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Le explicó que, por baja de impuestos, la Ciudad perderá 20.000 millones en cinco años. Avanzará con el Paseo del Bajo y obras grandes, claves para su reelección, y frena arreglos en plazas y calles.
Por 17/05/2018 20:12

La ruta del nuevo ajuste que diseña la Casa Rosada para anticiparse a los pedidos del Fondo Monetario Internacional (FMI), no implicará cambios en las obras que ya están en marcha dentro de los dos distritos más importantes que gobierna el PRO: la Ciudad y la Provincia de Buenos Aires. Se trata de uno de los principales motores del oficialismo para el año electoral que se avecina y, quizás por esa razón, fue una de las mayores preocupaciones que retumbaron en los oídos del presidente Mauricio Macri cuando reunió a los pilares de la mesa chica de Cambiemos en medio de la corrida cambiaria que estremeció a su administración.

Ante las consultas de Letra P, altos funcionarios del equipos de gestión del jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, aseguraron que “las obras que ya están en marcha no serán frenadas”, aunque no descartaron la aplicación de recortes presupuestarios en “obras menores”. Ninguno de los escuderos consultados se animó a precisar por dónde puede concretarse el nuevo tijeretazo, pero en el entorno presidencial confirmaron que los dos mandatarios insignia del PRO le enrostraron al líder de Cambiemos los montos que dejaron de recaudar por la aplicación del pacto fiscal, especialmente por el más criticado de los impuestos, pero el más defendido por los gobernadores de todo pelaje político: Ingresos Brutos. A esa autoamputación fiscal se sumó, al calor de la defensa del tarifazo, la resignación de ese gravamen en las facturas de servicios públicos.

 

 

En el rosario de lamentos que escuchó Macri, el alcalde porteño le recordó que su gestión ya perdió 3.500 millones de pesos en impuestos por cobrar, a partir de la reducción de Ingresos Brutos sobre industrias, actividades primarias (como construcción) y créditos hipotecarios. Un alto funcionario, con oficinas en la sede del Gobierno porteño del barrio de Parque Patricios, recordó que “en cinco años vamos a resignar 20.000 millones de pesos por la baja en Ingresos Brutos”.

Ese elemento fue clave para evitar el freno de obras consideradas “clave” dentro del territorio originario del PRO, como el Paseo del Bajo que está en marcha y costará 650 millones de dólares para enlazar la autopista Buenos Aires – La Plata desde el sur, con la Illia y 25 de Mayo en el norte, a través del soterramiento de la Avenida Huergo, que permitirá resolver un problema histórico de la red de tránsito pesado en el área portuaria más transitada del país.

 

 

Además del Paseo del Bajo, cerca de Rodríguez Larreta detallaron que tampoco será frenada la segunda etapa del entubamiento del arroyo Vega (que tiene financiamiento extranjero), ni los viaductos proyectados hasta 2019, o la finalización de la Villa Olímpica en Villa Lugano.

Tampoco habría detenciones en las urbanizaciones de villas proyectadas, donde el PRO apuesta a capitalizar el impacto de esas intervenciones para perforar los techos de votos en el sur capitalino.

“Sólo serán postergadas algunas intervenciones en el espacio público, especialmente en plazas y parques, también arreglos y construcción de veredas”, resaltó un legislador porteño del oficialismo, con responsabilidades partidarias a nivel nacional. “La Ciudad tiene un promedio del 18% de su presupuesto destinado a obra pública y este año estamos en el 20%” explicó. “Podemos volver al 18%, pero las obras iniciadas no se tocan, menos aún con el sacrificio fiscal que ya venimos haciendo para acompañar las iniciativas de la Casa Rosada”, resumió otro destacado escudero del ejecutivo capitalino, sin mostrar ningún atisbo de lamento.

 

 

“Es mentira que se terminó el gradualismo. Está más vivo que nunca, porque no hay margen para algo muy distinto”, detalló el funcionario en una clave tan política, como la certeza que tienen en el entorno de Rodríguez Larreta sobre la continuidad de obras emblemáticas en materia de movilidad para dar pelea en los comicios del año que viene. Parte de esa batería fue desempolvada esta semana por el oficialismo para apartar a Macri de la crisis: Vidal anunció cuatro nuevos metrobuses en la zona oeste-norte del conurbano y Larreta lanzó un centro transbordador en Liniers, que todavía no está previsto en el presupuesto y que podría correr peligro con el nuevo ajuste.

