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La Generación, germen de una contra Cámpora amarilla

Es el semillero de dirigentes sub 40 del PRO. Formación de candidatos para 2019, anclaje territorial y una buscada diferenciación con la juventud kirchnerista.
undefined 16/08/2018 17:54

Fue paso a paso. Primero una idea, luego un grupo y más tarde una estructura. La Generación nació tímidamente durante el primer mandato de Mauricio Macri como jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Con el tiempo, fue creciendo internamente en el PRO hasta transformarse hoy en un espacio de formación de cuadros políticos, con candidatos y funcionarios propios, que busca y tiene vocación de poder hacia dentro de Cambiemos y apunta a encontrar un lugar destacable en las listas oficialistas de 2019.

La Generación es el semillero de dirigentes sub 40 del PRO que se presenta como la contracara de La Cámpora. Se trata de jóvenes universitarios, con lugar y peso en la gestión, que se plantan como un núcleo de poder dentro de la coalición Cambiemos. Hay intendentes, concejales, dirigentes y funcionarios de distinto rango dentro del Gobierno nacional, en las provincias y hasta en municipios. Hoy su estrategia está ajustada en “la construcción de líderes a lo largo y a lo ancho del país”. Eufemismos afuera, La Generación ajusta las clavijas para plagar de candidatos propios las listas de Cambiemos el año próximo. Ese fue el mensaje que bajó desde Marcos Peña en la última reunión de la organización con el jefe de Gabinete, acaso el funcionario nacional más cercano a Macri.

El crecimiento de la organización acompaña el recorrido político del PRO. Hasta 2016 era un grupo más dentro del partido, pero con la llegada de Macri a la Casa Rosada incrementó su cantidad de miembros y su potencial. El despegue se dio con el triunfo de Cambiemos y el consecuente desembarco de jóvenes en distintos organismos del Estado.

La comparación con La Cámpora es inevitable y en la organización macrista no la esquivan, aunque se diferencian. “Acá hay una construcción horizontal. No hay nadie que imponga lo que hay que hacer ni ponga candidatos. El espacio se lo gana con humildad y esfuerzo”, destacan. “Ellos, una vez dentro del Estado, entraron en la lógica de la corrupción y saqueo. No tenemos nada que ver con eso”, se diferencian con dureza.

 

 

La conducción de la organización está en manos de Martín Yeza y Juan Manuel Fernández, presidente y vicepresidente. El primero es intendente de Pinamar y se referencia con la gobernadora bonaerense, María Eugenia Vidal, mientras que Fernández responde Peña. La tercera en la línea de manejo de la organización es la secretaria Ejecutiva, Sol Battini, quien ocupa un puesto en el Instituto de Vivienda de la Ciudad (IVC).

A esta dupla se suma una mesa de dirigentes con fuerte anclaje en el Gobierno: el subsecretario de Asuntos Municipales y dirigente cercano a Vidal, Alex CampbellJuan Gowland, brazo político del ministro Andrés Ibarra (Modernización); Manuel Vidal, secretario de Gestión Educativa de la Nación y hombre de confianza del ministro Alejandro Finocchiaro (Educación); Juan Maquieyra, titular del Instituto de Vivienda de la Ciudad (IVC) y cercano al jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta; Sebastián Tabakman, vocero del ministro Nicolás Dujovne (Hacienda); Sergio Siciliano, subsecretario de Educación de la provincia de Buenos Aires; Noelia Ruiz, jefa de Gabinete de Federico Salvai; María Pia Delneri, vocera del canciller Jorge Faurie; el ministro de Cultura porteño, Enrique Avogadro, del riñón de Peña; y el diputado nacional por La Pampa Martín Maquieyra.

 

 

La pluralidad de la mesa responde a la búsqueda de exhibir apertura y buenas relaciones entre dirigentes vinculados a las distintas tribus de Cambiemos, aunque por el momento no hay representación de la Unión Cívica Radical (UCR) ni de la Coalición Cívica. Se trata de jóvenes que se volcaron a la política al calor de la crisis del 2001, por medio de ONGs y con un perfil académico. No han pasado ni por comités, ni por unidades básicas. No hay un líder mesiánico ni simbología política. Tampoco creen que sea válido como método de construcción. “No confiamos en los fanatismos”, aseguran. Su know how se reparte entre la academia y la gestión, pero desde 2015 trabajan para sumarle territorialidad a su construcción política.

