Elecciones 2017

Cómo instruyeron a escolares para ponerle color a un acto de Macri

Fue, justamente, en la República de los Niños. Los instaron a celebrar la llegada del Presidente agitando banderas argentinas, bailando y sonriendo para las cámaras. El Presidente tuvo su balcón.

Todo estaba minuciosamente diagramado. Una hora y media antes del acto, los micros comenzaron a agolparse sobre la puerta principal del predio con el contingente en el interior ya mostrando impaciencia por acceder. Lucían inquietos, aún no tenían para agitar las banderas que luego les entregarían. Primero, el ingreso sólo era habilitado para los dirigentes.

 

Una vez abajo del colectivo, el nutrido grupo fue guiado hacia el epicentro de la escena, justo frente al balcón donde -les prometían- aparecería ante ellos “una sorpresa”.  “Atentos: ahí están movilizando al resto, vamos a esperar que se ordenen y seguimos con ustedes”, indicaba la voz cantante, encargada de pulir los detalles organizativos de la jornada.

 

Así, quienes estaban a cargo de cada grupo, empezaron a repartir banderas a los presentes para darle el ambiente ideal al suceso. Todo estaba listo. Sin embargo, las recomendaciones sobre cómo manejarse continuaron, como si quedara por sentado que los consejos nunca están de más para el buen comportamiento del tipo de público que allí estaba presente.

 



INSTRUCCIONES. “¿Cómo están, chicos? ¿Todos bien? ¿Tienen ganas de aplaudir? ¿Tienen ganas de gritar? Aplaudan y griten. Este espíritu de alegría y de participación es el que se tiene que mantener para cuando llegue el momento de disfrutar este acto, ¿sí?”. De esta forma, micrófono abierto, fue instruyendo a alumnos de escuelas primarias públicas el maestro de ceremonia del acto que, minutos después, estaría encabezando en la República de los Niños la máxima autoridad del Gobierno que repudia a rajatabla la filtración de la política en el ámbito educativo.

 

“Ahora vamos a levantar todos con ganas y con una sonrisa muy amplia las banderas y agitarlas; hay fotógrafos que quieren hacer imágenes de este momento. Todos arriba las banderitas, haciéndolas flamear, sonriendo”, prosiguió en sus dictados el locutor colocado por la organización presidencial.

 

De repente, una progresiva turbulencia comenzaba a filtrarse en el aire. En ese momento, el maestro de ceremonia cortó las vociferaciones susurrantes de los niños: “Hagan silencio. Escuchen, miren ese helicóptero, a su derecha, arriba”, indicó para describir el movimiento que le impulsaba a hacer a los purretes: “Eso se llama lateralidad, ya lo van a aprender en la secundaria”, aclaró a la vez que se superpuso en su rol docente: “Saluden con las banderas arriba”.

 

Mientras descendía el helicóptero que trasladaba a Mauricio Macri, su esposa Juliana Awada y su hija Antonia, el locutor oficial retomó las instrucciones organizativas: “Les pedimos por favor a las señoritas docentes a partir del momento que comienza el acto, tratar de no cruzarse ante las cámaras”.

 

Ya con la inminencia del arribo presidencial, arengó: “Arriba la música y las banderitas, así me gusta”. Aunque, no conforme, fue por más en la solicitud a los pequeños: “Una sonrisita por favor… A ver cómo bailan en sus lugares, sin desplazarse, vamos a ponerle alegría a este mediodía”. Ahora sí, ya estaba todo en su lugar.

 

 

 

EL BALCÓN. Macri ingresó a escena en compañía de su esposa, su hija, la gobernadora María Eugenia Vidal, la candidata a senadora Gladys González, el intendente de La Plata, Julio Garro, y el músico y actor Manuel Wirtz, responsable del predio municipal que, con la presencia del jefe de Estado, inauguraba la remodelación de 21 de sus históricos edificios.

 

Pero la comitiva oficial no fue directo al grano. Antes, había una “sorpresa” reservada para los alumnos –siempre en voz del maestro de ceremonia-: Macri salió al balcón a saludar al pequeño público que –tal como fue instruido minutos antes- agitaba las banderas con fervor. La última vez que había hecho algo similar fue el 10 de diciembre de 2015, cuando asumió la primera magistratura.
 

 


Al momento de los discursos, los aspectos republicanos que inspiraron la creación de ese complejo hace casi 66 años poco predominaron. El foco estuvo claramente marcado por el contexto: la campaña de cara a octubre. Así, se hizo un paralelismo entre el estado de abandono con el que se encontró la nueva administración a la República de los Niños, con la herencia en el orden municipal, provincial y nacional:

 

“Se había vuelto un lugar triste, abandonado. Durante muchas décadas no se supo cuidar, mantener, compartimos este lugar que le vuelve a dar orgullo a la provincia y a la ciudad de La Plata, a la que también le sucedió el abandono, la indiferencia”, señaló la gobernadora Vidal que, ante el auditorio de purretes subrayó: “En las últimas lluvias cayeron 140 milímetros y la ciudad de La Plata resistió porque con el Presidente estamos haciendo las obras hidráulicas, las obras del hospital Ludovica. Hacemos lo que se y también lo que no se ve”.

 

En la misma línea, Macri remarcó: “Si nos comprometemos, si somos protagonistas, si nos ponemos hacer, en vez de buscar culpables, si buscamos soluciones, a construir soluciones en las cosas que nos suceden, cambiamos la realidad”. En su única alusión a los chicos que tenía enfrente, el Presidente también espetó un mensaje con fuerte carga electoral. Así, afirmó que los “chicos, que entienden algunas cosas y otras no, pero que saben que algo está pasando en la Argentina, como lo sabe el mundo entero que nos dicen que quieren ser parte”.

 

Sin más, la comitiva oficial se despidió de los alumnos, quienes agitaron las banderas hasta que el Presidente se perdió detrás del edificio del Banco Infantil. No esperaron a ver al helicóptero levantar vuelo para volver a saludar con los estandartes en alto. El acto había terminado. Había que regresar a los colectivos.  

 

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