El cronograma de inauguraciones que baraja la Ciudad incluye a Macri cortando las cintas del Paseo del Bajo dentro de un año, con el mismo empeño que puso este jueves para inaugurar, junto a Larreta, la nueva cabecera de la Línea H del subte en la estación Facultad de Derecho "Julieta Lanteri" “que sumará más de 40.000 pasajeros nuevos y le facilitará la movilidad a más de 20.000 personas de la zona”, celebró el gobierno porteño que concentró su agenda de inauguraciones en materia de movilidad durante el clímax y desenlace de la crisis cambiaria.

La próxima escala inaugural para los subtes porteños, que también protagonizará Macri, será el año próximo, para poner en marcha los trabajos más rezagados de todos en esa materia, que inició la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner: la extensión de la Línea E, que ahora se extiende entre Plaza de los Virreyes, en Lugano, hasta Plaza de Mayo.

 

 

El plan porteño para 2019 también incluye inaugurar las tres estaciones que forman parte de la conexión de la E desde Plaza de Mayo, debajo de Avenida Alem, hasta la estación Retiro de la línea C. “Es cierto, la E es la más rezagada, pero cuando inauguremos ese tramo va a mejorar muy fuerte la frecuencia de viajes en esa zona”, pronosticó el funcionario consultado, que maneja el cronograma de obras con el que Larreta buscará mantener la “agenda positiva” que reclama el Presidente, lo único que le arranca una sonrisa fuera de libreto durante estas jornadas que sus voceros eligieron llamar "turbulencia". 

La pulseada presupuestaria del alcalde con el Presidente, según los voceros oficiales, tampoco llegaría a una reducción de personal. “Entre docentes, médicos, policías y empleados públicos, tenemos una plantilla de 150.000 empleados", explicó una fuente porteña y aclaró que "con la reducción de cargos políticos ya ahorramos 450 millones de pesos el año pasado y esperamos sumar otros 450 millones en 2018”, acotó el funcionario consultado desde las entrañas del gabinete capitalino.

 

Larreta resistió el ajuste de Macri pensando en 2019

Le explicó que, por baja de impuestos, la Ciudad perderá 20.000 millones en cinco años. Avanzará con el Paseo del Bajo y obras grandes, claves para su reelección, y frena arreglos en plazas y calles.

La ruta del nuevo ajuste que diseña la Casa Rosada para anticiparse a los pedidos del Fondo Monetario Internacional (FMI), no implicará cambios en las obras que ya están en marcha dentro de los dos distritos más importantes que gobierna el PRO: la Ciudad y la Provincia de Buenos Aires. Se trata de uno de los principales motores del oficialismo para el año electoral que se avecina y, quizás por esa razón, fue una de las mayores preocupaciones que retumbaron en los oídos del presidente Mauricio Macri cuando reunió a los pilares de la mesa chica de Cambiemos en medio de la corrida cambiaria que estremeció a su administración.

Ante las consultas de Letra P, altos funcionarios del equipos de gestión del jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, aseguraron que “las obras que ya están en marcha no serán frenadas”, aunque no descartaron la aplicación de recortes presupuestarios en “obras menores”. Ninguno de los escuderos consultados se animó a precisar por dónde puede concretarse el nuevo tijeretazo, pero en el entorno presidencial confirmaron que los dos mandatarios insignia del PRO le enrostraron al líder de Cambiemos los montos que dejaron de recaudar por la aplicación del pacto fiscal, especialmente por el más criticado de los impuestos, pero el más defendido por los gobernadores de todo pelaje político: Ingresos Brutos. A esa autoamputación fiscal se sumó, al calor de la defensa del tarifazo, la resignación de ese gravamen en las facturas de servicios públicos.

 

 

En el rosario de lamentos que escuchó Macri, el alcalde porteño le recordó que su gestión ya perdió 3.500 millones de pesos en impuestos por cobrar, a partir de la reducción de Ingresos Brutos sobre industrias, actividades primarias (como construcción) y créditos hipotecarios. Un alto funcionario, con oficinas en la sede del Gobierno porteño del barrio de Parque Patricios, recordó que “en cinco años vamos a resignar 20.000 millones de pesos por la baja en Ingresos Brutos”.

