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La movilización popular y un acuerdo transversal quebraron el lobby conservador

En una madrugada de aprietes e incertidumbre, la presión feminista en la calle y la organización interna torcieron un resultado que parecía inevitable. El minuto a minuto de una jornada histórica.
Por 14/06/2018 12:53

El final fue tan dramático como épico. A la altura de la historia, cargado de emociones, empujado por una imparable fuerza callejera, con discursos emotivos, gritos, aplausos y sociedades cruzadas que generaron nuevas relaciones y estrecharon lazos entre habituales rivales, mezclados con bronca y enojos desbordados. Después de una noche que mantuvo en vilo al Congreso y la sociedad entera, con cambios vertiginosos y una votación que estuvo varias veces al borde de la derrota, la Cámara de Diputados aprobó con 129 votos a favor, 125 en contra y una sola abstención la ley de interrupción voluntaria del embarazo, en una sesión histórica que dejó el dato sobresaliente del apoyo transversal de todos los bloques políticos a la iniciativa.

El devenir de la sesión fue tan electrizante que impidió tener certeza sobre el resultado, a lo largo de casi 24 horas de debate, hasta apenas una hora antes de la votación final, cuando el pampeano Sergio Ziliotto (Bloque Justicialista), quien ya estaba contabilizado entre los votos a favor, anunciaba que los otros dos diputados de su provincia, Melina Delú y Ariel Rauschenberger, que hasta el momento figuraban en contra, habían decidido acompañar la iniciativa. Fue un golpe de nocaut a los detractores del proyecto, que en ese momento contaban dos votos de ventaja, mientras los impulsores de la ley solo apelaban a que un telefonazo de la Casa Rosada, que nunca terminó de fijar posición, consiguiera que algunos diputados oficialistas se levantaran de sus bancas para lograr la aprobación.

A las 7.30, las diputadas que apoyaban la ley le reclamaban al presidente Mauricio Macri que se involucrase personalmente en el debate. En la Casa Rosada los teléfonos ya estaban cerrados, mientras el presidente de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó, miraba con pesar cómo la presión social se hacía sentir adentro del recinto.

Cuando todo parecía perdido para los impulsores del proyecto, el peronismo pampeano inclinó la balanza, gracias a la intervención del propio gobernador Carlos Verna, que dio el visto bueno telefónico, y a la previa persuasión de Ziliotto y Eduardo “Bali” Bucca sobre sus compañeros de bancada. Para entonces, promotores y detractores del proyecto habían pasado por todos los estadíos. De la euforia a la desilusión, de la alegría a la tristeza.

La balanza se había inclinado en favor de la iniciativa por primera vez cuando ya habían pasado casi 12 horas de sesión. Cerca de las 22 se encendió la esperanza en el sector “verde”, cuando Jorge Franco, recién llegado desde Misiones, se sentó en el recinto. El misionero se había manifestado a favor del proyecto, pero el miércoles a la mañana, cuando comenzó la sesión, todavía estaba en Misiones, soportando la presión de su jefe político, el ex gobernador Carlos RoviraCuando finalmente apareció en el Palacio, dio respiro a los impulsores de la ley.

Minutos después, otra de las diputadas que formaba parte de la lista de los indecisos pasó su voto a las filas de los positivos. Fue la santiagueña Mirta Pastoriza, quien anunció en su perfil de Facebook que apoyaría el proyecto. Pastoriza se convirtió, así, en la única de los siete diputados de la provincia que tomó ese camino. Los otros seis representantes santiagueños votaron en contra.

A Pastoriza le siguió el fueguino Héctor Stefani (PRO), que había permanecido indeciso durante todo el debate y sumó su voto a los positivos, y la definición de la cordobesa Alejandra Vigo, quien anunció que se abstendría en la votación.

 

 

EL LOBBY DEL "NO". Después de la medianoche, el sector de quienes impulsan el proyecto celebraba el paso adelante en el contador. Pero la madrugada trajo cambios. Tras haber dicho que había “más argumentos racionales y científicos en favor de la despenalización”, de abrir una consulta popular en su página web –que salió en sentido favorable al proyecto-, el tucumano Facundo Garretón (PRO), uno de los diputados mencionados por el obispo de su provincia en el Tedeum del 25 de mayo, anunció cerca de las 4 de la mañana que finalmente votaría en contra. Fue el punto de inflexión para que los destractores de la ley empezaran a fantasear con una victoria.

 

 

A esa noticia se sumó la definición, puertas adentro, de la formoseña Inés Lotto (Frente para la Victoria), quien anunció a sus compañeros de bloque que no podía acompañar la iniciativa, pese a que en lo personal la apoyaba. Lotto recibió el martes intimidaciones en su casa de Formosa y sufrió la presión de la Iglesia local. La formoseña es madrina del hogar Don Bosco y vive cerca de la parroquia.

