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El juego de roles en el juego de la Oca

Avanzan y retroceden en un tira y afloje marcado por las paritarias 2018 y embarrado en carpetas y aprietes. Pablo, el fighter. La conexión Angelici. Halcones y palomas en la Rosada.
Por 11/01/2018 13:57
Se dobla pero no se rompe (del todo)

Como si fuera una guerra entre monstruos de varias cabezas, la puja entre el gobierno de Mauricio Macri y el portaviones de Hugo Moyano exhibe -cada día- movimientos simultáneos y contradictorios. En menos de 24 horas, el acercamiento por la inauguración de un sanatorio de alta complejidad tuvo su contracara en las dagas que la Unidad de Información Financiera difundió contra la familia del máximo líder del sindicalismo argentino en el último cuarto de siglo. Como desde hace más de dos años, no hay homogeneidad ni en la administración Cambiemos ni entre los herederos del jefe camionero: unos anuncian una pelea de fondo y otros buscan descomprimir. Son dos fuerzas que se necesitan, se desconfían y se pueden hacer daño.

Aún a los 74 años, con algunos reflejos menos, asociado en el futbol con el macrismo de Daniel Angelici y en la versión más conciliadora de su vida, Moyano padre sigue siendo un obstáculo para el proyecto modernizador que promociona el oficialismo de turno.

Con la convicción de que el presidente de Independiente hoy no encarna ni por asomo el poder que supo tener, la Casa Rosada le reclama gestos de adhesión impropios de su historia. Que se pronuncie a favor de la reforma laboral, que cierre paritarias a la baja, que fomente la productividad en los convenios y que haga callar a su hijo Pablo, el ala rebelde que el macrismo cree fuera de órbita. Moyano no cede a tanto, pero tampoco potencia a los sectores sindicales que buscan reeditar un MTA en las filas del sindicalismo. Se mueve en función de una negociación que parece, para todos, cada vez más difícil de sostener en el tiempo.

 

 

TAMBORES DE GUERRA. “Antes de que termine el año, va a haber un millón de personas puteándolos en la plaza y vamos a estar todos juntos de vuelta”. La frase que Hugo Moyano le dijo en los primeros días de enero a un sindicalista que alienta la confrontación de la CGT con el macrismo anticipa un escenario de mayor descontento social, con un gobierno que no acierta en el rumbo económico, profundiza la crisis y facilita la unidad de la oposición. Contrasta con otras del propio jefe camionero hacia el triunviro Juan Carlos Schmid, delegado del moyanismo en la mesa de conducción colegiada que en mayo puede llegar a su fin. También, por supuesto, con el tono de las conversaciones entre Moyano y el binguero Angelici, uno de los principales interlocutores nacionales del oficialismo ante el veterano dirigente sindical. Desde el macrismo lo admiten: Angelici y Moyano se unieron por el futbol pero hoy sus conversaciones no reconocen límites.

La sobrevida que el Enacom de Miguel De Godoy -con la venia de la AFIP de Alberto Abad- le extendió a OCA y la decisión de patear para adelante la reforma laboral descomprimieron en los últimos 20 días la relación con Moyano, en el marco de una renovada ofensiva contra las mafias sindicales que tiene eje en la provincia de Buenos Aires. Sin embargo, la presión que la UIF mete ahora sobre los movimientos de fondos y empresas ligadas al sindicato de Camioneros recuerda a lo que ya se vivió en 2011, cuando un exhorto de Suiza rondó su zona de influencia. La causa la tenía entonces Oyarbide, hoy la tiene Bonadío. Si los expedientes judiciales lo acosaran, ¿Moyano sería capaz de lanzar un paro nacional como hizo en ese momento?

 

 

EL FIGHTER. La postergación sin fecha de la reforma laboral sacó del centro un potencial foco de conflicto, pero abonó la distancia entre macrismo y moyanismo. Fue Pablo Moyano el que detonó el paquete legislativo cuando recordó la Banelco de la Alianza, sobre todo porque Miguel Ángel Pichetto no está dispuesto a quedar pegado a esos recuerdos. Como si fuera uno más, el jefe del bloque del PJ en el Senado llegó hasta una persona de máxima confianza de Moyano con la pregunta del millón: ¿Hugo no lo controla a Pablo?

