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El ministerio de la Producción amenazó con no darles medidas a curtidores, textiles y calzado si no levantaban el acto en el que mostraron las penurias sectoriales. Implosión en el frente empresario.
Por 12/06/2018 19:25

“Estamos complicados”, sintetiza Alberto Sellaro, líder de la cámara de empresarios del Calzado. La frase grafica lo que los industriales del cuero, curtidores, textiles y productores de zapatos se decidieron a contar públicamente. La crisis de un sector fabril que el Gobierno intentó por todos los medios mantener subterránea, pero que salió a la luz en una amplia convocatoria en el Hotel Castelar.

Sellaro, junto al jefe de Protejer, el coreano Yeal Kim; el textil Jorge Sorabilla; el químico de Santa Fe Guillermo Moretti y el ex presidente de la Unión Industrial Bonaerense (UIPBA), Mario Gualtieri, habían adelantado el documento presentado en la reunión de la UIA, cuya sede queda justo enfrente del hotel. En la central fabril hubo, según uno de los presentes, “un lamento boliviano”. Y hasta algunos bromearon diciendo que la mesa de la UIA parecía ya "la del partido comunista”. Ese mismo clima se trasladó a la radiografía sectorial que plantearon las cámaras empresarias: la apuesta es un hito político en el frente empresario. Refleja el primer hecho de queja pública y masiva de rubros que generan empleo genuino, algo que ninguna de las cámaras de CEOs había encarado desde que Mauricio Macri es gobierno.

Además de la coyuntura compleja, la noticia destacada del evento fue la previa del acto, que puso al Gobierno en un rol de presión constante para que la conferencia de empresarios no se diera. La historia arrancó el jueves último, cuando en el Ministerio de la Producción se enteraron de la decisión de ACUBA, CIMA, FAICA, FITA, PROTEGER y los gremios de las actividades de manifestar el malestar con la marcha de la economía y las políticas oficiales para el sector. “Si hacen el acto, no hay medidas para ustedes”, les espetó a los empresarios el plantel completo de la cartera productiva. Los comunicadores del mensaje fueron el titular de la cartera, Francisco Cabrera; el secretario Lucio Castro e Ignacio Pérez Riba, jefe de Gabinete del ministerio. También hicieron gestiones ante los gremios y convocaron a los empresarios a dialogar sobre medidas, pero el evento fue vaciado de presencia corporativa: solo asistieron dos cámaras.

 

 

“Todo eso nos cohesionó”, admitió un ceo textil ante la consulta de Letra P. Y otro agregó que “le dijimos al Gobierno que hace dos años estamos así, y que queríamos mostrarlo porque en dos años nunca se preocuparon tanto por lo que nos estaba pasando”.

 

 

Naturalmente, los empresarios de los rubros antes mencionados no están en pie de guerra con el Gobierno, sino que buscan un cambio en la consideración que tiene el Ejecutivo en materia productiva. Lo blanqueó Kim, de Protejer: “Queremos, debemos y tenemos que trabajar en forma conjunta con el gobierno nacional y con el Ministerio de Producción junto al ministro Cabrera y su equipo para solucionar los problemas de actividad de nuestro sector. Debemos estabilizar el nivel de actividad productiva y desarrollar un plan de expansión, inversión y generación de empleo acorde con el inmenso potencial que nuestro sector tiene y que tanto necesita el país”, apuntó. En la misma línea, Producción le bajó el tono a la disputa y anunció que en las próximas horas dará detalles de financiamiento a tasas bajas para la pequeña y mediana empresa.

