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Elecciones anticipadas

El peronismo trabajaba para 2023. Pero el súbito derrumbe del Gobierno adelantó la pelea para 2019. ¿Unidad? ¿PASO? ¿Plan segunda vuelta? Quiénes se apiñan en las gateras del PJ troquelado.
Por 17/05/2018 15:21
¿Hay 2019?

Siguen divididos, pero ahora son ellos los que sienten en el cuerpo el entusiasmo del que hablaba Mauricio Macri. Empezaron a pensar que la consigna de Alberto Rodríguez Saá es más que propaganda: hay 2019. Desperdigada en campamentos, tribus y sectas de distinto tipo, la oposición panperonista observa las turbulencias que afectan al mejor equipo de los últimos 50 años, se mira en el espejo y se descubre rubia y de ojos celestes. No es tanto la fuerza propia, hace falta remarcarlo, sino la fragilidad del Presidente la que les da ánimo, piensen como piensen.

La cautela de los gobernadores del PJ muestra dos cuidados especiales. No aparecer conspirando en el peor momento del Gobierno y no evidenciar las diferencias que existen entre mandatarios que tienen todavía una única prioridad: preservar sus territorios. Con el FMI de regreso, caminan por una cornisa en la que no quieren ni asociarse al fracaso ni echar leña al fuego para evitar las acusaciones de golpismo de parte de un oficialismo más sensible que de costumbre.

Pese a las diferencias y rencillas, cuatro dirigentes del peronismo coincidieron ante Letra P en que hoy todos hablan con todos, a partir de vínculos donde prima la amistad y también la trayectoria conjunta.

Mientras no aparezca una figura convocante ni asome la solución, seguirá la discusión, acelerada ahora por las evidencias que ofrece Cambiemos. Falta mucho, aunque quizás no tanto. De cara a las primarias del segundo domingo de agosto, en junio deben estar registrados los candidatos que pretendan competir y en marzo, según afirman los especialistas, debería empezar formalmente la campaña, a no ser que alguien reincida en la idea de lanzarse de la noche a la mañana y arrasar con todas las voluntades, un experimento que viene fallando.

 

 

LA LÍNEA DURA. Con encuestas que confirman la debacle del Presidente y sus satélites pero muestran, además, un crecimiento evidente de Cristina Kirchner, los peronistas que gobiernan se dividen en dos o tres bloques. El más nítido es el que dibujan con gran presencia en el Senado y los medios Miguel Ángel Pichetto y Juan Manuel Urtubey, los abanderados del rechazo a cualquier entendimiento con el kirchnerismo. Son los que no dudan: afirman que cualquier componente del ex Frente para la Victoria desbarata toda posibilidad de presentarse como algo diferente en un eventual ballotage ante Macri.

Pichetto es el más experimentado de los dirigentes que buscan tejer hacia 2019. Propios y extraños reconocen que entiende de política, sabe cómo moverse y administra muy bien un poder que, sin embargo, hoy tiene fecha de vencimiento, diciembre del año próximo, cuando venza su mandato. “El único problema de Miguel es que lo desequilibra la pelea con Cristina. Lo pone re loco y eso tampoco sirve”, afirma un peronista de la ortodoxia.

El gobernador de Salta es pre candidato firme a competir el año que viene, pero busca no anticiparse, aunque empieza a despegar de esa delgada línea de colaboración que le sirvió al macrismo para devorarlo en 2017 en su provincia. Cerca de ese vértice, pero con un juego propio, antojadizo y, por momentos, al borde de la histeria, aparece Juan Schiaretti.

 

Kosiner, Pichetto, Schiaretti y Camaño. Peronismo federal + un gobernador.

 

El gobernador de Córdoba se corta solo y juega a dos puntas desde una provincia difícil por su alto componente de macrismo en sangre. Sus propios pares lo ven un día como anfitrión del peronismo de Pichetto, al otro día grabando un mensaje de apoyo a Macri desde la Quinta de Olivos y esta misma semana en un encuentro con Alberto Rodríguez Saá que desorientó a muchos. Aunque algunos lo suben a la contienda nacional, todo indica que Schiaretti irá en busca de la reelección y será Juan Manuel De la Sota el que intentará animar una PASO que congregue por lo menos al PJ no kirchnerista.

Urtubey cree que, llegado el momento, contará con el apoyo de los gobernadores del NOA, con Córdoba por default y con el peso que pueda aportar Omar Perotti -cercano a Pichetto y bien posicionado en las encuestas- desde Santa Fe. Por eso, su obsesión es la provincia de Buenos Aires, donde no logra hacer pie nada que le haga sombra al pasado que, según predica en radio y televisión, encarna la ex presidenta.

