Últimamente, es habitual escuchar a economistas y comunicadores señalar que hay tres sectores de la economía argentina a los que les está yendo bien: la energía, con eje en Vaca Muerta; la minería, principalmente en el noroeste del país; y el campo, mencionado muchas veces de manera genérica, como si se tratara de una realidad homogénea.
Permítanme disentir, al menos en buena parte, con estas afirmaciones tan tajantes. Que las cosechas registren buenos rindes, que crezcan las divisas generadas por el sector agropecuario y, sobre todo, que a los grandes exportadores de granos les vaya bien no significa que a todo el campo le esté yendo bien.
Argentina productiva en rojo
Hace unos días la Confederación Intercooperativa Agropecuaria Limitada (Coninagro) publicó su semáforo sobre la situación de las economías regionales, y sobre 19 sectores analizados, solo exhibe en "verde" a los granos, bovinos, ovinos y miel, lo que significa que les está yendo de modo razonable.
Y bajo la luz "roja" se sumaron sumaron la forestación y cítricos. Allí permanecen hace meses producciones como yerba, arroz, vino y mosto, hortalizas, algodón, leche y mandioca.
El resto de los sectores analizados se encuentran en amarillo, es decir, en una situación de riesgo. Allí aparecen el tabaco, las peras y manzanas, la producción avícola, los porcinos, la papa y el maní. En todos estos casos se observa una combinación de precios que no alcanza a recomponer plenamente el poder adquisitivo de los productores frente al avance de la inflación.
En la mayoría de las actividades productivas, el principal factor de deterioro está asociado al aumento de los costos, que en muchos casos crecen incluso por encima de la inflación. Al mismo tiempo, los precios que reciben los productores permanecen prácticamente estancados o avanzan a un ritmo inferior al de los costos y la inflación, lo que termina erosionando sus márgenes y afectando la rentabilidad de las explotaciones.
Rentabilidad negativa en algunos sectores
También Confederación Rurales Argentinas (CRA) planteó, por ejemplo, que un productor de ajos del Valle de UCO, en Mendoza, registró una rentabilidad negativa del -38% antes de impuestos, y -68 % si hace las cuentas después de pagar los impuestos.
Queda claro entonces que, cuando economistas y políticos se refieren al campo como uno de los sectores estrella del “modelo Javier Milei”, están pasando por alto esos datos de la realidad. Muchos indicadores del agro contradicen la afirmación que sostiene que "al campo le va bien".
Para cerrar el diagnóstico, la Bolsa de Cereales de Buenos Aires dio a conocer el pre-informe de campaña de soja para el 26/27, y solo se observaba un incremento de la superficie del 1,2 %. Si se tiene en cuenta de que se trata de un cultivo que está entre los mayores generadores de divisas, es muy difícil concluir que el conjunto del campo es un sector ganador del modelo económico.
Dólar retrasado y costos acelerados
En este contexto es llamativo que algunos dirigentes rurales con buena relación con el gobierno nacional afirmen que el campo no necesita un dólar más competitivo; es una definición un tanto arriesgada y/o con matices oficialistas, más si se tiene en cuenta que la mayoría de los economistas del país advierten sobre un dólar atrasado, barato, o al menos que no ha seguido a la evolución de la inflación.
Por ejemplo, si tomamos el Índice de Tipo de Cambio Real Multilateral (ITCRM) que publica el Banco Central de la República Argentina (BCRA), observamos que se encuentra en niveles cercanos a los 85 puntos. Esto refleja una apreciación del peso de alrededor de 15% respecto del período base, posterior a la devaluación de diciembre de 2015.
Si nos detenemos únicamente en lo ocurrido durante 2026, el deterioro también resulta evidente: la inflación acumulada alcanza el 21,5%, mientras que el precio del dólar avanzó apenas alrededor de un 4,5%.
No soy economista y no pretendo abundar en análisis técnicos sobre estas variables. Pero sí soy productor agropecuario y conozco de primera mano lo que ocurre en el sector. Los costos de producción han aumentado con fuerza, en muchos casos por encima de la inflación. A esto se suma el incremento de los precios de la energía y los combustibles, que llegaron a duplicarse en pocos meses. En ese contexto, el campo fue perdiendo competitividad día a día, con un impacto directo sobre la rentabilidad de los productores de numerosos sectores y regiones del país. Y, una vez más, el impacto resulta especialmente fuerte en las economías regionales.
