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Roces y tensiones en un gabinete sin cambios antes del Mundial

Mientras Vidal se prepara para hacer dos anuncios por semana para reconstruir la agenda positiva de Cambiemos, en la Rosada admiten que la cirugía interna arrancará cuando el foco esté puesto en Rusia
Mientras Vidal se prepara para hacer dos anuncios por semana para reconstruir la agenda positiva de Cambiemos, en la Rosada admiten que la cirugía interna arrancará cuando el foco esté puesto en Rusia
Por 17/05/2018 15:39

En su conferencia de prensa del miércoles, el presidente, Mauricio Macri, reconoció problemas de coordinación entre el "equipo económico" y el Banco Central para afrontar la corrida cambiaria que marcó la crisis financiera más importante de la gestión Cambiemos, pero negó cualquier cambio en la composición del gabinete. Lo mismo había hecho, un poco antes, el jefe de ministros, Marcos Peña.

Con el anuncio de una "etapa de pragmatismo", para evitar hablar del final del "gradualismo" de sus dos primeros años de gobierno, Macri buscó dar por finalizada la crisis pero también intentó clausurar la ola de versiones que atraviesan a la Casa Rosada sobre posibles cambios en el elenco de ministros. En medio del caudaloso río de la "turbulencia", Macri no cambiará de equipo, pero en su entorno reconocen que la posibilidad es concreta. La pregunta es cuándo. 

 

 

"No habrá ningún cambio hasta el Mundial. Después será otro partido, pero lo importante ahora es lo que viene. No habrá ninguna modificación en breve, pero no se pueden descartar en el futuro", contestó a Letra P un funcionario de la la Casa Rosada mientras abandonaba la Residencia de Olivos. Este fue el lugar elegido por el equipo de comunicación presidencial para cambiar de "locación", abandonando el epicentro de la crisis, domiciliado en Balcarce 50, y lanzarse a recuperar la iniciativa desde la morada oficial del mandatario. Pero ni el cambio de lugar ni la conferencia "a cara de perro" lograron disipar las preguntas sobre la fecha de vencimiento del actual Gabinete. 

"Las versiones están y es posible que haya cambios después de la firma del acuerdo con el FMI. En parte, los tiempos dependen del avance de las negociaciones con los gobernadores y de lo que pase con el tema de las tarifas en el Senado. Son cosas muy importantes para un año de gestión con un segundo semestre muy importante", agregó otra fuente del elenco presidencial, poco antes de reconocer que el Gobierno necesita purgar la parte más amarga del ajuste antes del arranque del año electoral de 2019, que podría tener las primeras urnas en funcionamiento a partir de marzo. 

Las certezas sobre cambios de Gabinete también son compartidas en las filiales porteña y bonaerense de la "mesa chica" que reporta al Presidente y que sus voceros dicen haber "oxigenado" con la incorporación del ex titular de la UCR, Ernesto Sanz y del titular de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó. Ambos posaron en los jardines de Olivos el miércoles a la mañana junto al jefe de Gabinete Marcos Peña, al ministro del Interior Rogelio Frigerio y al gobernador jujeño Gerardo Morales, uno de los tres mandatarios del radicalismo.

Macri no estuvo con ellos, ni posó con ese grupo, especialmente reunido para mostrar normalidad y unidad. En lugar de eso buscó mostrarse hiperactivo y recibió en Olivos las cartas credenciales de los embajadores de los Estados Unidos, Edward Prado; de Indonesia, Niniek Kun Naryatie, y de Panamá, Roberto Arango Chiari.  

 

 

También se hizo un espacio para fotografiarse con el gobernador de Neuquén, Omar Gutiérrez, líder del Movimiento Popular Neuquino (MPN), mientras un grupo de mandatarios opositores se reunía en Tucumán bajo el pretexto de participar del plenario de la Zona de Integración Centro Oeste de América del Sur (Zicosur). La escena fue aprovechada para comunicar apoyo al Gobierno, con reservas sobre el plan económico, y unificar criterios sobre el debate tarifario que se realizará en el Senado.

Todo dentro de la semana de plazo que el senador Miguel Angel Pichetto le impuso a Macri para que presente una forma alternativa de morigerar el tarifazo, con el fin de evitar que la Cámara alta transforme en ley una norma que el Ejecutivo ya amenazó con vetar si prospera. El encuentro tucumano estuvo concentrado en ese punto y participaron los gobernadores de Salta, Juan Manuel Urtubey; de Tucumán, Juan Manzur, de Córdoba, Juan Schiaretti; de Chaco, Domingo Peppo; de La Rioja, Sergio Casas; y de Santa Fe, Miguel Lifschitz, único participante ajeno al talante de una reunión dominada por el peronismo dialoguista.