 

 

 

A nivel orgánico, La Generación tiene dos asambleas por año, pero el trabajo es diario y la punta de lanza del desembarco de la organización en el territorio es mediante la Escuela de Líderes Políticos, que coordina Gowland. La primera la inauguraron en la Ciudad y funciona en la sede del PRO ubicada en la esquina de Balcarce y la avenida Belgrano. Además de esta sucursal, La Generación cuenta con este tipo de escuelas en municipios como San Fernando, Olavarría y Bahía Blanca y en provincias como Tierra del Fuego, Corrientes, Chaco, Chubut, Santiago del Estero y Catamarca.

Al mismo tiempo, semana a semana alimentan una publicación digital denominada El Cruce, donde distintos dirigentes escriben artículos de opinión acerca de temas de actualidad. Es una iniciativa que “invita a todas las personas interesadas por la política y por nuestro futuro a expresar sus ideas sobre el país que sueñan dejar”, aclaran en la web de la revista online.

 

 

 

¿Qué diferencia hay con la Juventud PRO? Ambas son aldeas de construcción y vinculación política del macrismo, pero existe una división generacional. En Juventud PRO, conducida por Camila Crescimbeni, hay jóvenes desde los 16 hasta casi los 25 años que debutan en el terreno político. Se trabaja desde una etapa de formación y contención de jóvenes dispuestos a militar y pertenecer al espacio.

 

 

En tanto, La Generación opera en ámbitos de gobierno, se centra en la capacitación de gestión y formación política (con un claro perfil orientado a la gestión) de jóvenes de mayor edad. Por otra parte, toda su actividad se corre de lo estrictamente partidario, focalizado en la Juventud PRO y el PRO partido, desde la Fundación Pensar. “Somos dos caras de la misma moneda”, advierten en ambas organizaciones.

La Generación nació durante el segundo mandato de Macri en la Ciudad por impulso de Esteban Bullrich, Jorge Triaca y Rodríguez Larreta, entonces ministro de Educación porteño, diputado nacional y jefe de Gabinete de la Ciudad, respectivamente. “Se creó entre cuatro paredes del Ministerio de Educación y ahora se mueven por todo el país”, grafican en el oficialismo para documentar la génesis del grupo.

En los albores de La Generación, el grupo se llamaba Generación Argentina Política y por su sigla, GAP, desde el kirchnerismo y agrupaciones juveniles de izquierda hacían bullying a los jóvenes macristas por la comparación con la marca estadounidense de indumentaria. Más tarde, mutó a Generación Argentina y luego al actual La Generación.

Años atrás, La Generación no desplegaba el rol de semillero que tiene en la actualidad. Era un agrupamiento de jóvenes promesas macristas, pero que competía en silencio con múltiples juventudes que, con el tiempo, terminaron confluyendo. Por ese entonces, además de la Juventud PRO, los jóvenes macristas estaban desperdigados en La 24, La Macacha, La Solano Lima y La Frondizi. Hasta el entonces ministro Daniel Chaín (Desarrollo Urbano) fantaseó con formar una agrupación de jóvenes. Esa atomización se pulverizó con el tiempo y la Juventud PRO y La Generación se repartieron esa masa de militantes.

Entre los miembros de La Generación hay una muletilla que gustan repetir y desde la que se paran para definirse hacia dentro del oficialismo. “Somos la tercera generación de Cambiemos”, sostienen a coro. La primera estaría integrada por Macri, Elisa Carrió y Ernesto Sanz, mientras que la segunda la animan figuras como Rodríguez Larreta, María Eugenia Vidal y los ministros nacionales.

Bajo esa lógica, este grupo de sub 40, se arremanga para salir a la cancha y tiene candidatos para disputar en 2019. En la última semana se anotaron un triunfo en Santiago del Estero. Cambiemos perdió a manos del gobernador Gerardo Zamora, pero La Generación festejó: Facundo Pérez Carletti entró como concejal de la capital santiagueña.

