X

Trabajo de parto en la maternidad pejotista

Gobernadores, Pichetto y Duhalde diseñan un peronismo libre de genes K. Primer paso: bloques macizos de oposición soft en el Congreso. Macri salta en una pata y se prepara para gobernar hasta 2023.
Por 23/09/2017 11:11 AM

Un bloque panperonista que tenga entre 42 y 61 miembros en la Cámara de Diputados y reúna entre 30 y 35 delegados provinciales en el Senado. En una planilla de Excel, la ortodoxia peronista hace cálculos para dejar atrás la pesadilla kirchnerista el 10 de diciembre.

Una oposición moderada y “racional” que actúe de común acuerdo, logre reducir la balcanización, aísle a los leales de Cristina Kirchner y traduzca en la Cámara baja un poder que se inspire y coordine con el que hoy expresa en el Senado Miguel Ángel Pichetto. ¿De dónde puede surgir? De los retazos del PJ que nunca fue kirchnerista o abandonó el barco de la ex presidenta a partir de 2013. Con el peso creciente de la liga de gobernadores, la fusión de las bancadas de UNA y el Bloque Justicialista, la suma de los representantes de San Luis, el intento de incorporar al Movimiento Evita y la promesa de acoger a los que se decidan a abandonar el actual Frente para la Victoria.

Cambiemos consolidado como primera minoría con un bloque que puede llegar a 106 diputados, el cristinismo en Unidad Ciudadana reducido a un núcleo duro de entre 55 y 60 integrantes y el panperonismo unido detrás de una conducción colegiada que emane de las provincias. Así se imaginan en el peronismo antikirchnerista el escenario legislativo que se abre después de las elecciones. No como una foto aislada, sino como la coagulación de un proceso que fortalezca a los gobernadores y comience con el trabajo de parto de un nuevo líder que compita con el macrismo en 2019.

 

Buena onda. Massot, Monzó, Lavagna, Massa, Camaño y Bossio, en Diputados.

 

La cuenta que hace el panperonismo no es sólo la hoja de ruta de la oposición dialoguista. Coincide hasta en los detalles con la que manejan en la Casa Rosada. Se lo dijo a Letra P un hombre clave de Cambiemos: “El peronismo va a armar en el Congreso un bloque importante para los próximos dos años con terminal en los gobernadores. Puede llegar a estar por encima de los 60 diputados si hacen bien las cosas. Con Massa y si lo trabajan bien con algunos interbloques, pueden ser la segunda minoría”, se entusiasmó.

Desde la perspectiva del Gobierno, es todo rédito. No sólo por la necesidad de desplazar al kirchnerismo del centro en Diputados. Además, porque el tercio que hasta hoy le permitía al Gobierno funcionar y aprobar sus leyes ganaría en cohesión: las islas legislativas mutarían hacia una fuerza más compacta y homogénea del justicialismo, referenciada en los gobernadores. Con ese mapa, Mauricio Macri buscará aprobar las leyes de responsabilidad fiscal, el Presupuesto y en 2018 cuatro reformas que considera claves: la previsional, la tributaria, la política que incluye el voto electrónico y cambios en las leyes laborales que no sean un calco de la reforma brasileña.

 

 

CÁTEDRA DE PEJOTISMO. El vértice del edificio que intenta construir el peronismo es Pichetto, el astuto rionegrino al que hoy Cambiemos llama con ironía el senador 16, por considerarlo uno más de los propios. El juego de Pichetto es más ambicioso: quiere construir la viga de un peronismo del orden que garantice una alternancia a mediano plazo, donde -gane quien gane las elecciones- las cuestiones esenciales no cambien y la “gobernabilidad” esté asegurada.

Detrás de la arenga de Pichetto el jueves último en el Hotel Castelar durante la presentación de la revista Movimiento 21, hay un hormiguero pejotista que trabaja como nunca para dejar atrás al kirchnerismo. Una semana después de haber alambrado su bloque en el Senado y haber expulsado a Cristina Kirchner de su espacio, Pichetto volvió a orientar al peronismo lejos de cualquier progresismo.

El ex menemista que fue soldado irreductible del kirchnerismo hasta el último día de CFK presidenta viene acentuando su cátedra de pejotismo con un discurso encendido y citas del General Perón. Sus definiciones delinean con nitidez los contornos de lo que quisiera ser el nuevo rostro de su partido. “En el peronismo debemos darnos un debate por la identidad. Nuestro movimiento no es de izquierda ni una construcción del progresismo porteño. Quien lo hace se aleja del peronismo. Unidad Ciudadana no es el peronismo”. Más claro, imposible.