Fuentes de dialogo fluido con el esposo de Isabel Macedo le confiaron a Letra P que Juan Manuel se había ilusionado con que su amigo Emilio Monzó pegara un salto y se animara a ser candidato en tierra de María Eugenia Vidal con la camiseta del peronismo. La corrida bancaria y el susto que asaltó a la alianza Cambiemos hicieron retornar al presidente de la Cámara de Diputados a la llamada mesa de las decisiones. El candidato que le gustaría a los gobernadores es Sergio Massa, hoy en un discreto segundo plano, pero seguramente con ganas de volver a pelear.

Pese a que tocó su piso electoral en octubre pasado, el ex intendente de Tigre mide, a nivel nacional, bastante más que Urtubey. Pero le cuesta trascender la provincia y la liga de los gobernadores lo prefiere recluido en ese territorio, donde no tienen a nadie. Como Pichetto y Urtubey, Massa también se mostró hasta el momento inflexible a cualquier acercamiento con el kirchnerismo pese a que algunos de sus diputados postulan la unidad más amplia.

En el caso de que el fundador del Frente Renovador vaya a la provincia, hay otros que miran a Roberto Lavagna como un eventual candidato presidencial, sorprendidos por los números de una encuesta de D’Alessio/Berensztein, según publicó Ámbito Financiero. Factótum de la recuperación después de la inmolación de Jorge Remes Lenicov en 2002, en el peronismo admiten que el ex ministro de Economía -que ya fue candidato a presidente en 2007 en fórmula con Gerardo Morales- se prepara desde hace tiempo con esa secreta ilusión. Tendrá 77 años en 2019, pero, con las turbulencias que afronta el elenco oficial, su nombre se agiganta, por lo menos en algunos sondeos.

 

Kirchnerismo + moyanismo en albertolandia.

 

LOS ACUERDISTAS. En otra vereda, hay gobernadores que no ven clara la conveniencia de enfrentar una hipotética candidatura de CFK en provincias donde es la dirigente nacional que más mide. Le pasa, por ejemplo, a un cacique del norte que encargó una encuesta en los últimos días y a otros como el conciliador Sergio Uñac y el díscolo Carlos Verna, que no advierten el negocio de enfrentar a una lista que coseche más votos y aferrarse a la que obtenga menos. Se suman, por supuesto, a Rodríguez Saá, el único gobernador que ya se muestra con el cristinismo.

Son los que hablan de una unidad que, según entienden, no puede consumarse sin Cristina Kirchner pero tampoco con ella. A diferencia de Urtubey y Pichetto, aceptarían al kirchnerismo como parte y a los delegados de la ex presidenta en una PASO o en una fórmula, pero no aclamarían ¿ni enfrentarían? a CFK como candidata en busca de su tercer mandato. “Si ella no juega, todo es más fácil. Con ella, confluir es casi imposible”, le dijo a Letra P un dirigente de diálogo con los dos sectores.

En esa línea también aparecen Florencio Randazzo, algunos intendentes y el Movimiento Evita, el espacio que se abrió de la ex presidenta en 2017. El ex ministro de Transporte plantea en privado una interna nacional en la que también compita el kirchnerismo, algo como lo que intentó sin éxito el año pasado en la provincia, ante la movida anti PJ de Cristina y el nacimiento de Unidad Ciudadana.

 

G7 por la unidad: Santa María, Arroyo, Alberto F., Filmus, Navarro, Rossi y Solá.

 

Es una corriente que sintoniza con el planteo del llamado Grupo de los 7, en el que militan Alberto Fernández, Felipe Solá, Agustín Rossi, Daniel Arroyo, Daniel Filmus, Fernando “Chino” Navarro y Víctor Santa María. En ese comando pro unidad, aparecen nada menos que tres potenciales candidatos a la presidencia, dispuestos a lanzarse o ser lanzados: Solá, Rossi y Fernández. 

Todos se esfuerzan en busca de coordinar una estrategia que no ganó demasiadas adhesiones con el gobierno de Cambiemos en ascenso pero que ahora entusiasma a cualquiera. Ya nadie mira a 2023 sino -con toda lógica- al día de mañana. Existe la esperanza de recuperar a sectores de la clase media que votaron a Macri como mal menor o con la esperanza de que llegasen los profesionales a manejar una economía y que ahora ven el abismo a la vuelta de la esquina. 

