Este domingo

Perú decide si vuelve el fujimorismo en ballotage con final abierto

Con 23 millones de ciudadanos en condiciones de votar, la opción es Keiko -la hija del ex presidente encarcelado, que lleva una leve ventaja- o el veterano PPK. El modelo pro mercado no corre riesgos.

La segunda vuelta electoral o ballotage de a poco se instala con fuerza en toda la región. Este domingo, poco más de 23 millones de peruanos optarán entre Keiko Fujimori y Pedro Pablo Kuzinsky para que ocupen la presidencia del país en el período 2016-2021 en reemplazo del actual presidente, Ollanta Humala. El cambio no será de modelo. Ambos candidatos están comprometidos con las políticas pro mercado que se vienen aplicando en Perú desde principios de la década del 90, justamente durante el mandato del padre de Keiko, el hoy detenido acusado de delitos de lesa humanidad y corrupción, Alberto Fujimori (1990-2000).

 

Aunque por margen estrecho (no más de 5 puntos), todas las encuestas coinciden en que Keiko estaría ganando la elección y se convertiría de esa manera en la primera mujer en llegar a la presidencia del país a tono con lo que sucedió en Chile, Argentina y Brasil y puede pasar en noviembre en Estados Unidos. Pero no es su género ni su juventud (41 años) lo que arrastra a Keiko, sino, sobre todo, el recuerdo del gobierno de su padre, que para sus seguidores es sinónimo de liderazgo, pacificación, estabilidad económica y, sobre todo, seguridad. Este último ítem es también, para los encuestadores, la principal preocupación de los peruanos. Los enrejados frentes de las casas en Lima le dan verosmilitud a ese cálculo.

 

La esperanza de PPK, como se conoce acá al retador de Keiko, pasa por la gran cantidad de electores (entre 10% y 15%) que en los sondeos se expresan como indecisos o a favor del voto en blanco. La distancia no es mucha y el economista confía en que el temor a la vuelta del fujimorismo al poder sea más fuerte que el por cierto escaso enamoramiento que generó su candidatura. Claro que hay un lado B de ese voto: que sean votantes vergonzantes de Keiko.

 

Con 77 años, el economista, quien fuera ministro de Fernando Belaunde Terry en los 80 y de Alejandro Toledo a principios de este siglo, apuesta también al recuerdo del gobierno de Fujimori, pero de lo que se evalúa como negativo: corrupción, abuso de poder, violaciones a los derechos humanos, cierre del Congreso y hasta esterilizaciones forzadas. Ese miedo es el que llevó a que casi todos los ex candidatos presidenciales estén pidiendo votarlo con las únicas excepciones del siempre hábil Alan García y el candidato antisistema Gregorio Santos.

 

Veronika Mendoza, tercera en la elección general y representante de la izquierda peruana, primero promovió el voto en blanco pero en esta última semana, reflejando la preocupación de sus bases por el crecimiento de Keiko, pidió votar en contra del retorno del fujimorismo, que es como decir a favor de PPK.

 

Sin embargo, el respaldo generalizado de los candidatos no es garantía de triunfo. El sistema de partidos políticos peruanos fue destruido por Fujimori y, paradójicamente, la única que tiene un partido con extensión a lo largo y a lo ancho de todo este país es Keiko, que, tras ser derrotada en 2011 por Humala, se dedicó a llevar su Fuerza Popular a todo Perú, al norte y al sur, a la selva, a la montaña y a la costa.

 

En la noche de este jueves, ambos candidatos cerraron sus campañas y, además de los vergonzosos pases de baile y chistes forzados a los que obliga el modo espectáculo de la política actual, se pudieron ver con claridad las luces y las sombras de las dos opciones.

 

 

Keiko tiene hambre de gloria. Ganas de ser. No teme incluso bordear los márgenes e irritar a la elite peruana con promesas sin demasiado sustento de aumentos salariales, legalización a mineros en situación irregular e, incluso, controles de precio para la leche. Una osadía cuestionada por el centinela mediático del modelo económico, el centenario diario El Comercio, que en su editorial de hoy le recuerda a Keiko que la regulación de precios está prohibida por la Constitución peruana que promovió su padre en 1993.

 

PPK busca compensar su avanzada edad con la imagen de institucionalidad de la que su contrincante adolece. Si ambos coinciden en que el modelo económico no se toca, lo que hace falta es avanzar en reformas de segundo grado que permitan terminar con la corrupción y mejorar el funcionamiento del Estado peruano, dice PPK.

 

 

 

Pero todos saben aquí que el eje de la elección del domingo pasa por el hombre detenido en la prisión de El Callao y al que el cáncer avanzado que lo carcome podría permitirle terminar sus días en su casa independientemente del resultado de la elección. Aunque, en rigor, no es él sino su recuerdo el que, en definitiva, determinará si el lunes Perú tiene presidente o presidenta. 

 

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