Como le dijo uno de los organizadores del encuentro a Letra P, en el Hotel Castelar había un indio de cada tribu peronista. Diego Bossio del Bloque Justicialista, Aldo Pignanelli del massismo, Julio Piumato ¿en nombre de Hugo Moyano?, el titular de la AGN Oscar Lamberto, experimentados noventistas como Humberto Roggero, ex sciolistas duros como Javier Mouriño, ex kirchneristas como Osvaldo Nemirovski  y una legión de ex duhaldistas como Eduardo Camaño, Jorge Remes Lenicov, Miguel Angel Toma, Alfredo Atanasof y Daniel “Chicho” Basile.

 

 

En la trastienda del acto, Eduardo Duhalde estuvo presente. Convencido de que la historia le fue ingrata, el ex presidente envió a un grupo de 30 ex diputados nacionales para que aplaudan a Pichetto. Además, habló por teléfono con el senador para expresarle sus coincidencias.

Pese a que respalda con todo lo que le queda al intento que lidera Pichetto, es difícil que Duhalde retome los primeros planos, aunque quiera. “La línea del Gobierno se impone hoy: ellos son el futuro y nosotros somos el pasado. Hay que revertir eso”, le dijo a Letra P uno de los peronistas que trabaja al lado de Pichetto.

De ese pelotón donde prevalecen los veteranos, surgirá desde la semana próxima la convocatoria a un encuentro nacional de reflexión del ancho peronismo, que sería antes de fin de año en Buenos Aires. Sin embargo, los protagonistas principales serán gobernadores jóvenes como Juan Manuel Urtubey (Salta), Sergio Uñac (San Juan), Domingo Peppo (Chaco), Roxana Bertone (Tierra del Fuego) y Gustavo Bordet (Entre Ríos).

Desde Cambiemos, argumentan -como siempre- a favor del rionegrino: esa lógica es buena para el Gobierno porque tiene referencia en gobernadores que tienen “conciencia” sobre la importancia de sostener la gobernabilidad. Para el manual oficialista, en ese punto, Cristina Kirchner y Sergio Massa son lo mismo. “No tienen responsabilidad de administración ni anclaje territorial. Es mucho más abstracto todo y te pueden mover el bloque para cualquier lado, sin conciencia de gobernabilidad”, dicen desde el macrismo.

 

 
 

Pacto de Olivos colegiado. Macri con gobernadores peronistas en la quinta.

 

DE VERBO Y DE CARNADURA. La cuenta fina que hacen en el PJ indica que, a partir del diciembre, el bloque panperonista puede nutrirse con el ingreso de entre 20 y 25 diputados: en principio, dos de Chaco, dos de Entre Ríos, dos de Salta, dos de Tucumán, uno de Tierra del Fuego, uno de Chubut, uno de La Rioja, uno de Buenos Aires, uno de Catamarca, uno de Corrientes, uno de Misiones, uno de Jujuy, uno de Neuquen, uno de Mendoza, uno de Córdoba y uno de Santa Fe que se sumarían a los nueve que le van a quedar al Bloque Justicialista.                        

En el Senado, ingresarían alrededor de diez nuevos integrantes del PJ: dos de San Juan, dos de La Rioja, dos de Formosa, dos de Misiones, uno de Tierra del Fuego, uno de San Luis y uno de de Jujuy.  Pichetto puede tener menos senadores, pero eso se compensa con el crecimiento de Cambiemos. En un acuerdo con representantes de Misiones y Santiago del Estero pueden tener un bloque de entre 30 y 35 senadores contra 25 o 26 de Cambiemos y alrededor de ocho de Unidad Ciudadana.

Es el “correlato legislativo” al que aludió Pichetto el jueves en el Hotel Castelar en su arquitectura del peronismo deseable. La fuerza que negocie con el oficialismo en el Congreso hasta 2019, mientras elabora un proyecto que intente diferenciarse del macrismo y del kirchnerismo: lo que hasta ahora nadie -incluido Sergio Massa- pudo lograr con éxito. “El peronismo tiene un problema de verbo, la propuesta, y de carnadura, el líder y el candidato”, admite uno de los nexos entre los gobernadores y el Parlamento.  ¿Quién puede ser el jefe de eso hacia 2019? Desde la Casa Rosada, anotan el primer nombre: Urtubey. “No tiene reelección, no le queda otra que ir a jugar la próxima presidencial y no tiene nada que perder. Aunque pierda, siempre es ganancia”. Hoy son todas especulaciones. Gobernadores jóvenes como Uñac y Manzur, veteranos como Juan Schiaretti -fagocitado en las PASO por su cercanía al macrismo-, la reaparición de José Manuel De la Sota, que eligió preservarse; el propio Pichetto, Florencio Randazzo, Massa ¿como candidato a gobernador en 2019 sin Cristina en la provincia? Eso vendrá después, dicen desde el PJ. Pero algo aparece claro desde ahora: es un peronismo que se define como poskirchnerista, no quiere ninguna alianza con el cristinismo, no le sobran candidatos ni tiene líder y está dispuesto a perder en 2019 para discutir el poder en serio recién en 2023.

