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Enero anticipa las claves de la economía 2018

Las señales que marcan la cancha en la Argentina recalibrada. El gatillo de las paritarias. El ancla del déficit comercial. La timba, negocio top. Las tasas propias y el efecto de la suba en EE.UU.
Por 13/01/2018 9:57

Las perspectivas económicas para 2018 incluyen un crecimiento sostenido por encima del 3% del PBI, una inflación en baja, salarios y tipo de cambio creciendo a la par de esa inflación, un empeoramiento del ya abultado déficit comercial y un déficit financiero del sector público que mejora muy gradualmente. En este contexto, los sectores con mejores perspectivas son quienes hacen negocios especulativos en el sector financiero -en particular, con los instrumentos de deuda pública-, quienes invierten en bienes raíces y quienes se dedican a los sectores tradicionalmente competitivos (agroindustrial, minero, hidrocarburífero).

Enero es un mes clave: arrancar mal los primeros meses del año puede significar que, de entrada, las metas del Gobierno sean vistas como incumplibles.

 

 

INFLACIÓN Y PARITARIAS. 2017 terminó con el anuncio de nuevas metas de inflación (ahora, se apunta a 15% para 2018) que reflejaron una puja política en el Gobierno. Cambiemos insistió, desde la campaña, en que la única causa de la suba de precios era la emisión monetaria y, por ello, el Banco Centra iba a implementar la política antiinflacionaria. 2016 demostró que había otros factores actuando en el corto plazo (por ejemplo, tarifas de servicios públicos y devaluación del dólar). 2017 confirmó que la restrictiva política monetaria no alcanzaba para bajar la inflación tan rápido como esperaba el Gobierno. En ese contexto, el BCRA enfrentaba problemas para mantener su intransigente política antiinflacionaria por el costo político que implicaba, al contraer el consumo y la inversión y atraer masivamente capitales especulativos. Más allá del Central, el resto del equipo económico pretendía suavizar estos problemas, aunque eso implicara que la inflación se redujera más gradualmente.

La relajación de las metas implicó inmediatamente una suba de las expectativas de inflación, ya que el mercado interpretó que el BCRA moderaría esa férrea política antiinflacionaria y bajaría sus tasas de interés. Sin embargo, la reducción de esas tasas que dispuso el BCRA el martes 9 de enero fue moderada en relación a lo que esperaba el mercado. En ese sentido, existe ahora una expectativa de inflación superior a la que había antes del cambio de metas; pero que aún no se alejó tanto como muchos/as analistas concluyeron inicialmente. Si el Banco Central logra que este gradualismo en la baja de tasas no impacte demasiado en una suba de las expectativas de precios y, con ello, de las negociaciones salariales en paritarias o de la devaluación del dólar, entonces podrá ir ejerciendo una política monetaria contractiva que impida que la inflación de 2018 se aleje demasiado de las metas. Eso implica, sin embargo, que demuestre lo que hoy está en duda: que mantiene el poder de decisión pleno para ajustar las clavijas si cree que los precios se alejan de su sendero deseado de reducción gradual.

 

 

Sin embargo, la publicación por parte del INDEC de los datos finales para 2017 de inflación no ayuda. La suba de precios en todo el año fue de 24,8%, casi ocho puntos porcentuales por encima del techo de la meta oficial (que iba entre 12% y 17%). Esto es una mejora notable respecto del 40% del año previo, sobre todo si se considera que en 2017 se actualizaron abruptamente las retrasadas tarifas de servicios públicos y se dejó flotar el tipo de cambio con pocas intervenciones del BCRA.

Esto implica, en principio, que el Central no debería relajar más la política monetaria hasta encauzar la dinámica de precios hacia su meta de inflación para 2018. Para esto, la fecha clave es el 23 de enero, cuando el BCRA vuelva a señalar tasas: si se reducen (como el 9 de enero), no cabrán dudas de que la inflación de 2018 tampoco será la que se estableció en las metas.

