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LA SEGUNDA GUERRA FRÍA

Por qué la crisis de la inteligencia artificial amenaza con desatar una tormenta perfecta global

El brote regulador de los zares de la IA ya golpea los mercados. Estados Unidos vs. China: el dilema del prisionero. ¿Maquiavelo 2.0? Milei, avatar de Trump.

En medio de advertencias apocalípticas de sus propios responsables, el desarrollo de la inteligencia artificial se ha convertido en el último tiempo, pero con especial potencia con especial potencia desde el fin de semana, en un campo de batalla de intereses corporativos y geopolíticos del más grueso calibre. Argentina no puede ser y no será ajena a esa disputa.

El peligro inminente de que esos proyectos se salgan de control –tanto en lo tecnológico como en lo financiero– llevó a las grandes corporaciones norteamericanas del sector a abogar públicamente por alguna forma de regulación, pero Estados Unidos y China se desconfían, no muestran indicios de negociar y animan una recreación dramática –¿también acaso trágica?– del dilema del prisionero.

Según este, la cooperación entre los jugadores da lugar al mejor resultado posible para ambos, pero una inevitable desconfianza mutua los lleva a actuar en base a un cálculo meramente individual y los termina arrojando a un desenlace negativo.

¿Una tormenta perfecta?

Ya sea que compañías como Anthropic, OpenIA, SpaceXIA y Google, entre otras, realmente evalúen que sus modelos comienzan a comportarse de manera distópica o que salgan a pedir una regulación internacional por su dificultad de seguirles el paso a sus competidoras chinas, poner dinero en el ecosistema que las rodea no parece la mejor idea.

Así, las alertas mencionadas tuvieron este este lunes un eco financiero fuerte, con caídas de entre 3 y 8% en Wall Street de las acciones de empresas proveedoras de semiconductores.

Si a eso se le suman los efectos de la guerra con Irán –fundamentalmente el bloqueo de los estrechos de Ormuz y Bab el Mandeb, la escalada del precio del petróleo y un posible cuello de botella para las exportaciones sauditas–, el incremento de las tasas de interés en Estados Unidos –el rendimiento de los Bonos del Tesoro a diez años tocó un máximo de 5%, sin precedentes desde octubre de 2023–, la consiguiente destrucción de riqueza en el mercado accionario y el riesgo de que la tan mentada "burbuja tecnológica" finalmente reviente, cabe la posibilidad de que se esté gestando una tormenta perfecta.

¿Qué pasaría en la Argentina si empezara a llover?

La distopía llega mañana

El capítulo más reciente de la crisis de las IA comenzó a gestarse el último jueves, cuando Jacob Coxon, ahora exentrenador de IA de Anthropic, anunció su renuncia en medio de advertencias nada menos que sobre el peligro de una extinción de la humanidad.

Continuó el sábado, cuando el ceo de esa misma compañía, Dario Amodei, pidió en un manifiesto "regular el avance de la frontera" tecnológica con evaluaciones externas que aseguren que los proyectos no pierdan todo alineamiento con los objetivos humanos generaron una bola de nieve.

Respaldaron su llamado nada menos que Sam Altman –OpenIA–, Elon Musk –SpaceXIA– y Demis Hassabis –jefe de IA de Google–. El consenso apunta a formas de autorregulación del sector que eviten lo que Altman definió como "un mundo con demasiada concentración de poder", ya sea en manos de compañías o de gobiernos, o como el horror de "un resultado extremadamente distópico".

¿El temor? La llamada autorrecursividad, la capacidad de un sistema de súper-IA de reescribir, evolucionar o entrenar su propio código de forma autónoma, sin intervención humana, escalando a velocidades cada vez mayores.

Eso, dijo Amodei, podría llevar a que "un enjambre de inteligencias artificiales se vuelva capaz de apoderarse de toda Internet" en un plazo de seis a 12 meses, mucho más cercano que el calculado hasta ahora.

Ya no parece haber gran distancia con el peligro de hackeo a empresas –cosa que ya ocurrió varias veces en el contexto de pruebas de seguridad fallidas, muy sonadas–, a infraestructura sensible, a sistemas de defensa –incluso misilísticos o nucleares–, a entidades financieras o a organismos estatales varios.

Tampoco con respecto al desarrollo de armas biológicas nuevas y fatales en base al desarrollo de virus nuevos, más resistentes o más letales, cosa que Anthropic ya detectó al menos en cinco intentos en lo que va del año. Por ahora, solamente por parte de agentes humanos.

"La cuestión no es si se construirán armas de IA, sino quién las construirá y con qué propósito. Nuestros adversarios no se detendrán a entablar debates teatrales sobre las ventajas de desarrollar tecnologías con aplicaciones críticas para la seguridad militar y nacional", postuló, alineada con el Pentágono, la empresa Palantir, uno de cuyos dueños es Peter Thiel, nuevo residente en la Argentina de la extrema derecha.

Donald Trump, Xi Jinping y el dilema del prisionero

En su manifiesto, el ceo de Anthropic sugirió formas de autorregulación del sector, pero Altman habló directamente de "un marco legal federal".

La posibilidad de que los demócratas se queden con el control del Congreso en las midterms del 3 de noviembre incrementa las chances de que la política meta mano con regulaciones, cosa que tampoco les gusta a los inversores.

Como sea, los actores entienden que no puede haber una ralentización de los desarrollos en Estados Unidos sin un paraguas internacional que modere el paso también en otros países, especialmente en China. El problema es que Donald Trump y Xi Jinping encarnan una versión vívida del mencionado dilema del prisionero.

