos años, los dispositivos de alta gama comenzaron a excluir esta posibilidad. Apple, por caso, no incluye el chip de FM en ninguno de sus dispositivos de acuerdo a lo que la empresa contestó a la FCC cuando, en Estados Unidos, este organismo le recomendó habilitar esa funcionalidad.

 

Arancelar el acceso a la radio, un medio que puede ser la única fuente de información en una situación social de peligro, puede aumentar la vulnerabilidad de la población de menos recursos: paga más caro los datos por la contratación del servicio a través de tarjetas prepagas.

 

A pesar de la práctica de bloquear el chip de FM –que muestra cierto nivel de conveniencia para telefónicas, fabricantes de dispositivos y plataformas de streaming musical-, en distintos países la regulación ha dado muestras de funcionar para realizar su activación en los casos en los que el microprocesador del teléfono cuenta con esta funcionalidad. Fue el caso de Samsung en Estados Unidos.

La inclusión y habilitación de los chips de FM no será la única dificultad que la radio deba sortear para sostenerse en ese dispositivo de escucha: el crecimiento de los auriculares bluetooth y la eliminación de las terminales para conectar auriculares analógicos en los aparatos ya se convirtió en otra amenaza. Estos puertos, denominados jack, hacen las veces de antena en los dispositivos móviles.

La regulación de la convergencia tiene aspectos más controversiales que otros, pero en cada uno de ellos demuestra la dificultad del Estado para administrar la relación entre tecnologías (plataformas, dispositivos, redes), medios de comunicación (radios, audiovisual, prensa), usos sociales, interés público e interés comercial de los actores involucrados. Resta saber si, como sucedió en Estados Unidos y en Brasil, el ente regulador avanza también sobre los fabricantes (e importadores) de dispositivos.