 

 

CRISTINA OTRA VEZ. A falta de renovación y emergencia de nuevos líderes, la gran incógnita es qué hará Cristina Kirchner. La ex presidenta declaró que está dispuesta a acompañar la unidad y tendió puentes con distintos sectores después de morder el polvo el año pasado en la provincia de Buenos Aires con una macrismo que ya no venía bien. Pero sus incondicionales miran encuestas y la postulan.

Según números que manejan en el PJ no kirchnerista, la caída de Macri en las encuestas coincide con su remontada. Si ella decidiera correrse del centro de la escena y hacer el intento de transferir su poder, los candidatos son varios. Rossi, Jorge Capitanich, Axel Kicillof y con un poco más de autonomía, Rodríguez Saá.

 

 

LA ESTATURA. Dentro del peronismo están también los sobrevivientes que ven con escepticismo los reacomodamientos hacia el año que viene. Son los que remarcan que hasta la semana pasada los gobernadores del PJ estaban pensando en adelantar las elecciones para que el efecto arrastre de Macri no los afectara y ahora están todos viendo cómo unificar porque el Presidente tropezó y parece que se cae.

La dispersión y la falta de vocación para conducir es tanta que Eduardo Duhalde volvió a manifestar su voluntad de ser jefe. Según le dijo a Letra P un dirigente que fue parte activa de los últimos dos ensayos del peronismo en el poder, hoy en el PJ no hay líderes prevalentes, capaces de leer la realidad y de imprimirle una lógica propia. La mayor parte de los dirigentes toma las decisiones en base a lo que indican los sondeos y va a terminar definiendo a quién apoyar o con quién jugar según lo que marquen las encuestas.

“Hoy no hay nadie que tenga la estatura política de Menem o de Kirchner, que eran tipos que aprendieron en el barro cómo se construye. Productos típicos del peronismo. Ahora no hay figuras que tengan clara la dinámica política de la Argentina y pueden influir sobre la realidad. No hay dirigentes de ese tamaño. Ni en las provincias ni en los municipios. Son tiros al aire y no los podés tomar como referencia. Lo que digan ahora importa poco, van a definir a partir del humor social, faltando cinco minutos”, explicó.

La lista de los potenciales candidatos hoy es larga, cuando el Gobierno aparece debilitado. La unidad que algunos proclaman y las chances de todos dependerá mucho de lo que haga Macri, decidido en la nueva etapa a acelerar con un ajuste que no suele redundar en buenos resultados electorales.

Elecciones anticipadas

El peronismo trabajaba para 2023. Pero el súbito derrumbe del Gobierno adelantó la pelea para 2019. ¿Unidad? ¿PASO? ¿Plan segunda vuelta? Quiénes se apiñan en las gateras del PJ troquelado.

Siguen divididos, pero ahora son ellos los que sienten en el cuerpo el entusiasmo del que hablaba Mauricio Macri. Empezaron a pensar que la consigna de Alberto Rodríguez Saá es más que propaganda: hay 2019. Desperdigada en campamentos, tribus y sectas de distinto tipo, la oposición panperonista observa las turbulencias que afectan al mejor equipo de los últimos 50 años, se mira en el espejo y se descubre rubia y de ojos celestes. No es tanto la fuerza propia, hace falta remarcarlo, sino la fragilidad del Presidente la que les da ánimo, piensen como piensen.

La cautela de los gobernadores del PJ muestra dos cuidados especiales. No aparecer conspirando en el peor momento del Gobierno y no evidenciar las diferencias que existen entre mandatarios que tienen todavía una única prioridad: preservar sus territorios. Con el FMI de regreso, caminan por una cornisa en la que no quieren ni asociarse al fracaso ni echar leña al fuego para evitar las acusaciones de golpismo de parte de un oficialismo más sensible que de costumbre.

Pese a las diferencias y rencillas, cuatro dirigentes del peronismo coincidieron ante Letra P en que hoy todos hablan con todos, a partir de vínculos donde prima la amistad y también la trayectoria conjunta.

Mientras no aparezca una figura convocante ni asome la solución, seguirá la discusión, acelerada ahora por las evidencias que ofrece Cambiemos. Falta mucho, aunque quizás no tanto. De cara a las primarias del segundo domingo de agosto, en junio deben estar registrados los candidatos que pretendan competir y en marzo, según afirman los especialistas, debería empezar formalmente la campaña, a no ser que alguien reincida en la idea de lanzarse de la noche a la mañana y arrasar con todas las voluntades, un experimento que viene fallando.

