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El Mercosur liberal anticipa la competencia de sectores sensibles con Europa

Alerta para la industria. La reducción del arancel externo del bloque convertiría en papel mojado las promesas de generosos plazos de convergencia para los segmentos productivos vulnerables.
Por 18/07/2019 13:11

Ni bien se anunció la firma de un tratado de libre comercio con la Unión Europea (UE), el Gobierno de Mauricio Macri salió a tranquilizar a los sectores productivos más frágiles del país afirmando que el texto establece para ellos salvaguardas y períodos de convergencia extensos antes de que sean expuestos a una competencia plena con compañías más eficientes y de menores costos. Sin embargo, una de las principales conclusiones de la cumbre del Mercosur realizada el miércoles en Santa Fe, la reducción del Arancel Externo Común (AEC) del bloque, amenaza con anticipar los plazos de protección previstos.

Según anunció en su momento el Gobierno, el entendimiento con “los 28” establece una “concesión sin precedentes de la UE. El acuerdo consiguió plazos extensos para la entrada en vigor de las mejoras arancelarias, lo que permite continuar el programa de transformación productiva y mejora de la competitividad del Mercosur. En contrapartida, la desgravación arancelaria de la UE será en plazos sustantivamente menores. Más del 85% de las importaciones provenientes del Mercosur tendrán una eliminación de aranceles en forma inmediata”.

 

 

Sin embargo, durante la presidencia pro tempore del bloque que acaba de asumir el gobierno de Jair Bolsonaro, se impondrá una rebaja del AEC que puede terminar exponiendo anticipadamente a esos sectores vulnerables, dado que los aranceles que deberían protegerlos de la competencia europea deberían bajar en todos los casos que superen el nuevo techo.

 

 

Cabe recordar que el AEC promedio del bloque es hoy del 14%, mientras que el máximo llega al 35%. La idea de Brasil, aceptada por la Argentina, es reducir este tope al 25% y establecer un sendero para rebajas ulteriores.

Bolsonaro también advirtió durante la cumbre que no debe haber tantas excepciones por encima del promedio, destinadas a proteger a determinados segmentos, y que lo deseable es que todo el Mercosur converja en pocos años a un nivel similar al internacional, del 6 o el 7%.

De ese modo, si no se introducen modificaciones al texto firmado con Bruselas, sectores como el automotor, protegidos hoy con una tarifa del 35% y para el que el acuerdo con la UE estableció un plazo de convergencia de quince años, se verán expuestos a una competencia mayor de manera anticipada, ya que el AEC tendría, según se proyecta, un tope del 25%, inferior al 35% actual.

Si no se introducen modificaciones al texto firmado con Bruselas, sectores como el automotor, protegidos hoy con una tarifa del 35% y para el que el acuerdo con la UE estableció un plazo de convergencia de quince años, se verán expuestos a una competencia mayor de manera anticipada.

Dependiendo de qué alcance tenga la reforma del arancel común y sus reducciones ulteriores, también podrían verse afectados los productores de indumentaria y calzado (que también gozan de un arancel del 35%) y de vinos (27%). Esto impactaría con fuerza en economías regionales a las que el ministro de Producción y Trabajo, Dante Sica, intentó llevar tranquilidad.

También resultarían afectados los productores de otras bebidas alcohólicas (cuyos aranceles oscilan, según el caso, entre el 20 y el 35%), los de duraznos al natural (35%), los de bebidas gaseosas (29 a 35%) y los de quesos (28%).

Otros sectores, como el de equipos industriales (con aranceles de hasta el 20% para las importaciones), el de chocolates (20%), el de químicos (hasta 18%) y el de galletitas (de 16 a 18%) podrían sufrir por reducciones posteriores del AEC de acuerdo con el sendero que se trace.

Por esa decisión y otras que van en el mismo sentido, el Mercosur emprendió en Santa Fe un camino de reforma que lo modificará de raíz, pasando de la visión desarrollista y, en general, bastante cerrada que había imperado hasta ahora a una liberal, mucho más modesta y que tiende a desdibujarlo como mercado común.

