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Nostalgias: Macri llora sobre el sistema de precios que él mató

El Gobierno busca un intermedio entre garrote y liberalismo: el Precios Cuidados K, que negoció subas con inflación alta en 2014/15. Desmantelado en 2016, hoy explica menos del 5% de las ventas.
Por 24/05/2018 11:19

El ministro de la Producción, Francisco “Pancho” Cabrera, exageró, pero su idea estaba en lo cierto. Dijo, luego de reunirse en Olivos con empresarios del consumo, que los controles de precios fracasan “hace cuatro mil años”. No es necesario ir a la prehistoria para confirmar que, efectivamente, los controles de precios nunca dieron resultado en la Argentina. Los días posteriores a ese evento, sobrepasado por los efectos de la devaluación y el traslado a las góndolas, el Gobierno encaró un proceso de pedido a los formadores de precios, un llamado a la moderación que incluyó giras de Cabrera y el ministro de Finanzas, Luis Caputo, por cámaras empresarias; y reuniones particulares de los técnicos del secretario de Comercio, Miguel Braun, con firmas de alimentos y consumo masivo. Un tour voluntarismo con efecto retardado: el mismo día que Macri reunió a los CEOs en la quinta presidencial, muchos ya habían subido hasta 20% los precios por la devaluación y el aumento del trigo, como el caso de Molinos.

La situación de las compañías remarcando hizo, incluso, poner a la gobernadora bonaerense, María Eugenia Vidal, al frente de una cruzada fuerte contra los formadores de precios. La mandataria le pidió a Cabrera un pormenorizado informe de las compañías que aumentaron y avisó que expondrá en público a los “especuladores”.

 

Kicillof y Costa idearon Precios Cuidados ante inflación elevada y luego de la fuerte devaluación de 2014. 

 

El flamante senador por Cambiemos y ex ministro de Educación Esteban Bullrich sintetizó, en una entrevista con Ernesto Tenembaum, la confusión que la Nación tiene en relación al objetivo que persigue, que es bajar la inflación. Aseveró que hay que buscar una vía intermedia entre el garrote del ex secretario K Guillermo Moreno y el liberalismo extremo actual. Paradójicamente, el Gobierno tenía, al inicio de la gestión, una herramienta válida, aceptada, y uno de los pocos logros de la última era kirchnerista a disposición para hacer lo que hoy quiere pero no puede. Cuando desembarcó en el poder y luego de haberlo elogiado el propio Mauricio Macri, el Gobierno inició un proceso de desmantelamiento del plan Precios Cuidados, que incluyó, además, de la derogación del Sistema Informativo de Precios, decisión que se tomó el 16 de diciembre de 2015, a pocos días de asumir la nueva administración. Era un esquema que trasladaba la obligación a los proveedores de informar valores, aumentos y abastecimiento. Algo parecido a lo que el Gobierno les pide hoy, en reuniones particulares, a las compañías que trabajan en el sector alimentos, bebidas y limpieza.

El programa Precios Cuidados se empezó a cranear a fines de 2013, cuando Cristina Fernández puso a Axel Kicillof de ministro de Economía y, posteriormente, a Augusto Costa como el reemplazo de Moreno en la Secretaría de Comercio. Las movidas del gabinete, un refresh que incluyó el ingreso de Jorge Capitanich como jefe de ministros, se daban en un contexto de alta inflación; escenario que empeoró con la devaluación superior al 12% que se cargó Kicillof en los primeros meses de 2014.

Fue en enero de aquel año que empezó a rodar Precios Cuidados, un sistema que le permitía al Ejecutivo mantener una canasta nutrida de valores de referencia, con primeras marcas y un margen amplio de productos que aumentaban trimestralmente previa autorización del Gobierno. La decisión se tomó en el marco de un dólar que se había ido, en pocos días, a los $8, y que ponía presión a los precios. Hay algunas coincidencias entre aquel momento devaluatorio y el actual: tanto Kicillof como los funcionarios de Cambiemos aseguraban que no habría impacto de la depreciación del peso en las góndolas. Algo que, indefectiblemente, ocurrió en ambos casos.

 

 

Puesto en números, el Precios Cuidados K, impactado por una inflación del 25% en 2014 y los efectos de la devaluación, terminó con aumentos autorizados por el Gobierno a las empresas de consumo masivo de un 10% en los dos primeros trimestres. Desde allí hasta que se cerró la era K, hubo subas trimestrales de entre 3 y 5%. Con esto, Kicillof y Costa lograron un doble efecto: mientras la inflación general se desbocaba –como en el escenario actual- había en los supermercados de todo el país una canasta de productos que empezó en 100 y terminó en casi 500, que tenía valores de referencia más bajos que el resto de los bienes del mismo rubro.