Durante todo el día, en los pasillos de Diputados se habló sobre las presiones que recibían en sus provincias aquellos diputados que habían osado mostrarse indecisos. Entre los legisladores que provienen de distritos en los que la Iglesia, los gobernadores y varios sectores de poder jugaron fuerte sus fichas en contra de la ley reinaba la desazón. “Es un costo político muy alto para los que venimos de provincias muy conservadoras. Y si la ley no sale, habrá sido en vano”, se lamentaba un diputado del peronismo que había anunciado su voto positivo.

A la madrugada, la única esperanza estaba puesta en que la Casa Rosada dejara su neutralidad y empezara a jugar en favor de la ley. Los impulsores del proyecto apelaban a la voluntad de algunos diputados del peronismo que habían manifestado sus dudas, como el mendocino Omar Félix y el formoseño Gustavo Fernández Patri, pero recibían una respuesta común: “Levanten ustedes a alguno de los suyos también”.

TELÉFONOS CERRADOS. El destino de la ley estaba, entonces, en manos de Mauricio Macri. Pero cerca de las 5 de la mañana, los teléfonos de los ministros nacionales estaban apagados. Los diputados que más habían jugado en favor de la ley se ilusionaban con que en la Casa de Gobierno algún funcionario cercano al Presidente lo convenciera del costo político que tendría una votación negativa, con cientos de miles de personas manifestándose en la calle, además del contexto económico desfavorable. 

Hasta entonces, Macri había decidido mantenerse prescindente. En el Congreso, las principales espadas políticas del PRO, Nicolás Massot Daniel Lipovetzky, profundizaban el enfrentamiento. El radicalismo respondía que ya había dado todo de sí. Tanto el presidente de la UCR, Alfredo Cornejo, como el titular del interbloque Cambiemos, Mario Negri, habían logrado sumar todas las voluntades posibles. Hasta el puntano José Riccardo, que había anunciado que se abstendría, había decidido modificar su decisión para votar en sentido positivo. Pero no alcanzaba.

Reunido con un grupo de diputados, el presidente Monzó analizaba con preocupación la situación, que se había tornado dramática. Afuera resistía una marea verde que presionaba en la calle por la legalización y que prometía ampliarse al amanecer. Los diputados que impulsaban el proyecto habían pedido el auxilio de Marcos Peña y hasta habían incluido en la conversación la cotización del dólar, que había cerrado el martes cerca de los 27 pesos. El jefe de Gabinete hizo oídos sordos y respondió que igualmente evitaría pronunciarse e influir sobre los legisladores.

BATALLA GANADA. A la madrugada, en los pasillos del Palacio los defensores del proyecto se resignaban a la derrota, pero celebraban el avance del debate. “Esta discusión ya está ganada. Esto es imparable. Si no es éste año, es el que viene. Nunca pensamos que íbamos a llegar a esta instancia, con 126 votos a favor”, decía uno de los referentes que trabajaron en el cabildeo a favor del proyecto.

Entre los diputados que rechazaban la iniciativa también reinaba la certeza de que el proyecto terminaría saliendo, aunque fuera más tarde. “Si hoy no sale acá, mañana presentan otro proyecto en el Senado. Esto no tiene marcha atrás”, decía una de las principales espadas de Cambiemos en contra del proyecto.

La mañana del jueves cambió el panorama de manera radical. Cuando la votación se encaminaba a la derrota, el sorpresivo anuncio de Ziliotto dio vuelta la tendencia y ya no hubo marcha atrás. Los pañuelos verdes inundaron el recinto. La diputada del PRO Silvia Lospennato cerraba su intervención con un discurso a pura emoción, que hizo poner de pie a la mitad de los diputados del recinto, que cruzaron desde sus bancas del kirchnerismo, el peronismo, el massismo y la izquierda para abrazarla, junto con los referentes del radicalismo que la rodeaban.

Sentada a pocas bancas de distancia, Elisa Carrió la miraba amenazante. La votación había dañado tanto la unidad de los diputados del PRO como la de todo Cambiemos, en algunos casos, de manera irreversible. La votación se sellaría con un histórico número 129, un logro transversal de la política.

De esta manera, Diputados sorteaba una valla histórica para traspasarle la responsabilidad al Senado, donde el trabajo de los impulsores de la ley será más arduo, ya que la Cámara alta tiene una tradición más conservadora, con un mayor peso de la opinión de los gobernadores y de las instituciones tradicionales. En el Senado ya empezó el conteo previo. Los números no son alentadores para los defensores de la legalización. Pero esa será otra histórica lucha por contar.