El silencio del más combativo de los Moyano lleva casi un mes, una señal que en Casa Rosada consideran positiva. El 14 de diciembre pasado, cuando se frustró la sesión por la reforma previsional, Pablo y Hugo estaban festejando en Avellaneda la consagración de Independiente en el Maracaná por la Copa Sudamericana. Pablo, que había viajado a Río de Janeiro, emitió después un comunicado en apoyo al paro testimonial de la CGT y cerró el año en familia con una cena de Camioneros. Su perfil bajo coincidió con las horas en las que la administración Cambiemos decidió la prórroga de la licencia de OCA; que se prolongue en el tiempo no parece fácil.

 

 

De vacaciones en Miami con el equipo de hockey femenino, el hijo mayor fue el único ausente en la inauguración del ex sanatorio Antártida. Dieron el presente Facundo, Huguito -el abogado que cada día gana más peso- y Gerónimo, el hijo de Moyano con Liliana Zulet, eje renovado de las investigaciones contra el clan familiar por estar a cargo de empresas y fondos. Por indicación de su padre o por decisión propia, Pablo eligió no mostrarse cerca del Gobierno. “Es un fighter, no para. Pero le puede traer problemas a Hugo y puede terminar mal”, dicen en el macrismo.

Desde su lugar de descanso, el vicepresidente de Independiente chateó en las últimas horas con un sindicalista amigo, divertido con las teorías que se tejerían sobre su ausencia. Difícil que las noticias sobre Independiente y la UIF le causen gracia. Cerca de Moyano, no tienen duda: todo forma parte del apriete del gobierno de Cambiemos con un objetivo ahora de corto plazo: las paritarias, que Macri quiere cerrar en torno al 15% para favorecer la nueva meta de Federico Sturzenegger.

Las especulaciones sobre el vínculo entre padre e hijo se repiten en el Gobierno y en el sindicalismo y hasta circulan últimamente anécdotas de discusiones y celos. Están en lugares y momentos distintos: uno en retirada y otro en busca de emular al padre. Pero que se divorcien, como fantasean algunos en el oficialismo, sería contranatura.

 

 

HALCONES Y PALOMAS. Está dicho: el Presidente se cansó del doble juego sindical que su equipo también ensaya, a través de distintas ventanillas. Cerca de Triaca, admiten que el timing de la confrontación cambia día a día. Mientras el ala política de Rogelio Frigerio escucha a Pichetto y pide no incentivar conflictos en el verano con la reforma laboral, el ala de la transparencia selectiva que habita en Cambiemos quiere meter presos a todos los sindicalistas que se pueda.

Conocidos los datos que la UIF de Mariano Federici le entregó al juez Claudio Bonadio, los voceros amarillos dicen que Macri no envió a Triaca al acto en Caballito. La desmentida la dio el propio ministro en el acto, cuando dijo: “Les traslado el saludo del Presidente. Hablé con él a la mañana y pidió seguir con esta conducta de salir de las discusiones en las que nos quedamos entrampados”.

Triaca habla en forma permanente con Macri por teléfono y vía WhatsApp y hasta postergó sus vacaciones. El Presidente se contactó con él alrededor de las 12 de la noche del lunes para conocer pormenores del proyecto flexibilizador. Y volvieron a comunicarse antes de que el ministro asistiera al acto de Camioneros como parte de la estrategia oficial de tira y afloje.

Interlocutor habitual en la Ciudad, Diego Santilli también estuvo en nombre del Gobierno porteño. El vicejefe de Gobierno dejó de ser el nexo principal con Moyano: ahora la relación pasa por Triaca y por Angelici.

 

Puente. Moyano y Angelici.

 

En la Casa Rosada, sueñan con un sindicato que reedite a nivel nacional convenios como los que aprobó en tiempos de Macri intendente, cuando aceptó aumentar la cantidad de litros que recoge cada camión de basura de 180 mil a 320 mil kilos por día y con un operario menos por recorrido.

Desde el Ministerio de Trabajo, por ahora, valoran algunos cambios que -según dicen- convalidó el gremio en materia de logística para la actividad de OCA y que pueden ser la base de la transformación mayor que pretende el gobierno en el convenio de Camioneros.