 

 

La rebaja del AEC, puntal de la liberalización, se suma a dos acuerdos de principio que la presidencia brasileña intentará convertir en resoluciones.

Uno es el de la llamada “entrada en vigencia provisoria” de los tratados de libre comercio, lo que permitiría que, en el caso del suscripto con la UE, comience a regir en un país ni bien su parlamento le dé el visto bueno sin necesidad de esperar, como es hasta hoy, a que hagan lo propio los legislativos de todos los Estados miembros.

 

La rebaja del Arancel Externo Común del Mercosur, puntal de la liberalización del bloque, se suma a otros acuerdos de principio que la presidencia pro tempore brasileña intentará convertir en resoluciones.

 

El otro entendimiento se vincula con la posibilidad de que el Mercosur firme en lo sucesivo acuerdos comerciales “paraguas” que establezcan el objetivo conjunto de avanzar hacia el libre comercio con nuevos socios y que deje a cada uno de sus miembros en libertad para negociar a velocidades diferentes, lo que, en un extremo, permitiría que algunos lo apliquen y otros lo demoren sin fecha o establezcan salvaguardas mucho más férreas.

Fuentes de la Cancillería, sin embargo, le dijeron a Letra P tras la cumbre que lo más firme a corto plazo es la reducción del AEC y que las otras dos disposiciones demorarán por no estar aún maduras.

Ocurre que aplicarlas requeriría una decisión formal que dé marcha atrás con la Resolución 32/00, que establece que cualquier negociación comercial debe realizarse en conjunto, sin posibilidad de que unos la alcancen y apliquen y otros no lo hagan.

La visión bolsonarista y macrista de un Mercosur liberal busca dotar a las economías locales de mayores niveles de competitividad, abaratando insumos y productos para empresas y consumidores a través de mayores facilidades para importar. El problema pasa por los problemas que dicha política podría implicar para empresas y sectores arrojados prematuramente a una pelea para la que no están preparados por no tener ni la escala ni costos equivalentes a los de los nuevos concurrentes.

En eso se centrará el debate que viene.

El Mercosur liberal anticipa la competencia de sectores sensibles con Europa

Alerta para la industria. La reducción del arancel externo del bloque convertiría en papel mojado las promesas de generosos plazos de convergencia para los segmentos productivos vulnerables.

Ni bien se anunció la firma de un tratado de libre comercio con la Unión Europea (UE), el Gobierno de Mauricio Macri salió a tranquilizar a los sectores productivos más frágiles del país afirmando que el texto establece para ellos salvaguardas y períodos de convergencia extensos antes de que sean expuestos a una competencia plena con compañías más eficientes y de menores costos. Sin embargo, una de las principales conclusiones de la cumbre del Mercosur realizada el miércoles en Santa Fe, la reducción del Arancel Externo Común (AEC) del bloque, amenaza con anticipar los plazos de protección previstos.

Según anunció en su momento el Gobierno, el entendimiento con “los 28” establece una “concesión sin precedentes de la UE. El acuerdo consiguió plazos extensos para la entrada en vigor de las mejoras arancelarias, lo que permite continuar el programa de transformación productiva y mejora de la competitividad del Mercosur. En contrapartida, la desgravación arancelaria de la UE será en plazos sustantivamente menores. Más del 85% de las importaciones provenientes del Mercosur tendrán una eliminación de aranceles en forma inmediata”.

 

 

Sin embargo, durante la presidencia pro tempore del bloque que acaba de asumir el gobierno de Jair Bolsonaro, se impondrá una rebaja del AEC que puede terminar exponiendo anticipadamente a esos sectores vulnerables, dado que los aranceles que deberían protegerlos de la competencia europea deberían bajar en todos los casos que superen el nuevo techo.

 

 

Cabe recordar que el AEC promedio del bloque es hoy del 14%, mientras que el máximo llega al 35%. La idea de Brasil, aceptada por la Argentina, es reducir este tope al 25% y establecer un sendero para rebajas ulteriores.

