El tarifazo, una síntesis de la esencia del Gobierno

La última semana fue de las más traumáticas desde que el Gobierno de Mauricio Macri llegó al poder. Quedaron expuestos sus objetivos de fondo y sus debilidades para llevarlos adelante. La desprolijidad con la que encaró el brutal aumento de tarifas logró que el último jueves distintos sectores sociales y de la producción salieran a la calle masivamente a manifestarse. Muchos de los que estuvieron haciendo sonar lo que tenían a mano votaron a Macri en el ballotage. Signos de que el handicap que le dieron una parte de sus propios votantes se va agotando.

 

Para entender las características del aumento de las tarifas hay que correr el velo de la inmediatez y ahondar un poco más allá. El Gobierno articula dos elementos de la coyuntura para justificar la decisión: déficit fiscal y crisis energética. Ambos son temas que hay que abordar porque deben ser mejorados. Es cierto que es necesario ordenar algunas variables de la macroeconomía y emprender el camino de la soberanía energética para el desarrollo del país. Lejos está la quita de los subsidios a las tarifas de resolver estar cuestiones. ¿Quién, a esta altura, puede creer que el ministro de Energía, Juan José Aranguren, está para resolver otra cosa que no sean los intereses de su propio sector o empresa? La motivación radica en otros intereses.

 

Las medidas económicas del Gobierno, desde el 10 de diciembre a esta parte, tendieron a generar una formidable transferencia de recursos de los sectores medios y populares a los grupos económicos más concentrados. Devaluación, quita de retenciones al agro, la industria y la minería, levantamiento de las trabas para las importaciones y libertad para los aumentos de precios son solo algunas. En materia de subsidios se ve con claridad, ya que el objetivo del gobierno es recortar a la mitad lo que se destinó el año pasado, algo así como 70.000 millones de pesos. Y lo que el Estado no va a percibir este año por la quita de las retenciones al agro y la minería está estimado en casi 60.000 millones de pesos. Lo que recortan en una caja, la dejan salir por otra.

 

Los esfuerzos que hacen los grandes medios de comunicación no alcanzan para esconder una decisión que golpea en el centro de la producción y el desarrollo del país. El Gobierno no sabe cómo ordenar la encrucijada en la que se metió y cada decisión que toma complica más las cosas y su propio relato, como el tope de 400% anunciado en las tarifas de gas. La Cámara Federal de La Plata mantiene suspendido los aumentos y la Corte Suprema evalúa qué hacer con la situación. Mientras millones de familias no saben cómo van a pagar las cuentas si esto no se modifica y miles de PyMEs y comercios están contra las cuerdas. Si el Gobierno no vuelve atrás con la medida, el ruido que se escuchó el jueves va a sonar cada vez más fuerte y cada vez más seguido.

 

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