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Dulce por los gestos de Trump, Macri jugará a fondo contra Venezuela en Lima

La Casa Blanca celebró la exportación de cerdos al país y podría liberar de aranceles al acero y al aluminio argentinos. A cambio, hará los deberes que reclama Washington contra el gobierno de Maduro.
Por 13/04/2018 20:02

Pocas horas antes de aterrizar en Lima para participar de la 8ª Cumbre de las Américas, el presidente Mauricio Macri recibió dos señales desde Washington para su bolsillo: el elogio de la Casa Blanca para la exportación de carne de cerdo al mercado argentino, por primera vez desde 1992, y la posible excepción definitiva de Argentina a los aranceles al aluminio y el acero. Las señales fueron prodigadas por los funcionarios del gabinete de Donald Trump que atienden los reclamos de la administración de Cambiemos: el secretario de Agricultura, Sonny Perdue; el representante de Comercio Robert Lighthizer y el jefe de esa cartera, Wilbur Ross. Los dos primeros fueron los encargados de oficializar el demorado trámite desde Estados Unidos y el tercero escuchó los pedidos que formuló en la capital peruana el ministro de Producción, Francisco Cabrera.

 

 

Fuentes diplomáticas explicaron a Letra P que la negociación sobre el acero ha “tenido avances positivos”, aunque es posible que una parte de ambos metales deban pagar algún arancel. Todavía no se sabe qué porción del volumen exportado por Argentina sería exceptuado, pero el país podría ser beneficiado dentro de un pelotón de naciones que también formalizaron sus pedidos apenas se conoció la decisión de Trump por elevar los aranceles de ambas commodittes, especialmente concentradas en China.

Aunque el tema metalífero todavía no tiene su desenlace, las dos señales de la Casa Blanca le allanaron el camino al líder de Cambiemos para que profundice su papel político en la cumbre que arrancó este viernes, pero que tendrá su capítulo central el sábado, especialmente dedicado a Venezuela, para que los países que forman parte de esa cumbre emulen la posición que anticipó el embajador norteamericano ante la OEA, Carlos Trujillo, quien reiteró que Washington no reconocerá las elecciones presidenciales y legislativas previstas para mayo próximo en el país caribeño. “El gobierno de Nicolás Maduro y las elecciones no son reconocidas por EE.UU. y tampoco deben ser reconocidos por Latinoamérica. Esperamos que los países impongan sanciones individuales y no solo contra Maduro, sino contra otras personas de su régimen que violan los derechos humanos", arengó el funcionario del Departamento de Estado apenas llegó a la cumbre.

 

 

Pocas horas después, en un reportaje que concedió a un medio televisivo argentino, el canciller Jorge Faurie respondió los gestos, también desde Lima. “Las elecciones del régimen de Maduro son amañadas en el colegio electoral que las ha convocado, con mecanismos que no tienen transparencia, con los líderes de la oposición presos y en el exilio. Estas elecciones son un fantasma de elecciones”, dijo el jefe del Palacio San Martín mientras Macri era recibido en el aeropuerto limeño junto a su esposa, Juliana Awada.

Cuando Macri hable ante el plenario de presidentes de la cumbre, este sábado por la mañana, cumplirá un papel clave, especialmente por la ausencia de Trump, que decidió pegar el faltazo al evento promovido por Washington. En su lugar, envió a su vicepresidente, Michael Pence, que se reunirá con el mandatario argentino antes de que concluya la cumbre. En medio de la renuncia del ex secretario de Estado Rex Tillerson y su reciente reemplazo por el ex titular de la CIA Mike Pompeo, el segundo de Trump es el principal interlocutor de la Casa Blanca con América del Sur.