Bolsonaro también advirtió durante la cumbre que no debe haber tantas excepciones por encima del promedio, destinadas a proteger a determinados segmentos, y que lo deseable es que todo el Mercosur converja en pocos años a un nivel similar al internacional, del 6 o el 7%.

De ese modo, si no se introducen modificaciones al texto firmado con Bruselas, sectores como el automotor, protegidos hoy con una tarifa del 35% y para el que el acuerdo con la UE estableció un plazo de convergencia de quince años, se verán expuestos a una competencia mayor de manera anticipada, ya que el AEC tendría, según se proyecta, un tope del 25%, inferior al 35% actual.

Si no se introducen modificaciones al texto firmado con Bruselas, sectores como el automotor, protegidos hoy con una tarifa del 35% y para el que el acuerdo con la UE estableció un plazo de convergencia de quince años, se verán expuestos a una competencia mayor de manera anticipada.

Dependiendo de qué alcance tenga la reforma del arancel común y sus reducciones ulteriores, también podrían verse afectados los productores de indumentaria y calzado (que también gozan de un arancel del 35%) y de vinos (27%). Esto impactaría con fuerza en economías regionales a las que el ministro de Producción y Trabajo, Dante Sica, intentó llevar tranquilidad.

También resultarían afectados los productores de otras bebidas alcohólicas (cuyos aranceles oscilan, según el caso, entre el 20 y el 35%), los de duraznos al natural (35%), los de bebidas gaseosas (29 a 35%) y los de quesos (28%).

Otros sectores, como el de equipos industriales (con aranceles de hasta el 20% para las importaciones), el de chocolates (20%), el de químicos (hasta 18%) y el de galletitas (de 16 a 18%) podrían sufrir por reducciones posteriores del AEC de acuerdo con el sendero que se trace.

Por esa decisión y otras que van en el mismo sentido, el Mercosur emprendió en Santa Fe un camino de reforma que lo modificará de raíz, pasando de la visión desarrollista y, en general, bastante cerrada que había imperado hasta ahora a una liberal, mucho más modesta y que tiende a desdibujarlo como mercado común.

 

 

La rebaja del AEC, puntal de la liberalización, se suma a dos acuerdos de principio que la presidencia brasileña intentará convertir en resoluciones.

Uno es el de la llamada “entrada en vigencia provisoria” de los tratados de libre comercio, lo que permitiría que, en el caso del suscripto con la UE, comience a regir en un país ni bien su parlamento le dé el visto bueno sin necesidad de esperar, como es hasta hoy, a que hagan lo propio los legislativos de todos los Estados miembros.

 

La rebaja del Arancel Externo Común del Mercosur, puntal de la liberalización del bloque, se suma a otros acuerdos de principio que la presidencia pro tempore brasileña intentará convertir en resoluciones.

 

El otro entendimiento se vincula con la posibilidad de que el Mercosur firme en lo sucesivo acuerdos comerciales “paraguas” que establezcan el objetivo conjunto de avanzar hacia el libre comercio con nuevos socios y que deje a cada uno de sus miembros en libertad para negociar a velocidades diferentes, lo que, en un extremo, permitiría que algunos lo apliquen y otros lo demoren sin fecha o establezcan salvaguardas mucho más férreas.

Fuentes de la Cancillería, sin embargo, le dijeron a Letra P tras la cumbre que lo más firme a corto plazo es la reducción del AEC y que las otras dos disposiciones demorarán por no estar aún maduras.

Ocurre que aplicarlas requeriría una decisión formal que dé marcha atrás con la Resolución 32/00, que establece que cualquier negociación comercial debe realizarse en conjunto, sin posibilidad de que unos la alcancen y apliquen y otros no lo hagan.

La visión bolsonarista y macrista de un Mercosur liberal busca dotar a las economías locales de mayores niveles de competitividad, abaratando insumos y productos para empresas y consumidores a través de mayores facilidades para importar. El problema pasa por los problemas que dicha política podría implicar para empresas y sectores arrojados prematuramente a una pelea para la que no están preparados por no tener ni la escala ni costos equivalentes a los de los nuevos concurrentes.

En eso se centrará el debate que viene.