Este lunes, los ADR (acciones de empresas argentinas que cotizan en Wall Street) sufrieron bajas fuertes y generalizadas, el dólar oficial alcanzó su cotización más alta del año —aunque muy atrasada respecto de la inflación— y el riesgo soberano se acomodó por encima de los 800 puntos básicos.
El Gobierno atribuye la mala racha —y la que sabe que persistirá "por tres o cuatros días" a partir de batacazo de la oposición en Estados Unidos— al "riesgo kuka", expresión que no debe naturalizarse en su sesgo despectivo y antidemocrático.
Ese factor sólo es mencionable porque el programa económico no funciona ni siquiera en sus propios términos, con una inflación que en octubre volvería a ubicarse apenas por debajo del 2%, un superávit fiscal en buena medida dibujado y dependiente de un círculo vicioso e interminable de ajustes de gasto y una economía inevitablemente recesiva.
Esto, el plan que no arranca, es el gran lastre que pesa sobre el proyecto Milei 2027.
Así las cosas, el interrogante de los inversores pasa por el futuro de la deuda, en particular de los vencimientos previstos para el año electoral: un total de 25.000 millones de dólares, 10.500 millones con tenedores privados y nada menos que 7.500 millones con el ansioso FMI.
Caputo se esfuerza en juntar divisas, en pedirles a los responsables de la política oficial que "blinden" el ángulo electoral con acuerdos con gobernadores afines —lo que se demora y lo desespera— y en asegurarle al mercado algo que en realidad no sabe: que Milei va a ser reelecto.
El jefe de Estado, en tanto, lanza cada día cifras diferentes —cada vez más infladas— sobre el poder de fuego existente para enfrentar corridas cambiarias, reza para que China no se harte de sus veleidades proestadounidenses y sostenga en swap en vigor, y confía en la ayuda de Trump en caso de necesidad y urgencia.
Las midterms y el futuro de la Argentina
Citados por ámbito.com, analistas de Max Capital habían advertido que "una eventual victoria demócrata en las elecciones de medio término representaría otro riesgo bajista para los activos argentinos en el corto plazo".
¿Por qué? ¿Una derrota republicana en las midterms condicionaría esa garantía? No. En principio…
En los comicios de este martes, el electorado estadounidense renovó la totalidad de la Cámara de Representantes (435 bancas), que tendrá una vigencia de dos años. Asimismo, 35 de las cien del Senado, las gobernaciones de 36 estados y legislaturas estaduales.
La pérdida del control de las dos cámaras del Congreso por parte del oficialismo es analizada como una ola demócrata, una paliza y un voto castigo contundente contra un Trump que, con sus arancelazos y sus aventuras bélicas en el Golfo, desquició el poder de compra de la población más que lo que ya estaba y termina recluido en un núcleo duro. Además, se suma al resultado reciente de las elecciones en Brasil como un augurio negativo para las extremas derechas continentales en general y para la argentina en particular.
A la espera de resultados concretos, las encuestas sobre la futura composición del Congreso de Estados Unidos favorecen a la oposición demócrata en las dos cámaras. (Fuente: RealClearPolitics.com).
Un cimbronazo de esa magnitud provocará réplicas en el gabinete trumpista. Según la prensa estadounidense, podrían perder sus cargos algunos de los funcionarios más discutidos: los secretarios —ministros— de Defensa, Pete Hegseth; Salud, Robert F. Kennedy Jr., y Comercio, Howard Lutnick, además del director de la Oficina de Presupuesto —responsable de la ejecución de ajustes controvertidos—, Russell Vought, entre otros.
¿Peligra el amigo americano?
En principio, no correría peligro el secretario del Tesoro, Scott Bessent, principal abogado del salvavidas financiero a Milei en Washington y, por eso, garante último de esa política. Si eso cambiara, cosa sobre la que hoy solo cabe especular, la historia podría cambiar para el Gobierno.
Hombre del mercado, es considerado un reaseguro de políticas favorables a la inversión financiera, lo que le vale ese apoyo sensible. ¿Fin?
Si bien el nombre de Bessent no forma parte de las quinielas sobre eventuales reemplazos, nada de eso puede darse por seguro, sobre todo por su rol político y técnico en la discutida política arancelaria del trumpismo. Además, con la oposición tomando control pleno del Congreso, su gestión sería sometida a un severo escrutinio en materia arancelaria, fiscal y de endeudamiento. Al menos eso.
Su figura es muy discutida por referentes del Partido Demócrata. Una de las demostraciones de esa tirria se dio el año pasado, justamente por su rol en el rescate de la econonía de Milei.
Bessent aseveró hace poco que, en caso de ser necesario para el proyecto de Milei, repetiría la intervención en el mercado financiero argentino, que pasó el año pasado por un puñado de dólares que se vendieron y recompraron —con ganancias— en el mercado mayorista y con el mero anuncio de la disponibilidad de 20.000 millones de dólares para seguir manipulando variables, en abierta injerencia en los asuntos nacionales.
Ante eso, un grupo de referentes demócratas del Senado liderado por la progresista Elizabeth Warren reclamó el cese de ese apoyo y hasta presentó en la cámara un proyecto para liquidarlo.
¿Está seguro el secretario del Tesoro en su sillón?
Amigos son los amigos
¿Tendrá mayor fuerza una movida de ese tipo, contra los designios del Tesoro y de la Casa Blanca, con los demócratas al mando del Congreso?
Probablemente sí, lo mismo que el control sobre el uso de dinero público en el extranjero, en especial cuando el objetivo es manipular un proceso electoral en beneficio de la extrema derecha argentina.
Por otro lado, hay que mirar el calendario. Trump llegaría a octubre-noviembre de 2027 con apenas un año más por delante, sin posibilidad constitucional de reelección y sujetado con una rienda corta por parte de un Legislativo hostil.
Su situación política será complicada, con un Partido Republicano revuelto por el alzamiento del ala conservadora tradicional frente al movimiento populista MAGA y con investigaciones y acaso pedidos de juicio político que distraerían y limitarían al presidente.
¿Seguirá siendo el peón del Cono Sur la prioridad que ha sido hasta ahora?
¿Qué nivel de "inversión" merecerá un proyecto político que, para entonces, ya mostrará indicios claros sobre sus posibilidades de triunfo?
¿Se sostendrá la apuesta si el peronismo se organiza y vuelve a asustar al mercado con una chance concreta de regreso?