Enero tendrá una inflación más moderada que diciembre, dependiendo de los vaivenes del dólar. El aumento de las naftas que se esperaba para este mes había sido pospuesto por pedido político del Gobierno, aunque este sábado la petrolera Oil aumentó 6% sus precios y se espera el efecto dominó. A partir de febrero aumentarán los transportes públicos, los útiles y ropa para la escuela y seguramente haya presiones para subir tanto de las empresas de salud privadas como de las naftas. El Gobierno intentará manejar estas subas para llegar a abril con una inflación relativamente baja: en ese mes, sufrirá el aumento de transporte público y agua.

 

 

En paralelo, enero también es clave para las negociaciones paritarias de 2018. En primer lugar, porque la credibilidad de la meta de inflación es un parámetro clave para sentarse a negociar. A eso apuestan tanto el Gobierno como las empresas: para ellos, arrancar la negociación en torno al 15% de meta ya sería un buen punto de partida; pero, si esa meta es poco creíble, difícilmente puedan hacerlo.

Pero, además, con la confirmación del 24,8% de inflación de 2017, empiezan a dispararse las cláusulas gatillo incluidas en algunas negociaciones paritarias del año pasado. Si las inflaciones de enero y febrero son altas también, pueden gatillarse varias cláusulas más, significando una recomposición salarial muy necesaria para los/as trabajadores/as de esos sectores. Por eso, el Gobierno intenta posponer algunos aumentos (como los de las naftas) para cuando las cláusulas gatillo ya hayan vencido, de forma de evitar esas recomposiciones en los salarios y, por ende, un piso mayor para las negociaciones de 2018.

 

 

EL CONTEXTO FINANCIERO MUNDIAL. La perspectiva de que Estados Unidos incremente sus tasas de interés es tan generalizada, que el propio gobierno argentino se aseguró de emitir lo antes posible la mayor parte de la deuda que iba a tomar en todo el año, aprovechando las menores tasas de hoy. En su última reunión de 2017, todos los miembros del comité responsable de proyectar las tasas de interés en Estados Unidos estuvieron de acuerdo en que debían subir durante 2018. La única discusión era si debían subirla en dos, tres o cuatro etapas a lo largo del año.

La cuestión, entonces, es cuándo van a subir las tasas de interés. Eso dependerá de la evolución de la inflación y del empleo, que, por ahora, se mantienen bastante estables. La inflación se anunció el viernes 12 de enero: 2,1% interanual, sin grandes cambios respecto de cómo venía. El 17 de enero se anunciará la producción industrial, que anticipa el dato de empleo que se dará a conocer el 2 de febrero. Para ese entonces, estará además finalizando su mandato la directora de la Fed, Janet Yellen. Su reemplazo propuesto, Jerome Powell, mantendría el curso actual de la política monetaria.

Así, el escenario de suba de tasas de interés mundiales implica una menor afluencia de capitales a Argentina y encarece colocar nueva deuda externa.

En contrapartida, entre marzo y junio de 2018 finalmente se elevará la calificación de los mercados financieros argentinos, lo cual implicará un ingreso significativo de dinero para colocarse en activos nacionales (títulos de deuda públicos, acciones, etc.). El ingreso de estos capitales extranjeros nuevamente contribuirá a abaratar la cotización del dólar, ayudando a reducir presiones inflacionarias.

 

 

DÓLAR, DÉFICIT COMERCIAL Y CRECIMIENTO ECONÓMICO. Otras variables clave comienzan a jugarse en enero, aunque sus puntos álgidos vayan a ser más adelante en el año.

En primer lugar, el dólar. Si bien los últimos años mostraron eneros muy movidos en materia cambiaria (con las devaluaciones de enero de 2014 y diciembre de 2015), este enero muestra un dólar ya acostumbrado a las fluctuaciones propias de un precio liberado. Más allá de esos vaivenes, el tipo de cambio debería subir a lo largo del año a la par del resto de los precios de la economía. El poder de fuego del BCRA, que acumula reservas internacionales históricamente altas (como contrapartida de la masiva colocación de nueva deuda pública y el ingreso de capitales especulativos extranjeros), es suficiente para contener cualquier disparada que pueda tener el dólar, si así lo deseara.

