La trágica inundación del 2 de abril dejó como saldo hasta el momento 67 muertes, además de pérdidas millonarias, situaciones dramáticas en muchísimas familias y un estado de ansiedad y angustia en toda la población cada vez que llueve. A quien preguntemos, no dudará en afirmar que es la peor tragedia que sufrió la ciudad, al menos desde hace muchos años a esta parte.
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La lluvia hizo “visible”, de la peor manera, algunos problemas crónicos que viene sufriendo la ciudad: crecimiento desmesurado a lo alto con falta de planificación e inversión en obras hidráulicas, mal uso del suelo, conexiones clandestinas entre pluviales y cloacas, ausencia de la red cloacal en más del 30 % de las viviendas (unas 64.000 familias según el último censo) asentamientos en tierras linderas a los arroyos, y otros muchos problemas que venían pasando desapercibidos para la gran mayoría hasta la inundación.
Con otros problemas está pasando algo similar salvo que no hay una situación de crisis que los haga tan visibles como sí lo hizo la cantidad de agua caída. Como si fueran “inundaciones” imperceptibles. Tomemos solo tres de estos problemas.
Uno: cada año ocurren en nuestra ciudad más de 4.000 accidentes de tránsito y este número va en aumento. Estos vienen produciendo en promedio más de 90 muertes anuales. Los accidentes más graves ocurren los fines de semana y en horas de la noche y el grupo de edad más afectado es el de 16 a 35 años. El alcohol participa en más del 25 % de los accidentes y la falta de uso del casco y de cinturón de seguridad son grandes causantes de muerte y discapacidad
Dos: la mortalidad infantil en nuestra ciudad es, en promedio de los últimos años, de alrededor del 10 por mil, esto significa que vienen falleciendo cada año, unos 140 niños menores de un año. El 60 % de estos fallecimientos son totalmente prevenibles, o sea más de 80 muertes infantiles podrían ser evitadas cada año.
Tres: también en los últimos años los hechos de inseguridad vienen aumentando escandalosamente y las muertes violentas asociadas a estos fueron en promedio entre 40 y 50 anuales.
Tomadas en conjunto estas tres causas vienen produciendo todos los años el equivalente a las muertes de tres inundaciones como la del 2 de abril. Y también al igual que la inundación, generan dramas familiares y ansiedad en la población, cada vez que, por ejemplo un hijo adolescente sale a la noche ya que no sabemos si no tendrá un accidente o sufrirá un asalto. Al ocurrir todos los días, nos hemos habituado a ellas pero en realidad cuando lo miramos de este modo, como inundaciones imperceptibles, nos damos cuenta de que cada año sufrimos al menos tres tragedias tan graves como lo fue la inundación.
Las cuatro tragedias tienen en común que podrían ser prevenidas por políticas municipales adecuadas. Y esta es la verdadera tragedia.
Toda crisis es una oportunidad. La inundación puso de relieve la necesidad de rediscutir el código urbano, la necesidad de inversión en obras hidráulicas y la relocalización de asentamientos entre otras cuestiones.
Se debería aprovechar para poner también al tope de la agenda municipal los objetivos de disminuir las muertes evitables por accidentes de tránsito, inseguridad y mortalidad infantil. Para esto se deben atacar problemas muy concretos como la nocturnidad y el creciente uso y abuso de alcohol y drogas en adolescentes, avanzar hacia una policía comunal y mejorar la atención de los menores de un año por poner solo algunos ejemplos.
Una agenda municipal que priorice soluciones para evitar estas cuatro tragedias en los próximos años sería una excelente iniciativa a la que todos los vecinos de La Plata adherirían.