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El drama docente

El drama docente

08/03/2017 12:53

 

En la cobertura de los conflictos político-sociales, los medios gráficos presentan –en su mayoría y con un alto nivel de homogeneidad- los sesgos propios de la construcción noticiosa: personalización, dramatización, fragmentación y normalización. Estos rasgos aparecen en el tratamiento informativo del paro docente de estos días.

La responsabilidad de los actores involucrados en los acontecimientos se relaciona con su grado de exposición y con el enfoque noticioso predominante. La personalización se da cuando las noticias ponen el foco en los actores por fuera del contexto histórico que da origen a sus acciones. Por ejemplo, la obstinada preocupación de algunos periodistas por el recorrido de Roberto Baradel en la carrera docente, por sus pergaminos y por cuánto ello legitima su grado de representatividad.

La insistencia mediática en atribuir el paro docente a la decisión individual de una dirigencia gremial “despegada de sus bases” redunda en un intento de desprestigiarla y exime al Gobierno de la responsabilidad institucional de cumplir con la Paritaria Nacional Docente y garantizar el fondo compensador para que las provincias con dificultades financieras puedan solventar el costo acordado de salario mínimo nacional.

La noticia dramatizada presenta el conflicto docente como consecuencia de un acto irreverente de dirigentes que no acatan una conciliación obligatoria. Los titulares de tapa de los principales diarios capitalinos del sábado 4 de marzo son ilustrativos. “Los docentes pararán pese a la nueva oferta salarial” (Clarín); “Se agrava el conflicto con los docentes” (Crónica); “Descontarán días de paro a docentes de la provincia” (La Capital); “Los docentes rechazan la conciliación” (La Prensa); “Los docentes ratifican el paro y no acatarán la conciliación obligatoria” (La Nación). Su narrativa reproduce la estructura actancial del cuento popular, que distribuye prolijamente a los héroes, los antagonistas, los donantes, los villanos y sus víctimas. Los docentes-villanos, como es habitual, impiden el derecho a estudiar de niños-víctimas que son tomados como rehenes. Un argumento que suena convincente en la superficie, pero que se queda allí y elude los factores estructurales de esta problemática.

En este marco, es elocuente el énfasis puesto en la confrontación y el juego de diatribas entre un Jefe de Estado y un dirigente sindical. La apuesta noticiosa a la contienda entre personas fragmenta la información y descontextualiza un legítimo reclamo docente. Un encuadre episódico que atiende a hechos concretos y casos particulares en detrimento de un abordaje más analítico y abstracto de una problemática histórica.

Después de imputar el recrudecimiento del conflicto a una “motivación individual”, la cobertura mediática retoma el rumbo de la institucionalización. Enfatiza los intentos de “negociación” por parte de gobiernos distritales cuyos funcionarios se esmeran por ofrecer propuestas “superadoras” con el objeto de garantizar el inicio de clases. El sesgo de normalización es la confirmación de que las instituciones están para hacer que el sistema siga adelante y cumpla sus obligaciones, que resuelva un conflicto causado por la desobediencia gremial. La consecuencia de la cobertura normalizada es que limita el rango de los modelos aceptables, incluso pensables, para la acción política.

La multiplicación maniquea de héroes y villanos envueltos en el espectáculo político genera impotencia y frustración, alienta a la ciudadanía a abandonar el análisis profundo y, a cambio, solo le ofrece el beneficio de la queja.