En segundo término, el intercambio comercial. El 23 de enero, el INDEC publicará su informe correspondiente a diciembre de 2017, que permitirá tener el dato preciso del abultado déficit comercial con el cual cerró el año pasado. El Gobierno prevé un aumento significativo de las exportaciones en 2018. Pero, con un tipo de cambio estable en términos reales y sin políticas de relevancia que fomenten el aumento de la productividad, la apuesta pasa por unos pocos sectores que puedan explotar, como el hidrocarburífero, si se logra producir más en Vaca Muerta, por ejemplo.

 

 

Mientras tanto, las importaciones seguirán creciendo. Para 2017, en el Presupuesto Nacional el Gobierno estimaba un déficit comercial de 1.866 millones de dólares; terminará siendo, en realidad, de casi 9.000 millones de dólares. Esto deja vetusta también la previsión que hizo en septiembre el Gobierno para 2018. Seguir la evolución de este déficit en los primeros meses del año -en particular, de las exportaciones del complejo sojero a partir de marzo-abril- dará la pauta de cuánto pueda acumular a fin de año.

Finalmente, la publicación del Estimador Mensual de la Actividad Económica del INDEC, el próximo 24 de enero, que brindará datos sobre el crecimiento económico hasta noviembre de 2017. Aún habrá que esperar para tener los datos completos de 2017, pero la actualización a noviembre dará una buena pauta del crecimiento a fin de año: la comparación con noviembre de 2016 (cuando comenzó la recuperación tras la recesión de ese año) permitirá entender cuántos bríos tiene el crecimiento y si se llegará al crecimiento del 3% para 2017 –además, si entonces se debe pagar más por la deuda pública atada a cumplir esas metas de crecimiento del PBI. Si el crecimiento en noviembre de 2017 es moderado, será difícil llegar a crecer el 3% acumulado en el año. Si el crecimiento es más alto de lo esperado, implica también un arrastre más relevante para 2018, cuando el Gobierno espera crecer 3,5%.

 

* El autor es director de EPyCA Consultores. En Twitter: @martinkalos.

Enero anticipa las claves de la economía 2018

Las señales que marcan la cancha en la Argentina recalibrada. El gatillo de las paritarias. El ancla del déficit comercial. La timba, negocio top. Las tasas propias y el efecto de la suba en EE.UU.

Las perspectivas económicas para 2018 incluyen un crecimiento sostenido por encima del 3% del PBI, una inflación en baja, salarios y tipo de cambio creciendo a la par de esa inflación, un empeoramiento del ya abultado déficit comercial y un déficit financiero del sector público que mejora muy gradualmente. En este contexto, los sectores con mejores perspectivas son quienes hacen negocios especulativos en el sector financiero -en particular, con los instrumentos de deuda pública-, quienes invierten en bienes raíces y quienes se dedican a los sectores tradicionalmente competitivos (agroindustrial, minero, hidrocarburífero).

Enero es un mes clave: arrancar mal los primeros meses del año puede significar que, de entrada, las metas del Gobierno sean vistas como incumplibles.

 

 

INFLACIÓN Y PARITARIAS. 2017 terminó con el anuncio de nuevas metas de inflación (ahora, se apunta a 15% para 2018) que reflejaron una puja política en el Gobierno. Cambiemos insistió, desde la campaña, en que la única causa de la suba de precios era la emisión monetaria y, por ello, el Banco Centra iba a implementar la política antiinflacionaria. 2016 demostró que había otros factores actuando en el corto plazo (por ejemplo, tarifas de servicios públicos y devaluación del dólar). 2017 confirmó que la restrictiva política monetaria no alcanzaba para bajar la inflación tan rápido como esperaba el Gobierno. En ese contexto, el BCRA enfrentaba problemas para mantener su intransigente política antiinflacionaria por el costo político que implicaba, al contraer el consumo y la inversión y atraer masivamente capitales especulativos. Más allá del Central, el resto del equipo económico pretendía suavizar estos problemas, aunque eso implicara que la inflación se redujera más gradualmente.

