A casi dos años de haber disuelto el Pocrear para quitar al Estado del mercado de hipotecas, recurrió al autor más odiado por Milei. Literatura y necesidad.
El 13 de noviembre de 2024, Javier Milei y Toto Caputo disolvieron el Procrear, el programa para financiar viviendas con el Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) de la ANSES. “La financiación de la construcción de viviendas es una actividad de los bancos comerciales, privados y públicos, por lo que no se justifica la intervención del Estado”, justificaron.
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"No puede soslayarse el efecto positivo que tendrá la no interferencia del Estado en esta actividad de índole netamente privada para la ciudadanía en general y para el sector en particular", vaticinó el decreto 1018, que le puso el clavo final al ataúd del Programa de Crédito Argentino. "No se justifica en absoluto que el Estado continúe interviniendo en la financiación de la construcción de viviendas", insistió en los considerandos.
El 26 de agosto de 2026, el FGS volvió a la cancha del crédito hipotecario. Caputo anunció que el organismo colocará plazos fijos por $2 billones en los bancos para que den 18.000 préstamos en UVA a una tasa máxima de 7,5%.
Toto Caputo y la cara de hereje
Si la necesidad tiene cara de hereje, el ministro cometió dos herejías contra el manual libertario en una sola medida: soltó fondos públicos para movilizar la economía y puso un tope en la tasa de interés de los préstamos que deberán ofrecer los bancos que reciban ese dinero.
En 1936, John Keynes escribió la Teoría General de la Ocupación, el Interés y el Dinero, la obra que marcó la política pública que guió la salida de la Gran Depresión. Postuló que era mejor hacer un pozo y volverlo a tapar que tener gente desocupada. La frase se convirtió en el latiguillo que resume la relevancia de los fondos públicos para empujar una economía que no arranca.
Milei, De Pablo, Ravier y el "genio del mal" Keynes.
“Keynes intelectualmente era un genio, lo que pasa es que era un genio del mal. Es decir, creó una obra monstruosa”, dijo Milei el 28 de abril, en el Palacio de la Libertad, en una exposición sobre este economista, secundado por el profe Juan Carlos De Pablo -visitante ilustre de Olivos- y el ahora vocero Adrián Ravier. “Keynes es el brazo ejecutor del siniestro”, se tituló la comunicación oficial. El Presidente recordó allí que, en 2018, escribió un libro llamado Desenmascarando la mentira keynesiana”.
No arranca
Caputo ve que la economía no arranca. Entre enero y julio, y con Vaca Muerta, el agro y la minería a todo vapor, la economía creció 0,3%, según el Índice General de Actividad de la consultora Orlando Ferreres. El PBI está planchado desde febrero de 2025. El mercado, su termómetro, empezó a pricear una derrota electoral de La Libertad Avanza. Y el ministro pegó un volantazo.
Sin gasto público al que recurrir, por dogma y por compromiso con el FMI, Caputo encontró en los fondos de la ANSES algo de combustible para empujar el colectivo. Los bancos le reclamaban fondeo de largo plazo para poder agilizar la colocación de créditos hipotecarios a tasas algo más bajas. La plata alcanza para 18.000 créditos. Algo es algo.
La intención de Caputo es que este envión permita que los desarrolladores inmobiliarios tomen créditos en dólares y tengan, del otro lado, compradores con hipotecarios. No es obra pública, pero se le parece bastante. Los constructores, igual, dicen que los préstamos disponibles están más destinados al stock disponible que a desarrollos venideros.
El dogma y el crédito hipotecario
Un día antes del anuncio, Milei les regaló a los legisladores oficialistas La economía en una lección, un libro de Henry Hazlitt, el filósofo y divulgador que llevó la economía austríaca al público estadounidense.
“La ‘ayuda’ estatal a los negocios resulta tan temible a veces como su hostilidad. En especial, cuando -como a menudo ocurre- el supuesto estímulo adopta la forma de concesión directa de anticipos estatales reintegrables o bien el aval de préstamos privados. La cuestión relacionada con el crédito estatal adquiere mayor complejidad si se presta la debida atención al hecho de que ineludiblemente implica el riesgo de provocar inflación”, advirtió en 1952 este divulgador.
Pero Caputo empezó a rezarle a otros santos. “Para este Gobierno, los créditos hipotecarios son una prioridad, primero porque hacen a la justicia social; nada más justo que una persona que tiene trabajo tenga acceso a una vivienda y no tenga que esperar 30 o 40 años para poder comprarla”, dijo el ministro hereje. “Segundo, porque tiene un efecto multiplicador al motorizar otros sectores de la economía y, por último, porque ayuda a mejorar la formalidad”. La comunicación del ministerio de Economía destacó, por si hiciera falta, esta reflexión.
El Milei que, el 15 de diciembre, expuso en la Fundación Faro, lo calificaría de zurdo o de ladrón. “¿Qué va a hacer el zurderío cuando (la economía) empiece a crecer?”, se preguntó entonces. “Van a decir que genera desigualdad. Hay que dar la discusión y decirles en la cara que la justicia social es una cuestión de ladrones”, arengó.
Cuesta creer que Milei haya cambiado de opinión. Quizás Caputo encontró otro resquicio para colar algo de pragmatismo entre tanto dogma.