Cerca de la gobernadora María Eugenia Vidal le confirmaron a Letra P que será una de las principales protagonistas en la nueva "construcción de una agenda positiva"."Tenemos previsto hacer dos anuncios por semana y muchas recorridas por toda la provincia", explicó una alta fuente del gabinete bonaerense que negó cualquier cambio en el elenco de Vidal. Respecto al hervidero de la Casa de Gobierno, se limitó a asegurar que "por ahora no". 

La orden presidencial consiste en negar cualquier cambio en su equipo de colaboradores, como un puente para conjurar, al menos por ahora, las debilidades que desnudaron las internas que laten en su Gabinete.  

El cimbronazo cambiario estremeció a un equipo económico menguante y golpeó muy duro en la Jefatura de Gabinete y en su vicejefe, Mario Quintana, que sobrevuela la macroeconomía y disputó una dura interna con el presidente del Banco Central (BCRA), Federico Sturzenegger. Tanto Quintana como su par Gustavo Lopetegui, no perderán sus cargos, pero deberán compartir parte de su poder con la mirada escrutadora de los otros socios de Cambiemos, como el radicalismo, y con una repuesta ala política, conducida por Frigerio y Monzó. 

Detrás de ese "scrum" provisorio, evolucionan versiones sobre una eventual designación de Frigerio al frente de un futuro Ministerio de Economía, como las próximas eyecciones del titular de la cartera de Hacienda, Nicolás Dujovne, que pasará el próximo mes y medio al frente de la negociación con el FMI. Entre los murmullos también se pudo escuchar información respecto a una posible renuncia de Peña, algo que habría ocurrido el viernes pasado. El ministro coordinador habría puesto su partida a disposición de Macri para defender a Quintana, pero otras insistentes versiones sostienen que hay un distanciamiento entre ambos. Ese crujido se habría liberado a la prensa en medio de la corrida cambiaria y dejó expuesto un flanco inesperado para Macri que, en rigor, encierra más críticas sobre su elenco ministerial que las conocidas.

Está decidido a aplicarlas cuando el foco de atención esté puesto en Moscú y la Selección nacional de fútbol comience a pelear en el Mundial. De su derrotero en el fixture depende el tiempo de gracia que tenga el Gobierno para acelerar el fin del gradualismo e inaugurar una era de pragmatismo, aún más cargada de ajuste, que seguirá la senda de los planteos del FMI.

Si el equipo de Jorge Sampaoli no registra una carrera exitosa o al menos competitiva en Rusia, la apuesta política de Macri podría derrumbarse. El espejo futbolístico de la Argentina se haría trizas antes de tiempo y devolvería una imagen signada por una sensación de frustración y malhumor que preocupa tanto al Gobierno como el próximo vencimiento de Letras del Banco Central (Lebac) prevista dentro de 30 días. 

Roces y tensiones en un gabinete sin cambios antes del Mundial

Mientras Vidal se prepara para hacer dos anuncios por semana para reconstruir la agenda positiva de Cambiemos, en la Rosada admiten que la cirugía interna arrancará cuando el foco esté puesto en Rusia

En su conferencia de prensa del miércoles, el presidente, Mauricio Macri, reconoció problemas de coordinación entre el "equipo económico" y el Banco Central para afrontar la corrida cambiaria que marcó la crisis financiera más importante de la gestión Cambiemos, pero negó cualquier cambio en la composición del gabinete. Lo mismo había hecho, un poco antes, el jefe de ministros, Marcos Peña.

Con el anuncio de una "etapa de pragmatismo", para evitar hablar del final del "gradualismo" de sus dos primeros años de gobierno, Macri buscó dar por finalizada la crisis pero también intentó clausurar la ola de versiones que atraviesan a la Casa Rosada sobre posibles cambios en el elenco de ministros. En medio del caudaloso río de la "turbulencia", Macri no cambiará de equipo, pero en su entorno reconocen que la posibilidad es concreta. La pregunta es cuándo. 

 

 

"No habrá ningún cambio hasta el Mundial. Después será otro partido, pero lo importante ahora es lo que viene. No habrá ninguna modificación en breve, pero no se pueden descartar en el futuro", contestó a Letra P un funcionario de la la Casa Rosada mientras abandonaba la Residencia de Olivos. Este fue el lugar elegido por el equipo de comunicación presidencial para cambiar de "locación", abandonando el epicentro de la crisis, domiciliado en Balcarce 50, y lanzarse a recuperar la iniciativa desde la morada oficial del mandatario. Pero ni el cambio de lugar ni la conferencia "a cara de perro" lograron disipar las preguntas sobre la fecha de vencimiento del actual Gabinete. 

"Las versiones están y es posible que haya cambios después de la firma del acuerdo con el FMI. En parte, los tiempos dependen del avance de las negociaciones con los gobernadores y de lo que pase con el tema de las tarifas en el Senado. Son cosas muy importantes para un año de gestión con un segundo semestre muy importante", agregó otra fuente del elenco presidencial, poco antes de reconocer que el Gobierno necesita purgar la parte más amarga del ajuste antes del arranque del año electoral de 2019, que podría tener las primeras urnas en funcionamiento a partir de marzo. 