La relajación de las metas implicó inmediatamente una suba de las expectativas de inflación, ya que el mercado interpretó que el BCRA moderaría esa férrea política antiinflacionaria y bajaría sus tasas de interés. Sin embargo, la reducción de esas tasas que dispuso el BCRA el martes 9 de enero fue moderada en relación a lo que esperaba el mercado. En ese sentido, existe ahora una expectativa de inflación superior a la que había antes del cambio de metas; pero que aún no se alejó tanto como muchos/as analistas concluyeron inicialmente. Si el Banco Central logra que este gradualismo en la baja de tasas no impacte demasiado en una suba de las expectativas de precios y, con ello, de las negociaciones salariales en paritarias o de la devaluación del dólar, entonces podrá ir ejerciendo una política monetaria contractiva que impida que la inflación de 2018 se aleje demasiado de las metas. Eso implica, sin embargo, que demuestre lo que hoy está en duda: que mantiene el poder de decisión pleno para ajustar las clavijas si cree que los precios se alejan de su sendero deseado de reducción gradual.

 

 

Sin embargo, la publicación por parte del INDEC de los datos finales para 2017 de inflación no ayuda. La suba de precios en todo el año fue de 24,8%, casi ocho puntos porcentuales por encima del techo de la meta oficial (que iba entre 12% y 17%). Esto es una mejora notable respecto del 40% del año previo, sobre todo si se considera que en 2017 se actualizaron abruptamente las retrasadas tarifas de servicios públicos y se dejó flotar el tipo de cambio con pocas intervenciones del BCRA.

Esto implica, en principio, que el Central no debería relajar más la política monetaria hasta encauzar la dinámica de precios hacia su meta de inflación para 2018. Para esto, la fecha clave es el 23 de enero, cuando el BCRA vuelva a señalar tasas: si se reducen (como el 9 de enero), no cabrán dudas de que la inflación de 2018 tampoco será la que se estableció en las metas.

Enero tendrá una inflación más moderada que diciembre, dependiendo de los vaivenes del dólar. El aumento de las naftas que se esperaba para este mes había sido pospuesto por pedido político del Gobierno, aunque este sábado la petrolera Oil aumentó 6% sus precios y se espera el efecto dominó. A partir de febrero aumentarán los transportes públicos, los útiles y ropa para la escuela y seguramente haya presiones para subir tanto de las empresas de salud privadas como de las naftas. El Gobierno intentará manejar estas subas para llegar a abril con una inflación relativamente baja: en ese mes, sufrirá el aumento de transporte público y agua.

 

 

En paralelo, enero también es clave para las negociaciones paritarias de 2018. En primer lugar, porque la credibilidad de la meta de inflación es un parámetro clave para sentarse a negociar. A eso apuestan tanto el Gobierno como las empresas: para ellos, arrancar la negociación en torno al 15% de meta ya sería un buen punto de partida; pero, si esa meta es poco creíble, difícilmente puedan hacerlo.

Pero, además, con la confirmación del 24,8% de inflación de 2017, empiezan a dispararse las cláusulas gatillo incluidas en algunas negociaciones paritarias del año pasado. Si las inflaciones de enero y febrero son altas también, pueden gatillarse varias cláusulas más, significando una recomposición salarial muy necesaria para los/as trabajadores/as de esos sectores. Por eso, el Gobierno intenta posponer algunos aumentos (como los de las naftas) para cuando las cláusulas gatillo ya hayan vencido, de forma de evitar esas recomposiciones en los salarios y, por ende, un piso mayor para las negociaciones de 2018.

 

 

EL CONTEXTO FINANCIERO MUNDIAL. La perspectiva de que Estados Unidos incremente sus tasas de interés es tan generalizada, que el propio gobierno argentino se aseguró de emitir lo antes posible la mayor parte de la deuda que iba a tomar en todo el año, aprovechando las menores tasas de hoy. En su última reunión de 2017, todos los miembros del comité responsable de proyectar las tasas de interés en Estados Unidos estuvieron de acuerdo en que debían subir durante 2018. La única discusión era si debían subirla en dos, tres o cuatro etapas a lo largo del año.

