Luego de evaluar su problema más grande, la deserción temprana de alumnos, decidieron incorporar a Teo, un asistente educativo desarrollado con la startup argentina Laburen.com, conectado al campus virtual y al sistema de gestión. El sistema detecta en qué punto está cada alumno y actúa en consecuencia, desde la bienvenida inicial hasta el recordatorio de horarios y el acompañamiento semanal según el avance de cada cursada. Con ese seguimiento, Eddis bajó la deserción al inicio de los cursos.
Ahora desarrollan un segundo agente para responder las consultas internas de sus franquiciadas y un tercero integrado a un nuevo sistema de gestión de relaciones con clientes (CRM) para dar la primera respuesta a las 120.000 consultas mensuales que recibe la red.
El objetivo es derivar a un vendedor solo a los interesados listos para inscribirse. La lógica es la misma en los tres casos: que la IA absorba el volumen repetitivo y las personas se concentren en lo que necesita criterio: enseñar, resolver lo complejo, cerrar una venta, etc.
El secretario general de la Cámara Argentina de la Pequeña y Mediana Industria Metalúrgica, José Luis Ammaturo, cuenta que las empresas de su rubro, incluso la suya, comenzaron con el uso de ChatGPT, Gemini o Claude de pago y después incorporaron software de administración o ingeniería que incluyen IA.
Recién ahora evalúan pros y contras, porque está en pleno desarrollo. Considera que mejora controles y procesos, pero que falta personal dispuesto a aplicarlo.
En San Cristóbal Seguros también incorporaron un asistente virtual llamado Santi, que logra resolver de manera autónoma el 78,02% de las interacciones que recibe a través del canal digital, mientras que el 21,78% restante requiere derivación a una persona.
La adopción varía según la industria
El Consejo Económico y Social de la Ciudad de Buenos Aires (CESBA) midió hace poco cuánto puede transformar la IA generativa al empleo porteño: 0,353 sobre uno, el índice de exposición más alto de América Latina, por encima incluso de Estados Unidos o Francia.
La exposición no se reparte parejo: finanzas, tecnologías de la información y la comunicación (TIC) y servicios profesionales (0,420) y administración pública (0,423) son los sectores más expuestos. Juntos concentran el 35% del empleo porteño, contra 0,149 de servicio doméstico y 0,211 de construcción.
La brecha es de 2,9 veces entre el sector más y el menos expuesto. El tamaño de la empresa también influye: las de más de 40 personas tienen un índice de 0,387, contra 0,340 en las más chicas.
Son, no por casualidad, el tipo de empresa que aparece en los casos de esta nota: grandes, de servicios o con estructura administrativa consolidada.
Si bien las ganas sobran, la expectativa difiere de la realidad. El CESBA arma un próximo informe que pasa de la exposición a la adopción.
“Las empresas argentinas están expectantes de procesos organizacionales de adopción de inteligencia artificial, de formación y de capacitación, que todavía se están dando en otras latitudes”, dice Juan Manuel Ottaviano, coordinador del equipo del CESBA que desarrolló el Índice de Exposición Ocupacional de la Ciudad de Buenos Aires.
Ottaviano además advierte sobre el riesgo de adoptar rápido y mal. “Se va detectando que, si no hay consulta previa y diálogo a medida que se toman decisiones de cambio organizacional, puede darse una profecía autocumplida: que la adopción termine automatizando de manera ineficiente y, además, genere una implementación inadecuada, sin ganancias ni retornos”.
Los casos de éxito marcan la cancha
La bodega Trivento tiene siete proyectos en curso que aplican inteligencia artificial. Entre ellos, utiliza modelos que analizan imágenes de sus 13 viñedos para identificar las etapas de desarrollo de las plantas y planificar las tareas agrícolas.
En la elaboración del vino, Trivento cruza resultados de laboratorio, parámetros operativos y datos históricos para anticipar eventos y asistir a los enólogos. También aplica visión artificial para revisar diseños, textos legales y datos regulatorios de las etiquetas antes de su producción.
Mediante un Data Warehouse corporativo e Integration Services, inteligencia artificial y un ecosistema de más de 30 aplicaciones en Power Platform, las herramientas automatizan la consolidación de información financiera, operativa y presupuestaria, así como la carga de documentos y el flujo de trabajo interno.
“Estas iniciativas contribuyen a mejorar la productividad, reducir tareas manuales, incrementar la trazabilidad y fortalecer la toma de decisiones basada en datos”, explicaron voceros de Trivento.
Según la empresa, estas herramientas permiten optimizar los relevamientos de campo, reducir tareas de análisis y disminuir errores de impresión y desperdicio de materiales.
Inteligencia artificial en empresas argentinas
Mercado Libre también empezó a ordenar el uso de IA puertas adentro. Con herramientas de SAP, monitorea quién utiliza los agentes, para qué, cuánto cuestan y qué acciones realizan. Además, desarrolló alrededor de 30 protocolos propios para conectarlos con sus sistemas y concentró su administración en SAP Integration Suite. El esquema busca poner controles a una tecnología que ya interviene en distintos procesos de la compañía.
Con 41 agentes y capacidades de IA ya en producción, la empresa de Marcos Galperin proyecta profundizar ese modelo en los próximos años. La meta que se fijó es llegar a 2030 con una operación cada vez más autónoma y una gestión centralizada de sus agentes.
Los casos muestran que la inteligencia artificial ya entró en la operación cotidiana de algunas empresas argentinas, aunque todavía de manera desigual. Entre asistentes, automatizaciones y modelos aplicados a procesos concretos, la adopción avanza más rápido que las reglas para ordenarla. El desafío ya no parece ser empezar a usarla, sino dejar de hacerlo de manera improvisada.