El jefe de Estado Nicolás Maduro, acompañado de su estado mayor, recibió el jueves en el Palacio de Miraflores al dos veces derrotado candidato de la variopinta alianza Mesa de Unidad Democrática (MUD), Henrique Capriles, en un encuentro al que faltó el ala radical de la oposición que buscar forzar con protestas callejeras la renuncia presidencial.
El encuentro, arrancado con forceps luego de arduas gestiones de los cancilleres de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), tuvo como “testigos de buena fe” a los cancilleres de Ecuador, Brasil y Colombia, además del nuncio apostólico, quien leyó un mensaje del papa Francisco.
Maduro rechazó las principales propuestas opositoras –amnistía de presos, desarme de grupos civiles afines al oficialismo–, propuso a los opositores que se integren a mesas y comisiones, y les convocó a una nueva reunión para el martes con un triunvirato gubernamental.
El presidente “pierde una gran oportunidad de realizar una cesión estratégica a la oposición para levantar la esperanza [de la población] en el dialogo”, dijo la madrugada del viernes, cuando concluía el encuentro, el politólogo Luis Vicente León, director de la empresa Datanálisis.
Maduro, en una introducción de casi una hora, lanzó una larga lista de recriminaciones a los opositores, entre ellas a los llamamientos de sectores radicales a su derrocamiento, y les pidió “una condena a la violencia como forma de hacer política, como forma y estrategia para cambiar gobiernos”.
“Ni queremos un golpe de Estado ni queremos un estallido social. [...] Queremos que este problema se resuelva [... pero para ello] respetemos la Constitución, dejemos la represión”, aseguró por su parte Capriles.
Desde hace nueve semanas Venezuela soporta protestas, algunas degeneradas en disturbios, que dejaron 40 muertos, 600 heridos y un centenar de denuncias por violaciones a los derechos humanos, sin que gobierno y opositores se hubiesen sentado a una mesa de discusión hasta este jueves.