Clima enrarecido

Por Ricardo Salas (*).-

Aunque los pasillos de la gobernación y de la Legislatura aparecen despoblados ante la coyuntura veraniega de la segunda quincena de enero, recíprocamente, las “operaciones políticas” no tienen descanso, casi como una novela de engaños y desengaños.

 

Las negociaciones paritarias en la provincia, con una discusión salarial que fue pateada para la semana que viene, y la cotidiana ofensiva de la Casa Rosada contra Daniel Scioli, son dos temas puntuales que ocupan la atención del radar gubernamental, en un intento por evitar nuevas “formaciones meteorológicas” sobre el tablero político e institucional.

 

En primer lugar, nadie con un mínimo grado de sensatez cree que la administración bonaerense pueda “tirar la casa por la ventana”, ofreciendo subas salariales de imposible cumplimiento, básicamente por la estructural cuestión financiera.

 

Recién cuando la negociación paritaria nacional establezca un porcentaje salarial como “referencia”, el gobernador podrá intentar cerrar la paritaria bonaerense con docentes y estatales.

 

Pero, en la víspera, el escenario de tensión se agravó con otro duro cruce del gobierno nacional contra el Ejecutivo bonaerense, saliendo a rechazar el reclamo público que realizaron ministros de Scioli por la coparticipación federal de impuestos.

 

No quedan dudas de que, con autorización presidencial, el ministro del Interior y Trasporte, Florencio Randazzo, por tercera vez en una semana, volvió a pegarle a Scioli. El primer chispazo fue cuando saltó a reclamarle al gobernador que explique si las “diferencias” que dice mantener con la presidenta Cristina Fernández de Kirchner son “de fondo o intrascendentes”, dentro de los ejes centrales del “modelo nacional y popular” que implementa la jefa del Estado argentino.

 

Los habituales comunicadores del Ejecutivo bonaerense no se quedaron de brazos cruzados. Y, aunque sin confrontación abierta, salieron a pedirle al ministro nacional –que aún no oficializó su deseo de competir por una candidatura para la gobernación de calle 6– no sobreactuar y que sea “prudente y respetuoso”.

 

La ministra de Gobierno, Cristina Alvarez Rodríguez, aclaró que Scioli “no tiene nada que aclarar ni dar ninguna prueba de fidelidad”, pese al pedido de explicaciones desde el kirchnerismo ortodoxo al mandatario por sus ahorros en dólares.

 

Con pocas horas de diferencia, el jefe de Gabinete, Alberto Pérez, endureció la postura de la Provincia pidiendo poder “rediscutir” un nuevo esquema de distribución de los recursos impositivos nacionales –que contemple los aportes y las necesidades de la Provincia– y el Fondo del Conurbano.

 

Esa actitud no es casual. En medio del comienzo formal de las negociaciones paritarias con los gremios docentes y estatales de la Provincia, la administración Scioli parece haber decidido abrir un paraguas frente al gobierno nacional por los índices de coparticipación, ante la dificultad financiera que se le presentará a la hora de pagar los aumentos salariales para este año.

 

Un primer bosquejo de queja había pronunciado la ministra de Economía, Silvina Batakis, cuando cuestionó fuertemente el sistema de Coparticipación Federal, al que calificó de “abiertamente arbitrario”.

 

Rápidamente, un sector de la oposición que hace unos meses había formulado un reclamo similar respaldó la posición pública asumida por la ministra, a través del diputado Abel Buil en representación legislativa del Frente Amplio Progresista (FAP).

 

Este nuevo escenario afloró durante la crisis de recursos de mediados del año pasado, cuando Scioli no pudo pagar el aguinaldo a los empleados públicos en tiempo y forma. Además de las graves dificultades para cumplir con el pago a proveedores y saldar otras deudas.

 

La oposición en pleno, en tanto, no sólo viene sosteniendo la postura de que es necesario reformular un esquema en el que los bonaerenses aportan casi el 40 por ciento de los recursos impositivos que recauda la Nación y la Provincia recibe sólo el 21 por ciento –además de tener en su territorio el 38 por ciento de la población del país con necesidades básicas insatisfechas–, sino que ya llevó el planteo ante la Corte Suprema de la Nación.

 

Si la Provincia tuviera los puntos de coparticipación que le correspondieran, las arcas bonaerenses no estarían en números rojos y la dependencia de Nación sería mucho menor”, asegura Buil, excompañero de estudio de la ministra Batakis, durante un posgrado de economía.

