Axel Kicillof, en el mismo barco (agujereado) que Javier Milei
Está atado al Presidente por el hilo rojo de la deuda. Qué les dijo a inversores en Nueva York. Qué le creen. Por qué le temen. Factor CFK: pasado y presente.
Curiosamente y sin quererlo, el presidente Javier Milei y el gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof, enemigos declarados y posibles rivales en las elecciones presidenciales del año próximo, mostraron en estas últimas horas que navegan en el mismo barco agujereado.
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Uno llegó a Nueva York para mostrarse como el soldado número uno de Donald Trump, hablar ante la Asamblea General de la ONU, despotricar contra el organismo y exhibir un compromiso sin precedentes con la causaMalvinas. El otro, para levantar el perfil y reunirse con inversores y representantes de grandes empresas en modo de presidenciable tácito.
El peronista enfrenta dos maldiciones. Una, la de los gobernadores bonaerenses que tantas veces son número puesto para la Casa Rosada, pero que nunca arriban a ella. Dos, la de Horacio Rodríguez Larreta, otro presidenciable por decantación que llegó desgastado a la hora de la verdad. A Kicillof le urge componer una nueva canción económica y encontrar un camino político viable.
En Nueva York, este miércoles sacó chapa de referente nacional en su reunión con el alcalde local, Zohran Mamdani, y con el presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez. Luego, realizó una exposición en la prestigiosa Universidad de Columbia.
Zohran Mamdani, Pedro Sánchez y Axel Kicillof. Buena onda progre en Nueva York.
Ese fue el Kicillof progresista. El del martes había sido el hombre de gobierno, el primus inter pares de las encuestas y el peronista que el Círculo Rojo financiero mira con algo más que desconfianza.
Habló el gobernador, escucharon al candidato a presidente
El martes, el gobernador tuvo en Nueva York actividades importantes. Disertó sobre las oportunidades y los desafíos de América Latina ante analistas y economistas en The New School y se reunió con representantes de una veintena de empresas, grupo que incluyó a gigantes como Google, Meta, Microsoft, Mastercard, Dreyfus y MetLife, entre otras. También acudió José Luis Manzano, hombre que pasó de la política a los grandes negocios y hoy divide intereses entre Vaca Muerta, emprendimientos mineros, Metrogas, Edenor, el Grupo América y Telefe, entre otros activos.
En el medio se produjo una reunión sobre la que conviene poner la mira, tanto por lo que dice sobre el futuro cercano como por lo que podría implicar para un eventual mediano plazo. Se trata del encuentro con representantes de una decena de fondos de inversión poseedores de títulos de deuda de la Provincia, entre ellos Eaton Vance, GoldenTree, Mesarete y Vanguard. Otro, el gigante BlackRock, pidió sumarse a pesar de saber que la agenda iba a girar en torno a la problemática bonaerense y no sobre eventuales planes presidenciales.
Este es el punto: Kicillof habló, hasta donde pudo sostener esa postura, como gobernador, pero sus interlocutores lo escrutaron como posible presidente.
El arte de la elegancia
Flanqueado por los ministros de Gobierno, Carlos Bianco, y de Economía, Pablo López, Kicillof habló, según le contó un testigo a Letra E, "el 90% de la hora y cuarto que duró la reunión. Hubo poco tiempo para preguntas e intercambios. Por eso algunas cuestiones fundamentales quedaron pendientes".
El gobernador - candidato a presidente Axel Kicillof con inversores en Nueva York
No fue esa la primera de esas reuniones, ya sea con su presencia o con la de López, ni será la última. En ellos radica una necesidad mutua. Con 7500 millones de dólares en sus carteras, los fondos convocados tienen en la provincia de Buenos Aires una contraparte relevante.
En el mano a mano, el gobernador se refirió a la deuda provincial, ponderó el modo en que cada vencimiento fue honrado tras la renegociación de 2020-2021 –durante su primer mandato– y destacó el esfuerzo fiscal que eso supuso en el contexto de una economía ahogada por las políticas de Milei y la asfixia financiera lisa y llana a la que el Gobierno somete a las provincias.
