BRASILIA (enviado especial) El resultado de la primera vuelta presidencial presagiaba un cierto favoritismo de Flávio Bolsonaro sobre Luiz Inácio Lula da Silva para el balotaje de este domingo en Brasil. Sin embargo, las encuestas señalan de manera unánime que la brecha que, de hecho, se abrió en la primera semana del tramo decisivo de la campaña, se fue cerrando conforme pasaron los días hasta consolidar una situación de empate técnico. ¿Qué ocurrió?
Uno de los últimos sondeos y ciertamente el más esperado, el de Datafolha, conocido el jueves a la noche arrojó un 50-50 que puso en tensión a la campaña de la derecha y que llenó de optimismo a la de la izquierda. El lulismo asegura que la virada seguirá en las próximas horas y que le permitirá al presidente llegar arriba el domingo cuando se instalen las urnas electrónicas.
En el medio hubo unas cuantas correcciones en el rumbo de la campaña del Partido de los Trabajadores (PT), que contaron con el inestimable concurso de manejar los resortes del poder.
Mauro Patrão, economista y profesor titular en la Universidad de Brasilia (UnB) ayudó a Letra P a entender qué errores se enmendaron, lo que permite explicar un momentum del oficialismo que hace imprevisible lo que hasta hace no mucho no parecía tal cosa.
Primera corrección: las deudas en mora
"Incluso con la inflación controlada en torno al 4% anual, un crecimiento de la economía del 3% anual, una tasa de desempleo en su mínimo histórico del 5%, el salario medio en un máximo histórico y la tasa de pobreza en un mínimo histórico, muchas personas no sienten este buen momento de la economía debido al elevado nivel de endeudamiento", dijo Patrão.
"La causa fue la explosión de las apuestas, lo que derivó en tres programas de renegociación de esos compromisos y en una decisión tardía de Lula de prohibir el funcionamiento de las bets", esto es de las casas de apuestas online, añadió.
Ese punto flojo fue percibido por la campaña de Lula incluso días antes de la primera vuelta, cuando el presidente emitió una medida provisoria —equivalente a un DNU que rige, pero que aún debe ser validado por el Congreso— para ilegalizar totalmente las bets.
¿Será que, más allá de un anuncio que metió mucho ruido y generó resistencias en medios de comunicación y clubes de fútbol populares nutridos de esos recursos publicitarios, esas acciones comienzan a percibirse ahora?
"Prohibir no es proteger", fue la leyenda que Flamengo exhibió en las camisetas el jueves a la noche en el partido que terminó consagrando a Estudiantes de La Plata finalista de la Libertadores. Reemplazó la publicidad de una casa de apuestas, vedada por el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva.
Segunda corrección: el fin del ajuste silencioso
El economista explicó que "el desequilibrio fiscal acumulado desde las exenciones fiscales del gobierno de Dilma Rousseff y, principalmente, en el último año del gobierno de Jair Bolsonaro obligó a una laboriosa reorganización fiscal por parte de Lula en su tercer mandato. El presidente consiguió victorias importantes como la reforma tributaria sobre los impuestos al consumo y también la tributación mínima sobre la renta de los superricos, pero esto no fue suficiente para contener la inflación, que fue controlada con elevadas tasas de interés por el Banco Central".
Eso, claro, encareció el crédito en general y agravó el mencionado problema de las deudas en mora.
Adicionalmente, ese ajuste silencioso hizo que se mantuviera sin ajustes el beneficio del plan Bolsa Familia —equivalente a la AUH argentina—, acumulando un atraso del 15%.
Esto, sumado a que los receptores de ese programa ya lo asumen como un derecho que ningún gobierno va a amenazar, explicó una relativa pérdida de votos para Lula en los municipios pequeños y medianos más dependientes de dicho plan, no dramática, pero sí importante en un contexto de empate.
Así llegó la segunda gran corrección: el ajuste debido del 15% al Bolsa Familia y el anticipo de los pagos de octubre, para que se sientan plenamente esta semana final de campaña.
La decisión es importante en momentos en que Bolsonaro hijo no alcanza a explicar —o no se lo permite— los extremos del tesouraço que promete, así como rumores intencionados de que podría dar de baja ese programa antes de cumplir la mitad de un eventual mandato.
Tercera corrección: la calidad de vida
En una parte amplia de la sociedad, "existe frustración por la escasa mejora en la calidad de los servicios públicos, especialmente en salud, educación y seguridad. El gobierno no logró ni intentó hacer una reforma administrativa que promoviera una mejora sustancial de esos servicios públicos, incluida la gran parte que se presta a nivel estadual y municipal. Entonces sí existe una sensación de estancamiento en una parte del electorado que votó a Lula en el pasado", señaló Patrão.
Según el economista consultado por Letra P, las condiciones de trabajo y los tiempos de descanso y ocio forman parte de ese conjunto. "Una de las medidas a las que el gobierno no le dio la importancia necesaria fue la aprobación de la enmienda constitucional del fin de la escala 6x1", esto es la reducción de la semana laboral de los seis días de siempre a cinco, y de 44 horas a 40, sin quita salarial. Fue aprobada en la Cámara de Diputados el semestre pasado, pero no fue aprobada en el Senado sino el último miércoles 14, después del impacto del primer turno y verdaderamente contra reloj.
Fue un gol, al punto que hasta Flávio Bolsonaro, que se había opuesto firmemente a la reforma, terminó votándola a favor con el argumento de que "es lo que quieren los trabajadores". Eso es establecer agenda.
El futuro y las correcciones pendientes
El 37% de la población activa que trabaja en la informalidad resulta difícil de alcanzar, pero algo se hizo por ella con la prohibición de las bets y con la mejora del Bolsa Familia. Faltaría llegar a la clase media baja, justamente la que ascendió en la escala de ingresos en los dos primeros mandatos de Lula da Silva.
El surgimiento de la llamada "clase C", la de los pobres elevado a un sector medio-bajo, generó demandas de segunda generación que son las señaladas por el economista Patrão: "Sobre todo salud, educación y seguridad", insiste.
"La población está cansada de ser tratada como un activo de caridad estatal, quiere poder ser tratada, al menos, como consumidora, como se trata a la clase media cuando paga por servicios privados. Este es uno de los principales nudos políticos de la izquierda brasileña, latinoamericana y tal vez mundial", concluye.
¿Tarea para el hogar?