Ese elemento fue clave para evitar el freno de obras consideradas “clave” dentro del territorio originario del PRO, como el Paseo del Bajo que está en marcha y costará 650 millones de dólares para enlazar la autopista Buenos Aires – La Plata desde el sur, con la Illia y 25 de Mayo en el norte, a través del soterramiento de la Avenida Huergo, que permitirá resolver un problema histórico de la red de tránsito pesado en el área portuaria más transitada del país.

 

 

Además del Paseo del Bajo, cerca de Rodríguez Larreta detallaron que tampoco será frenada la segunda etapa del entubamiento del arroyo Vega (que tiene financiamiento extranjero), ni los viaductos proyectados hasta 2019, o la finalización de la Villa Olímpica en Villa Lugano.

Tampoco habría detenciones en las urbanizaciones de villas proyectadas, donde el PRO apuesta a capitalizar el impacto de esas intervenciones para perforar los techos de votos en el sur capitalino.

“Sólo serán postergadas algunas intervenciones en el espacio público, especialmente en plazas y parques, también arreglos y construcción de veredas”, resaltó un legislador porteño del oficialismo, con responsabilidades partidarias a nivel nacional. “La Ciudad tiene un promedio del 18% de su presupuesto destinado a obra pública y este año estamos en el 20%” explicó. “Podemos volver al 18%, pero las obras iniciadas no se tocan, menos aún con el sacrificio fiscal que ya venimos haciendo para acompañar las iniciativas de la Casa Rosada”, resumió otro destacado escudero del ejecutivo capitalino, sin mostrar ningún atisbo de lamento.

 

 

“Es mentira que se terminó el gradualismo. Está más vivo que nunca, porque no hay margen para algo muy distinto”, detalló el funcionario en una clave tan política, como la certeza que tienen en el entorno de Rodríguez Larreta sobre la continuidad de obras emblemáticas en materia de movilidad para dar pelea en los comicios del año que viene. Parte de esa batería fue desempolvada esta semana por el oficialismo para apartar a Macri de la crisis: Vidal anunció cuatro nuevos metrobuses en la zona oeste-norte del conurbano y Larreta lanzó un centro transbordador en Liniers, que todavía no está previsto en el presupuesto y que podría correr peligro con el nuevo ajuste.

El cronograma de inauguraciones que baraja la Ciudad incluye a Macri cortando las cintas del Paseo del Bajo dentro de un año, con el mismo empeño que puso este jueves para inaugurar, junto a Larreta, la nueva cabecera de la Línea H del subte en la estación Facultad de Derecho "Julieta Lanteri" “que sumará más de 40.000 pasajeros nuevos y le facilitará la movilidad a más de 20.000 personas de la zona”, celebró el gobierno porteño que concentró su agenda de inauguraciones en materia de movilidad durante el clímax y desenlace de la crisis cambiaria.

La próxima escala inaugural para los subtes porteños, que también protagonizará Macri, será el año próximo, para poner en marcha los trabajos más rezagados de todos en esa materia, que inició la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner: la extensión de la Línea E, que ahora se extiende entre Plaza de los Virreyes, en Lugano, hasta Plaza de Mayo.

 

 

El plan porteño para 2019 también incluye inaugurar las tres estaciones que forman parte de la conexión de la E desde Plaza de Mayo, debajo de Avenida Alem, hasta la estación Retiro de la línea C. “Es cierto, la E es la más rezagada, pero cuando inauguremos ese tramo va a mejorar muy fuerte la frecuencia de viajes en esa zona”, pronosticó el funcionario consultado, que maneja el cronograma de obras con el que Larreta buscará mantener la “agenda positiva” que reclama el Presidente, lo único que le arranca una sonrisa fuera de libreto durante estas jornadas que sus voceros eligieron llamar "turbulencia". 

La pulseada presupuestaria del alcalde con el Presidente, según los voceros oficiales, tampoco llegaría a una reducción de personal. “Entre docentes, médicos, policías y empleados públicos, tenemos una plantilla de 150.000 empleados", explicó una fuente porteña y aclaró que "con la reducción de cargos políticos ya ahorramos 450 millones de pesos el año pasado y esperamos sumar otros 450 millones en 2018”, acotó el funcionario consultado desde las entrañas del gabinete capitalino.