Hablar de esfuerzo fiscal es un modo elegante de decir prudencia en el gasto y también ajuste. Esto debe ser entendido con precisión: ¿qué otra cosa puede hacer un estado subnacional, que no emite moneda y se rige por una política económica como la actual?
Sólo me falta saber la fecha y el lugar
Plantear que el gobernador y el Presidente están en el mismo barco implica pensar la dinámica de una campaña electoral que, eventualmente, tenga a ambos como protagonistas principales.
Mientras Kicillof sea visto como un kirchnerista, un izquierdista "soviético" o un populista por los inversores, y mientras tenga chances de triunfo, el riesgo país tenderá a írseles de las manos a Milei y a Toto Caputo, orbitando bien por encima de los 500 puntos y pico de la actualidad, una suerte de purgatorio que no asegura redención ni condena inapelable.
Como le ocurrió a Milei en 2023 –y atizó con propuestas y definiciones desatinadas–, una complicación de las variables financieras durante la campaña beneficiaría al candidato Kicillof, pero le hipotecaría el futuro en caso de que le tocara gobernar.
Sus interlocutores no llegaron a preguntarle si, en caso de ascender al poder, pondría en marcha la enésima renegociación de la deuda pública argentina, una forma elegante de aludir a la amenaza de default. Sin embargo, notaron que el gobernador planteó que las tensiones del riesgo soberano se vinculan con un nivel de endeudamiento nacional que calificó de "extraordinario".
Fuente: Ámbito Financiero.
Saben, también, que para él o para casi cualquier peronista que termine como candidato presidencial, el replanteo de los vencimientos con el FMI se cae de maduro.
Todos –también él– consideran que los vencimientos pactados por Martín Guzmán son impagables en su cronograma actual y que, si ni siquiera el ultracapitalista Milei logró refinanciarlos mediante la colocación de deuda nueva en el mercado voluntario, tampoco será ese el destino de un peronista que debería remar todavía mucho más para ganarse esa confianza.
Consultada por este portal, una fuente de la delegación bonaerense contó que los inversores se sorprenden cuando se les habla del contraste entre "la macro ordenada" y el superávit fiscal que ponderan, y la realidad de que eso es posible mediante artilugios contables y el manoteo directo de fondos pertenecientes a las provincias.
Es posible que el problema de la deuda no haya sido tocado directamente en el encuentro del martes debido a que ninguna de las partes desea romper lanzas tan pronto.
Si Kicillof –u otro candidato que represente lo que él pretende encarnar– se lanza a la carrera presidencial, será para prometer una mejora tangible y relativamente rápida de las condiciones de vida de la población. Dada la carga de vencimientos de los próximos años, ese objetivo no podría conseguirse mientras se los paga con ajuste perpetuo.
Más allá de lo que aportan insuficientes fuentes crediticias domésticas y multilaterales, el superávit primario –antes del pago de deudas– de 1,1% del producto bruto interno acumulado hasta agosto y el de 1,3% prometido en el proyecto de Presupuesto 2027 son la cuantía del ahorro necesario para evitar un default.
En el año electoral están previstos vencimientos de deuda en moneda extranjera por –redondeando– 25.000 millones de dólares. De ellos, unos 12.000 millones corresponden a acreedores privados y casi 6000 millones al Fondo Monetario Internacional.
En 2028, primer año de la próxima gestión, los vencimientos brutos ascienden a 26.500 millones de dólares, de los cuales 11.000 millones deberán pagarse a bonistas privados y más de 9600 millones al FMI.
En 2029, cuando el país acuda a elecciones legislativas, la cuenta se elevará, respectivamente a 21.000 millones, 11.000 millones y 9800 millones de dólares.
El mercado local y el crédito multilateral –menos el del Fondo, que necesita empezar a recoger el barrilete– aportan, pero afrontar semejantes cuentas sin mercado internacional parece imposible.
El precedente bonaerense
Kicillof se curó en salud y evitó preguntas sobre sus planes para la deuda pública nacional al destacar que la Provincia ha honrado todos sus compromisos a pesar de las dificultades de los últimos años, que incluyeron escollos de gran calado como el gobierno de Alberto Fernández, una pandemia, una guerra grande en Europa, una sequía histórica y, colmo total, a Milei.
