25|6|2022

29 de marzo de 2021

29 de marzo de 2021

El fiscal general de Santa Fe está en el ojo de la tormenta. Presiones a ambos lados de la grieta por el retorno del exministro a la Fiscalía.

El fiscal general del Ministerio Público de la Acusación de Santa Fe (MPA), Jorge Baclini, contiene una olla a presión y en las próximas horas, cautelosamente, empezará a abrir la válvula. En su escritorio tiene dos cartas que debe contestar: la de Marcelo Saín, que a días de abandonar el Ministerio de Seguridad reclama volver a ocupar su puesto como director del Organismo de Investigaciones (OI) del MPA, y la que le presentaron diputadas y diputados con señalamientos hasta de índole disciplinaria contra el bonaerense. La decisión lo pone en el centro de la escena política, una posición a la que siempre le fue esquivo. En los cuatro años que lleva como autoridad máxima del MPA, cultivó el perfil bajo y evitó incomodar al Poder Ejecutivo, pero en este conflicto todos los ojos están puestos en él y recibió mensajes de alto voltaje tanto desde la Casa Gris como de la Legislatura.

 

Baclini (54) asumió al frente del MPA en abril del 2017, después de haber sido fiscal regional de Rosario, pero antes del cambio del sistema penal en Santa Fe, cuando los jueces llevaban adelante las investigaciones, también fue juez de instrucción y secretario del Colegio de Magistrados. Tiene un doctorado en derecho y es docente de la Universidad Nacional de Rosario. Quienes lo conocen lo describen como un negociador. “Es el perfil contrario al de Saín; puede sentarse a dialogar con Maximiliano Pullaro (antecesor de Sain) y con Jorge Lagna (reemplazante de Sain) en las mismas condiciones”, aseguran.

 

Hipermedido en sus declaraciones públicas, asegura que no le debe nada al Frente Progresista, el espacio que gobernaba la provincia cuando se reformó por ley el sistema procesal penal y se creó el MPA. Sin embargo, esa es la acusación reiterada que recibe desde el peronismo. Esta semana, el ministro de Gestión Pública, Marcos Corach, opinó sobre el pedido de los legisladores para que Sain no vuelva al MPA. Apuntó directamente a los diputados y a las diputadas del Frente Progresista y de manera elíptica a Baclini. "A Saín le corresponde por concurso conducir las investigaciones desde el OI. En definitiva, lo que aflora con toda esta situación es la connivencia entre el delito, el Estado y la política. No quieren que Saín siga investigando”, declaró el rafaelino a la radio LT8.

 

Baclini remitirá el pedido de la Legislatura a la auditora general del MPA, María Cecilia Vranicich, pero esa revisión no impediría que Saín asumiera el cargo si el fiscal general dictaminase el cese de la licencia. En términos jurídicos, la Corte Suprema de Justicia de Santa Fe le otorgó – y Baclini aceptó - la licencia sin goce de sueldo a Sain a los fines de que asumiera el cargo de ministro de Seguridad. Como el motivo de la licencia terminó, al fiscal general le queda poco margen de maniobra. La piedra mayor ante esa decisión es la mala relación entre ambos, que se tensó al punto de anular las comunicaciones en los últimos seis meses.

 

Baclini se convirtió en jefe de Sain en diciembre de 2018, cuando el exministro juró como conductor del OI, un órgano técnico cuya función es asistir a los fiscales en la investigación de la criminalidad compleja, pero que responde a los lineamientos del fiscal general. Un año después, el gobernador Omar Perotti armó su gabinete y designó a Sain como ministro. A los meses, comenzaron las tensiones y las durísimas críticas del ministro a los investigadores que ahora hacen difícil imaginar cómo podrían volver a trabajar en sintonía. La estrategia de cómo Sain ahora, después de poco más de un año a cargo del ministerio en los que no escatimó reproches para nadie, ocupó varias horas de la Junta de Fiscales que el martes reunió a Baclini con los cinco fiscales regionales, todos alineados con su jefe.

 

Un día antes, Sain se había presentado con escribana a recuperar su puesto que ahora está a cargo de Víctor Moloeznik. El exministro imaginó que iba a encontrar mayores resistencias y que no le iban a recibir la copia certificada del decreto del gobernador. Sin embargo, cuando le dijeron que la nota ingresaba por mesa de entradas, la situación se distendió; hasta compartió algunos chistes con los trabajadores de la oficina y no hizo falta la firma de la escribana. También estuvo en la oficina de la capital provincial del OI, donde se puso al día sobre cómo estaban trabajando. El nivel de beligerancia, por lo menos esta semana, disminuyó.

 

Sin embargo, una de las preocupaciones que enfrenta ahora Baclini es que se trunquen investigaciones que realizaba el OI o que los fiscales, por la desconfianza con Sain, no pidan la intervención de ese organismo. En la región Santa Fe, por ejemplo, Sain primero tuvo conflictos con el fiscal regional Carlos Arietti, pero luego también con las fiscalías de Delitos Complejos y la de Homicidios. En Rafaela, tras las causas por juego clandestino, también se cruzó con el fiscal regional Diego Vigo. En ese contexto, los fiscales podrían utilizar fuerzas federales para completar las investigaciones en marcha y realizar los allanamientos, lo que le quitaría volumen de trabajo al organismo. Donde Sain sí podría encontrar un nicho de contención es en Rosario, donde tiene buena relación con la mayoría de los investigadores.