El cacerolazo de la esperanza

Por Martín Yeza (*)

Creo que este Jueves (ya conocido como #8N), hay que ir al cacerolazo por sobre todas las cosas porque al Gobierno Nacional le molesta que vayamos y nos quiere convencer de que no lo hagamos. Que afirmen y se queden con que son la política y que ir a la plaza es la antipolítica porque de hecho, lo es.

 

En la mayoría de los pueblos de herencia latina se repite arquitectónicamente un modelo nuclear en el que el edificio de gobierno es el símbolo del poder político, la iglesia el símbolo del poder religioso y la plaza es el símbolo del poder popular o ciudadano.

 

Cuando los pueblos toman las plazas es lógico que los edificios de gobierno y sus dependientes se alteren. Se producen inevitables rupturas e indomables cambios.

 

Los motivos

 

Mañana algunos marcharemos en contra de la creciente corrupción e impunidad, también por el preocupante avance sobre las libertades individuales a pesar de ampliaciones de derechos ciudadanos sobre los que los ciudadanos no hemos podido manifestarnos con herramientas de vinculación.

 

Algunos otros marcharán por situaciones hipotéticas pero posibles, como la reforma constitucional para tener Cristina eterna y otros por cuestiones más tangibles, inseguridad e inflación que se traducen sobre todo en la incapacidad de ver un horizonte de progreso más allá del fin de año.

 

Creer que detrás de la organización del cacerolazo hay un laboratorio en el que confluyen Gerentes de “corporaciones” junto a los “líderes opositores”, es como mínimo infantil, pero un poco perverso si es que no se lo cree y en realidad se lo pretende construir como dato de la realidad.

 

Tampoco debemos olvidarnos que hay quienes irán además por el avance de #LaCamporaSA (ahora devenida en Unidos y Organizados) en las escuelas.

 

La épica y la estética

 

Hay calentura. Calentura porque se quiere vivir en un país normal y no en un melodrama al estilo Andrea del Boca, para eso está la televisión, pero para las ficciones, no para lo que se supone real. El kirchnerismo ha construido una épica falaz alrededor de dos estéticas horribles:

 

a) Ser pobre está bueno, no quieras ser de clase media, “mirá en lo que te convertís”, “vos vivís mal por culpa de la clase media que tanto te odia”, “no alimentes más el sistema, así estás bien”.

 

b) La tragedia como dimensión para la vida. Una dimensión en la que nuestra líder electa vive desde el luto y la mística militante se construye a partir del vigor de quien ya no vive. ¿Dónde quedó la felicidad? Como dice Manu Chao “Nos engañaron con la Primavera”.

 

La espontaneidad organizada

 

¿Qué líder político en la Argentina es capaz de movilizar 250.000 personas? Es simple: Ninguno.

 

Vivimos en un país en el que el control mediático gira polarmente hacia el Estado. Hay algunos medios que aún no pueden controlar, pero sobre los cuales sí pueden operar, tal es el caso de las redes sociales. Lo único que hay que hacer para entender al kirchnerismo es ver qué es lo que dicen de “los otros”. No logran entender que hay cosas que suceden espontáneamente y se reproducen como un virus desconocido. Creen que todo se fabrica, que todo es plata, que todo es premeditado, que no hay azar y que el fin es uno: Destruir al adversario. Eso son ellos.

 

Hay un argumento cínico en el kirchnerismo, que se explica sobre todo por su composición dirigencial (de clase alta) provenientes de la izquierda cultural, más que del peronismo: Les parece grasa protestar cuando a alguien se le toca el bolsillo, ¡Como si tuviera algo malo! Ahora parece, hay que salir a manifestarse cada vez que Cristina da un discurso, o meten una ley corcoveando, o pescan al vicepresidente vinculado con una sociedad oscura para quedarse con el negocio de la impresión de billetes, lo descubren y terminan estatizando la empresa calcográfica ¡Festejemos, está todo bien!

 

El desafío

 

Cristina se disfraza de Evita para que nosotros nos disfracemos de gorilas, para alimentar una contradicción en la que ella gana porque nos mete en un tren fantasma de personajes con los que no tenemos nada que ver. Que no vamos a discutir nada en esos términos.

 

La manifestación debe ser ante todo pacífica, que la paz se convierta en una cadena nacional al revés. El kirchnerismo también debe ser más tolerante y entender que cuando se junta mucha gente, se envalentona, y que culturalmente surgen los cantitos de fútbol (si lo sabrán ellos que financian con plata de los jubilados el programa Fútbol para todos), no lloremos entre nosotros, convengamos que los cantos de Unidos y Organizados tampoco son “imagine” de John Lennon.

 

Entender que Cristina no la tiene fácil, que el mundo está jodido, que se puede equivocar cualquiera. Nadie reconoce que se equivoca cuando tiene a alguien que todos los días le dice que está equivocado. Hay que ser más comprensivo: Nos equivocamos todos.

 

Cristina tiene la oportunidad de gobernar en paz y pregonar la unión en lugar del enfrentamiento, es muy triste que haya elegido gobernar para un hipotético 54% inamovible. Ojalá se diera cuenta que un porcentaje enorme de la sociedad quiere que sea la Presidente de todos hasta el 2015, porque todos hemos aprendido a valorar lo que es tener una buena democracia y esta se construye en base a códigos básicos de cooperación.

 

Con esperanza, alegría y un poco de hartazgo voy a participar hoy a las 20 horas del cacerolazo.

 

Pido disculpas a quienes les moleste.

 

(*) Coordinador en la Dirección de Políticas de Juventud del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Tw: @martinyeza

 

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