La movilización popular y un acuerdo transversal quebraron el lobby conservador

En una madrugada de aprietes e incertidumbre, la presión feminista en la calle y la organización interna torcieron un resultado que parecía inevitable. El minuto a minuto de una jornada histórica.

El final fue tan dramático como épico. A la altura de la historia, cargado de emociones, empujado por una imparable fuerza callejera, con discursos emotivos, gritos, aplausos y sociedades cruzadas que generaron nuevas relaciones y estrecharon lazos entre habituales rivales, mezclados con bronca y enojos desbordados. Después de una noche que mantuvo en vilo al Congreso y la sociedad entera, con cambios vertiginosos y una votación que estuvo varias veces al borde de la derrota, la Cámara de Diputados aprobó con 129 votos a favor, 125 en contra y una sola abstención la ley de interrupción voluntaria del embarazo, en una sesión histórica que dejó el dato sobresaliente del apoyo transversal de todos los bloques políticos a la iniciativa.

El devenir de la sesión fue tan electrizante que impidió tener certeza sobre el resultado, a lo largo de casi 24 horas de debate, hasta apenas una hora antes de la votación final, cuando el pampeano Sergio Ziliotto (Bloque Justicialista), quien ya estaba contabilizado entre los votos a favor, anunciaba que los otros dos diputados de su provincia, Melina Delú y Ariel Rauschenberger, que hasta el momento figuraban en contra, habían decidido acompañar la iniciativa. Fue un golpe de nocaut a los detractores del proyecto, que en ese momento contaban dos votos de ventaja, mientras los impulsores de la ley solo apelaban a que un telefonazo de la Casa Rosada, que nunca terminó de fijar posición, consiguiera que algunos diputados oficialistas se levantaran de sus bancas para lograr la aprobación.

A las 7.30, las diputadas que apoyaban la ley le reclamaban al presidente Mauricio Macri que se involucrase personalmente en el debate. En la Casa Rosada los teléfonos ya estaban cerrados, mientras el presidente de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó, miraba con pesar cómo la presión social se hacía sentir adentro del recinto.

Cuando todo parecía perdido para los impulsores del proyecto, el peronismo pampeano inclinó la balanza, gracias a la intervención del propio gobernador Carlos Verna, que dio el visto bueno telefónico, y a la previa persuasión de Ziliotto y Eduardo “Bali” Bucca sobre sus compañeros de bancada. Para entonces, promotores y detractores del proyecto habían pasado por todos los estadíos. De la euforia a la desilusión, de la alegría a la tristeza.

La balanza se había inclinado en favor de la iniciativa por primera vez cuando ya habían pasado casi 12 horas de sesión. Cerca de las 22 se encendió la esperanza en el sector “verde”, cuando Jorge Franco, recién llegado desde Misiones, se sentó en el recinto. El misionero se había manifestado a favor del proyecto, pero el miércoles a la mañana, cuando comenzó la sesión, todavía estaba en Misiones, soportando la presión de su jefe político, el ex gobernador Carlos RoviraCuando finalmente apareció en el Palacio, dio respiro a los impulsores de la ley.

Minutos después, otra de las diputadas que formaba parte de la lista de los indecisos pasó su voto a las filas de los positivos. Fue la santiagueña Mirta Pastoriza, quien anunció en su perfil de Facebook que apoyaría el proyecto. Pastoriza se convirtió, así, en la única de los siete diputados de la provincia que tomó ese camino. Los otros seis representantes santiagueños votaron en contra.

A Pastoriza le siguió el fueguino Héctor Stefani (PRO), que había permanecido indeciso durante todo el debate y sumó su voto a los positivos, y la definición de la cordobesa Alejandra Vigo, quien anunció que se abstendría en la votación.

 

 

EL LOBBY DEL "NO". Después de la medianoche, el sector de quienes impulsan el proyecto celebraba el paso adelante en el contador. Pero la madrugada trajo cambios. Tras haber dicho que había “más argumentos racionales y científicos en favor de la despenalización”, de abrir una consulta popular en su página web –que salió en sentido favorable al proyecto-, el tucumano Facundo Garretón (PRO), uno de los diputados mencionados por el obispo de su provincia en el Tedeum del 25 de mayo, anunció cerca de las 4 de la mañana que finalmente votaría en contra. Fue el punto de inflexión para que los destractores de la ley empezaran a fantasear con una victoria.

 

 

A esa noticia se sumó la definición, puertas adentro, de la formoseña Inés Lotto (Frente para la Victoria), quien anunció a sus compañeros de bloque que no podía acompañar la iniciativa, pese a que en lo personal la apoyaba. Lotto recibió el martes intimidaciones en su casa de Formosa y sufrió la presión de la Iglesia local. La formoseña es madrina del hogar Don Bosco y vive cerca de la parroquia.

