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Seis presidenciales y un referéndum, la agenda electoral de la región en 2018

El calendario de este año incluye carreras por la presidencia en las dos grandes potencias, México y Brasil. También en la Venezuela chavista y la Colombia post acuerdo de Paz.
Por 10/01/2018 20:52

Cuestionada como siempre pero vigente como nunca, la democracia latinoamericana afrontará en este 2018 un extenso calendario electoral donde se destacan las presidenciales de México, Brasil, Venezuela, Colombia, Costa Rica y Paraguay y el plebiscito convocado en Ecuador. Con los matices particulares de cada país, el marco común es una profunda división política que se extiende a lo social y cultural y las denuncias de corrupción que abarcan prácticamente a toda la dirigencia, con Odebrecht como el caso estrella.

Por el peso específico que tiene como potencia regional y por la cercanía territorial, la de Brasil es la principal elección a ojos argentinos. La fecha estipulada es el domingo 7 de octubre (si hay segunda vuelta sería el 28 de ese mes) pero hay una fecha clave más cercana: el 24 de enero, un tribunal de Porto Alegre resolverá la apelación presentada por el ex presidente Ignacio “Lula” Da Silva a la condena que le impuso el juez Sergio Moro por un presunto delito de corrupción. Si la apelación es favorable, el centroizquierdista Lula, que encabeza todas las encuestas, podría volver a ocupar el Palacio de Planalto , pero, si se la rechazan, la ley brasileña llamada de “ficha limpia” le impide postularse (más allá de que tiene otra instancia de apelación superior) y podría apoyar al ex Gobernador de Bahía, Jaques Wagner. 

 

 

La alianza gobernante del PSD y PMBD liderada por el presidente interino Michel Temer no logra hasta ahora promover un candidato competitivo y el que aparece segundo en las encuestas es el ultraderechista Jair Bolsonaro, quien, si bien adhiere a las políticas económicas pro mercado, combina esa adhesión con propuestas valóricas de abierto rechazo a las minorías, promoción de la pena de muerte, exaltación de la última dictadura militar, etc. Todas propuestas rechazadas por la elite brasileña. La aparición de denuncias de corrupción contra Bolsonaro en los grandes medios puede que tenga que ver con ese rechazo.

La otra elección “premium” es la que se dará en México el domingo 1 de julio. Con la popularidad del presidente Enrique Peña Nieto por el suelo y envuelto en una crisis profunda que pone en duda hasta su legitimidad como Estado, el país azteca elegirá su nuevo mandatario mirando a su poderoso vecino del norte. La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca le da un matiz especial a esa inevitable relación con EE.UU.

Justamente quien aparece liderando las encuestas es Andrés Manuel López Obrador, a quien, en una definición rápida, podría ser etiquetado como un populista de izquierda. AMLO, como se lo conoce en México, va por la tercera postulación después de haber quedado muy cerca en las anteriores (con sospechas de fraude incluidas) y algunos analistas consideran que la hostilidad de Trump para con México lo ayudaría a que los mexicanos lo eligieran para llegar a Los Pinos dada su imagen de líder fuerte y combativo.

El oficialista PRI profundiza su giro hacia las políticas pro mercado que viene sosteniendo desde los 90 y eligió al secretario de Hacienda de Peña, José Antonio Meade, como el candidato a la sucesión. Un economista con perfil técnico distante de la tradicional dirigencia priista sospechada de corrupción, aunque viene ocupando cargos públicos desde 1991. El tercer candidato, producto de una curiosa alianza entre el centroderechista PAN y el centroizquierdista PRD, es Ricardo Anaya, en un país que no contempla el ballotage en su constitución.

A partir de la (difícil) implementación del acuerdo de paz con la guerrilla de las FARC en 2016, la elección presidencial de Colombia, el domingo 27 de mayo (segunda vuelta el 17 de junio), cobra especial relevancia y será ese acuerdo, probablemente, un elemento decisivo en la campaña. Sin reelección posible, el presidente Juan Manuel Santos apunta a que el tratado sobreviva a su mandato y mira con simpatías a candidatos que, aunque no se presentan como oficialistas, están a grandes trazos a favor de la paz. Ellos son Humberto de la Calle, jefe de la delegación oficial que negoció el acuerdo en La Habana; el ex alcalde de Medellín, Sergio Fajardo, y el ex alcalde de Bogotá, Gustavo Petro. Del otro lado se paran el “uriberista” Ivan Duque, la conservadora Lucía Ramírez y en el centro el ex vicepresidente de Santos Germán Vargas Llera. 

 

 

Las FARC, reconfiguradas ahora como partido político - Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común-  llevarían a su líder, Rodrigo Londoño “Timochenko”, como candidato, pero sus chances son escasas y su participación apunta más a fortalecer el proceso de paz que a competir. La representación parlamentaria en los próximos cinco años está garantizada por el acuerdo y no depende de los resultados de las elecciones.