La Generación, germen de una contra Cámpora amarilla

Es el semillero de dirigentes sub 40 del PRO. Formación de candidatos para 2019, anclaje territorial y una buscada diferenciación con la juventud kirchnerista.

Fue paso a paso. Primero una idea, luego un grupo y más tarde una estructura. La Generación nació tímidamente durante el primer mandato de Mauricio Macri como jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Con el tiempo, fue creciendo internamente en el PRO hasta transformarse hoy en un espacio de formación de cuadros políticos, con candidatos y funcionarios propios, que busca y tiene vocación de poder hacia dentro de Cambiemos y apunta a encontrar un lugar destacable en las listas oficialistas de 2019.

La Generación es el semillero de dirigentes sub 40 del PRO que se presenta como la contracara de La Cámpora. Se trata de jóvenes universitarios, con lugar y peso en la gestión, que se plantan como un núcleo de poder dentro de la coalición Cambiemos. Hay intendentes, concejales, dirigentes y funcionarios de distinto rango dentro del Gobierno nacional, en las provincias y hasta en municipios. Hoy su estrategia está ajustada en “la construcción de líderes a lo largo y a lo ancho del país”. Eufemismos afuera, La Generación ajusta las clavijas para plagar de candidatos propios las listas de Cambiemos el año próximo. Ese fue el mensaje que bajó desde Marcos Peña en la última reunión de la organización con el jefe de Gabinete, acaso el funcionario nacional más cercano a Macri.

El crecimiento de la organización acompaña el recorrido político del PRO. Hasta 2016 era un grupo más dentro del partido, pero con la llegada de Macri a la Casa Rosada incrementó su cantidad de miembros y su potencial. El despegue se dio con el triunfo de Cambiemos y el consecuente desembarco de jóvenes en distintos organismos del Estado.

La comparación con La Cámpora es inevitable y en la organización macrista no la esquivan, aunque se diferencian. “Acá hay una construcción horizontal. No hay nadie que imponga lo que hay que hacer ni ponga candidatos. El espacio se lo gana con humildad y esfuerzo”, destacan. “Ellos, una vez dentro del Estado, entraron en la lógica de la corrupción y saqueo. No tenemos nada que ver con eso”, se diferencian con dureza.

 

 

La conducción de la organización está en manos de Martín Yeza y Juan Manuel Fernández, presidente y vicepresidente. El primero es intendente de Pinamar y se referencia con la gobernadora bonaerense, María Eugenia Vidal, mientras que Fernández responde Peña. La tercera en la línea de manejo de la organización es la secretaria Ejecutiva, Sol Battini, quien ocupa un puesto en el Instituto de Vivienda de la Ciudad (IVC).

A esta dupla se suma una mesa de dirigentes con fuerte anclaje en el Gobierno: el subsecretario de Asuntos Municipales y dirigente cercano a Vidal, Alex CampbellJuan Gowland, brazo político del ministro Andrés Ibarra (Modernización); Manuel Vidal, secretario de Gestión Educativa de la Nación y hombre de confianza del ministro Alejandro Finocchiaro (Educación); Juan Maquieyra, titular del Instituto de Vivienda de la Ciudad (IVC) y cercano al jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta; Sebastián Tabakman, vocero del ministro Nicolás Dujovne (Hacienda); Sergio Siciliano, subsecretario de Educación de la provincia de Buenos Aires; Noelia Ruiz, jefa de Gabinete de Federico Salvai; María Pia Delneri, vocera del canciller Jorge Faurie; el ministro de Cultura porteño, Enrique Avogadro, del riñón de Peña; y el diputado nacional por La Pampa Martín Maquieyra.

 

 

La pluralidad de la mesa responde a la búsqueda de exhibir apertura y buenas relaciones entre dirigentes vinculados a las distintas tribus de Cambiemos, aunque por el momento no hay representación de la Unión Cívica Radical (UCR) ni de la Coalición Cívica. Se trata de jóvenes que se volcaron a la política al calor de la crisis del 2001, por medio de ONGs y con un perfil académico. No han pasado ni por comités, ni por unidades básicas. No hay un líder mesiánico ni simbología política. Tampoco creen que sea válido como método de construcción. “No confiamos en los fanatismos”, aseguran. Su know how se reparte entre la academia y la gestión, pero desde 2015 trabajan para sumarle territorialidad a su construcción política.

