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CASTA PROPIA

El Gobierno podría favorecer a una startup amiga en una licitación para lanzar satélites

Avanzó en una licitación internacional para el SABIA-Mar, a través de la CONAE. Ruptura del esquema histórico de acuerdos con EE.UU.

El Gobierno lanzó una licitación internacional para contratar el servicio de lanzamiento del SABIA-Mar, impulsada por la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), que rompió con el esquema histórico de acuerdos entre Estados y activó sospechas en el sector aeroespacial por un pliego que podría favorecer a una startup con llegada a áreas clave.

La apertura de un expediente para licitar la puesta en órbita de un nuevo satélite argentino, que contó con el visto bueno del secretario de Innovación, Ciencia y Tecnología, Darío Genua, cambia las reglas de juego del sector aeroespacial. Hasta ese momento, la Argentina resolvía la puesta en órbita de sus satélites mediante acuerdos con actores consolidados o convenios entre Estados. Los ARSAT, por caso, fueron lanzados por Arianespace y los SAOCOM, por SpaceX, en esquemas que garantizaban respaldo técnico y previsibilidad operativa.

La licitación publicada diez días atrás modificó ese criterio y abrió la puerta a una contratación externa con un formato distinto. El pliego redefinió el esquema de acceso al espacio y amplió el tipo de actores habilitados a participar del proceso.

Ese diseño estableció la contratación de un servicio integral que incluyó logística, transporte, uso de instalaciones, gestión técnica, provisión de sistemas de separación y carga de propelente. De esa forma, habilitó la participación de empresas que no necesariamente operaban lanzadores.

Licitación del SABIA-Mar y cambio del modelo espacial

Uno de los puntos centrales del pliego fue la posibilidad de utilizar vehículos de transferencia orbital (OTV), un segmento específico del negocio espacial que no formaba parte de los esquemas anteriores y que coincidía con el núcleo de actividad de Epic, una startup fundada por Ignacio Belieres Montero

La incorporación de ese componente no resultó neutral. En el modelo previo, los lanzadores utilizados por Arianespace o SpaceX colocaban directamente el satélite en su órbita final. La inclusión de un OTV redefinió la arquitectura del servicio.

A ese esquema se sumó otro elemento relevante: la licitación no previó segmentación por etapas. Bajo ese formato, un único adjudicatario concentraría la totalidad del servicio, desde la logística hasta el lanzamiento.

En el sector aeroespacial, ese diseño reforzó la hipótesis de que el proceso podría estar configurado para favorecer a un actor específico con capacidad de integrar todas las fases del servicio.

La evaluación de las ofertas también dejó margen para interpretaciones. Si bien el pliego estableció una ponderación que combinó variables técnicas y económicas, habilitó a la CONAE a recalificar el cumplimiento de los oferentes según la documentación presentada.

CONAE, Epic y la relación con el Gobierno

En ese contexto, las miradas se concentraron en Epic, la startup aeroespacial que ya había quedado en el centro de la escena por su vínculo con el Gobierno. Fundada en 2019, la empresa se especializó en vehículos de transferencia orbital.

La firma fue encabezada por Belieres Montero y, pese a su visibilidad, no contaba con trayectoria en lanzamientos propios ni con contratos de escala comparable en el mercado internacional. Sin embargo, logró posicionamiento institucional.

En paralelo, el secretario de Innovación, Ciencia y Tecnología, Genua, concentró la toma de decisiones en un contexto particular: la CONAE no contaba con conducción ejecutiva plena desde hacía meses por la falta de acuerdo entre los organismos responsables de su dirección.

Ese vacío de poder reforzó el peso de la Secretaría en la definición de la estrategia del programa espacial y en el diseño del proceso licitatorio. En ese marco, la licitación del SABIA-Mar apareció como una decisión estructural.

El cruce entre ese esquema de poder y el rediseño del modelo de contratación, que incorporó tecnologías alineadas con el negocio de Epic, alimentó las sospechas dentro del sector.

Del modelo estatal a la apertura del negocio espacial

La discusión de fondo excedió a una empresa. Lo que estuvo en juego fue el modelo de acceso al espacio que adoptaría la Argentina en los años siguientes.

El paso de acuerdos entre Estados o contratos con operadores consolidados a una licitación integral redefinió el equilibrio entre lo público y lo privado en un área estratégica.

Para algunos actores del sector, se trató de una modernización que abrió el juego a nuevas tecnologías. Para otros, implicó una tercerización selectiva que podría afectar capacidades acumuladas durante décadas.

La licitación del SABIA-Mar no solo definió quién pondría el próximo satélite argentino en órbita, sino también quiénes quedarían posicionados en el negocio espacial en la nueva etapa.

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