 

 

“La actualidad de la cadena de valor textil-indumentaria y de la cadena de valor del cuero-calzado y marroquinera es compleja y difícil. Esta situación, que se manifiesta en una prolongada crisis de nuestro nivel de actividad, se explica por la coexistencia de varios factores que resultaron ser una mezcla explosiva para la actividad industrial de nuestros entramados productivos. El principal de todos ellos es una profunda retracción de la demanda como producto del deterioro del poder adquisitivo de la población. En segundo lugar, una persistente presión de las importaciones que provoca una sensible pérdida de participación sobre el reducido mercado local”, destaca el documento presentado en el Castelar. Y agrega que, “en tercer término, una fuga de consumidores hacia mercados externos como consecuencia de un persistente proceso de emisión de turismo de residentes. Este último fenómeno puede concebirse como un proceso de exportación de consumo y, por su magnitud, se ha convertido en un verdadero flagelo erosionante del nivel de actividad sectorial. El impacto de estas fuerzas se expresa en la disminución del nivel de actividad que ha provocado recortes en las horas trabajadas, suspensiones y despidos de puestos de trabajo hasta el cierre de líneas de producción y de fábricas. Interpretamos que la continuidad de este escenario pone en riesgo a nuestros entramados industriales y con él a los más de 500 mil puestos de trabajo directos que nuestras cadenas emplean”.

A continuación, puntualizan que “se nos acusa de no ser competitivos y esa afirmación es de una falsedad absoluta. Nuestras plantas industriales tienen niveles de eficiencia y productividad de clase mundial. Contamos con la mejor tecnología de producción, excelente nivel de recursos humanos y la completitud de eslabones en nuestras cadenas de valor desde los insumos básicos hasta el producto final. Ahora bien, lo que producimos eficientemente en nuestras plantas soporta la carga de los factores que estructuran la no competitividad sistémica de la economía argentina, como son: fuerte presión tributaria; altas tasas de interés; servicios financieros raquíticos y caros; concentración de los canales de comercialización, renta inmobiliaria exacerbada; costos logísticos y de energía por encima de los de la región, etc.”.

En este contexto, la decisión de los industriales de hacer el acto marca la cancha del lugar que decidieron encarar los fabriles en el marco del inicio de la profundización de la crisis económica. Días atrás, la Asociación Empresaria Argentina (AEA) envió un comunicado asegurando que el acuerdo con el FMI prometía verse reflejado en inversiones. “Viven en otro mundo”, criticaron en el evento del Castelar.

El Gobierno apretó a industriales que denunciaron la crisis del sector

El ministerio de la Producción amenazó con no darles medidas a curtidores, textiles y calzado si no levantaban el acto en el que mostraron las penurias sectoriales. Implosión en el frente empresario.

“Estamos complicados”, sintetiza Alberto Sellaro, líder de la cámara de empresarios del Calzado. La frase grafica lo que los industriales del cuero, curtidores, textiles y productores de zapatos se decidieron a contar públicamente. La crisis de un sector fabril que el Gobierno intentó por todos los medios mantener subterránea, pero que salió a la luz en una amplia convocatoria en el Hotel Castelar.

Sellaro, junto al jefe de Protejer, el coreano Yeal Kim; el textil Jorge Sorabilla; el químico de Santa Fe Guillermo Moretti y el ex presidente de la Unión Industrial Bonaerense (UIPBA), Mario Gualtieri, habían adelantado el documento presentado en la reunión de la UIA, cuya sede queda justo enfrente del hotel. En la central fabril hubo, según uno de los presentes, “un lamento boliviano”. Y hasta algunos bromearon diciendo que la mesa de la UIA parecía ya "la del partido comunista”. Ese mismo clima se trasladó a la radiografía sectorial que plantearon las cámaras empresarias: la apuesta es un hito político en el frente empresario. Refleja el primer hecho de queja pública y masiva de rubros que generan empleo genuino, algo que ninguna de las cámaras de CEOs había encarado desde que Mauricio Macri es gobierno.

Además de la coyuntura compleja, la noticia destacada del evento fue la previa del acto, que puso al Gobierno en un rol de presión constante para que la conferencia de empresarios no se diera. La historia arrancó el jueves último, cuando en el Ministerio de la Producción se enteraron de la decisión de ACUBA, CIMA, FAICA, FITA, PROTEGER y los gremios de las actividades de manifestar el malestar con la marcha de la economía y las políticas oficiales para el sector. “Si hacen el acto, no hay medidas para ustedes”, les espetó a los empresarios el plantel completo de la cartera productiva. Los comunicadores del mensaje fueron el titular de la cartera, Francisco Cabrera; el secretario Lucio Castro e Ignacio Pérez Riba, jefe de Gabinete del ministerio. También hicieron gestiones ante los gremios y convocaron a los empresarios a dialogar sobre medidas, pero el evento fue vaciado de presencia corporativa: solo asistieron dos cámaras.