Las certezas sobre cambios de Gabinete también son compartidas en las filiales porteña y bonaerense de la "mesa chica" que reporta al Presidente y que sus voceros dicen haber "oxigenado" con la incorporación del ex titular de la UCR, Ernesto Sanz y del titular de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó. Ambos posaron en los jardines de Olivos el miércoles a la mañana junto al jefe de Gabinete Marcos Peña, al ministro del Interior Rogelio Frigerio y al gobernador jujeño Gerardo Morales, uno de los tres mandatarios del radicalismo.

Macri no estuvo con ellos, ni posó con ese grupo, especialmente reunido para mostrar normalidad y unidad. En lugar de eso buscó mostrarse hiperactivo y recibió en Olivos las cartas credenciales de los embajadores de los Estados Unidos, Edward Prado; de Indonesia, Niniek Kun Naryatie, y de Panamá, Roberto Arango Chiari.  

 

 

También se hizo un espacio para fotografiarse con el gobernador de Neuquén, Omar Gutiérrez, líder del Movimiento Popular Neuquino (MPN), mientras un grupo de mandatarios opositores se reunía en Tucumán bajo el pretexto de participar del plenario de la Zona de Integración Centro Oeste de América del Sur (Zicosur). La escena fue aprovechada para comunicar apoyo al Gobierno, con reservas sobre el plan económico, y unificar criterios sobre el debate tarifario que se realizará en el Senado.

Todo dentro de la semana de plazo que el senador Miguel Angel Pichetto le impuso a Macri para que presente una forma alternativa de morigerar el tarifazo, con el fin de evitar que la Cámara alta transforme en ley una norma que el Ejecutivo ya amenazó con vetar si prospera. El encuentro tucumano estuvo concentrado en ese punto y participaron los gobernadores de Salta, Juan Manuel Urtubey; de Tucumán, Juan Manzur, de Córdoba, Juan Schiaretti; de Chaco, Domingo Peppo; de La Rioja, Sergio Casas; y de Santa Fe, Miguel Lifschitz, único participante ajeno al talante de una reunión dominada por el peronismo dialoguista.

Cerca de la gobernadora María Eugenia Vidal le confirmaron a Letra P que será una de las principales protagonistas en la nueva "construcción de una agenda positiva"."Tenemos previsto hacer dos anuncios por semana y muchas recorridas por toda la provincia", explicó una alta fuente del gabinete bonaerense que negó cualquier cambio en el elenco de Vidal. Respecto al hervidero de la Casa de Gobierno, se limitó a asegurar que "por ahora no". 

La orden presidencial consiste en negar cualquier cambio en su equipo de colaboradores, como un puente para conjurar, al menos por ahora, las debilidades que desnudaron las internas que laten en su Gabinete.  

El cimbronazo cambiario estremeció a un equipo económico menguante y golpeó muy duro en la Jefatura de Gabinete y en su vicejefe, Mario Quintana, que sobrevuela la macroeconomía y disputó una dura interna con el presidente del Banco Central (BCRA), Federico Sturzenegger. Tanto Quintana como su par Gustavo Lopetegui, no perderán sus cargos, pero deberán compartir parte de su poder con la mirada escrutadora de los otros socios de Cambiemos, como el radicalismo, y con una repuesta ala política, conducida por Frigerio y Monzó. 

Detrás de ese "scrum" provisorio, evolucionan versiones sobre una eventual designación de Frigerio al frente de un futuro Ministerio de Economía, como las próximas eyecciones del titular de la cartera de Hacienda, Nicolás Dujovne, que pasará el próximo mes y medio al frente de la negociación con el FMI. Entre los murmullos también se pudo escuchar información respecto a una posible renuncia de Peña, algo que habría ocurrido el viernes pasado. El ministro coordinador habría puesto su partida a disposición de Macri para defender a Quintana, pero otras insistentes versiones sostienen que hay un distanciamiento entre ambos. Ese crujido se habría liberado a la prensa en medio de la corrida cambiaria y dejó expuesto un flanco inesperado para Macri que, en rigor, encierra más críticas sobre su elenco ministerial que las conocidas.

Está decidido a aplicarlas cuando el foco de atención esté puesto en Moscú y la Selección nacional de fútbol comience a pelear en el Mundial. De su derrotero en el fixture depende el tiempo de gracia que tenga el Gobierno para acelerar el fin del gradualismo e inaugurar una era de pragmatismo, aún más cargada de ajuste, que seguirá la senda de los planteos del FMI.

Si el equipo de Jorge Sampaoli no registra una carrera exitosa o al menos competitiva en Rusia, la apuesta política de Macri podría derrumbarse. El espejo futbolístico de la Argentina se haría trizas antes de tiempo y devolvería una imagen signada por una sensación de frustración y malhumor que preocupa tanto al Gobierno como el próximo vencimiento de Letras del Banco Central (Lebac) prevista dentro de 30 días.