 

 

El año pasado visitó Colombia, Panamá, Chile y Argentina, en una gira ensombrecida por las palabras de Trump, que dijo que no descartaba una opción militar para intervenir en Venezuela. Pence dedicó parte de esas visitas a escuchar a la negativa y la preocupación de los presidentes anfitriones ante las versiones que deslizó Trump, aunque el pedido general de la Casa Blanca gira en torno a la insistencia de “hacer más”. En aquel momento, fuentes de la Casa Rosada reconocieron a Letra P que Macri había analizado la posibilidad de expulsar al embajador venezolano en Buenos Aires, aunque había sido descartada. Este viernes, la opción volvió a resonar en Lima, aunque Faurie las negó. “No ha sido planteado sacar al embajador”, dijo Faurie, aunque la opción no es aplicada porque entorpecería la ayuda del gobierno argentino a los ciudadanos venezolanos que se radican en el país.

Para la Casa Rosada, la alocución que ofrezca Macri será el cierre de una semana dedicada a las relaciones internacionales, que arrancó con la visita de Estado del jefe del Gobierno español, Mariano Rajoy, que, además de elogiar al gobierno argentino, prometió en boca de los 70 empresarios ibéricos de su comitiva nuevas inversiones que ninguno de los dos gobiernos pudo precisar. Antes de partir, sin la dureza que reclama Washington, el líder del Partido Popular reclamó elecciones libres en Venezuela.

 

 

Sin embargo, la agenda de esta semana no tiene el brillo ni las expectativas que generó Macri en el comienzo de su mandato en la agenda internacional, aunque en su entorno confían en que se trata de una escala previa al epicentro de este año para la Casa Rosada: la cumbre del G-20 en Buenos Aires que se realizará a fines de noviembre. Aun así, la apertura con el mundo que promueve Macri se choca con el cierre de los mercados de sus interlocutores y aliados, por el incremento de barreras proteccionistas que reducen el viento de cola, y dejan en evidencia las dificultades crecientes de la economía doméstica. En ese contexto, las señales de este viernes entre Washington y Buenos Aires confirman que Macri buscará equilibrar las dificultades económicas con los gestos políticos que reclama el Salón Oval. 

Dulce por los gestos de Trump, Macri jugará a fondo contra Venezuela en Lima

La Casa Blanca celebró la exportación de cerdos al país y podría liberar de aranceles al acero y al aluminio argentinos. A cambio, hará los deberes que reclama Washington contra el gobierno de Maduro.

Pocas horas antes de aterrizar en Lima para participar de la 8ª Cumbre de las Américas, el presidente Mauricio Macri recibió dos señales desde Washington para su bolsillo: el elogio de la Casa Blanca para la exportación de carne de cerdo al mercado argentino, por primera vez desde 1992, y la posible excepción definitiva de Argentina a los aranceles al aluminio y el acero. Las señales fueron prodigadas por los funcionarios del gabinete de Donald Trump que atienden los reclamos de la administración de Cambiemos: el secretario de Agricultura, Sonny Perdue; el representante de Comercio Robert Lighthizer y el jefe de esa cartera, Wilbur Ross. Los dos primeros fueron los encargados de oficializar el demorado trámite desde Estados Unidos y el tercero escuchó los pedidos que formuló en la capital peruana el ministro de Producción, Francisco Cabrera.

 

 

Fuentes diplomáticas explicaron a Letra P que la negociación sobre el acero ha “tenido avances positivos”, aunque es posible que una parte de ambos metales deban pagar algún arancel. Todavía no se sabe qué porción del volumen exportado por Argentina sería exceptuado, pero el país podría ser beneficiado dentro de un pelotón de naciones que también formalizaron sus pedidos apenas se conoció la decisión de Trump por elevar los aranceles de ambas commodittes, especialmente concentradas en China.

