La vendetta del dietazo: el Gobierno apuesta a capitalizar el desgaste de Monzó
En la Rosada dicen que la crisis desatada, a los ojos del entorno presidencial, es “una oportunidad” para equilibrar la interna que atraviesa al PRO entre Marcos Peña y el titular de la Cámara baja.
En medio de la sofisticación política o de la semilla de la fractura, el gobierno de Mauricio Macri camina los últimos sesenta días su primer año de mandato. Se trata de un largo trecho en términos legislativos para la alianza Cambiemos, cuyos escuderos dentro del Congreso Nacional parecen tener el mismo sabor agridulce que resuman algunos funcionarios de la Casa Rosada: la primera semana de noviembre cerró con la aprobación de dos tercios en la Cámara baja del presupuesto 2017, dato opacado ante el 47% de incremento en la dieta de los diputados nacionales. El aumento tiene 15 puntos por encima del 31% de la paritaria anual de los trabajadores legislativos. Una línea de equilibrio acordada "desde hace años", pensada para equiparar en términos nominales el ingreso de los representantes electos con los empleados del Poder Legislativo.
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Sin embargo, la cifra tiene un lado B: los gastos de representación y los pasajes de traslados para cada escaño. El monto trepó a los 30.000 pesos mensuales, canjeables en caso de no ser usados. Entre salario y lado B, el total supera los 140.000 pesos, apenas treinta menos que el sueldo bruto del Presidente, de 173.000, luego de un incremento "paritario" del 31%.
En medio de un año marcado por el desempleo, la caída del salario, la multiplicación de la precarización y el escalamiento de la pobreza, que los representantes electos en la elección que ungió a Macri se aumenten casi la mitad, transformó la habitualidad de todos los gobiernos democráticos en un espejo muy incómodo para el estreno anual de la administración de Cambiemos. El tropezón, ahora en suspenso, limó a los diputados del oficialismo y especialmente al titular de la Cámara, Emilio Monzó, y, en segundo grado, a la vicepresidenta Gabriela Michetti (de gira por Abu Dhabi). También al presidente provisional, Federico Pinedo.
El miércoles, Macri paseó por Santa Fe junto al ignoto titular nacional de la UCR e intendente de la capital provincial, José Corral, y habló de luchar contra la pobreza mientras se dejaba besar por señoras jubiladas. El cóctel de campaña resultó menor ante el intento de autocrítica presidencial. "Hay que reconocer que hubo una inflación, que hay que hacer un ajuste para ser medianamente equitativos, pero tampoco en estos momentos pasarse de largo“, dijo el mandatario para desautorizar el aumento, cuya responsabilidad tradicionalmente queda en manos del dueño de la lapicera congresal, el presidente de la Cámara baja. Al día siguiente, Monzó acusó recibo del cachetazo, bajó un cambio y anunció la revisión de la medida, un renuente dolor de cabeza que se repite desde 1983 -recuerda un alto funcionario de la Casa Rosada- que tuvo su clímax más cercano de la mano del ex titular de la Cámara Julián Dominguez.
Para ese manual de tradiciones legislativas, el plan de reducción de daños ya está en marcha, pero, en la dinámica de la alianza Cambiemos, los raspones de Monzó serán aprovechados por sus discretos antagonistas, como el jefe de Gabinete, Marcos Peña. La incógnita de la devolución de favores sobrevuela, pero la agenda que se avecina ofrece pistas: a pedido del Ejecutivo, los escuderos de Cambiemos en las dos cámaras deberán reincidir para reformar el Ministerio Público Fiscal, una parte del revés de la semana pasada, e imponer en la mesa de acuerdos del Congreso una reforma electoral para que el primer comicio de medio término del macrismo (en el poder) sea mediante la Boleta Única Electrónica (BUE). "Será todo a costa de Emilio", anticipan con una inolcultable inquina presidencial.