Sin fecha cierta – se especula con una entre octubre y diciembre – la elección presidencial venezolana es políticamente otra de las más atractivas de la región. Apelando a su base militante, la división de la heterogénea alianza opositora y a la manipulación de los recursos del Estado (conformación del padrón, presión a empleados estatales, ¿fraude?, etc., etc.), el oficialismo logró escalar el año pasado una serie de tres triunfos en elecciones constituyentes, regionales y municipales con los que alejó el fantasma del triunfo opositor en las parlamentarias de 2015 y las protestas callejeras de comienzos de 2017.

Tras llevar adelante una purga de directivos de la estatal petrolera PDVSA, el presidente Nicolás Maduro parece no tener rivales de fuste dentro del oficialismo y aspiraría a su reelección. Es clave que consolide el respaldo de las Fuerzas Armadas, donde talla el otro hombre fuerte del chavismo, Diosdado Cabello, que siempre tuvo sus propias aspiraciones.

En la opositora Mesa de Unidad Democrática las cosas no están tan claras. Los dos principales líderes, Leopoldo López y Henrique Capriles, están formalmente imposibilitados de presentarse por recursos judiciales impuestos por el gobierno y quienes aparecen en segunda línea, como Henry Ramos Allup y Henri Falcon, no tienen el mismo nivel de adhesión ni capacidad de unificar el voto opositor.

De todos modos, la participación opositora en la elección está sujeta a varios vaivenes entre los que se destacan las conversaciones que se vienen llevando adelante en República Dominicana con el auspicio de ex mandatarios de la región y España. No toda la oposición acuerda con esas charlas y los que participan tampoco confían ciertamente en que se llegue a un acuerdo final que permita un proceso eleccionario con cierto grado de consenso.

Paraguay es el otro país sudamericano que celebra elecciones, aunque el previsible triunfo del oficialista Partido Colorado le quita atractivo a la compulsa que se va a llevar adelante el domingo 22 de abril. En ese marco, algunos observadores consideran que la verdadera pelea se dio el pasado 17 de diciembre en la interna colorada, donde finalmente triunfó el “opositor” Mario Abdo Benítez frente al ex secretario de Hacienda del presidente Horacio Cartes, Santiago Peña.

 

 

Benítez representa al ala tradicional de los colorados - es hijo de un ex secretario del dictador Alfredo Stroessner – y enfrentará a la recreación de la alianza entre liberales e izquierdistas que en 2008 derrotó a los colorados y llevó al ex sacerdote Fernando Lugo al Palacio de los López. Como en 2013, será otra vez el liberal radical Efraín Alegre el candidato a presidente, aunque esta vez lo acompañará el periodista Leo Rubin del “luguista” Frente Guazú.

Con una economía ordenada en lo macro y en alza, el desafío una vez más en Paraguay son las graves carencias que sufre la población de menos recursos y las dificultades del Estado para brindar servicios básicos de calidad y aumentar la recaudación impositiva.

En Ecuador, en tanto, no habrá elecciones presidenciales, pero sí un referéndum el 4 de febrero próximo que será clave para la gobernabilidad del actual mandatario, Lenin Moreno. Aunque hay preguntas referidas a aumentar las penas por delitos sexuales y restringir la minería extractiva, los puntos principales están referidos a limitar la reelección presidencial buscando evitar una nueva postulación del ex presidente Rafael Correa, ex aliado de Moreno y hoy fuertemente enfrentado.

Aunque luego hay instancias judiciales para apelar, la derrota en el referéndum sería un duro golpe para Correa y una especie de reválida para Moreno, quien llegó al Palacio de Carondelet apoyado por el ex presidente. De darse el resultado inverso, podría desatarse una crisis política de proporciones en un país donde la figura de Correa lo único que no genera es indiferencia.

En tanto, el mismo día habrá elecciones presidenciales en Costa Rica. Los favoritos al momento son Antonio Álvarez Desanti, del tradicional partido Liberación Nacional; Juan Diego Castro, del Partido Integración Nacional, y Rodolfo Piza, del Partido Unidad Social Cristiana, estos últimos, de centroderecha. El oficialista Carlos Alvarado, del centroizquierdista Partido Acción Ciudadana, marcha de cuarto en las encuestas. El alto porcentaje de indecisos, motivado entre otros puntos por extensivas denuncias de corrupción, prácticamente garantizan una segunda vuelta, la que tendría lugar el primer domingo de abril.

Finalmente, también Cuba, con su particular sistema de elección, tendrá recambio presidencial. Raúl Castro anunció que se retira el 19 de abril próximo y su actual vicepresidente, Miguel Díaz Cane, es el favorito a sucederlo.