Aunque el tema metalífero todavía no tiene su desenlace, las dos señales de la Casa Blanca le allanaron el camino al líder de Cambiemos para que profundice su papel político en la cumbre que arrancó este viernes, pero que tendrá su capítulo central el sábado, especialmente dedicado a Venezuela, para que los países que forman parte de esa cumbre emulen la posición que anticipó el embajador norteamericano ante la OEA, Carlos Trujillo, quien reiteró que Washington no reconocerá las elecciones presidenciales y legislativas previstas para mayo próximo en el país caribeño. “El gobierno de Nicolás Maduro y las elecciones no son reconocidas por EE.UU. y tampoco deben ser reconocidos por Latinoamérica. Esperamos que los países impongan sanciones individuales y no solo contra Maduro, sino contra otras personas de su régimen que violan los derechos humanos", arengó el funcionario del Departamento de Estado apenas llegó a la cumbre.

 

 

Pocas horas después, en un reportaje que concedió a un medio televisivo argentino, el canciller Jorge Faurie respondió los gestos, también desde Lima. “Las elecciones del régimen de Maduro son amañadas en el colegio electoral que las ha convocado, con mecanismos que no tienen transparencia, con los líderes de la oposición presos y en el exilio. Estas elecciones son un fantasma de elecciones”, dijo el jefe del Palacio San Martín mientras Macri era recibido en el aeropuerto limeño junto a su esposa, Juliana Awada.

Cuando Macri hable ante el plenario de presidentes de la cumbre, este sábado por la mañana, cumplirá un papel clave, especialmente por la ausencia de Trump, que decidió pegar el faltazo al evento promovido por Washington. En su lugar, envió a su vicepresidente, Michael Pence, que se reunirá con el mandatario argentino antes de que concluya la cumbre. En medio de la renuncia del ex secretario de Estado Rex Tillerson y su reciente reemplazo por el ex titular de la CIA Mike Pompeo, el segundo de Trump es el principal interlocutor de la Casa Blanca con América del Sur.

 

 

El año pasado visitó Colombia, Panamá, Chile y Argentina, en una gira ensombrecida por las palabras de Trump, que dijo que no descartaba una opción militar para intervenir en Venezuela. Pence dedicó parte de esas visitas a escuchar a la negativa y la preocupación de los presidentes anfitriones ante las versiones que deslizó Trump, aunque el pedido general de la Casa Blanca gira en torno a la insistencia de “hacer más”. En aquel momento, fuentes de la Casa Rosada reconocieron a Letra P que Macri había analizado la posibilidad de expulsar al embajador venezolano en Buenos Aires, aunque había sido descartada. Este viernes, la opción volvió a resonar en Lima, aunque Faurie las negó. “No ha sido planteado sacar al embajador”, dijo Faurie, aunque la opción no es aplicada porque entorpecería la ayuda del gobierno argentino a los ciudadanos venezolanos que se radican en el país.

Para la Casa Rosada, la alocución que ofrezca Macri será el cierre de una semana dedicada a las relaciones internacionales, que arrancó con la visita de Estado del jefe del Gobierno español, Mariano Rajoy, que, además de elogiar al gobierno argentino, prometió en boca de los 70 empresarios ibéricos de su comitiva nuevas inversiones que ninguno de los dos gobiernos pudo precisar. Antes de partir, sin la dureza que reclama Washington, el líder del Partido Popular reclamó elecciones libres en Venezuela.

 

 

Sin embargo, la agenda de esta semana no tiene el brillo ni las expectativas que generó Macri en el comienzo de su mandato en la agenda internacional, aunque en su entorno confían en que se trata de una escala previa al epicentro de este año para la Casa Rosada: la cumbre del G-20 en Buenos Aires que se realizará a fines de noviembre. Aun así, la apertura con el mundo que promueve Macri se choca con el cierre de los mercados de sus interlocutores y aliados, por el incremento de barreras proteccionistas que reducen el viento de cola, y dejan en evidencia las dificultades crecientes de la economía doméstica. En ese contexto, las señales de este viernes entre Washington y Buenos Aires confirman que Macri buscará equilibrar las dificultades económicas con los gestos políticos que reclama el Salón Oval.