 

 

LA LÍNEA DURA. Con encuestas que confirman la debacle del Presidente y sus satélites pero muestran, además, un crecimiento evidente de Cristina Kirchner, los peronistas que gobiernan se dividen en dos o tres bloques. El más nítido es el que dibujan con gran presencia en el Senado y los medios Miguel Ángel Pichetto y Juan Manuel Urtubey, los abanderados del rechazo a cualquier entendimiento con el kirchnerismo. Son los que no dudan: afirman que cualquier componente del ex Frente para la Victoria desbarata toda posibilidad de presentarse como algo diferente en un eventual ballotage ante Macri.

Pichetto es el más experimentado de los dirigentes que buscan tejer hacia 2019. Propios y extraños reconocen que entiende de política, sabe cómo moverse y administra muy bien un poder que, sin embargo, hoy tiene fecha de vencimiento, diciembre del año próximo, cuando venza su mandato. “El único problema de Miguel es que lo desequilibra la pelea con Cristina. Lo pone re loco y eso tampoco sirve”, afirma un peronista de la ortodoxia.

El gobernador de Salta es pre candidato firme a competir el año que viene, pero busca no anticiparse, aunque empieza a despegar de esa delgada línea de colaboración que le sirvió al macrismo para devorarlo en 2017 en su provincia. Cerca de ese vértice, pero con un juego propio, antojadizo y, por momentos, al borde de la histeria, aparece Juan Schiaretti.

 

Kosiner, Pichetto, Schiaretti y Camaño. Peronismo federal + un gobernador.

 

El gobernador de Córdoba se corta solo y juega a dos puntas desde una provincia difícil por su alto componente de macrismo en sangre. Sus propios pares lo ven un día como anfitrión del peronismo de Pichetto, al otro día grabando un mensaje de apoyo a Macri desde la Quinta de Olivos y esta misma semana en un encuentro con Alberto Rodríguez Saá que desorientó a muchos. Aunque algunos lo suben a la contienda nacional, todo indica que Schiaretti irá en busca de la reelección y será Juan Manuel De la Sota el que intentará animar una PASO que congregue por lo menos al PJ no kirchnerista.

Urtubey cree que, llegado el momento, contará con el apoyo de los gobernadores del NOA, con Córdoba por default y con el peso que pueda aportar Omar Perotti -cercano a Pichetto y bien posicionado en las encuestas- desde Santa Fe. Por eso, su obsesión es la provincia de Buenos Aires, donde no logra hacer pie nada que le haga sombra al pasado que, según predica en radio y televisión, encarna la ex presidenta.

Fuentes de dialogo fluido con el esposo de Isabel Macedo le confiaron a Letra P que Juan Manuel se había ilusionado con que su amigo Emilio Monzó pegara un salto y se animara a ser candidato en tierra de María Eugenia Vidal con la camiseta del peronismo. La corrida bancaria y el susto que asaltó a la alianza Cambiemos hicieron retornar al presidente de la Cámara de Diputados a la llamada mesa de las decisiones. El candidato que le gustaría a los gobernadores es Sergio Massa, hoy en un discreto segundo plano, pero seguramente con ganas de volver a pelear.

Pese a que tocó su piso electoral en octubre pasado, el ex intendente de Tigre mide, a nivel nacional, bastante más que Urtubey. Pero le cuesta trascender la provincia y la liga de los gobernadores lo prefiere recluido en ese territorio, donde no tienen a nadie. Como Pichetto y Urtubey, Massa también se mostró hasta el momento inflexible a cualquier acercamiento con el kirchnerismo pese a que algunos de sus diputados postulan la unidad más amplia.

En el caso de que el fundador del Frente Renovador vaya a la provincia, hay otros que miran a Roberto Lavagna como un eventual candidato presidencial, sorprendidos por los números de una encuesta de D’Alessio/Berensztein, según publicó Ámbito Financiero. Factótum de la recuperación después de la inmolación de Jorge Remes Lenicov en 2002, en el peronismo admiten que el ex ministro de Economía -que ya fue candidato a presidente en 2007 en fórmula con Gerardo Morales- se prepara desde hace tiempo con esa secreta ilusión. Tendrá 77 años en 2019, pero, con las turbulencias que afronta el elenco oficial, su nombre se agiganta, por lo menos en algunos sondeos.

 

Kirchnerismo + moyanismo en albertolandia.

 

LOS ACUERDISTAS. En otra vereda, hay gobernadores que no ven clara la conveniencia de enfrentar una hipotética candidatura de CFK en provincias donde es la dirigente nacional que más mide. Le pasa, por ejemplo, a un cacique del norte que encargó una encuesta en los últimos días y a otros como el conciliador Sergio Uñac y el díscolo Carlos Verna, que no advierten el negocio de enfrentar a una lista que coseche más votos y aferrarse a la que obtenga menos. Se suman, por supuesto, a Rodríguez Saá, el único gobernador que ya se muestra con el cristinismo.