Esa variante, además, estaba fuertemente promocionada y publicitada por los grandes comercios nucleados en la Asociación de Supermercados Unidos (ASU). Las empresas, que renegaban de todos modos pugnando por un mercado aún más liberalizado, tenían cierta previsibilidad de suba de precios relacionada a los costos, vendían más de lo que estaba en la canasta y tenían vía libre para subir los precios por fuera del plan oficial. Habían pasado de acordar con Moreno aumentos en una libreta de almacenero a una situación que inicialmente fue más ordenada.

Naturalmente, la visión política del kirchnerismo hacía más foco en los formadores de precios que en la remarcación de los supermercados. Así, los híper, entre ellos el Carrefour que hoy está en crisis, le sacaban provecho a Precios Cuidados. Una encuesta de IPSOS de aquellos años reflejó una aceptación del público cercana al 90%. Eso se reflejó en las ventas: del total del volumen comercializado por las grandes cadenas, el 22% llegó a ser Precios Cuidados. Hoy, cuando el sistema se mantiene con revisiones cuatrimestrales, menos productos, sin primeras marcas, sin monitoreo de cumplimiento y con ausencia de marketing de los privados, el programa explica menos del 5% de las ventas de los comercios grandes. El propio Federico Braun, tío del actual secretario de Comercio y dueña de la cadena La Anónima, admitió por entonces que había usufructuado Precios Cuidados, logrando ganar mercado. No fue el único. Carrefour casi que hizo punta en sus Express exhibiendo en punta de góndola.

Precios Cuidados nunca resolvió ni tuvo la intención de hacer bajar la inflación. Sí estableció precios de referencia que le daban al consumidor una herramienta para comparar valores y no pagar de más. Y, en un país con consumidores afectos a las primeras marcas, aún en momentos complejos como entonces y hoy, abrió un abanico de ofertas que desde 2016 a la fecha perdió peso.

Hay algunos hitos que muestran que, si bien Cambiemos sostuvo en lo formal el programa Precios Cuidados, lo demolió de a poco y le quitó la esencia: un trabajo sobre 2017 que realizó el centro CEPA consignó que el año pasado quedaron en la canasta sólo cuatro de las 19 variedades de aceite de mesa que se habían incluido, bajándose de la iniciativa proveedores como Aceitera General Deheza (AGD). También salieron luego CCU (Cervezas que no son de Quilmes) y Pepsico. En tanto que volvieron, aunque con menos volumen, Canale, Papelera del Plata y Kimberly Clarck. Lo mismo ocurrió con Molinos, Unilever, Bimbo y Sancor, que retiraron las líneas más populares de sus marcas y las reemplazaron por otras. Mastellone, en tanto, ya no provee leche en sachet La Serenísima, reemplazada por una marca B, La Armonía.

 

Macri y Cabrera, en la primera reunión para convencer a los CEOs de que no suban precios. 

 

El otro hito fuerte de deslegitimación de una herencia que, en este caso, era positiva, fue la Resolución 3 de 2015, que derogó la 29 de 2014, que establecía el Sistema Informativo de Precios. Con presión fuerte de las alimenticias, Braun terminó con la herramienta, en plena luna de miel del gobierno con los CEOs. “Se estableció la obligación a cargo de las empresas productoras de insumos y bienes finales, así como de sus distribuidoras y/o comercializadoras, de informar mensualmente los precios vigentes de todos sus productos, cuando las ventas totales anuales realizadas en el mercado interno hayan superado determinado importe durante el año 2013”, rezaba la norma derogada. Y en los considerandos de la eliminación se explica que, “lejos de haber cumplido con su objetivo, el esquema de administración de precios ha demostrado ser ineficaz para el cumplimiento de las finalidades por las que se ha pretendido llevarlo adelante, no habiéndose registrado progresos en materia de desarrollo social, productivo y de reindustrialización, ni en el fortalecimiento del mercado interno, la generación de empleo y la inversión”. Cierra argumentando que “la función principal de la SECRETARÍA DE COMERCIO es velar por relaciones comerciales equitativas y libres de abusos, transparentando el comercio, garantizando mercados internos competitivos y agilizando y simplificando procesos administrativos que disminuyan costos de transacción en los mercados”.

Un tiempo más tarde, el fin del romance con los formadores de Precios llevó al Gobierno a recrear una herramienta similar, aunque incompleta: el interesante Precios Claros, un sistema on line que permite comparar precios en todo el país, por zonas y en todos los rubros de consumo masivo. Las imperfecciones de ese sistema redundaron en el tour voluntarismo que los funcionarios de Cambiemos iniciaron, reclamando piedad para no trasladar la devaluación a las góndolas. El camino del medio que el Gobierno busca ya estaba diseñado y se había creado, precisamente, para un contexto inflacionario como el actual. Hay que arrancar de cero.