Si cooperaran, las IA disminuirían como amenaza y ganarían terreno como oportunidad, pero, como desconfían mutuamente, piensan que cualquier concesión propia le serviría a la contraparte para sacar una ventaja decisiva en la carrera hacia el desarrollo de sistemas de hackeo o de armas sin precedentes. Entonces, no dialogan, sostienen la carrera y al mundo le queda rezar.

"Podemos ser la última generación capaz de establecer los términos en los que la humanidad y las máquinas coexistan", advirtió el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, al llamar a una regulación internacional urgente.

Cuando la desconfianza manda

Nadie escucha.

Consultado por la prensa, Trump denunció a esos ceos al afirmar que "hay muchas fuerzas negativas que están sacando el tema y que no deberían hacerlo".

"Le estamos ganando a China en IA. Somos el país más sofisticado del mundo y, francamente, quiero mantenerlo así porque quien gane la IA gana", definió. Según posteó, para evitar riesgos lo único que hace falta es un presidente con "alto coeficiente intelectual", condición que, al parecer, cree cumplir.

Los presidentes de China, Xi Jinping, y Estados Unidos, Donald Trump.

Los presidentes de China, Xi Jinping, y Estados Unidos, Donald Trump.

En Pekín, el portavoz de la Cancillería, Guo Jiakun, afirmó que "el desarrollo de la inteligencia artificial hace al bienestar de toda la humanidad" y embistió contra los empresarios estadounidenses. "Infundir miedo, confrontación y competencia desleal sólo perturbará el proceso de gobernanza global de la IA y no favorecerá los intereses de nadie", añadió.

Guo aseguró que su país es conciente de los peligros de una IA fuera de control, pero que trabaja en lo que Xi definió en julio como "una supervisión más precisa y eficaz" al firmar en Shangái, junto a representantes de otros 28 países, la conformación de una Organización Mundial de Cooperación sobre IA.

Pareciera que ya se debe hablar sin dudas de una Segunda Guerra Fría, esta vez animada por Washington y Pekín, y no basada en las armas nucleares, sino en otras, nuevas, desarrolladas con IA.

Aunque asordinadas dada la naturaleza de su régimen, las preocupaciones también existen en China. Según recogió The New York Times, el director del Ministerio de Seguridad, Chen Yixin, indicó en un artículo publicado el domingo en la revista estatal China Cyberspace que la IA podría representar una amenaza al poder del Partido Comunista y reclamó una supervisión gubernamental más estricta para proteger la estabilidad política interna; defender al país de ciberataques y campañas de desinformación cada vez más sofisticadas procedentes de "fuerzas hostiles" y competir militarmente con Estados Unidos.

Según el Times, esta fue "la articulación de más alto nivel y más detallada hasta la fecha sobre cómo Pekín percibe los riesgos de seguridad de esta tecnología".

Maquiavelo se hizo empresario

¿Es posible que gigantes como Anthropic u OpenIA busquen dotar a sus desarrollos de ayuda económica federal –por caso, deshaciéndose de los costos en materia de seguridad– en momentos en que planean abrir su capital a la bolsa y cuando les cuesta sostener el nivel cuantioso de inversiones que impone la competencia con sus rivales chinas? ¿O que busquen amparo en un marco regulatorio antes de dar ese paso financiero clave para evitarse el riesgo –supercostoso– de futuros juicios por eventuales responsabilidades?

El analista del sector Gil Luria le dijo a Yahoo Finance que Amodei y Altman "están siendo maquiavélicos (…). Son claramente personas muy competentes que han llevado a sus empresas a esta envergadura. Por lo tanto, no dudo de sus calificaciones. Sólo dudo de sus motivaciones, porque ninguno de los dos dijo realmente 'estamos frenando el desarrollo de la IA'. Ambos dijeron 'si todos frenan, nosotros frenaremos'".

Las especulaciones abundan. Los mencionados gigantes podrían estar haciendo sonar la alarma para ralentizar los desarrollos de IA a nivel global de modo de tener tiempo para poner a punto a sus compañías y así recaudar los cientos de miles de millones de dólares que esperan de sus respectivas ofertas iniciales de acciones.

Necesitan esos recursos para invertir masivamente en supercomputadoras y chips de última generación, data centers, fuentes de energía abundante y agua para enfriar los equipos, así como en personal de entrenamiento y ciberseguridad. Así, la imposición de regulaciones internacionales que contuvieran también la desafiante competencia china podría serles de utilidad.

Sin embargo, eso no le resta nada a las inquietudes del momento, basadas en una tecnología que promete en el corto y mediano plazo impactos económicos y laborales enormes y que comienza a evolucionar de modos que sugieren el surgimiento de objetivos propios –"desalineados" de los humanos– y que escapan a la comprensión de sus propios entrenadores.

¿Qué será de vos, Argentina?

Ante semejante panorama, la Argentina de Javier Milei se mete en honduras que la exceden, se ofrece –súper-RIGI mediante– como un hub de data centers, se pone en la mira de China y otros países al alinear ese proyecto con el interés de Estados Unidos y se limita a rezar para que los nubarrones financieros se disipen a tiempo.

Los mercados globales avisan: no vaya a ser cosa que los rayos empiecen a caer justo cuando la ciudadanía se prepare para votar.

¿De qué estarían hechos esos rayos? De crédito más caro para las empresas, del fin de cualquier esperanza de financiamiento para el Gobierno, de mayor demanda de dólares y de presiones sobre los precios justo cuando la desinflación pareció volver a despuntar en agosto.

Desarrollo, industria, trabajo, ciencia, seguridad, soberanía… Pronto habrá que volver a definir todos esos conceptos y, también, el lugar que el nuevo mundo les asignará a países vulnerables como una Argentina que elige vivir de espaldas a vecinos con los que podría construir otras fortalezas.

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