El 14 de abril, Toto Caputo decidió jugarse todo: “Creo que, a partir de abril, los próximos 18 o 20 meses van a ser los mejores que Argentina haya visto en las últimas décadas”, aseguró. Pero desde entonces, la economía se planchó y casi todos los indicadores de actividad fueron negativos. Los economistas empiezan a hablar de recesión.
El ministro de Economía consideró, aquel día, que el Gobierno había logrado “estabilizar la macro” y que eso es una “condición necesaria para que haya inversiones”. También aseguró que la concesión de 9000 kilómetros de rutas iba a reactivar la construcción vinculada a la manutención y mejora de los caminos rápidamente. No pasó nada de eso.
Una historia de terror
La industria y la construcción volvieron a caer en julio, reportó el INDEC. En el mejor cuatrimestre de la historia (abril, mayo, junio, julio), ambos indicadores acumularon retrocesos. La industria se contrajo 4,1% en ese periodo. La construcción se retrajo 2,7%. El asfalto, insumo clave para la obra pública que debía reactivarse y generar empleo rápido, cayó 23,1% interanual en julio. Los concesionarios están cobrando peaje y cortando el pasto a la vera de los caminos agrietados.
Toto Caputo y los mejores 18 meses de la historia.
La consultora MAP consideró que la recuperación de la construcción prometida se demora. “Los motores que esperábamos para esta etapa, especialmente el crédito y las primeras obras vinculadas con el RIGI, no alcanzaron la tracción prevista, por lo que el balance del año será débil”, añadió.
Los créditos hipotecarios apalancados por el fondeo público del FGS y el esperado inicio de tareas de mantenimiento en las rutas deberían apuntalar al sector.
Con y sin dinero
Las ventas en supermercados caen por goteo y acumularon un retroceso del 0,24% entre abril y junio, según los datos del INDEC. En los shoppings -aunque Javier Milei celebre fotos llenas de gente- el índice desestacionalizado cayó 4,2% en los últimos tres meses.
Caputo vaticinó que la reforma laboral iba a provocar una formalización del empleo. No ocurrió. Según los datos de la Secretaría de Trabajo, el empleo privado asalariado cayó 0,28% entre abril y junio -último dato disponible- y las perspectivas eran negativas para julio. El empleo público cayó 0,17% en ese trimestre. Solo mejoró la cantidad de monotributistas, un 0,4%. Solo en junio, se destruyeron 12.260 empleos asalariados formales. El empleo privado registrado acumula 13 meses seguidos de caídas. Los salarios, en el mejor de los casos, le empatan al IPC.
El empleo asalariado privado registrado no para de caer. Fuente: Luis Campos en base a SIPA.
La cantidad de empresas también se retrajo. Entre abril y junio inclusive, se dieron de baja más de 3000 empleadores, de acuerdo con los datos oficiales.
El Índice General de Actividad (IGA) que elabora la consultora Orlando Ferreres estimó un crecimiento acumulado de apenas 0,3% entre enero y julio. Pero los últimos meses fueron contractivos. Desde abril, su medición se retrajo 0,04%.
Toto Caputo y una recesión en puerta
Desde que Caputo vaticinó el despegue, economistas recortaron sus perspectivas con fuerza. En enero, el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) que difunde el Banco Central, esperaba un crecimiento de la actividad para 2026, punta a punta, del 3,3%. En mayo, se revisó al 2,9%. El último dato disponible, difundido la semana pasada, recortó el promedio de proyecciones a 2,1%.
“La desinflación reciente empieza a parecerse menos a una convergencia virtuosa de expectativas y más a un resultado de la caída de la demanda agregada”, indicó la consultora Epyca, en un informe titulado “La recesión como fuente de la desinflación”. Traducido: la desaceleración del Índice de Precios al Consumidor (IPC) obedecería más a la falta de plata que hay en la calle por el ajuste permanente.
Desinflador anímico
Es una duda que empieza a manifestarse. El 1,7% de inflación de julio combinó aumentos de gastos fijos (luz, gas, agua, transporte público, medicina prepaga) muy por encima de la media de precios, mientras que la indumentaria y productos electrónicos siguieron debajo del promedio. El bolsillo no tiene resto para comprar bienes que pueden postergarse.
“Milei eligió un programa de ajuste con tintes recesivos”, dijo Emmanuel Álvarez Agis a radio Con Vos. “Mi impresión es que estamos entrando en una fase de este programa de ajuste que está exacerbando los costos en términos de actividad y no baja la inflación, porque seguimos en la zona de 1,7% o dos y algo”, agregó.
Vectorial hizo zoom en la evolución del impuesto al Cheque, un tributo procíclico. El economista Haroldo Montagu sostiene que es un buen predictor del EMAE, el Estimador de Actividad del INDEC. “En los últimos dos meses, tuvo caída reales de 11,3% en julio y de 9,2% en agosto”, escribió. Para quitar dramatismo, aclaró que “la volatilidad del impuesto es sensiblemente mayor a la del EMAE”.
Pero el pesimismo sobre la actividad se instaló. La Universidad de San Andrés (UDESA) profundizó su pronóstico de contracción del PBI para el segundo trimestre, del 0,71 al 0,89%. Así, dijo se “borra por completo el crecimiento con el que arrancó el año”.
Caputo tomó nota e hizo anuncios para intentar reactivar -usó la palabra maldita- una actividad que, sabe, no despega. El dogma de Milei no le permite aumentar el gasto e intenta movilizar otros recursos mientras profundiza el ajuste para cumplir con la meta fiscal ante la caída de la recaudación. El mercado sabe que la tiene difícil y anticipó la dolarización de portafolios.