 

 

 

A nivel orgánico, La Generación tiene dos asambleas por año, pero el trabajo es diario y la punta de lanza del desembarco de la organización en el territorio es mediante la Escuela de Líderes Políticos, que coordina Gowland. La primera la inauguraron en la Ciudad y funciona en la sede del PRO ubicada en la esquina de Balcarce y la avenida Belgrano. Además de esta sucursal, La Generación cuenta con este tipo de escuelas en municipios como San Fernando, Olavarría y Bahía Blanca y en provincias como Tierra del Fuego, Corrientes, Chaco, Chubut, Santiago del Estero y Catamarca.

Al mismo tiempo, semana a semana alimentan una publicación digital denominada El Cruce, donde distintos dirigentes escriben artículos de opinión acerca de temas de actualidad. Es una iniciativa que “invita a todas las personas interesadas por la política y por nuestro futuro a expresar sus ideas sobre el país que sueñan dejar”, aclaran en la web de la revista online.

 

 

 

¿Qué diferencia hay con la Juventud PRO? Ambas son aldeas de construcción y vinculación política del macrismo, pero existe una división generacional. En Juventud PRO, conducida por Camila Crescimbeni, hay jóvenes desde los 16 hasta casi los 25 años que debutan en el terreno político. Se trabaja desde una etapa de formación y contención de jóvenes dispuestos a militar y pertenecer al espacio.

 

 

En tanto, La Generación opera en ámbitos de gobierno, se centra en la capacitación de gestión y formación política (con un claro perfil orientado a la gestión) de jóvenes de mayor edad. Por otra parte, toda su actividad se corre de lo estrictamente partidario, focalizado en la Juventud PRO y el PRO partido, desde la Fundación Pensar. “Somos dos caras de la misma moneda”, advierten en ambas organizaciones.

La Generación nació durante el segundo mandato de Macri en la Ciudad por impulso de Esteban Bullrich, Jorge Triaca y Rodríguez Larreta, entonces ministro de Educación porteño, diputado nacional y jefe de Gabinete de la Ciudad, respectivamente. “Se creó entre cuatro paredes del Ministerio de Educación y ahora se mueven por todo el país”, grafican en el oficialismo para documentar la génesis del grupo.

En los albores de La Generación, el grupo se llamaba Generación Argentina Política y por su sigla, GAP, desde el kirchnerismo y agrupaciones juveniles de izquierda hacían bullying a los jóvenes macristas por la comparación con la marca estadounidense de indumentaria. Más tarde, mutó a Generación Argentina y luego al actual La Generación.

Años atrás, La Generación no desplegaba el rol de semillero que tiene en la actualidad. Era un agrupamiento de jóvenes promesas macristas, pero que competía en silencio con múltiples juventudes que, con el tiempo, terminaron confluyendo. Por ese entonces, además de la Juventud PRO, los jóvenes macristas estaban desperdigados en La 24, La Macacha, La Solano Lima y La Frondizi. Hasta el entonces ministro Daniel Chaín (Desarrollo Urbano) fantaseó con formar una agrupación de jóvenes. Esa atomización se pulverizó con el tiempo y la Juventud PRO y La Generación se repartieron esa masa de militantes.

Entre los miembros de La Generación hay una muletilla que gustan repetir y desde la que se paran para definirse hacia dentro del oficialismo. “Somos la tercera generación de Cambiemos”, sostienen a coro. La primera estaría integrada por Macri, Elisa Carrió y Ernesto Sanz, mientras que la segunda la animan figuras como Rodríguez Larreta, María Eugenia Vidal y los ministros nacionales.

Bajo esa lógica, este grupo de sub 40, se arremanga para salir a la cancha y tiene candidatos para disputar en 2019. En la última semana se anotaron un triunfo en Santiago del Estero. Cambiemos perdió a manos del gobernador Gerardo Zamora, pero La Generación festejó: Facundo Pérez Carletti entró como concejal de la capital santiagueña.