Desatado como nunca, Donald Trump avisó que la presión militar sobre el régimen chavista y los ataques a lanchas en el mar derivarán en cualquier momento en operaciones militares en tierra. "Conocemos qué rutas toman y dónde viven. Vamos a empezar con eso muy pronto", dijo.
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Hasta el papa León XIV –recordemos: un estadounidense– pidió evitar una conflagración y llamó a "buscar el diálogo". Sin embargo, la guerra ya comenzó de facto con esos bombardeos en el Caribe, verdaderas condenas a muerte sin juicio a los tripulantes de las embarcaciones, sin que importe si son efectivamente narcotraficantes o, como se ha alegado en varios casos, pescadores. Y esta, como toda guerra, ya tiene sus crímenes: no solo lo mencionado, sino la orden de liquidar incluso a quienes sobreviven al primer golpe y quedan a la deriva en alta mar, cosa que está desatando un escándalo de alcances difíciles de dimensionar en los propios Estados Unidos.
Nicolás Maduro, señalado por Washington como cabeza del fantasioso "Cartel de los Soles", trata de mostrarse distendido en público, pero según The New York Times reforzó su seguridad con asistencia cubana y cambia permanentemente de teléfonos celulares y de lugar de pernocte.
Al parecer fracasadas las gestiones para un exilio del dictador venezolano, el Pentágono se declara decidido ahora a frustrarle cualquier intento de fuga.
La región, Argentina incluida, parece sumergirse en un tiempo oscuro.
"Operación matarlos a todos"
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Donald Trump y Pete Hegseth. (Foto: captura de redes).
Una tormenta política se ha desatado en Washington en torno a Pete Hegseth, secretario de Guerra, tal la denominación que Trump, poco amante de los eufemismos, decidió darle a la cartera de Defensa en su segundo mandato.
En medio de una ola de ataques a lanchas que ya dejó decenas de muertos, un episodio ocurrido el 2 de septiembre se convirtió en motivo de preocupación tanto para los demócratas como para no pocos republicanos del Capitolio. Ese día, dos personas sobrevivieron a un ataque en el mar y fueron ultimados enseguida cuando flotaban aferrados a restos de la embarcación, lo que no permitiría mostrarlos como "amenazas a la seguridad nacional" de los Estados Unidos. De acuerdo con The Washington Post, eso ocurrió por órdenes de Hegseth.
"De acuerdo con dos personas con conocimiento directo de la operación, 'La orden fue matarlos a todos'", señaló ese diario.
El clamor sobre un evidente crimen de guerra resultó atizado por un irritante posteo del ministro, que mostró a la tortugaFranklin disparando a botes desde un helicóptero con "espíritu navideño".
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El asunto fue mucho hasta para el presidente, que tomó distancia del escándalo. Sin embargo, la vocera del Pentágono Kingsley Wilson le echó tierra encima –si se permite la figura en este contexto– al afirmar que "estos ataques son dirigidos por el presidente y la cadena de mando funciona como debe ser. El secretario y el presidente dirigen estos ataques, y el secretario está totalmente de acuerdo con cualquier ataque posterior" a uno inicial que no mate a todos los tripulantes de un barco sospechado.
La portavoz del propio Trump, Karoline Leavitt, ratificó la política de "eliminar" a "los grupos narcoterroristas designados por el presidente", pero adjudicó la responsabilidad de lo ocurrido el 2 de septiembre al almirante Frank Bradley, encarcago del operativo.
Temeroso de quedar involucrado en una investigación o de recibir cargos –y desde ahora seguro de quedar mal parado frente a la tropa–, el secretario de Guerra tomó distancia del escándalo y dijo haberse enterado de lo ocurrido "un par de horas después". Sin embargo, afirmó que Bradley "tomó la decisión correcta".
Pocos días después del episodio mencionado, que trasciende ahora, Hegseth intimó a cientos de oficiales de las Fuerzas Armadas a acatar sus políticas o a pedir el retiro.