La cuestión, entonces, es cuándo van a subir las tasas de interés. Eso dependerá de la evolución de la inflación y del empleo, que, por ahora, se mantienen bastante estables. La inflación se anunció el viernes 12 de enero: 2,1% interanual, sin grandes cambios respecto de cómo venía. El 17 de enero se anunciará la producción industrial, que anticipa el dato de empleo que se dará a conocer el 2 de febrero. Para ese entonces, estará además finalizando su mandato la directora de la Fed, Janet Yellen. Su reemplazo propuesto, Jerome Powell, mantendría el curso actual de la política monetaria.

Así, el escenario de suba de tasas de interés mundiales implica una menor afluencia de capitales a Argentina y encarece colocar nueva deuda externa.

En contrapartida, entre marzo y junio de 2018 finalmente se elevará la calificación de los mercados financieros argentinos, lo cual implicará un ingreso significativo de dinero para colocarse en activos nacionales (títulos de deuda públicos, acciones, etc.). El ingreso de estos capitales extranjeros nuevamente contribuirá a abaratar la cotización del dólar, ayudando a reducir presiones inflacionarias.

 

 

DÓLAR, DÉFICIT COMERCIAL Y CRECIMIENTO ECONÓMICO. Otras variables clave comienzan a jugarse en enero, aunque sus puntos álgidos vayan a ser más adelante en el año.

En primer lugar, el dólar. Si bien los últimos años mostraron eneros muy movidos en materia cambiaria (con las devaluaciones de enero de 2014 y diciembre de 2015), este enero muestra un dólar ya acostumbrado a las fluctuaciones propias de un precio liberado. Más allá de esos vaivenes, el tipo de cambio debería subir a lo largo del año a la par del resto de los precios de la economía. El poder de fuego del BCRA, que acumula reservas internacionales históricamente altas (como contrapartida de la masiva colocación de nueva deuda pública y el ingreso de capitales especulativos extranjeros), es suficiente para contener cualquier disparada que pueda tener el dólar, si así lo deseara.

En segundo término, el intercambio comercial. El 23 de enero, el INDEC publicará su informe correspondiente a diciembre de 2017, que permitirá tener el dato preciso del abultado déficit comercial con el cual cerró el año pasado. El Gobierno prevé un aumento significativo de las exportaciones en 2018. Pero, con un tipo de cambio estable en términos reales y sin políticas de relevancia que fomenten el aumento de la productividad, la apuesta pasa por unos pocos sectores que puedan explotar, como el hidrocarburífero, si se logra producir más en Vaca Muerta, por ejemplo.

 

 

Mientras tanto, las importaciones seguirán creciendo. Para 2017, en el Presupuesto Nacional el Gobierno estimaba un déficit comercial de 1.866 millones de dólares; terminará siendo, en realidad, de casi 9.000 millones de dólares. Esto deja vetusta también la previsión que hizo en septiembre el Gobierno para 2018. Seguir la evolución de este déficit en los primeros meses del año -en particular, de las exportaciones del complejo sojero a partir de marzo-abril- dará la pauta de cuánto pueda acumular a fin de año.

Finalmente, la publicación del Estimador Mensual de la Actividad Económica del INDEC, el próximo 24 de enero, que brindará datos sobre el crecimiento económico hasta noviembre de 2017. Aún habrá que esperar para tener los datos completos de 2017, pero la actualización a noviembre dará una buena pauta del crecimiento a fin de año: la comparación con noviembre de 2016 (cuando comenzó la recuperación tras la recesión de ese año) permitirá entender cuántos bríos tiene el crecimiento y si se llegará al crecimiento del 3% para 2017 –además, si entonces se debe pagar más por la deuda pública atada a cumplir esas metas de crecimiento del PBI. Si el crecimiento en noviembre de 2017 es moderado, será difícil llegar a crecer el 3% acumulado en el año. Si el crecimiento es más alto de lo esperado, implica también un arrastre más relevante para 2018, cuando el Gobierno espera crecer 3,5%.

 

* El autor es director de EPyCA Consultores. En Twitter: @martinkalos.