En el Correo privado, todos reconocen que fue Mario Quintana uno de los más involucrados para llegar a un acuerdo, que le de una salida al jefe camionero en una compañía que tiene 7 mil empleados. Camioneros quedó al frente después de que quedará desdibujado por completo Patricio Farcuh, el joven empresario que hasta hace no tanto solía exhibir una buena relación con los hermanos Rodríguez Larreta y con Gabriel Martino, sindicado como el banquero predilecto del Presidente. Entre sus últimos cartuchos públicos, Farcuh apuntó a Quintana, Franco Macri y Hector Colella, el amigo yabranesco del Papa Francisco: todos, según decía, querían arrebatarle la compañía que recibió en sintonía con Moyano.

 

 

EL ESPANTO. Como sea, entre los frentes de tormenta que acechan a Moyano hay que sumar la causa judicial por lavado de dinero en Independiente y -ahora- la artillería de la UIF. El expediente que involucra al club de Avellaneda pasó a manos del juez federal de Lomas de Zamora, Luis Armella, al que se llegó a definir como el Bonadio bonaerense. Muy sensible a las pretensiones del poder político, fue apartado por la Corte Suprema en la causa de la limpieza del Riachuelo.

Aunque está demostrado que cualquier cosa puede pasar hoy en Tribunales, la causa que llevó a la cárcel a Pablo “Bebote” Álvarez no parece ser la más complicada. Mientras desde el club afirman que la cuenta en Liechtenstein fue creada en tiempos de Cantero, hay una pregunta que quema en el futbol: ¿Y si barrenando la ola de la transparencia alguien quisiera investigar también a Angelici en Boca, enemigo refrendado de Elisa Carrió por su acuerdo en la ciudad con Enrique Nosiglia?

Nadie la tiene fácil. Que Luis Barrionuevo sea el portavoz de la resistencia sindical delata las dificultades de la hora para enfrentar la selectiva lucha contra las mafias que emprende Cambiemos. Dicen en Casa Rosada que el movimiento de los trabajadores no es Moyano-céntrico. ¿Por qué entonces el gobierno de Macri necesita disciplinarlo, todavía más? Esa presión, que hoy tiene como objetivo de fondo la productividad y el techo a las paritarias, ¿no es riesgosa para el oficialismo? ¿No puede terminar en unir por espanto a las tribus que llevan años entre la división y la parálisis?

El juego de roles en el juego de la Oca

Avanzan y retroceden en un tira y afloje marcado por las paritarias 2018 y embarrado en carpetas y aprietes. Pablo, el fighter.  La conexión Angelici. Halcones y palomas en la Rosada.

Como si fuera una guerra entre monstruos de varias cabezas, la puja entre el gobierno de Mauricio Macri y el portaviones de Hugo Moyano exhibe -cada día- movimientos simultáneos y contradictorios. En menos de 24 horas, el acercamiento por la inauguración de un sanatorio de alta complejidad tuvo su contracara en las dagas que la Unidad de Información Financiera difundió contra la familia del máximo líder del sindicalismo argentino en el último cuarto de siglo. Como desde hace más de dos años, no hay homogeneidad ni en la administración Cambiemos ni entre los herederos del jefe camionero: unos anuncian una pelea de fondo y otros buscan descomprimir. Son dos fuerzas que se necesitan, se desconfían y se pueden hacer daño.

Aún a los 74 años, con algunos reflejos menos, asociado en el futbol con el macrismo de Daniel Angelici y en la versión más conciliadora de su vida, Moyano padre sigue siendo un obstáculo para el proyecto modernizador que promociona el oficialismo de turno.

Con la convicción de que el presidente de Independiente hoy no encarna ni por asomo el poder que supo tener, la Casa Rosada le reclama gestos de adhesión impropios de su historia. Que se pronuncie a favor de la reforma laboral, que cierre paritarias a la baja, que fomente la productividad en los convenios y que haga callar a su hijo Pablo, el ala rebelde que el macrismo cree fuera de órbita. Moyano no cede a tanto, pero tampoco potencia a los sectores sindicales que buscan reeditar un MTA en las filas del sindicalismo. Se mueve en función de una negociación que parece, para todos, cada vez más difícil de sostener en el tiempo.