 

Pero la respuesta nacional no tardó en llegar hasta La Plata. La Casa Rosada, por intermedio del ministro Randazzo, impugnó el reclamo verbal que Pérez ejecutó por la coparticipación de impuestos, exteriorizando que Buenos Aires “es una provincia perjudicada con la pérdida de casi 7 puntos con los que hoy lograríamos estar en equilibrio sin ayuda”.

 

En marzo del 2010, el difunto expresidente Néstor Kirchner se comprometió a discutir una nueva ley de coparticipación, recordó Juan Courel, portavoz del Ejecutivo sciolista, sin alcanzar a poner paños fríos.

 

Resulta de difícil interpretación, en las diagonales platenses, la ofensiva del núcleo duro que, pendiente del estado de ánimo presidencial, sale a maltratar públicamente a Scioli, no haciendo otra cosa que mantenerlo en los altos índices de imagen positiva, pese a un dificultoso contexto de gestión gubernamental.

 

“Se están calentando motores, pero las revoluciones son de máxima de potencia”, explica metafóricamente un agudo observador legislativo. “La Rosada no soporta la ambigüedad de Scioli, pero lo castiga aún cuando lo necesitan políticamente para garantizarse en la Provincia una buena elección legislativa en octubre próximo”, agrega.

 

El gran mérito del gobernador es mantenerse en las encuestas como principal actor de la provincia y, al menos hasta hoy, en la carrera por la sucesión presidencial de 2015. Su estrategia es sencilla: no contesta los ataques de la Nación. Sabe que, en términos económicos, los dudosos índices de inflación pueden afectar aún más la imagen de Cristina Fernández frente a un esquema de malhumor social.

 

Por aprendizaje de los tiempos del microclima político, Scioli acumula “fortaleza” para 2015, pero sabe que todavía tiene que atravesar la tormenta de 2013. Es decir, la disputa por el reparto de lugares en la boleta electoral para la venidera renovación legislativa dentro del oficialista Frente para la Victoria K.

 

Estrategas del “sciolismo” garantizan que este año encontrará a Scioli “donde siempre hemos estado”. Es decir, el gobernador se quedará dentro del espacio kirchnerista-cristinista. Eso sí, en calle 6, auguran cierta injerencia de Scioli en el armado de las listas para asegurar su gobernabilidad en la Provincia.

 

Así como Scioli blanqueó tener aspiraciones presidenciales, su entorno gubernamental advierte que ni la re-reelección de Cristina de Kirchner ni una reforma constitucional son temas que hoy aparecen en el debate público.

 

Ambos escenarios están en la “agenda política” de algunos actores del kirchnerismo puro que proponen “plebiscitar” la gestión presidencial de CFK en las legislativas 2013, y esperando cosechar un gran colchón de votos que sirvan como plataforma para abrir camino a un tercer período de la actual jefa de Estado en la Rosada.

 

En todo caso, y si bien los “trazos gruesos” siguen uniendo a Scioli al “modelo nacional”, desde lo gestual el gobernador exhibe diferencias concretas con el ultrakirchnerismo.

 

Ejemplo: cuando apuesta al dialogo institucional con intendentes municipales de la oposición y los sectores gremiales para fortalecer su “gestión real” en una provincia “compleja” que atraviesa situaciones de crisis estructural, tanto en términos financieros como de inseguridad ciudadana.

 

Como un acróbata, Scioli también elude participar de la batalla ideológica que viene dando la Rosada contra los fallos judiciales por la ley de medios y la que postergó la expropiación del predio de la Sociedad Rural.

 

“En octubre la sociedad tiene la posibilidad de elegir nuevamente, y nuevamente tenemos la convicción de que las representaciones legislativas van a quedar equilibradas para garantizar y mejorar la gobernabilidad”, aseguran desde las carpas de los “colorados” tras participar de la caminata con charla informal con turistas en Monte Hermoso, protagonizada por el diputado nacional Francisco de Narváez junto a la senadora bahiense Nidia Moirano.

 

Desde el radicalismo sostienen que la población sabe que “en su voto esta la herramienta para terminar con el autoritarismo del gobierno”, y confían en la posibilidad de arrebatarle el poder absoluto al peronismo en las urnas. No solo en el orden nacional, sino también en el orden provincial.

 

En plena pretemporada, tanto en el esquema del peronismo anti K como en el radicalismo y el Frente Amplio Progresista que tiene como principal referente en la Provincia a la líder del GEN, Margarita Stolbizer, asoma un escenario de posibles nuevas alianzas electorales.

 

(*) Periodista. Columnista de  La Nueva Provincia.

 

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