La memoria construye el presente y asegura el futuro

El 24 de marzo es una fecha bisagra para los argentinos, un día para reflexionar y recordar el comienzo de la etapa más oscura de nuestra Historia, el autodenominado Proceso de Reorganización Nacional, que se dedicó a desarrollar un complejo sistema de secuestro y desaparición de personas, donde la tortura fue la constante, dentro de los centros clandestinos de detención, y la ejecución el resultado. 
El tenebroso “ni vivos ni muertos” fue el indicador más contundente de que la mayoría de los cuerpos no serían encontrados. A todo esto se le suma otro mecanismo siniestro: la apropiación de menores. Niños de entonces a quienes su identidad, derecho humano inalienable, les fue arrebatada. 

 

Debemos señalar que el ejercicio de la represión más profundo y vil no se efectuó a plena luz del día, dando la cara, sino que se hizo por las noches, en los famosos Falcon verdes, con personal no identificado, en el marco de un Estado paralelo y subterráneo, un Estado que no necesitaba responderles a las madres dónde estaban sus hijos. 

 

¿De qué “guerra sucia” podemos hablar, si los fallecidos en combate fueron la excepción, y la desaparición, fue la regla? 30.000 desaparecidos, cuyas familias quedaron destruidas, confirman lo que realmente fue: TERRORISMO DE ESTADO.  

 

Muchos de nosotros lo vivimos y sufrimos, pero las nuevas generaciones no, quienes han tenido la fortuna de nacer en Democracia necesitan darle una real dimensión a estos acontecimientos. Por esto, es fundamental contar la Historia. No podemos permitir que los jóvenes no sepan lo que pasó durante el autodenominado “Proceso de Reorganización Nacional”. La lucha por los Derechos Humanos no es patrimonio de ninguna organización política ni social, sino que nos pertenece a todos.

 

En el 83 de la mano del entonces presidente Raúl Alfonsín, la sociedad opto por el camino de la derogación de la Autoamnistía  que intentaba garantizar la retirada impune del régimen militar. Gracias a este pacto, de no pactar, que se generó en todo el tejido social, se pudo comenzar a cambiar la historia. 

 

Y dan cuanta  los  avances y progresos que hemos tenido desde el retorno a la democracia: 

 

  • La creación de la CONADEP. 
  • El Juicio a las Juntas Militares, hecho inédito en la región y que confirmó la existencia de un plan sistemático de exterminio.
  • Los Juicios por la Verdad.
  • La derogación de las leyes de punto final y obediencia debida.
  • El ininterrumpido e incansable trabajo de los organismos de Derechos Humanos.
  • Los juicios que hoy se están llevando adelante con sus casi 700  condenados por ser responsables de cometer delitos de lesa humanidad. 

En cuanto a la reconstrucción de la memoria histórica, sumamente importante, podemos decir con orgullo que a la fecha, gracias a la creación del Banco Nacional de Datos Genéticos y al incansable trabajo de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, han sido recuperados 121 nietos, 121 personas cuya verdadera identidad, arrebatada por el proceso, les fue devuelta y pudieron reencontrarse con su verdadera familia. 

 

Otro logro es la señalización de los más de 600 lugares como “Sitios de Memoria del Terrorismo de Estado”, utilizados por la última dictadura para ejercer el terror, así como también la transformación de varios de ellos en Espacios de Memoria, con el fin de investigar, recuperar, preservar y difundir la memoria de los desaparecidos.
Más allá de los vaivenes políticos, podemos decir que desde la vuelta a la Democracia hemos avanzado en el camino de la búsqueda, de la verdad y la justicia, pero nuestra tarea aún no ha terminado.

 

No podemos ni debemos olvidar, ni bajar los brazos, cuando aún hay nietos por recuperar, hay archivos por desclasificar y hay responsabilidades por juzgar. La memoria construye el presente y asegura el futuro.

 

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