 

 

TAMBORES DE GUERRA. “Antes de que termine el año, va a haber un millón de personas puteándolos en la plaza y vamos a estar todos juntos de vuelta”. La frase que Hugo Moyano le dijo en los primeros días de enero a un sindicalista que alienta la confrontación de la CGT con el macrismo anticipa un escenario de mayor descontento social, con un gobierno que no acierta en el rumbo económico, profundiza la crisis y facilita la unidad de la oposición. Contrasta con otras del propio jefe camionero hacia el triunviro Juan Carlos Schmid, delegado del moyanismo en la mesa de conducción colegiada que en mayo puede llegar a su fin. También, por supuesto, con el tono de las conversaciones entre Moyano y el binguero Angelici, uno de los principales interlocutores nacionales del oficialismo ante el veterano dirigente sindical. Desde el macrismo lo admiten: Angelici y Moyano se unieron por el futbol pero hoy sus conversaciones no reconocen límites.

La sobrevida que el Enacom de Miguel De Godoy -con la venia de la AFIP de Alberto Abad- le extendió a OCA y la decisión de patear para adelante la reforma laboral descomprimieron en los últimos 20 días la relación con Moyano, en el marco de una renovada ofensiva contra las mafias sindicales que tiene eje en la provincia de Buenos Aires. Sin embargo, la presión que la UIF mete ahora sobre los movimientos de fondos y empresas ligadas al sindicato de Camioneros recuerda a lo que ya se vivió en 2011, cuando un exhorto de Suiza rondó su zona de influencia. La causa la tenía entonces Oyarbide, hoy la tiene Bonadío. Si los expedientes judiciales lo acosaran, ¿Moyano sería capaz de lanzar un paro nacional como hizo en ese momento?

 

 

EL FIGHTER. La postergación sin fecha de la reforma laboral sacó del centro un potencial foco de conflicto, pero abonó la distancia entre macrismo y moyanismo. Fue Pablo Moyano el que detonó el paquete legislativo cuando recordó la Banelco de la Alianza, sobre todo porque Miguel Ángel Pichetto no está dispuesto a quedar pegado a esos recuerdos. Como si fuera uno más, el jefe del bloque del PJ en el Senado llegó hasta una persona de máxima confianza de Moyano con la pregunta del millón: ¿Hugo no lo controla a Pablo?

El silencio del más combativo de los Moyano lleva casi un mes, una señal que en Casa Rosada consideran positiva. El 14 de diciembre pasado, cuando se frustró la sesión por la reforma previsional, Pablo y Hugo estaban festejando en Avellaneda la consagración de Independiente en el Maracaná por la Copa Sudamericana. Pablo, que había viajado a Río de Janeiro, emitió después un comunicado en apoyo al paro testimonial de la CGT y cerró el año en familia con una cena de Camioneros. Su perfil bajo coincidió con las horas en las que la administración Cambiemos decidió la prórroga de la licencia de OCA; que se prolongue en el tiempo no parece fácil.

 

 

De vacaciones en Miami con el equipo de hockey femenino, el hijo mayor fue el único ausente en la inauguración del ex sanatorio Antártida. Dieron el presente Facundo, Huguito -el abogado que cada día gana más peso- y Gerónimo, el hijo de Moyano con Liliana Zulet, eje renovado de las investigaciones contra el clan familiar por estar a cargo de empresas y fondos. Por indicación de su padre o por decisión propia, Pablo eligió no mostrarse cerca del Gobierno. “Es un fighter, no para. Pero le puede traer problemas a Hugo y puede terminar mal”, dicen en el macrismo.

Desde su lugar de descanso, el vicepresidente de Independiente chateó en las últimas horas con un sindicalista amigo, divertido con las teorías que se tejerían sobre su ausencia. Difícil que las noticias sobre Independiente y la UIF le causen gracia. Cerca de Moyano, no tienen duda: todo forma parte del apriete del gobierno de Cambiemos con un objetivo ahora de corto plazo: las paritarias, que Macri quiere cerrar en torno al 15% para favorecer la nueva meta de Federico Sturzenegger.

Las especulaciones sobre el vínculo entre padre e hijo se repiten en el Gobierno y en el sindicalismo y hasta circulan últimamente anécdotas de discusiones y celos. Están en lugares y momentos distintos: uno en retirada y otro en busca de emular al padre. Pero que se divorcien, como fantasean algunos en el oficialismo, sería contranatura.

