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Boom de importaciones: la carne barata de Brasil gana terreno y se profundiza el bondiolicidio

Entran vacas para hamburguesas y cortes porcinos a menor precio. La presión cambia según la cadena. Productores alertan por el impacto local.

Las importaciones de carne vacuna y porcina aceleran un cambio en el mercado: Brasil gana participación con vacas para hamburguesas y cortes más baratos, mientras el consumo se desplaza hacia opciones de menor precio. El fenómeno no golpea igual a toda la cadena, pero reabre la discusión sobre la competitividad de la producción local.

Este año se profundizó un proceso que ya venía en marcha. Beneficiado por el tipo de cambio, pero también presionado por el sobrestock, el país vecino encontró en Argentina un destino clave para enviar proteína animal. Y aquí, a un sector para recibirla. Lejos de desacelerarse, se prevé que el fenómeno siga creciendo.

El caso del cerdo es paradigmático. En los primeros ocho meses del año ingresaron unas 43.000 toneladas de cortes porcinos, el doble de lo que importó el país durante todo 2024, con más de u$s 100 millones destinados a esas compras. Julio marcó un hito: con más de 6700 toneladas, fue el mes de mayor ingreso de cerdo en lo que va del siglo.

En el sector vacuno, las importaciones se duplicaron.

La tendencia también es marcada en el sector vacuno. Entre enero y julio de 2026 ingresaron 17.493 toneladas, prácticamente el doble que el año pasado. Aunque el volumen todavía es marginal frente a los niveles de consumo y producción locales, se estima que la carne importada ya representa alrededor de un kilo del consumo per cápita anual.

El impacto, sin embargo, es distinto en cada cadena. En vacunos, buena parte de lo importado termina en hamburguesas y otros procesados y sólo una porción menor llega como cortes a las góndolas. En porcinos, los productos brasileños ya condicionan directamente la formación del precio local.

El bondiolicidio avanza

Cuando empezaba a acelerarse el ingreso de cerdo brasilero, la cadena ya hablaba de "bondiolicidio" por el efecto que tiene la importación a bajo precio de un corte que había adquirido mucho valor en el país. En efecto, junto al jamón, la paleta, el pechito y el carré, conforma el grupo de los cinco productos que definen el precio de la media res porcina.

“Los cortes con los cuales podés ganar plata se están trayendo de un país que está barato por un tema circunstancial, y así se condiciona el precio de venta”, explicó a Letra E Juan Luis Ucelli, consultor especializado en el sector porcino.

El ingreso de cerdo brasileño bate récords.

En agosto, el precio del cerdo en pie fue a la baja tanto en pesos como en dólares. Lo mismo se ve en las góndolas: el índice de la carne de cerdo (ICC) acumuló un 19,5% en los últimos 12 meses, pero se mantiene por debajo del índice de inflación, incluso en un contexto de récord de consumo de esta proteína.

Un negocio para pocos

Con importaciones que este año podría llegar a las 60.000 toneladas, la producción también sigue creciendo y el mercado interno, hasta ahora, absorbe todo el producto. Pero la rentabilidad no es pareja: en el sector primario solo ganan las grandes granjas, que aprovechan estructuras más eficientes, mientras pequeños y medianos productores, en el mejor de los casos, salen hechos.

Y es que, a la importación, se suma otro techo: el precio de la carne vacuna, que lleva dos meses sin aumentar en góndola aún con menor oferta local y caída en la faena.

“El vacuno marcó un techo y eso complica a la cadena porcina, porque si el cerdo no está barato, no se consume”, explicó Ucelli, quien advierte que el combo entre importación y bajo poder adquisitivo es letal para el sector porcino.

En 2026 se importarán alrededor de 60.000 toneladas de bondiola.

En este río revuelto, el único ganador es el importador. “Casi todos pierden, menos quien hace una diferencia extraordinaria al traer un corte muy barato y sacarle entre un 40 y un 50% en el mercado local. El sistema está beneficiando a los intermediarios, no al grueso de los productores”, describió el consultor a este medio.

En el país del asado, carne brasileña

En su informe de agosto, la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados (Ciccra) estimó que actualmente se consume unos 46 kilos de carne vacuna al año, casi cinco kilos menos (9,5%) que hace un año. Incluso con un precio que lleva varias semanas sin alterarse, el bolsillo gana la pulseada y crece la búsqueda de otras proteínas más económicas.

A eso se suma el fenómeno de la importación que, aunque marginal en términos de volumen, se ha vuelto una tendencia ya establecida. Consultado por Letra E, el especialista Víctor Tonelli aseguró que en la actualidad el grueso de la carne que ingresa es de Brasil y va a la producción de procesados y embutidos.

"De hecho, las principales firmas que actualmente la traen son Marfrig y Minerva, ambas brasileñas. A diferencia de lo que ocurre en el sector porcino, solo un pequeño volumen va directamente a las góndolas, con cortes hasta 15% más baratos", precisó.

Se prevé que en 2027 las importaciones de carne vacuna alcancen las 70.000 toneladas.

El fenómeno convive además con un crecimiento de las exportaciones, que en ocho meses sumaron 358.000 toneladas y casi u$s 3000 millones. La importación, afirma Tonelli, permite a la cadena destinar un mayor volumen a los mercados externos y aprovechar los altos precios puertas afuera. El consumo interno, con señales claras de enfriamiento, no despierta demasiado interés.

Un horizonte de importaciones

Más que un fenómeno aislado y coyuntural, Tonelli observa que la importación de carne vacuna en Argentina “es un camino que no tiene retorno y que va a ir creciendo”, y encuentra en eso ejemplos a nivel global. El más notorio es el de Estados Unidos, que exporta 1.200.000 de toneladas al año e importa casi 3.000.000, más del doble.

“La mayoría de los países exportadores son importadores y con eso mitigan el eventual faltante en el mercado interno”, sostiene el consultor, que prevé que el mercado internacional continúe afrontando una oferta muy limitada y precios altos, “una excelente oportunidad” para la cadena.

Hacia adentro, asegura que “las importaciones se terminarán vendiendo a menor precio que la carne producida localmente” y prevé que podrían ayudar eventualmente a destrabar el límite impuesto por el bolsillo.

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