Seis presidenciales y un referéndum, la agenda electoral de la región en 2018

El calendario de este año incluye carreras por la presidencia en las dos grandes potencias, México y Brasil. También en la Venezuela chavista y la Colombia post acuerdo de Paz. 

Cuestionada como siempre pero vigente como nunca, la democracia latinoamericana afrontará en este 2018 un extenso calendario electoral donde se destacan las presidenciales de México, Brasil, Venezuela, Colombia, Costa Rica y Paraguay y el plebiscito convocado en Ecuador. Con los matices particulares de cada país, el marco común es una profunda división política que se extiende a lo social y cultural y las denuncias de corrupción que abarcan prácticamente a toda la dirigencia, con Odebrecht como el caso estrella.

Por el peso específico que tiene como potencia regional y por la cercanía territorial, la de Brasil es la principal elección a ojos argentinos. La fecha estipulada es el domingo 7 de octubre (si hay segunda vuelta sería el 28 de ese mes) pero hay una fecha clave más cercana: el 24 de enero, un tribunal de Porto Alegre resolverá la apelación presentada por el ex presidente Ignacio “Lula” Da Silva a la condena que le impuso el juez Sergio Moro por un presunto delito de corrupción. Si la apelación es favorable, el centroizquierdista Lula, que encabeza todas las encuestas, podría volver a ocupar el Palacio de Planalto , pero, si se la rechazan, la ley brasileña llamada de “ficha limpia” le impide postularse (más allá de que tiene otra instancia de apelación superior) y podría apoyar al ex Gobernador de Bahía, Jaques Wagner. 

 

 

La alianza gobernante del PSD y PMBD liderada por el presidente interino Michel Temer no logra hasta ahora promover un candidato competitivo y el que aparece segundo en las encuestas es el ultraderechista Jair Bolsonaro, quien, si bien adhiere a las políticas económicas pro mercado, combina esa adhesión con propuestas valóricas de abierto rechazo a las minorías, promoción de la pena de muerte, exaltación de la última dictadura militar, etc. Todas propuestas rechazadas por la elite brasileña. La aparición de denuncias de corrupción contra Bolsonaro en los grandes medios puede que tenga que ver con ese rechazo.

La otra elección “premium” es la que se dará en México el domingo 1 de julio. Con la popularidad del presidente Enrique Peña Nieto por el suelo y envuelto en una crisis profunda que pone en duda hasta su legitimidad como Estado, el país azteca elegirá su nuevo mandatario mirando a su poderoso vecino del norte. La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca le da un matiz especial a esa inevitable relación con EE.UU.

Justamente quien aparece liderando las encuestas es Andrés Manuel López Obrador, a quien, en una definición rápida, podría ser etiquetado como un populista de izquierda. AMLO, como se lo conoce en México, va por la tercera postulación después de haber quedado muy cerca en las anteriores (con sospechas de fraude incluidas) y algunos analistas consideran que la hostilidad de Trump para con México lo ayudaría a que los mexicanos lo eligieran para llegar a Los Pinos dada su imagen de líder fuerte y combativo.

El oficialista PRI profundiza su giro hacia las políticas pro mercado que viene sosteniendo desde los 90 y eligió al secretario de Hacienda de Peña, José Antonio Meade, como el candidato a la sucesión. Un economista con perfil técnico distante de la tradicional dirigencia priista sospechada de corrupción, aunque viene ocupando cargos públicos desde 1991. El tercer candidato, producto de una curiosa alianza entre el centroderechista PAN y el centroizquierdista PRD, es Ricardo Anaya, en un país que no contempla el ballotage en su constitución.

A partir de la (difícil) implementación del acuerdo de paz con la guerrilla de las FARC en 2016, la elección presidencial de Colombia, el domingo 27 de mayo (segunda vuelta el 17 de junio), cobra especial relevancia y será ese acuerdo, probablemente, un elemento decisivo en la campaña. Sin reelección posible, el presidente Juan Manuel Santos apunta a que el tratado sobreviva a su mandato y mira con simpatías a candidatos que, aunque no se presentan como oficialistas, están a grandes trazos a favor de la paz. Ellos son Humberto de la Calle, jefe de la delegación oficial que negoció el acuerdo en La Habana; el ex alcalde de Medellín, Sergio Fajardo, y el ex alcalde de Bogotá, Gustavo Petro. Del otro lado se paran el “uriberista” Ivan Duque, la conservadora Lucía Ramírez y en el centro el ex vicepresidente de Santos Germán Vargas Llera. 

 

 

Las FARC, reconfiguradas ahora como partido político - Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común-  llevarían a su líder, Rodrigo Londoño “Timochenko”, como candidato, pero sus chances son escasas y su participación apunta más a fortalecer el proceso de paz que a competir. La representación parlamentaria en los próximos cinco años está garantizada por el acuerdo y no depende de los resultados de las elecciones.