 

 

HALCONES Y PALOMAS. Está dicho: el Presidente se cansó del doble juego sindical que su equipo también ensaya, a través de distintas ventanillas. Cerca de Triaca, admiten que el timing de la confrontación cambia día a día. Mientras el ala política de Rogelio Frigerio escucha a Pichetto y pide no incentivar conflictos en el verano con la reforma laboral, el ala de la transparencia selectiva que habita en Cambiemos quiere meter presos a todos los sindicalistas que se pueda.

Conocidos los datos que la UIF de Mariano Federici le entregó al juez Claudio Bonadio, los voceros amarillos dicen que Macri no envió a Triaca al acto en Caballito. La desmentida la dio el propio ministro en el acto, cuando dijo: “Les traslado el saludo del Presidente. Hablé con él a la mañana y pidió seguir con esta conducta de salir de las discusiones en las que nos quedamos entrampados”.

Triaca habla en forma permanente con Macri por teléfono y vía WhatsApp y hasta postergó sus vacaciones. El Presidente se contactó con él alrededor de las 12 de la noche del lunes para conocer pormenores del proyecto flexibilizador. Y volvieron a comunicarse antes de que el ministro asistiera al acto de Camioneros como parte de la estrategia oficial de tira y afloje.

Interlocutor habitual en la Ciudad, Diego Santilli también estuvo en nombre del Gobierno porteño. El vicejefe de Gobierno dejó de ser el nexo principal con Moyano: ahora la relación pasa por Triaca y por Angelici.

 

Puente. Moyano y Angelici.

 

En la Casa Rosada, sueñan con un sindicato que reedite a nivel nacional convenios como los que aprobó en tiempos de Macri intendente, cuando aceptó aumentar la cantidad de litros que recoge cada camión de basura de 180 mil a 320 mil kilos por día y con un operario menos por recorrido.

Desde el Ministerio de Trabajo, por ahora, valoran algunos cambios que -según dicen- convalidó el gremio en materia de logística para la actividad de OCA y que pueden ser la base de la transformación mayor que pretende el gobierno en el convenio de Camioneros.

En el Correo privado, todos reconocen que fue Mario Quintana uno de los más involucrados para llegar a un acuerdo, que le de una salida al jefe camionero en una compañía que tiene 7 mil empleados. Camioneros quedó al frente después de que quedará desdibujado por completo Patricio Farcuh, el joven empresario que hasta hace no tanto solía exhibir una buena relación con los hermanos Rodríguez Larreta y con Gabriel Martino, sindicado como el banquero predilecto del Presidente. Entre sus últimos cartuchos públicos, Farcuh apuntó a Quintana, Franco Macri y Hector Colella, el amigo yabranesco del Papa Francisco: todos, según decía, querían arrebatarle la compañía que recibió en sintonía con Moyano.

 

 

EL ESPANTO. Como sea, entre los frentes de tormenta que acechan a Moyano hay que sumar la causa judicial por lavado de dinero en Independiente y -ahora- la artillería de la UIF. El expediente que involucra al club de Avellaneda pasó a manos del juez federal de Lomas de Zamora, Luis Armella, al que se llegó a definir como el Bonadio bonaerense. Muy sensible a las pretensiones del poder político, fue apartado por la Corte Suprema en la causa de la limpieza del Riachuelo.

Aunque está demostrado que cualquier cosa puede pasar hoy en Tribunales, la causa que llevó a la cárcel a Pablo “Bebote” Álvarez no parece ser la más complicada. Mientras desde el club afirman que la cuenta en Liechtenstein fue creada en tiempos de Cantero, hay una pregunta que quema en el futbol: ¿Y si barrenando la ola de la transparencia alguien quisiera investigar también a Angelici en Boca, enemigo refrendado de Elisa Carrió por su acuerdo en la ciudad con Enrique Nosiglia?

Nadie la tiene fácil. Que Luis Barrionuevo sea el portavoz de la resistencia sindical delata las dificultades de la hora para enfrentar la selectiva lucha contra las mafias que emprende Cambiemos. Dicen en Casa Rosada que el movimiento de los trabajadores no es Moyano-céntrico. ¿Por qué entonces el gobierno de Macri necesita disciplinarlo, todavía más? Esa presión, que hoy tiene como objetivo de fondo la productividad y el techo a las paritarias, ¿no es riesgosa para el oficialismo? ¿No puede terminar en unir por espanto a las tribus que llevan años entre la división y la parálisis?