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Manguel desmantela un museo para alojar proyectos fantasma y juegos infantiles

El director del organismo ordenó cerrar el Museo del Libro para instalar servidores informáticos y programas que todavía no existen. Los trabajadores denuncian despidos.
Pablo Alonso 13/04/2018 13:44

El director de la Biblioteca Nacional, Alberto Manguel, quedó esta semana envuelto en una nueva polémica por la decisión de "optimizar" el funcionamiento del Museo del Libro y de la Lengua, un organismo creado en 2011 bajo la gestión de Horacio González.

Según el escritor y funcionario PRO, la necesidad de cambios en el organismo responde a que el edificio, construido especialmente por Clorindo Testa para alojar el museo, "no se presta adecuadamente para realizar muestras temporales" como las que se realizaron en los últimos años en el inmueble de la avenida Las Heras.

Por eso, tiene la intención de hacer una muestra permanente en el primer piso del organismo desarrollada por el director de investigaciones, Javier Planas, y "cuatro de las personas que realizaban tareas en el Museo", según la comunicación oficial conocida en los últimos días con la que busca disipar los rumores de vaciamiento.

Lo cierto es que la junta interna de ATE denunció que ninguno de los 15 empleados del museo fue notificado sobre cuál será su destino, a lo que se suma el envío de la menos una docena de telegramas de despido a empleados de diferentes sectores de la Biblioteca.

 

 

Según el plan oficial, en el subsuelo del museo, donde hay una sala de conferencias y una de exposiciones, va a funcionar una de recreación literaria infantil que se crearía para que la maneje el gremio UPCN y, en el primer piso, se instalaría un Centro de Documentación de los Pueblos Originarios que no existe en el organigrama ni tiene funcionamiento en el ámbito de la Biblioteca.

Bajo el decoroso nombre de sala de informática, el segundo piso dejará de ser parte de los espacios de acceso público para servir ahora de alojamiento para los servidores de almacenamiento de archivos del organismo bicentenario.

Pese a que la comunicación oficial resalta que los cambios apuntan a "darle el prestigio y las funciones esenciales que merece" el museo, las salas de exposiciones pasarán de ocupar tres pisos a reducirse sólo a la planta baja.

RUIDO PERMANENTE. La gestión de Manguel al frente de la Biblioteca Nacional arrancó con el pie izquierdo. Primero, después de aceptar el cargo, pidió que congelaran su designación más de ocho meses hasta completar el dictado de seminarios en las universidades de Princeton y Columbia, Nueva York.

Pocos días antes de asumir, más de 200 trabajadores fueron despedidos, lo que provocó un grave conflicto dentro de la Biblioteca que se saldó con la reincorporación de algunos empleados.

El reconocido escritor quedó envuelto en un escándalo cuando Letra P dio a conocer que, durante sus primeros cinco meses como funcionario, la Biblioteca Nacional había desembolsado más de 400 mil pesos para fondear sus conferencias alrededor del mundo.

La polémica no le cambió los hábitos, pero sí las mañas. Durante el año pasado, visitó Australia, México, España, Colombia y Estados Unidos y el jueves partió rumbo a Bogotá, aunque esta vez no se podrá seguir su itinerario ya que ordenó que sus giras no queden registradas en resoluciones oficiales.

Manguel desmantela un museo para alojar proyectos fantasma y juegos infantiles

El director del organismo ordenó cerrar el Museo del Libro para instalar servidores informáticos y programas que todavía no existen. Los trabajadores denuncian despidos.

El director de la Biblioteca Nacional, Alberto Manguel, quedó esta semana envuelto en una nueva polémica por la decisión de "optimizar" el funcionamiento del Museo del Libro y de la Lengua, un organismo creado en 2011 bajo la gestión de Horacio González.

Según el escritor y funcionario PRO, la necesidad de cambios en el organismo responde a que el edificio, construido especialmente por Clorindo Testa para alojar el museo, "no se presta adecuadamente para realizar muestras temporales" como las que se realizaron en los últimos años en el inmueble de la avenida Las Heras.

Por eso, tiene la intención de hacer una muestra permanente en el primer piso del organismo desarrollada por el director de investigaciones, Javier Planas, y "cuatro de las personas que realizaban tareas en el Museo", según la comunicación oficial conocida en los últimos días con la que busca disipar los rumores de vaciamiento.

Lo cierto es que la junta interna de ATE denunció que ninguno de los 15 empleados del museo fue notificado sobre cuál será su destino, a lo que se suma el envío de la menos una docena de telegramas de despido a empleados de diferentes sectores de la Biblioteca.

 

 

Según el plan oficial, en el subsuelo del museo, donde hay una sala de conferencias y una de exposiciones, va a funcionar una de recreación literaria infantil que se crearía para que la maneje el gremio UPCN y, en el primer piso, se instalaría un Centro de Documentación de los Pueblos Originarios que no existe en el organigrama ni tiene funcionamiento en el ámbito de la Biblioteca.

Bajo el decoroso nombre de sala de informática, el segundo piso dejará de ser parte de los espacios de acceso público para servir ahora de alojamiento para los servidores de almacenamiento de archivos del organismo bicentenario.

Pese a que la comunicación oficial resalta que los cambios apuntan a "darle el prestigio y las funciones esenciales que merece" el museo, las salas de exposiciones pasarán de ocupar tres pisos a reducirse sólo a la planta baja.

RUIDO PERMANENTE. La gestión de Manguel al frente de la Biblioteca Nacional arrancó con el pie izquierdo. Primero, después de aceptar el cargo, pidió que congelaran su designación más de ocho meses hasta completar el dictado de seminarios en las universidades de Princeton y Columbia, Nueva York.

Pocos días antes de asumir, más de 200 trabajadores fueron despedidos, lo que provocó un grave conflicto dentro de la Biblioteca que se saldó con la reincorporación de algunos empleados.

El reconocido escritor quedó envuelto en un escándalo cuando Letra P dio a conocer que, durante sus primeros cinco meses como funcionario, la Biblioteca Nacional había desembolsado más de 400 mil pesos para fondear sus conferencias alrededor del mundo.

La polémica no le cambió los hábitos, pero sí las mañas. Durante el año pasado, visitó Australia, México, España, Colombia y Estados Unidos y el jueves partió rumbo a Bogotá, aunque esta vez no se podrá seguir su itinerario ya que ordenó que sus giras no queden registradas en resoluciones oficiales.