La guerra en Irán disparó el precio de los fertilizantes
La ganadería ovina patagónica atraviesa serias dificultades. Lo mismo ocurre con los productores de frutas de pepita y carozo de los valles irrigados, que enfrentan una situación de fuerte preocupación después de haber recibido precios muy bajos durante la última campaña. A ellos se suman los productores de ajo y los yerbateros, entre otros, que en muchos casos directamente decidieron no cosechar, mientras afrontan las consecuencias que atribuyen a la desregulación del mercado y al aumento de las importaciones.
El costo de producir un cajón de limones en Tucumán es prácticamente el doble que hacerlo en Sudáfrica. Y así podría seguir nombrando a la mayoría de las economías regionales que, si bien le sacaron las retenciones, pero su problema es de falta de rentabilidad y competitividad. No a todo el campo le va bien.
El sector agropecuario en su conjunto vive momentos difíciles, solo basta ver la cantidad de empresas del agro que comienzan a tener cheques rechazados, y atraviesa situaciones financieras complejas. Muchas se suman a la gran cantidad de pymes que bajaron sus persianas.
Productores endeudados como en 2000
Es cierto que las pequeñas rebajas en las retenciones a las exportaciones de cereales y oleaginosas fueron recibidas como una señal positiva, pero eso cambió poco la realidad sobre la falta de rentabilidad de los productores de algunos cultivos tradicionales, sobre todos en las zonas más alejadas de los puertos y más todavía quienes trabajan en campos alquilados. La semana pasada un amigo productor de Tandil me dijo: "El año pasado la ganadería me compensó las pérdidas de la agricultura".
El principal problema es que valor de la divisa estadounidense no es competitivo para equilibrar las estructuras crecientes de costos del sector agropecuario. El dólar barato tiene un solo y claro objetivo de contener la inflación, pero poco ayuda a las cuentas agropecuarias.
Por eso quiero llamar a la reflexión, y recordar que la realidad actual se asimila mucho al final de la convertibilidad, donde la divisa había perdido competitividad, el sector perdía rentabilidad día a día. ¿Cómo terminó? con muchos productores fuera del sistema y el inicio de la ola de endeudamiento más grande que recordemos en el sector agropecuario.
Y ojo, en aquel momento también algún sector de la dirigencia agropecuaria aplaudía al entonces presidente Carlos Menem y sus políticas, mientras muchos productores del interior profundo desaparecían día a día.
Doble vara agropecuaria: soportar lo que antes no se aguantaba
Es importante expresar que existe ahora una realidad diferente a la que muchos creen del sector. Y asimismo instar a los referentes del sector a expresar la complejidad de la situación sin temor, y con la claridad necesaria. Con extrema sinceridad, un dirigente rural dijo que "el sector agropecuario tiene una doble vara, porque hay situaciones que plantea el gobierno nacional, por la que a otros gobiernos hubiéramos salido a matarlos".
El campo argentino por naturaleza tiene una impronta ganadera, y hoy los precios de la hacienda son muy aceptables; solo así se entiende el porqué de tanta paciencia y acompañamiento a la política económica actual.
Es cierto que nos va bien a los ganaderos. También que producto de una demanda exterior extraordinaria, y una oferta escasa de carne, los precios se han sostenido a pesar de bajar considerablemente el consumo interno.
Pero no es cierto que a la cadena de carnes les vaya bien, sino no veríamos como muchos frigoríficos atraviesan situaciones financieras delicadas, o como la cámara de feed lots reflejó que sus números están muy ajustados.
No es bueno que a los criadores nos vaya bien si la cadena no disfruta de la misma bonanza. Solo el recuerdo de ciertas intervenciones mal realizadas ayuda a que exista cierto acompañamiento general sin expresar con énfasis las diferentes situaciones reinantes. Hay que ser solidarios y expresar la realidad del sector agropecuario en su conjunto. No a todo el Campo la va bien.