Sin fecha cierta – se especula con una entre octubre y diciembre – la elección presidencial venezolana es políticamente otra de las más atractivas de la región. Apelando a su base militante, la división de la heterogénea alianza opositora y a la manipulación de los recursos del Estado (conformación del padrón, presión a empleados estatales, ¿fraude?, etc., etc.), el oficialismo logró escalar el año pasado una serie de tres triunfos en elecciones constituyentes, regionales y municipales con los que alejó el fantasma del triunfo opositor en las parlamentarias de 2015 y las protestas callejeras de comienzos de 2017.

Tras llevar adelante una purga de directivos de la estatal petrolera PDVSA, el presidente Nicolás Maduro parece no tener rivales de fuste dentro del oficialismo y aspiraría a su reelección. Es clave que consolide el respaldo de las Fuerzas Armadas, donde talla el otro hombre fuerte del chavismo, Diosdado Cabello, que siempre tuvo sus propias aspiraciones.

En la opositora Mesa de Unidad Democrática las cosas no están tan claras. Los dos principales líderes, Leopoldo López y Henrique Capriles, están formalmente imposibilitados de presentarse por recursos judiciales impuestos por el gobierno y quienes aparecen en segunda línea, como Henry Ramos Allup y Henri Falcon, no tienen el mismo nivel de adhesión ni capacidad de unificar el voto opositor.

De todos modos, la participación opositora en la elección está sujeta a varios vaivenes entre los que se destacan las conversaciones que se vienen llevando adelante en República Dominicana con el auspicio de ex mandatarios de la región y España. No toda la oposición acuerda con esas charlas y los que participan tampoco confían ciertamente en que se llegue a un acuerdo final que permita un proceso eleccionario con cierto grado de consenso.

Paraguay es el otro país sudamericano que celebra elecciones, aunque el previsible triunfo del oficialista Partido Colorado le quita atractivo a la compulsa que se va a llevar adelante el domingo 22 de abril. En ese marco, algunos observadores consideran que la verdadera pelea se dio el pasado 17 de diciembre en la interna colorada, donde finalmente triunfó el “opositor” Mario Abdo Benítez frente al ex secretario de Hacienda del presidente Horacio Cartes, Santiago Peña.

 

 

Benítez representa al ala tradicional de los colorados - es hijo de un ex secretario del dictador Alfredo Stroessner – y enfrentará a la recreación de la alianza entre liberales e izquierdistas que en 2008 derrotó a los colorados y llevó al ex sacerdote Fernando Lugo al Palacio de los López. Como en 2013, será otra vez el liberal radical Efraín Alegre el candidato a presidente, aunque esta vez lo acompañará el periodista Leo Rubin del “luguista” Frente Guazú.

Con una economía ordenada en lo macro y en alza, el desafío una vez más en Paraguay son las graves carencias que sufre la población de menos recursos y las dificultades del Estado para brindar servicios básicos de calidad y aumentar la recaudación impositiva.

En Ecuador, en tanto, no habrá elecciones presidenciales, pero sí un referéndum el 4 de febrero próximo que será clave para la gobernabilidad del actual mandatario, Lenin Moreno. Aunque hay preguntas referidas a aumentar las penas por delitos sexuales y restringir la minería extractiva, los puntos principales están referidos a limitar la reelección presidencial buscando evitar una nueva postulación del ex presidente Rafael Correa, ex aliado de Moreno y hoy fuertemente enfrentado.

Aunque luego hay instancias judiciales para apelar, la derrota en el referéndum sería un duro golpe para Correa y una especie de reválida para Moreno, quien llegó al Palacio de Carondelet apoyado por el ex presidente. De darse el resultado inverso, podría desatarse una crisis política de proporciones en un país donde la figura de Correa lo único que no genera es indiferencia.

En tanto, el mismo día habrá elecciones presidenciales en Costa Rica. Los favoritos al momento son Antonio Álvarez Desanti, del tradicional partido Liberación Nacional; Juan Diego Castro, del Partido Integración Nacional, y Rodolfo Piza, del Partido Unidad Social Cristiana, estos últimos, de centroderecha. El oficialista Carlos Alvarado, del centroizquierdista Partido Acción Ciudadana, marcha de cuarto en las encuestas. El alto porcentaje de indecisos, motivado entre otros puntos por extensivas denuncias de corrupción, prácticamente garantizan una segunda vuelta, la que tendría lugar el primer domingo de abril.

Finalmente, también Cuba, con su particular sistema de elección, tendrá recambio presidencial. Raúl Castro anunció que se retira el 19 de abril próximo y su actual vicepresidente, Miguel Díaz Cane, es el favorito a sucederlo.