Hay, sin embargo, un subtexto allí. Esos compromisos que ha pagado y seguirá pagando surgen, precisamente, de una renegociación emprendida entre 2020 y 2021, en paralelo a las que Guzmán llevaba adelante desde el Palacio de Hacienda. Las condiciones bonaerenses fueron consideradas en su momento por los tenedores como demasiado draconianas y poco market-friendly.
En efecto, los más de 7000 millones de dólares canjeados pasaron de pagar tasas de entre 5,3% y más del 9% anual en dólares a unas nuevas pactadas, progresivamente, del 1% al 5,5%.
En tanto, los plazos, demasiado concentrados en el cortísimo plazo durante la gestión de María Eugenia Vidal se estiraron significativamente, llegando en los bonos más largos a 2037.
"¿Otra vez sopa?", preguntan los ceos de los fondos.
El verdadero Kicillof
La desconfianza del mercado financiero –o directamente el rechazo– frente a todo lo que sea kirchnerismo o peronismo es muy fuerte. Para despejarla un poco, Kicillof cuenta con dos ventajas.
Una, que sus interlocutores le creen por considerarlo, según escuchó Letra E, "sincero", como un hombre que, para bien o para mal, dice lo que piensa.
Dos, que podría generar una corriente grande de interés si fuera quien enfrentara a Cristina Fernández de Kirchner y a La Cámpora y le pusiera fin a la extensa era en la que ella y "la orga" marcaron el paso en el peronismo. De hecho, la incertidumbre sobre el modo en que gestionará la cruda interna peronista fue parte de la tenida.
Axel Kicillof frente al dilema CFK.
Más allá de eso, pide ser juzgado por lo que efectivamente ha hecho en sus gestiones como ministro de Economía de CFK y como gobernador. De modo oblicuo, eso les dijo el martes a los responsables de los fondos de inversión
Asociado en el imaginario colectivo como "el ministro de Economía de Cristina", suele recordar que solo ocupó ese cargo entre el 20 de noviembre de 2013 y el 10 de diciembre de 2015.
No fue el responsable del cepo cambiario, sino que lo heredó. Se enfrentó y se terminó por cargar a Guillermo Moreno; planteó en la interna –algo incomprobable– la necesidad de recomponer las estadísticas del INDEC; arregló la deuda defaulteada con el Club de París y sondeó la posibilidad de volver al mercado voluntario, intento que no prosperó en medio de la disputa con los fondos buitres.
¿Fue el ejecutor de la expropiación de YPF, decidida por Cristina? Claro, pero defiende esa decisión como ampliamente favorable para el país y, con el final provisorio –porque ahora hablará el CIADI– del juicio planteado por el fondo Burford, también como ajustada a derecho.
Acechanzas de un camino estrecho
Kicillof no da demasiadas pistas sobre sus planes en materia de políticas. Primero, escaldado por el ejemplo de Larreta, porque hasta ahora se limitó a decirles a los militantes que el año que viene "cuenten" con él; segundo, porque no logra ponderar qué nivel de destrucción dejará el huracán Javier.
Más allá de eso, en el mercado financiero nadie lo imagina, por caso, dando desde el mismo inicio de una hipotética gestión un giro moderado al estilo del de Luiz Inácio Lula da Silva en 2003. Para "poner dinero en la calle", miraría la caja que hoy se destina al pago de deuda, descuentan esos actores.
¿Qué haría con el Fondo, qué con la deuda contraída con tenedores privados?
¿El RIGI –que cuestionó en su reunión con los representantes de las grandes empresas estadounidenses por privilegiar a ciertos sectores, en especial quienes no lo necesitan, como los de Vaca Muerta– será respetado y, en todo caso, cualquier cambio será para adelante?
¿Cómo manejaría la relación con un Donald Trump, con quien conviviría hasta el 20 de enero de 2029, en momentos en que el republicano rigorea a la región de un modo no visto en más de un siglo y cuando el país depende de un swap de 20.000 millones de dólares y del favor de Washington en los organismos internacionales?
Esas y otras preguntas nodales quedarán para otra ocasión. Por ahora, nadie quiere romper lanzas.