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Mini Davos

Cambiemos se abraza al CCK, faraónica obra K que será sede del G20 2018

El detrás de escena del Foro de Inversiones. Iconografía cultural de exportación, catering premium y francotiradores. El macrismo, enamorado del monumento kirchnerista por excelencia.

La charla se dio en uno de los ascensores del Centro Cultural Néstor Kirchner. “No sé qué creían. Que acá había un tipo en carretilla que te llevaba piso por piso”, comentó un empresario que hizo negocios con todos los gobiernos. Se rieron casi todos. Se refería a la sorpresa de la gran mayoría de los presentes, nacionales y extranjeros, sobre las cualidades prácticas, de movilidad y el lujo del CCK, faraónica obra del kirchnerismo. En los pasillos, el ministro de Educación, Esteban Bullrich, y otros funcionarios elogiaban la edificación y la abrazaban como juguete nuevo. Es que el macrismo ha adoptado el CCK para todo evento de envergadura.

 

El primero fue la recepción al presidente de Estados Unidos, Barack Obama; el segundo, el foro de inversiones Mini Davos, que termina este viernes, y el tercero, quizás el más ambicioso, la reunión del G20 del año 2018, a celebrarse en Argentina.

 

Los que organizaron el Davos junior aseguran que fue, de hecho, un testeo para ese gran evento internacional, tanto en materia de seguridad como en logística y servicios. Uno de los que trabaja en la puesta en práctica del G20, el dirigente alimenticio y de la UIA Daniel Funes de Rioja, fue a conocerlo casi especialmente. Algunos de los empresarios, en tanto, se mostraron curiosos por ver el lugar refaccionado donde funcionaba una de las oficinas de Eva Perón. En cierta medida, el foro de inversiones explotó ese costado nacionalista rígido de los objetos culturas argentinos: música de Mercedes Sosa, tango convencional for export y simbología clásica, como el Obelisco, todos esos elementos que muestran una Argentina que no existe bajo esos rasgos ni en la calle ni en las milongas ni en el circuito de tango no comercial.

 

El catering de primer nivel ayudó y el CCK tiene un restaurante en el cuarto piso que se transformó en el escenario de las charlas informales de hombres y mujeres de negocios y periodistas. Los francotiradores fueron una constante para el buen observador. Mientras el embajador de Estados Unidos, Noah Mamet, coordinaba un panel de innovación en el que participaron referentes de Google y otros fondos tecnológicos, caminaban por la planta superior del auditorio del segundo piso policías fuertemente armados. Se sumaron a los que, desde el inicio de la reunión, se apostaron en la terraza del edificio, donde cada mediodía almorzaban funcionarios en reuniones cerradas.

 

En el piso cero, en un patio de comidas improvisado, las empresas desplegaron sus productos con costo cero para el insumo comida y bebida. Y algunos hasta pusieron stands, como la alemana Siemens, el mayor contribuyente en dinero al convite global.

 

En la puerta, detrás de las vallas sobre la avenida Alem, la custodia y los policías sólo tenían acceso a unos panchos callejeros, uno de los tantos contrastes entre la pintura puertas adentro y la realidad de la calle.

 

@leandrorenou

 

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