"No lucharemos en función de reglas estúpidas. Les desatamos las manos a nuestros combatientes para intimidar, desmoralizar, cazar y matar a los enemigos de nuestro país. No más reglas de enfrentamiento políticamente correctas y despóticas (…). Sólo sentido común, máxima letalidad y autoridad para nuestros combatientes", definió en la base del Cuerpo de Marines de Quantico, Virginia. La Convención de Ginebra se ha convertido en un adorno.
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El funcionario llegó al cargo en medio de fuertes controversias.
Exmilitar, nunca tuvo responsabilidad de comando y se destacó más bien como comentarista de televisión. Así, la votación sobre su nominación salió empatada en el Senado, lo que sólo pudo destrabar el sufragio excepcional del vicepresidente J. D. Vance.
A poco de haber asumido, se vio involucrado en un escándalo por la filtración de planes bélicos en un servicio de chat no oficial ni cifrado.
¿Trump lo sostendrá o le soltará la mano?
Palabras filosas en el Capitolio
Entre muchas voces de condena se destacó la del senador demócrata por Arizona Mark Kelly, un capitán retirado de la Armada y exastronauta, quien les recordó a los militares que "deben rechazar órdenes ilegales". Hegseth sugirió que revertiría su retiro para someterlo a un consejo de guerra y Trump replicó recordando que la sedición "se puede castigar con la muerte".
El legislador reveló haber recibido desde entonces graves amenazas y replicó: "Me tomo en serio las amenazas de este presidente. ¿Cuántas veces en la historia de nuestro país han escuchado a un presidente de los Estados Unidos decir que los miembros del Senado y de la Cámara de Representantes deberían ser ahorcados? Donald Trump no me va a callar y no me intimida".
Lo que parece avecinarse sobre Venezuela debería tener en vilo a toda la región, pero esta se divide entre quienes apoyan a Maduro por motivos ideológicos, quienes –como Javier Milei– están dispuestos a apoyar cualquier aventura por esa misma razón –en sentido opuesto– o por aguda dependencia financiera, quienes callan por temor y quienes actúan para evitar un precedente espantoso.
Trump conversó ayer 40 minutos por teléfono con Luiz Inácio Lula da Silva, quien no se limitó a tratar el espinoso tema de los aranceles y se ofreció para mediar con Venezuela. Trump volvió a elogiarlo vivamente, ¿pero qué margen habría que no fuera una salida negociada del dictador?
Mientras, contracara perfecta, el mandatario argentino hace su parte del pressing al exigir una "acción inmediata" contra Maduro y Diosdado Cabello, líder del ala militar del chavismo, de parte de la Corte Penal Internacional (CPI), el mismo foro que ignora olímpicamente cada vez que invita a la Argentina a Benjamín Netanyahu, sobre quien pesa una orden de captura internacional por crímenes de guerra y de lesa humanidad cometidos por Israel en Gaza.
El espectáculo del poder
Trump es un cultor del poder puro y duro, cuya exhibición resulta más ejemplificadora cuanto más impúdica y arbitrariamente se lo ejerce. Por eso se permite sostener sus amenazas a Maduro mientras acaba de indultar a un narco convicto en los Estados Unidos como el expresidente hondureño Juan Orlando Hernández.
Según el republicano, la condena de 45 años de cárcel recibida por este por haber inundado el mercado estadounidense con 400 toneladas de cocaína fue producto de "una trampa" montada por Joe Biden. "Si alguien vende drogas en un país (diferente de Estados Unidos), eso no significa que haya que arrestar al presidente y meterlo en la cárcel por el resto de su vida", declaró. Sorprendente.
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El expresidente de Honduras Juan Orlando Hernández fue extraditado en 2022 a Estados Unidos por cargos de narcotráfico.
Hernández pertenece al mismo partido del candidato hondureño preferido de Trump, Nasry "Tito" Asfura, quien quedó detrás del conservadorSalvador Nasralla en un escrutinio accidentado y que parece eterno. La Casa Blanca habló de "fraude", pero acaso se conforme con que el oficialismo de izquierda, el zelayismo, haya quedado tercero y lejos de la pelea.
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Ya no se trata sólo de la competencia con China: Estados Unidos pretende hacerse un mundo a medida con los peores modos que haya utilizado al menos desde la guerra en Irak de 2003.
Argentina, tan frágil y dependiente, mira con la resignación de quien se siente jugado.