 

Nostalgias: Macri llora sobre el sistema de precios que él mató

El Gobierno busca un intermedio entre garrote y liberalismo: el Precios Cuidados K, que negoció subas con inflación alta en 2014/15. Desmantelado en 2016, hoy explica menos del 5% de las ventas.

El ministro de la Producción, Francisco “Pancho” Cabrera, exageró, pero su idea estaba en lo cierto. Dijo, luego de reunirse en Olivos con empresarios del consumo, que los controles de precios fracasan “hace cuatro mil años”. No es necesario ir a la prehistoria para confirmar que, efectivamente, los controles de precios nunca dieron resultado en la Argentina. Los días posteriores a ese evento, sobrepasado por los efectos de la devaluación y el traslado a las góndolas, el Gobierno encaró un proceso de pedido a los formadores de precios, un llamado a la moderación que incluyó giras de Cabrera y el ministro de Finanzas, Luis Caputo, por cámaras empresarias; y reuniones particulares de los técnicos del secretario de Comercio, Miguel Braun, con firmas de alimentos y consumo masivo. Un tour voluntarismo con efecto retardado: el mismo día que Macri reunió a los CEOs en la quinta presidencial, muchos ya habían subido hasta 20% los precios por la devaluación y el aumento del trigo, como el caso de Molinos.

La situación de las compañías remarcando hizo, incluso, poner a la gobernadora bonaerense, María Eugenia Vidal, al frente de una cruzada fuerte contra los formadores de precios. La mandataria le pidió a Cabrera un pormenorizado informe de las compañías que aumentaron y avisó que expondrá en público a los “especuladores”.

 

Kicillof y Costa idearon Precios Cuidados ante inflación elevada y luego de la fuerte devaluación de 2014. 

 

El flamante senador por Cambiemos y ex ministro de Educación Esteban Bullrich sintetizó, en una entrevista con Ernesto Tenembaum, la confusión que la Nación tiene en relación al objetivo que persigue, que es bajar la inflación. Aseveró que hay que buscar una vía intermedia entre el garrote del ex secretario K Guillermo Moreno y el liberalismo extremo actual. Paradójicamente, el Gobierno tenía, al inicio de la gestión, una herramienta válida, aceptada, y uno de los pocos logros de la última era kirchnerista a disposición para hacer lo que hoy quiere pero no puede. Cuando desembarcó en el poder y luego de haberlo elogiado el propio Mauricio Macri, el Gobierno inició un proceso de desmantelamiento del plan Precios Cuidados, que incluyó, además, de la derogación del Sistema Informativo de Precios, decisión que se tomó el 16 de diciembre de 2015, a pocos días de asumir la nueva administración. Era un esquema que trasladaba la obligación a los proveedores de informar valores, aumentos y abastecimiento. Algo parecido a lo que el Gobierno les pide hoy, en reuniones particulares, a las compañías que trabajan en el sector alimentos, bebidas y limpieza.

El programa Precios Cuidados se empezó a cranear a fines de 2013, cuando Cristina Fernández puso a Axel Kicillof de ministro de Economía y, posteriormente, a Augusto Costa como el reemplazo de Moreno en la Secretaría de Comercio. Las movidas del gabinete, un refresh que incluyó el ingreso de Jorge Capitanich como jefe de ministros, se daban en un contexto de alta inflación; escenario que empeoró con la devaluación superior al 12% que se cargó Kicillof en los primeros meses de 2014.

Fue en enero de aquel año que empezó a rodar Precios Cuidados, un sistema que le permitía al Ejecutivo mantener una canasta nutrida de valores de referencia, con primeras marcas y un margen amplio de productos que aumentaban trimestralmente previa autorización del Gobierno. La decisión se tomó en el marco de un dólar que se había ido, en pocos días, a los $8, y que ponía presión a los precios. Hay algunas coincidencias entre aquel momento devaluatorio y el actual: tanto Kicillof como los funcionarios de Cambiemos aseguraban que no habría impacto de la depreciación del peso en las góndolas. Algo que, indefectiblemente, ocurrió en ambos casos.

 

 

Puesto en números, el Precios Cuidados K, impactado por una inflación del 25% en 2014 y los efectos de la devaluación, terminó con aumentos autorizados por el Gobierno a las empresas de consumo masivo de un 10% en los dos primeros trimestres. Desde allí hasta que se cerró la era K, hubo subas trimestrales de entre 3 y 5%. Con esto, Kicillof y Costa lograron un doble efecto: mientras la inflación general se desbocaba –como en el escenario actual- había en los supermercados de todo el país una canasta de productos que empezó en 100 y terminó en casi 500, que tenía valores de referencia más bajos que el resto de los bienes del mismo rubro.

