El sinceramiento del bicentenario

En medio de confusión y contramarchas, hay una certeza: Aranguren no se va

Tras el giro del Gobierno para evitar un revés de la Corte, y con la resaca de un fin de semana patrio de controversias, en la Casa Rosada confirman al ministro de Energía, foco de las críticas.

El ministro de Energía, Juan José Aranguren, fue el único integrante del Gabinete que no estuvo al lado del presidente Mauricio Macri durante los actos oficiales del 9 de Julio, el esperado epicentro de los 200 años de la declaración de la Independencia y el principal acto protocolar que encabezó el jefe de Estado desde que asumió el poder. El ex titular de Shell Argentina no estuvo en San Miguel de Tucumán, pero ha sido el funcionario que más presencia ha tenido en los días del bicentenario argentino para el propio Macri, que no piensa sacarlo de su lugar a pesar de concentrar las críticas más feroces que recibe la administración del frente Cambiemos.

 

Las primeras jornadas de julio, debajo de las noticias y los calendarios, serán recordadas como las más frías del último medio siglo. El padecimiento de millones y las trizas que provocó en la imagen presidencial se transformaron en la principal barrera de hielo que logró frenar al tarifazo dispuesto por el Presidente. Un salto brutal de precios que llegó al 1.000% en algunos casos y que, más allá de las apelaciones al "error humano", fue minuciosamente diseñado por Aranguren y sus técnicos, algunos de ellos con verdaderos problemas de incompatibilidad en sus funciones, como David Tezanos, actual interventor del Ente Nacional Regulador del Gas (ENARGAS) y presidente de la distribuidora Metrogas hasta fines del año pasado. Tezanos tendrá la misma buena suerte que Aranguren en materia de incompatibilidades por parte de la titular de la Oficina Anticorrupción, la dirigente macrista Laura Alonso, salvo que prosperen las denuncias judiciales que avanzan contra ambos.

 

DIRTY JOB II. En soledad, Macri aprovechó el discurso presidencial del bicentenario para capear el frío de la coyuntura y defendió a capa y espada el ajuste en marcha. La ratificación del plan económico, en rigor, es un fuerte espaldarazo para Aranguren, el ministro más confirmado por Macri en sus primeros siete meses de gobierno. Ante las consultas de Letra P, fue nuevamente confirmado por fuentes de la Casa Rosada. "El trabajo sucio terminado que reconoció (el ministro de Hacienda) Alfonso (De Prat Gay) sobre los holdouts y el fin del cepo todavía no ha concluido con las tarifas", bromeó un funcionario que deambula por las entrañas de la jefatura del Gabinete Económico, un eje que gira en torno a las oficinas de Mario Quintana y Gustavo Lopetegui, secretarios de Coordinación Interministerial y de Políticas Públicas, los dos funcionarios que dependen del jefe de Gabinete, Marcos Peña, y que actúan como dos in house dentro de la mesa de ministerios que intervienen en la dinámica económica del país.

 

En sus teléfonos resuena, varias veces al día, la voz de Macri. Con el mismo registro taciturno, el Presidente ha ratificado una y otra vez la continuidad de Aranguren al frente del ministerio más caliente del gabinete económico y también el más cuestionado por sus pares. "Macri defendió la política más resistida de su gobierno en pleno bicentenario. ¿Te parece que va a cambiar de ministro en el medio de esto? Este muchacho, por ahora, no se va", asegura un radical que integra Cambiemos y que adjudica las ratificaciones al peor escenario: un revés de la Corte Suprema de Justicia que profundice el freno al tarifazo que dispuso la Cámara Federal de La Plata.

 

EL ANTI PEÑA. Entre las menguadas fuerzas radicales de Cambiemos dentro del Gabinete, defienden la presencia del ex titular de la UCR Ernesto Sanz como uno de los artífices del plan de reducción de daños que la Casa Rosada puso en marcha para atajar un posible revés judicial que extienda el pantano. Al mendocino, sus exégetas lo definen como el "anti Peña", en referencia a la jefatura de Gabinete que no ocupa y está en manos de Marcos Peña. Para los socios de boina blanca que integran la alianza gobernante, el tarifazo, además de hundir a Aranguren en la ciénaga del descrédito, también debilita dentro del gabinete al actual ministro coordinador y a sus dos secretarios, que rugen como bujías dentro del equipo económico.

 

Para un gobierno muy concentrado en la comunicación de su gestión y en el impacto que provoca ante la opinión pública, el tarifazo está a un paso de transformarse en un verdadero caso de estudio. En el Gobierno temen que el malestar general por el ajuste y la desazón por su brutal aplicación pueda horadar los techos de aceptación que Macri detenta en el comienzo del segundo semestre.

 

Si la preocupación por el desempleo se transformó en el signo de la primera tormenta que tuvo el Presidente con el Congreso, el tarifazo promete posicionarse como un obstáculo de dimensiones por ahora desconocidas. Dentro de la Casa Rosada, los más fervientes defensores de la gestión pronostican que Macri podrá superar el embate energético con la misma maña que puso para sortear la discusión sobre el desempleo, aún con la utilización del veto. Existe una diferencia: el ajuste de las tarifas de los servicios públicos, desde el transporte hasta la luz, definieron una pendiente en caída para la imagen del Gobierno que por ahora no logra tener un liderazgo opositor nítido. Todo lo contrario pasó con el desempleo y la pelea en el Congreso: en esa contienda, Sergio Massa logró recuperarse y reposicionarse como el opositor edulcorado que Macri prefiere antes que lidiar con el kirchnerismo.

 

Ante el posible desenlace negativo de la Corte sobre las tarifas, el Gobierno fijó este lunes su tope: un 400% de aumento en las boletas. Una cifra módica para los halcones del gabinete al lado de los ajustes masivos que, en algunos casos, implicaban más del doble.

 

BALANCE BAJO CERO. Entre esas frialdades se movió el bicentenario de la Independencia: con la ratificación del ministro más cuestionado y más famoso del gabinete gracias a la más impopular de sus medidas. En Tucumán, el nivel de conocimiento y la imagen negativa que reúne la figura de Aranguren podrían haber cosechado abucheos contra el Presidente. Ante el riesgo, Macri no lo llevó y prefirió ratificarse. Así transitó el jefe del Estado su primer 9 de Julio: flanqueado por el rey emérito Juan Carlos de Borbón, sin la presencia de ningún presidente vecino gracias al invitado real y con un grupo de torturadores del Operativo Independencia merodeando en el desfile, a pocos metros de Aldo Rico, que se paseó con gesto altivo y de verde olivo.

 

Ni la Casa Rosada ni las Fuerzas Armadas dijeron una sola palabra sobre el abierto repudio de los ex combatientes de Malvinas. Algunos se negaron a participar del despliegue por la presencia de Rico.

 

No hubo respuesta oficial para los organismos de derechos humanos que denunciaron la irrupción de los militares investigados por delitos de lesa humanidad en Tucumán, durante el Operativo Independencia.

 

Tampoco habló el radicalismo, ni su ministro de Defensa, Julio Martínez, que guardó silencio estampa ante la reaparición en escena del ex jefe carapintada Rico, el mismo que atentó contra la democracia y se sublevó contra el gobierno de Raúl Alfonsín.  Todo pareció secundario ante la decisión presidencial de regresar  a los desfiles militares para devolver los viejos atributos del poder institucional al aparato castrense. Para ellos sí fue un día de fiesta.

 

Javier Milei junto a Gonzalo Roca y Karina Milei, en su última visita a Córdoba.
Javier MIlei, en Noruega. 

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