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ROCAS ARGENTINAS

Las pymes metalúrgicas quieren abastecer a la minería, pero chocan con la escala y la falta de crédito

Con 60% de capacidad ociosa, la industria metalmecánica busca reconvertirse. Las trabas: certificaciones, financiamiento y tiempos más largos.

Las pymes metalúrgicas atraviesan una crisis en su mercado tradicional y buscan acelerar su reconversión hacia la minería. Aunque representan el 50% de las compras industriales del sector, el cual cuenta con inversiones por u$s 42.000 millones bajo el RIGI, enfrentan duras trabas operativas, exigencias financieras y cuellos de botella técnicos para ingresar efectivamente a la cadena de proveedores.

Lo que sucede es que existe un contraste entre la urgencia fabril y los plazos de la industria minera, que marca el ritmo de este proceso. Mientras la actividad metalúrgica acumula caídas significativas y la capacidad instalada ociosa supera el 60%, los proyectos mineros avanzan con tiempos de maduración más extensos.

Ante una consulta de Letra E, Eduardo Jaime, de la firma sanjuanina Industrias Jaime, describió así ese descalce de expectativas: “Todos estamos esperando muy ansiosamente el comienzo. Lo que pasa que los tiempos de la minería, hablar de meses o hablar de un año o dos años en la minería es como no decir nada para ellos. Para nosotros, sobre todo para la industria metalúrgica propiamente dicha, estamos atravesando un momento bastante difícil, en el que la capacidad laboral está muy ociosa”.

Un freno histórico en el mercado tradicional

La necesidad de desembarcar en la minería responde al desplome del consumo y la producción en los sectores industriales clásicos como la construcción, la maquinaria agrícola y la automotriz. La consecuencia ha dejado a gran parte de los talleres fabriles operando a mínimos históricos.

Fuentes de la Cámara de la Pequeña y Mediana Industria Metalúrgica Argentina (Camina) advirtieron sobre la gravedad del cuadro productivo y laboral: “La actividad del sector cayó 10,9% entre enero y julio de 2026, mientras que el promedio de la industria retrocedió 2,6%. En un año se perdieron 15.200 puestos de trabajo y quedaron 957 empresas menos que en noviembre de 2023”.

En la misma línea, el reporte de actividad de Asociación de Industriales Metalúrgicos de la República Argentina (Adimra) confirmó la profundización del deterioro. En agosto, la actividad metalúrgica cayó 6,1% interanual y 3,9% frente a julio, según Adimra, mientras que la utilización de la capacidad instalada quedó en apenas 39,6%.

“La producción metalúrgica continúa sin mostrar una recuperación significativa, demostrado en que seis de cada diez unidades de capacidad productiva permanecieron sin utilizar y no permite vislumbrar un horizonte de recuperación”, señaló el informe.

Su presidente, Elio Del Re, remarcó además las dificultades de liquidez: “La demanda continúa mostrando comportamientos heterogéneos y esta situación también comienza a reflejarse en la capacidad financiera: el 10,3% de las firmas metalúrgicas registra atrasos en sus obligaciones”.

Radiografía del acero, a dos velocidades

La brecha entre los sectores extractivos dinámicos y la manufactura interna golpeada queda en evidencia en el consumo de insumos básicos. El propio balance financiero de Ternium refleja cómo la energía, el campo y la minería traccionan, mientras que la industria urbana retrocede.

Al respecto, el ceo global de la siderúrgica, Máximo Vedoya, puntualizó la asimetría del escenario productivo: “Mientras la energía, la minería y el agro se consolidan como los sectores más fuertes, el segmento de la manufactura tradicional permanece sumamente débil debido a la baja demanda”.

Un informe conjunto de Cámara Argentina de Empresas Mineras (CAEM) y la Unión Industrial Argentina (UIA) destaca una ventaja concreta de la producción local, que es la proximidad. Los menores costos logísticos, los tiempos de entrega y la posibilidad de ofrecer servicio posventa pueden compensar diferencias de precio frente a proveedores de China, Australia o Europa.

Pero para aprovechar esa ventaja las empresas deben dar un salto tecnológico y organizativo.

Exigencias técnicas y falta de capacidad financiera

A pesar de que existe un abanico de oportunidades en la fabricación de estructuras metálicas, calderería, tanques, bombas y componentes electromecánicos, las pymes tropiezan contra barreras de entrada estructurales. La obtención de certificaciones internacionales (ISO, AWS, ASME), las auditorías de 12 a 24 meses y los esquemas de pago a 90 o 180 días representan un obstáculo insuperable para empresas ajustadas de capital de trabajo.

El documento de CAEM-UIA identificó las limitaciones transversales que condicionan la integración local: “Los contratos asociados a proyectos mineros suelen involucrar volúmenes de compra significativos y esquemas de pago contra entrega. En este contexto, la estructura financiera del proveedor puede convertirse en un factor limitante para asumir contratos de mayor escala, generando además riesgos potenciales de incumplimiento”.

Asimismo, el documento destaca la falta de preparación previa: “Los elevados requisitos técnicos y la necesidad de homologación para operar constituyen un cuello de botella relevante. La inserción requiere no sólo capacidades productivas, sino la posibilidad de demostrar de manera consistente el cumplimiento de especificaciones técnicas y estándares ESG (en inglés: Environmental, Social and Governance)”.

A estas exigencias se suman las limitaciones de escala propias de las pymes frente a la envergadura de los proyectos de cobre o litio, sumado a las dificultades para sostener inversiones de largo plazo en contextos de volatilidad macroeconómica y elevados costos logísticos hacia las zonas cordilleranas.

Apuesta por el desarrollo local y la diversificación

En provincias de tradición minera como San Juan, la vinculación con las grandes operadoras ha permitido a algunas firmas familiares diversificar dividendos hacia nuevas actividades económicas, sosteniendo la actividad en comunidades alejadas.

Jaime destaca la identidad productiva de la región y la reconversión realizada por su empresa: “San Juan tiene entre el 85% y el 90% de montaña. Somos una provincia minera por excelencia. Nosotros hemos reconvertido mucho de nuestros dividendos de la minería en proyectos turísticos, que creemos que es la industria verde más importante que puede producir la minería. Damos trabajo a la gente en la zona a través de Aguas del Cura S.A., con proyectos termales como Termas de Pismanta”.

Sin embargo, sobre las posibilidades reales de que el resto del entramado metalúrgico ingrese al negocio extractivo, el empresario sanjuanino concluyó: “Las trabas son a veces que todo el mundo quiere entrar, pero no todo el mundo tiene la capacidad intelectual, técnica y financiera para poder estar en ciertos proyectos. Y eso es algo muy fuerte, y más cuando son proyectos tan gigantes”.

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