Son los que hablan de una unidad que, según entienden, no puede consumarse sin Cristina Kirchner pero tampoco con ella. A diferencia de Urtubey y Pichetto, aceptarían al kirchnerismo como parte y a los delegados de la ex presidenta en una PASO o en una fórmula, pero no aclamarían ¿ni enfrentarían? a CFK como candidata en busca de su tercer mandato. “Si ella no juega, todo es más fácil. Con ella, confluir es casi imposible”, le dijo a Letra P un dirigente de diálogo con los dos sectores.

En esa línea también aparecen Florencio Randazzo, algunos intendentes y el Movimiento Evita, el espacio que se abrió de la ex presidenta en 2017. El ex ministro de Transporte plantea en privado una interna nacional en la que también compita el kirchnerismo, algo como lo que intentó sin éxito el año pasado en la provincia, ante la movida anti PJ de Cristina y el nacimiento de Unidad Ciudadana.

 

G7 por la unidad: Santa María, Arroyo, Alberto F., Filmus, Navarro, Rossi y Solá.

 

Es una corriente que sintoniza con el planteo del llamado Grupo de los 7, en el que militan Alberto Fernández, Felipe Solá, Agustín Rossi, Daniel Arroyo, Daniel Filmus, Fernando “Chino” Navarro y Víctor Santa María. En ese comando pro unidad, aparecen nada menos que tres potenciales candidatos a la presidencia, dispuestos a lanzarse o ser lanzados: Solá, Rossi y Fernández. 

Todos se esfuerzan en busca de coordinar una estrategia que no ganó demasiadas adhesiones con el gobierno de Cambiemos en ascenso pero que ahora entusiasma a cualquiera. Ya nadie mira a 2023 sino -con toda lógica- al día de mañana. Existe la esperanza de recuperar a sectores de la clase media que votaron a Macri como mal menor o con la esperanza de que llegasen los profesionales a manejar una economía y que ahora ven el abismo a la vuelta de la esquina. 

 

 

CRISTINA OTRA VEZ. A falta de renovación y emergencia de nuevos líderes, la gran incógnita es qué hará Cristina Kirchner. La ex presidenta declaró que está dispuesta a acompañar la unidad y tendió puentes con distintos sectores después de morder el polvo el año pasado en la provincia de Buenos Aires con una macrismo que ya no venía bien. Pero sus incondicionales miran encuestas y la postulan.

Según números que manejan en el PJ no kirchnerista, la caída de Macri en las encuestas coincide con su remontada. Si ella decidiera correrse del centro de la escena y hacer el intento de transferir su poder, los candidatos son varios. Rossi, Jorge Capitanich, Axel Kicillof y con un poco más de autonomía, Rodríguez Saá.

 

 

LA ESTATURA. Dentro del peronismo están también los sobrevivientes que ven con escepticismo los reacomodamientos hacia el año que viene. Son los que remarcan que hasta la semana pasada los gobernadores del PJ estaban pensando en adelantar las elecciones para que el efecto arrastre de Macri no los afectara y ahora están todos viendo cómo unificar porque el Presidente tropezó y parece que se cae.

La dispersión y la falta de vocación para conducir es tanta que Eduardo Duhalde volvió a manifestar su voluntad de ser jefe. Según le dijo a Letra P un dirigente que fue parte activa de los últimos dos ensayos del peronismo en el poder, hoy en el PJ no hay líderes prevalentes, capaces de leer la realidad y de imprimirle una lógica propia. La mayor parte de los dirigentes toma las decisiones en base a lo que indican los sondeos y va a terminar definiendo a quién apoyar o con quién jugar según lo que marquen las encuestas.

“Hoy no hay nadie que tenga la estatura política de Menem o de Kirchner, que eran tipos que aprendieron en el barro cómo se construye. Productos típicos del peronismo. Ahora no hay figuras que tengan clara la dinámica política de la Argentina y pueden influir sobre la realidad. No hay dirigentes de ese tamaño. Ni en las provincias ni en los municipios. Son tiros al aire y no los podés tomar como referencia. Lo que digan ahora importa poco, van a definir a partir del humor social, faltando cinco minutos”, explicó.

La lista de los potenciales candidatos hoy es larga, cuando el Gobierno aparece debilitado. La unidad que algunos proclaman y las chances de todos dependerá mucho de lo que haga Macri, decidido en la nueva etapa a acelerar con un ajuste que no suele redundar en buenos resultados electorales.