Durante todo el día, en los pasillos de Diputados se habló sobre las presiones que recibían en sus provincias aquellos diputados que habían osado mostrarse indecisos. Entre los legisladores que provienen de distritos en los que la Iglesia, los gobernadores y varios sectores de poder jugaron fuerte sus fichas en contra de la ley reinaba la desazón. “Es un costo político muy alto para los que venimos de provincias muy conservadoras. Y si la ley no sale, habrá sido en vano”, se lamentaba un diputado del peronismo que había anunciado su voto positivo.

A la madrugada, la única esperanza estaba puesta en que la Casa Rosada dejara su neutralidad y empezara a jugar en favor de la ley. Los impulsores del proyecto apelaban a la voluntad de algunos diputados del peronismo que habían manifestado sus dudas, como el mendocino Omar Félix y el formoseño Gustavo Fernández Patri, pero recibían una respuesta común: “Levanten ustedes a alguno de los suyos también”.

TELÉFONOS CERRADOS. El destino de la ley estaba, entonces, en manos de Mauricio Macri. Pero cerca de las 5 de la mañana, los teléfonos de los ministros nacionales estaban apagados. Los diputados que más habían jugado en favor de la ley se ilusionaban con que en la Casa de Gobierno algún funcionario cercano al Presidente lo convenciera del costo político que tendría una votación negativa, con cientos de miles de personas manifestándose en la calle, además del contexto económico desfavorable. 

Hasta entonces, Macri había decidido mantenerse prescindente. En el Congreso, las principales espadas políticas del PRO, Nicolás Massot Daniel Lipovetzky, profundizaban el enfrentamiento. El radicalismo respondía que ya había dado todo de sí. Tanto el presidente de la UCR, Alfredo Cornejo, como el titular del interbloque Cambiemos, Mario Negri, habían logrado sumar todas las voluntades posibles. Hasta el puntano José Riccardo, que había anunciado que se abstendría, había decidido modificar su decisión para votar en sentido positivo. Pero no alcanzaba.

Reunido con un grupo de diputados, el presidente Monzó analizaba con preocupación la situación, que se había tornado dramática. Afuera resistía una marea verde que presionaba en la calle por la legalización y que prometía ampliarse al amanecer. Los diputados que impulsaban el proyecto habían pedido el auxilio de Marcos Peña y hasta habían incluido en la conversación la cotización del dólar, que había cerrado el martes cerca de los 27 pesos. El jefe de Gabinete hizo oídos sordos y respondió que igualmente evitaría pronunciarse e influir sobre los legisladores.

BATALLA GANADA. A la madrugada, en los pasillos del Palacio los defensores del proyecto se resignaban a la derrota, pero celebraban el avance del debate. “Esta discusión ya está ganada. Esto es imparable. Si no es éste año, es el que viene. Nunca pensamos que íbamos a llegar a esta instancia, con 126 votos a favor”, decía uno de los referentes que trabajaron en el cabildeo a favor del proyecto.

Entre los diputados que rechazaban la iniciativa también reinaba la certeza de que el proyecto terminaría saliendo, aunque fuera más tarde. “Si hoy no sale acá, mañana presentan otro proyecto en el Senado. Esto no tiene marcha atrás”, decía una de las principales espadas de Cambiemos en contra del proyecto.

La mañana del jueves cambió el panorama de manera radical. Cuando la votación se encaminaba a la derrota, el sorpresivo anuncio de Ziliotto dio vuelta la tendencia y ya no hubo marcha atrás. Los pañuelos verdes inundaron el recinto. La diputada del PRO Silvia Lospennato cerraba su intervención con un discurso a pura emoción, que hizo poner de pie a la mitad de los diputados del recinto, que cruzaron desde sus bancas del kirchnerismo, el peronismo, el massismo y la izquierda para abrazarla, junto con los referentes del radicalismo que la rodeaban.

Sentada a pocas bancas de distancia, Elisa Carrió la miraba amenazante. La votación había dañado tanto la unidad de los diputados del PRO como la de todo Cambiemos, en algunos casos, de manera irreversible. La votación se sellaría con un histórico número 129, un logro transversal de la política.

De esta manera, Diputados sorteaba una valla histórica para traspasarle la responsabilidad al Senado, donde el trabajo de los impulsores de la ley será más arduo, ya que la Cámara alta tiene una tradición más conservadora, con un mayor peso de la opinión de los gobernadores y de las instituciones tradicionales. En el Senado ya empezó el conteo previo. Los números no son alentadores para los defensores de la legalización. Pero esa será otra histórica lucha por contar.