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LA FANTASÍA AGÉNTICA

Inteligencia artificial: especialistas plantearon dudas sobre la inserción de Argentina en la cadena global

En el nadIA Summit, el sector debatió sobre data centers, regulación y capacidades del país. ¿Proveedor de energía y recursos o algo más?

Argentina quiere atraer data centers, discute sociedades agénticas y busca un lugar en la carrera global por la inteligencia artificial. Pero todavía no respondió una pregunta básica: para qué quiere la IA y en qué eslabón de esa cadena pretende insertarse. Esa contradicción atravesó el nadIA Summit y expuso la distancia entre promesa tecnológica y las capacidades reales del país.

“Creo que, en realidad, no armamos nada todavía para responder esa pregunta”, dijo a Letra P Daniel Yankelevich. Para el investigador principal de Fundar, el primer paso es definir una estrategia. “Aunque sea una obviedad, hay que responder esa pregunta. Entender dónde Argentina puede insertarse, en qué eslabón puede insertarse, de qué manera, cuál es la estrategia productiva y cuál es la estrategia de desarrollo. No se estuvo trabajando en esa dirección hasta ahora”.

En ese marco, Yankelevich consideró insuficiente la apuesta por atraer grandes centros de datos a partir de incentivos y recursos baratos. “Decir ‘te doy energía barata y RIGI para que pongas un data center’ es una estrategia muy pobre”, aseveró.

Y relativizó el impacto que podrían tener esas inversiones por sí solas. “No sé si va a venir alguien. Pero, imaginemos que vienen varios: no es que nos va a cambiar la vida, no es que va a ser una inversión que responda a esa pregunta. Y si no viene nadie, tampoco. Puede ser una parte chiquita de la respuesta, pero falta todo lo demás”, planteó.

El debate sobre la inteligencia artificial

El 2 de octubre de 2026 se celebró una nueva edición del encuentro que reunió a líderes empresariales, autoridades nacionales y provinciales y referentes del ecosistema tecnológico. Yankelevich y Eduardo Levy Yeyati analizaron las posibilidades reales de la inteligencia artificial en Argentina, lejos de la histeria global y del marketing de coyuntura.

La iniciativa nadIA Summit 2026, organizada la Universidad Torcuato Di Tella, junto a su Centro para la Evaluación de Políticas basadas en la Evidencia (CEPE), y Fundar, tenía por objetivo intentar bajar a tierra las posibilidades reales de la inteligencia artificial.

Durante la jornada más de 100 referentes del sector privado, el sector público, organismos internacionales y el ámbito académico participaron del debate puertas adentro con una pregunta disparadora: ¿cómo construir una agenda propia para aprovechar la inteligencia artificial como una herramienta para el desarrollo de Argentina y la región?

Hubo experiencias desde el sector privado, como las expuestas por Laura Álvarez Modernel, gerente de Desarrollo de Negocios de IA para Gobierno en América Latina de Amazon Web Services (AWS), y Mariano Casero, director de Tecnología y líder del área de Innovación de Finnegans. Ambos conversaron sobre cómo las empresas están incorporando inteligencia artificial y qué ocurre cuando se pasa de la experimentación a su aplicación en procesos y negocios.

Inteligencia artificial y desarrollo regional

La mirada regional estuvo a cargo de Christian Asinelli, vicepresidente corporativo de Programación Estratégica del Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF), quien abordó el lugar que puede ocupar la inteligencia artificial en el desarrollo regional.

El panel final estuvo encabezado por Yankelevich y Levy Yeyati, referentes de las dos instituciones que impulsan nadIA.

La discusión fue la frutilla del postre del variopinto panorama en las empresas y organismos argentinos entre los que conviven organismos que aún usan el cuaderno Gloria para archivar sus expedientes y la promesa de una economía poblada por agentes autónomos de software media un abismo de infraestructura, regulación y contradicciones fiscales que ningún eslogan puede tapar.

El negocio del pánico

El punto de partida del debate fue desarmar el folclore de la frontera. Mientras los centros de poder discuten si la inteligencia artificial provocará la extinción humana, el ecosistema local se debate en urgencias mucho más terrenales.

Levy Yeyati, fundador del CEPE Di Tella, advirtió que detrás del pánico existencial no hay altruismo, sino intereses comerciales concretos: grandes tecnológicas que buscan consolidar barreras de entrada mediante regulaciones a medida y empujar a los Estados a actuar como reaseguro de última instancia frente a riesgos catastróficos.

En el extremo opuesto, la tentación de plantear a la Argentina como un paraíso desregulado choca contra la pared de los negocios reales. Sin normas claras que fijen límites a la responsabilidad civil y comercial, las empresas de telemedicina, crédito o servicios no pueden asegurarse ni operar. Esa falta de reglas, lejos de ser atractiva para atraer capital, estaría volviendo inviable el negocio.

La ciencia ficción de los agentes con CUIT

Esa misma desconexión entre la narrativa y la materia prima se traduce en la fascinación por los agentes inteligentes. En los despachos oficiales y en las redes se promociona la figura de las sociedades agénticas, estructuras empresariales sin intervención humana que supuestamente convertirían al país en el laboratorio cognitivo del mundo.

