Casi un tercio de todos los nacimientos de la Argentina en la próxima década ocurrirá en el Gran Buenos Aires. La mayoría de estos argentinos vendrán al mundo en alguno de sus 900.000 hogares pobres. El GBA representa un cuarto del país, pero recibirá casi un tercio de los 3,5 millones de nacimientos superando a las Provincias de Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos, Tucumán, Salta, y San Juan, juntas. Esto es un enorme desafío y una oportunidad, a condición de dejar atrás la política abandónica que caracterizó las últimas décadas.
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Por no resolver los problemas crónicos del Conurbano, falleció gente, la esperanza de vida es casi diez años menor que en los centros urbanos, la mortalidad materna continúa afectando a los más necesitados, en un contexto donde se dejaron venir a bajo los hospitales y todo el sistema de atención primaria de la salud, y la Riachuelo y su cuenca (donde vive 1 de cada 6 argentinos), es causa de enfermedad y fallecimientos.
En este contexto de abandono, como ha dicho la gobernadora María Eugenia Vidal, la política “no supo, o no quiso” resolver los problemas estructurales del Gran Buenos Aires, lo que afectó a su vez el desarrollo de todo el país. Los 377.000 hogares precarios, el 1.800.000 viviendas sin cloacas, y el millón de familias que usan garrafa o leña para cocinar, calentar agua, y calefaccionarse, atestiguan en favor de las palabras de la gobernadora, igual que los 1.200 Km de calles de tierra que empantanan los accesos de los 24 municipios.
Se inauguraban hospitales en barrios anegados por barro y zanjas infestadas con agua de deshecho cloacal, y se compraban ambulancias donde el nombre del intendente o gobernador no podían llegar a más de un cuarto de los domicilios. Para que la política llegara a imponentes actos electorales o festivales de música con siderales inversiones, caravanas de autos oficiales transitaban por rutas destruidas, ya que una infraestructura electoral pagada a precio de oro, duraba tanto como el cartón. Esto costó vidas humanas e hizo que lideremos un triste ranking: ser uno de los países con mayor mortalidad por accidentes de tránsito de todo el mundo.
El Conurbano representa casi un tercio del futuro económico y social de la Argentina. Se comenzó a trabajar en salud, con el SAME y la puesta a nuevo de las guardias de una gran parte de los hospitales provinciales, comenzó la refacción de escuelas, los trabajos de pavimentos (que duren para siempre y no hasta la próxima elección), y la ingente obra de cloacas y agua potable. Hay más de 1700 obras en ejecución en cabeza de los municipios de la Provincia, la mayoría en el GBA, gracias a una transferencia de fondos provinciales nunca vista.
Hay que lamentar que algunos intendentes quieren borrar la participación de la Provincia y la Nación en esta revolución de infraestructura, que nuevamente, no se veía por décadas (viejas prácticas). La lucha por los fondos del Conurbano que ha comenzado la Gobernadora, con apoyo del Presidente Macri, es parte de esta transformación; exigir “los recursos que le corresponden a los bonaerenses”, reclamo largamente ignorado por los autores y defensores del relato.
Lo que se agota es el “relato”. Y el débil éxito electoral del pasado sobre el cambio es un último estertor. El relato irá siendo silenciado por el ruido de la maquinaria vial, por el agua pura brotando de las canillas de miles de viviendas otrora sometidas a un clientelismo vergonzoso, o por las ambulancias que, esta vez, puedan llegar a tiempo para salvar una vida. Niños en escuelas decentes y abiertas, y estudiantes universitarios y profesionales, repensarán la Argentina e irán dejando atrás la trama de punteros y mafiosos que provocó el estrago convertido en sistema. La verdad vencerá a la hipocresía, y no habrá alternativa a “gobernar diciendo la verdad”, en palabras del Presidente Macri.