Esa variante, además, estaba fuertemente promocionada y publicitada por los grandes comercios nucleados en la Asociación de Supermercados Unidos (ASU). Las empresas, que renegaban de todos modos pugnando por un mercado aún más liberalizado, tenían cierta previsibilidad de suba de precios relacionada a los costos, vendían más de lo que estaba en la canasta y tenían vía libre para subir los precios por fuera del plan oficial. Habían pasado de acordar con Moreno aumentos en una libreta de almacenero a una situación que inicialmente fue más ordenada.

Naturalmente, la visión política del kirchnerismo hacía más foco en los formadores de precios que en la remarcación de los supermercados. Así, los híper, entre ellos el Carrefour que hoy está en crisis, le sacaban provecho a Precios Cuidados. Una encuesta de IPSOS de aquellos años reflejó una aceptación del público cercana al 90%. Eso se reflejó en las ventas: del total del volumen comercializado por las grandes cadenas, el 22% llegó a ser Precios Cuidados. Hoy, cuando el sistema se mantiene con revisiones cuatrimestrales, menos productos, sin primeras marcas, sin monitoreo de cumplimiento y con ausencia de marketing de los privados, el programa explica menos del 5% de las ventas de los comercios grandes. El propio Federico Braun, tío del actual secretario de Comercio y dueña de la cadena La Anónima, admitió por entonces que había usufructuado Precios Cuidados, logrando ganar mercado. No fue el único. Carrefour casi que hizo punta en sus Express exhibiendo en punta de góndola.

Precios Cuidados nunca resolvió ni tuvo la intención de hacer bajar la inflación. Sí estableció precios de referencia que le daban al consumidor una herramienta para comparar valores y no pagar de más. Y, en un país con consumidores afectos a las primeras marcas, aún en momentos complejos como entonces y hoy, abrió un abanico de ofertas que desde 2016 a la fecha perdió peso.

Hay algunos hitos que muestran que, si bien Cambiemos sostuvo en lo formal el programa Precios Cuidados, lo demolió de a poco y le quitó la esencia: un trabajo sobre 2017 que realizó el centro CEPA consignó que el año pasado quedaron en la canasta sólo cuatro de las 19 variedades de aceite de mesa que se habían incluido, bajándose de la iniciativa proveedores como Aceitera General Deheza (AGD). También salieron luego CCU (Cervezas que no son de Quilmes) y Pepsico. En tanto que volvieron, aunque con menos volumen, Canale, Papelera del Plata y Kimberly Clarck. Lo mismo ocurrió con Molinos, Unilever, Bimbo y Sancor, que retiraron las líneas más populares de sus marcas y las reemplazaron por otras. Mastellone, en tanto, ya no provee leche en sachet La Serenísima, reemplazada por una marca B, La Armonía.

 

Macri y Cabrera, en la primera reunión para convencer a los CEOs de que no suban precios. 

 

El otro hito fuerte de deslegitimación de una herencia que, en este caso, era positiva, fue la Resolución 3 de 2015, que derogó la 29 de 2014, que establecía el Sistema Informativo de Precios. Con presión fuerte de las alimenticias, Braun terminó con la herramienta, en plena luna de miel del gobierno con los CEOs. “Se estableció la obligación a cargo de las empresas productoras de insumos y bienes finales, así como de sus distribuidoras y/o comercializadoras, de informar mensualmente los precios vigentes de todos sus productos, cuando las ventas totales anuales realizadas en el mercado interno hayan superado determinado importe durante el año 2013”, rezaba la norma derogada. Y en los considerandos de la eliminación se explica que, “lejos de haber cumplido con su objetivo, el esquema de administración de precios ha demostrado ser ineficaz para el cumplimiento de las finalidades por las que se ha pretendido llevarlo adelante, no habiéndose registrado progresos en materia de desarrollo social, productivo y de reindustrialización, ni en el fortalecimiento del mercado interno, la generación de empleo y la inversión”. Cierra argumentando que “la función principal de la SECRETARÍA DE COMERCIO es velar por relaciones comerciales equitativas y libres de abusos, transparentando el comercio, garantizando mercados internos competitivos y agilizando y simplificando procesos administrativos que disminuyan costos de transacción en los mercados”.

Un tiempo más tarde, el fin del romance con los formadores de Precios llevó al Gobierno a recrear una herramienta similar, aunque incompleta: el interesante Precios Claros, un sistema on line que permite comparar precios en todo el país, por zonas y en todos los rubros de consumo masivo. Las imperfecciones de ese sistema redundaron en el tour voluntarismo que los funcionarios de Cambiemos iniciaron, reclamando piedad para no trasladar la devaluación a las góndolas. El camino del medio que el Gobierno busca ya estaba diseñado y se había creado, precisamente, para un contexto inflacionario como el actual. Hay que arrancar de cero.