El Banco Central empieza a mirar con más cautela uno de los motores que el Gobierno proyecta para la recuperación: el crédito. Desde el equipo económico explicaron que la mora redujo la cantidad de tomadores, que el año electoral introduce dudas sobre los plazos y que los bancos todavía se muestran conservadores. La actividad, mientras tanto, volvió a caer.
El comportamiento del Producto Bruto Interno (PBI) en el segundo trimestre ratificó las señales de desaceleración de la economía real. Tras haber alcanzado tasas positivas desde el tercer trimestre de 2024, cayó 0,6% respecto del trimestre anterior, impulsado por caídas desestacionalizadas del 2,4% en el consumo privado y del 0,8% en la inversión, según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC).
Las exportaciones, que crecieron 2,5% trimestral (+13,7% interanual), se consolidaron como el único sostén de la actividad, reflejando una dinámica concentrada en los sectores primarios y extractivos pujantes, pero con limitado derrame hacia la demanda interna.
En el equipo económico que encabeza Toto Caputo observan que la expansión registrada durante la gestión de Javier Milei difícilmente pueda traducirse en una nueva ola de demanda crediticia capaz de empujar al consumo y la inversión.
La mora achicó el universo de tomadores
“Lo que nos dejó la mora es que se achicaron los tomadores de crédito”, advierten en los pasillos del Palacio de Hacienda. La frase sintetiza el principal límite que encuentra actualmente la estrategia de expansión crediticia. Después del fuerte crecimiento del financiamiento, una parte de los hogares y empresas quedó fuera del sistema para volver a endeudarse.
Según confirmó la Cámara Argentina Fintech, "5,8 millones de personas registran atrasos superiores a 90 días (en un crédito formal)".
El problema aparece en los indicadores de morosidad. Según los datos recopilados por el Centro de Economía Política Argentina (CEPA), la irregularidad del crédito bancario de las familias pasó de 2,5% en noviembre de 2024 a 13% en julio de 2026, mientras que en los proveedores no financieros de crédito llegó a 33,9%. Se calcula una irregularidad conjunta de bancos y proveedores no financieros cercana al 15,7%.
El último dato oficial disponible del BCRA sobre bancos, correspondiente a junio, mostraba una mora de 12,8% en las financiaciones a las familias, frente a 3,5% para las empresas. El ratio total de irregularidad del crédito privado se ubicó en 7,6%.
La consecuencia que reconocen en el Gobierno es que la morosidad no solo es un problema de calidad de cartera para los bancos, sino que reduce el universo para que impacte la herramienta para recuperar la economía.
Los créditos volvieron a caer
El Informe Monetario Mensual de agosto confirmó una señal que va en la misma dirección. Los préstamos en pesos al sector privado cayeron 1% real y sin estacionalidad durante el mes, la primera baja desde marzo. La contracción se concentró en los préstamos al consumo.
Dentro de ese segmento, los préstamos al consumo retrocedieron 1,9% real mensual. Las tarjetas de crédito bajaron 3,3% real, acumularon una caída de 3,7% en el año y de 10,1% interanual. Los prendarios cedieron 1,1% real en agosto y 8% en los últimos 12 meses.
El dato no implica que el crédito haya desaparecido. De hecho, el BCRA informó que los préstamos en dólares al sector privado aumentaron u$s 258 millones durante agosto y alcanzaron un saldo de u$s 25.241 millones. También destacó el crecimiento de los hipotecarios y el programa que utilizará hasta $2 billones de depósitos a plazo fijo UVA provenientes del Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) para financiar primeras viviendas.
Pero el diagnóstico es que la expansión del stock no equivale necesariamente a una nueva aceleración del crédito.
La elección empieza a entrar en la ecuación crediticia
Hay otro elemento que se identifica como freno, y es la incertidumbre sobre el escenario posterior a las elecciones presidenciales de 2027. “El año electoral también está empezando a afectar, porque hay dudas en cuanto a los plazos. Se empiezan a generar dudas sobre lo que pueda pasar después de las elecciones”, señaló la fuente.
La incertidumbre opera en los dos lados del mercado. Las familias y empresas pueden postergar decisiones de endeudamiento cuando no tienen claro su horizonte de ingresos, tasas o actividad. Y los bancos pueden ser más prudentes a la hora de prestar si perciben mayor riesgo.
“Los créditos en dólares son un avance importante, pero los bancos están muy conservadores”, advierten operadores del mercado.
El problema para Caputo es la actividad
La cautela se hace lugar porque la actividad dejó de mostrar la dinámica necesaria para que el crédito funcione como acelerador. El PIB cayó 0,6% trimestral en el segundo trimestre, mientras que el consumo y la inversión mostraron retrocesos en términos desestacionalizados.
La consultora LCG interpretó que “las decisiones de inversión están frenadas por ser varios los sectores en dificultades y porque actualmente conviene esperar a ver qué sucede con las elecciones del año que viene”. A esto se suma el lastre sobre el consumo que ejercen la pérdida del poder adquisitivo del salario formal y el menor empleo registrado.
Toto Caputo y Daniel González, secretario de Energía
En ese contexto, las exportaciones son el componente que mantiene el crecimiento interanual, ya que aumentaron 13,7%, mientras las importaciones cayeron 8,6%. El problema es que esa dinámica no reemplaza automáticamente el aporte que deberían realizar consumo e inversión para una recuperación más sólida.
El crédito en el proyecto de Presupuesto
El Gobierno mantiene, sin embargo, una expectativa diferente. “Veo una economía que va a crecer por tercer año consecutivo en 2027, familias y empresas accediendo a crédito”, sostuvo el secretario de Finanzas, Federico Furiase, en una entrevista radial. Y agregó: “En nuestra gestión el crédito al sector privado más que se duplicó”.
El Presupuesto 2027 también incorpora al crédito como parte del mecanismo de crecimiento. El documento señala que los recursos que antes financiaban al sector público se canalizaron hacia familias y empresas y que el crédito privado pasó de 4% del PIB en abril de 2024 a un estimado de 9,2% en julio de 2026.
Sobre el desarrollo de una fuente alternativa de financiamiento, tampoco se esperan resultados inmediatos entre los recientes anuncios. “El FAL (Fondo de Asistencia Labural) no sé si va a alcanzar para desarrollar el mercado de capitales, pero va en la dirección correcta. Va a llevar tiempo”, señaló la fuente.
El crédito puede haber crecido mucho desde 2024 y, al mismo tiempo, haber perdido capacidad para acelerar la economía en el margen.
Sin embargo, el Gobierno proyecta que consumo, inversión y PIB aceleren en 2027 apoyados en mayor financiamiento. Pero ya se advierte que el sistema necesita recomponer la capacidad de endeudamiento de los hogares y empresas y recuperar la confianza suficiente para que bancos y clientes vuelvan a asumir riesgo.