Yankelevich se encargó de desmontar el artificio técnico: cualquier compañía puede automatizar actualmente sus procesos internos bajo el formato de una SRL tradicional, siempre que existan socios gerentes humanos que respondan ante la ley.

Pretender que un algoritmo tenga CUIT, firme contratos o afronte demandas judiciales no es innovación institucional, sino un experimento de ciencia ficción jurídica. El mercado, además, tiene una lógica implacable que no tolera la abstracción: nadie le compra un servicio a una entidad a la que no se le puede reclamar ante un tribunal.

Si los agentes representan la zanahoria futurista, el cuaderno Gloria encarna el punto de partida del que nadie quiere hablar. Yankelevich recordó una postal recurrente de las dependencias públicas del interior del país, donde la gestión cotidiana se asienta sobre papel, registros informales o bases de datos que se pierden en un pendrive.

El atraso en la gobernanza de datos

El Estado argentino arrastra décadas de atraso en gobernanza de datos. Mientras cualquier silla de una oficina pública cuenta con un número de inventario que impide que alguien se la lleve, la información estratégica carece de catálogos obligatorios y criterios mínimos de custodia.

Pretender montar modelos fundacionales o arquitecturas agénticas sobre semejante precariedad documental es querer construir un rascacielos sin cimientos. La digitalización básica, un proceso que en el mundo lleva más de cuatro décadas, sigue siendo una deuda pendiente.

El cuello de botella tampoco se resuelve exportando materias primas computacionales. Aquí es donde la propuesta oficial muestra sus fisuras más notorias en materia fiscal y energética.

Frente a la ilusión de radicar data centers a fuerza de exenciones impositivas y energía barata, Levy Yeyati alertó sobre el riesgo de reproducir el clásico modelo de enclave: ceder tierra, subsidiar electricidad y resignar recaudación a cambio de una renta de construcción inicial, para luego importar los modelos y el software que otros desarrollan con ese cómputo.

A diferencia de Brasil, que exige por ley que los centros de datos cedan capacidad a sus universidades e institutos científicos, la Argentina carece de una estrategia nacional que defina en qué eslabón de la cadena de valor busca insertarse.

La grilla eléctrica y los data centers

Peor aún: hay un límite físico que el relato libertario suele eludir apelando a la jerga en inglés. Cuando los especialistas hablan de la grilla se refieren a la red de transporte y distribución eléctrica: los cables, transformadores y subestaciones encargados de llevar la energía desde donde se genera hasta el enchufe final.

Aunque la energía representa apenas entre el 2% y el 3% de la estructura de costos de un centro de datos, prometer tarifas regaladas y exenciones fiscales no alcanza si la infraestructura física no soporta la carga.

Conectar un hyperscaler en una red saturada equivale a voltear el suministro de una ciudad entera. En un país bajo un estricto torniquete fiscal que paralizó la obra pública y congeló la inversión en alta tensión, ofrecerle al mundo potencia computacional ilimitada se parece demasiado a una fantasía desconectada de la realidad.

Precarización salarial y drenaje de divisas

En el plano laboral, el panorama esquiva los vaticinios importados. En una economía con un 60% de informalidad, la IA no se manifestará en despidos formales masivos, sino en una mayor precarización salarial y en la caída de la masa de ingresos.

Quienes sean desplazados por tareas automatizadas terminarán volcándose a ocupaciones peor remuneradas y sin cobertura. A su vez, reemplazar tareas locales por agentes alojados en nubes extranjeras genera un drenaje silencioso sobre el balance de divisas al sustituir empleo doméstico por importación de servicios tecnológicos.

La jornada en la Di Tella dejó en claro que la verdadera modernización no se decreta en podcasts de California. Antes de fantasear con un país administrado por agentes digitales, Argentina tiene que ordenar sus registros, robustecer su grilla eléctrica y construir consensos regionales. Sin datos limpios ni infraestructura real, el salto tecnológico no es más que una fuga hacia adelante.

La respuesta a la pregunta disparadora

Ese “todo lo demás” supone discutir cómo desarrollar capacidades propias y cómo la inteligencia artificial puede integrarse al entramado productivo local.

Yankelevich recupera una comparación planteada durante el encuentro. “Argentina es parte de dos clubes exclusivos: el club de la energía atómica y el club de los satélites”. Y se pregunta si el país podría aspirar también a formar parte del “club de la IA”. “Por ahí no haciendo modelos súper avanzados, pero sí agarrando los modelos chinos y mejorándolos, haciendo aplicaciones. Hay estrategias que se pueden pensar”.

En ese sentido, valora el desarrollo de Latam-GPT, impulsado por el Centro Nacional de Inteligencia Artificial de Chile (CENIA) junto con instituciones de la región. “Está muy bueno desarrollarlo. En primer lugar, para tener un modelo latinoamericano que hable nuestro idioma, que es interesante. En segundo lugar, para aprender y desarrollar capacidades, porque con eso desarrollás capacidades locales”, planteó el investigador.

Pero marca un límite respecto de la posibilidad de competir directamente en la frontera tecnológica. “Mantener grandes modelos a nivel frontera y competirles a estas empresas, que no es imposible, pero requiere miles de millones de dólares, por ahí no es la estrategia productiva que tenemos que seguir”.

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