 

 

“Todo eso nos cohesionó”, admitió un ceo textil ante la consulta de Letra P. Y otro agregó que “le dijimos al Gobierno que hace dos años estamos así, y que queríamos mostrarlo porque en dos años nunca se preocuparon tanto por lo que nos estaba pasando”.

 

 

Naturalmente, los empresarios de los rubros antes mencionados no están en pie de guerra con el Gobierno, sino que buscan un cambio en la consideración que tiene el Ejecutivo en materia productiva. Lo blanqueó Kim, de Protejer: “Queremos, debemos y tenemos que trabajar en forma conjunta con el gobierno nacional y con el Ministerio de Producción junto al ministro Cabrera y su equipo para solucionar los problemas de actividad de nuestro sector. Debemos estabilizar el nivel de actividad productiva y desarrollar un plan de expansión, inversión y generación de empleo acorde con el inmenso potencial que nuestro sector tiene y que tanto necesita el país”, apuntó. En la misma línea, Producción le bajó el tono a la disputa y anunció que en las próximas horas dará detalles de financiamiento a tasas bajas para la pequeña y mediana empresa.

 

 

“La actualidad de la cadena de valor textil-indumentaria y de la cadena de valor del cuero-calzado y marroquinera es compleja y difícil. Esta situación, que se manifiesta en una prolongada crisis de nuestro nivel de actividad, se explica por la coexistencia de varios factores que resultaron ser una mezcla explosiva para la actividad industrial de nuestros entramados productivos. El principal de todos ellos es una profunda retracción de la demanda como producto del deterioro del poder adquisitivo de la población. En segundo lugar, una persistente presión de las importaciones que provoca una sensible pérdida de participación sobre el reducido mercado local”, destaca el documento presentado en el Castelar. Y agrega que, “en tercer término, una fuga de consumidores hacia mercados externos como consecuencia de un persistente proceso de emisión de turismo de residentes. Este último fenómeno puede concebirse como un proceso de exportación de consumo y, por su magnitud, se ha convertido en un verdadero flagelo erosionante del nivel de actividad sectorial. El impacto de estas fuerzas se expresa en la disminución del nivel de actividad que ha provocado recortes en las horas trabajadas, suspensiones y despidos de puestos de trabajo hasta el cierre de líneas de producción y de fábricas. Interpretamos que la continuidad de este escenario pone en riesgo a nuestros entramados industriales y con él a los más de 500 mil puestos de trabajo directos que nuestras cadenas emplean”.

A continuación, puntualizan que “se nos acusa de no ser competitivos y esa afirmación es de una falsedad absoluta. Nuestras plantas industriales tienen niveles de eficiencia y productividad de clase mundial. Contamos con la mejor tecnología de producción, excelente nivel de recursos humanos y la completitud de eslabones en nuestras cadenas de valor desde los insumos básicos hasta el producto final. Ahora bien, lo que producimos eficientemente en nuestras plantas soporta la carga de los factores que estructuran la no competitividad sistémica de la economía argentina, como son: fuerte presión tributaria; altas tasas de interés; servicios financieros raquíticos y caros; concentración de los canales de comercialización, renta inmobiliaria exacerbada; costos logísticos y de energía por encima de los de la región, etc.”.

En este contexto, la decisión de los industriales de hacer el acto marca la cancha del lugar que decidieron encarar los fabriles en el marco del inicio de la profundización de la crisis económica. Días atrás, la Asociación Empresaria Argentina (AEA) envió un comunicado asegurando que el acuerdo con el FMI prometía verse reflejado en inversiones. “Viven en otro mundo”, criticaron en el evento del Castelar.