Trabajo de parto en la maternidad pejotista

Gobernadores, Pichetto y Duhalde diseñan un peronismo libre de genes K. Primer paso: bloques macizos de oposición soft en el Congreso. Macri salta en una pata y se prepara para gobernar hasta 2023.

Un bloque panperonista que tenga entre 42 y 61 miembros en la Cámara de Diputados y reúna entre 30 y 35 delegados provinciales en el Senado. En una planilla de Excel, la ortodoxia peronista hace cálculos para dejar atrás la pesadilla kirchnerista el 10 de diciembre.

Una oposición moderada y “racional” que actúe de común acuerdo, logre reducir la balcanización, aísle a los leales de Cristina Kirchner y traduzca en la Cámara baja un poder que se inspire y coordine con el que hoy expresa en el Senado Miguel Ángel Pichetto. ¿De dónde puede surgir? De los retazos del PJ que nunca fue kirchnerista o abandonó el barco de la ex presidenta a partir de 2013. Con el peso creciente de la liga de gobernadores, la fusión de las bancadas de UNA y el Bloque Justicialista, la suma de los representantes de San Luis, el intento de incorporar al Movimiento Evita y la promesa de acoger a los que se decidan a abandonar el actual Frente para la Victoria.

Cambiemos consolidado como primera minoría con un bloque que puede llegar a 106 diputados, el cristinismo en Unidad Ciudadana reducido a un núcleo duro de entre 55 y 60 integrantes y el panperonismo unido detrás de una conducción colegiada que emane de las provincias. Así se imaginan en el peronismo antikirchnerista el escenario legislativo que se abre después de las elecciones. No como una foto aislada, sino como la coagulación de un proceso que fortalezca a los gobernadores y comience con el trabajo de parto de un nuevo líder que compita con el macrismo en 2019.

 

Buena onda. Massot, Monzó, Lavagna, Massa, Camaño y Bossio, en Diputados.

 

La cuenta que hace el panperonismo no es sólo la hoja de ruta de la oposición dialoguista. Coincide hasta en los detalles con la que manejan en la Casa Rosada. Se lo dijo a Letra P un hombre clave de Cambiemos: “El peronismo va a armar en el Congreso un bloque importante para los próximos dos años con terminal en los gobernadores. Puede llegar a estar por encima de los 60 diputados si hacen bien las cosas. Con Massa y si lo trabajan bien con algunos interbloques, pueden ser la segunda minoría”, se entusiasmó.

Desde la perspectiva del Gobierno, es todo rédito. No sólo por la necesidad de desplazar al kirchnerismo del centro en Diputados. Además, porque el tercio que hasta hoy le permitía al Gobierno funcionar y aprobar sus leyes ganaría en cohesión: las islas legislativas mutarían hacia una fuerza más compacta y homogénea del justicialismo, referenciada en los gobernadores. Con ese mapa, Mauricio Macri buscará aprobar las leyes de responsabilidad fiscal, el Presupuesto y en 2018 cuatro reformas que considera claves: la previsional, la tributaria, la política que incluye el voto electrónico y cambios en las leyes laborales que no sean un calco de la reforma brasileña.

 

 

CÁTEDRA DE PEJOTISMO. El vértice del edificio que intenta construir el peronismo es Pichetto, el astuto rionegrino al que hoy Cambiemos llama con ironía el senador 16, por considerarlo uno más de los propios. El juego de Pichetto es más ambicioso: quiere construir la viga de un peronismo del orden que garantice una alternancia a mediano plazo, donde -gane quien gane las elecciones- las cuestiones esenciales no cambien y la “gobernabilidad” esté asegurada.

Detrás de la arenga de Pichetto el jueves último en el Hotel Castelar durante la presentación de la revista Movimiento 21, hay un hormiguero pejotista que trabaja como nunca para dejar atrás al kirchnerismo. Una semana después de haber alambrado su bloque en el Senado y haber expulsado a Cristina Kirchner de su espacio, Pichetto volvió a orientar al peronismo lejos de cualquier progresismo.

El ex menemista que fue soldado irreductible del kirchnerismo hasta el último día de CFK presidenta viene acentuando su cátedra de pejotismo con un discurso encendido y citas del General Perón. Sus definiciones delinean con nitidez los contornos de lo que quisiera ser el nuevo rostro de su partido. “En el peronismo debemos darnos un debate por la identidad. Nuestro movimiento no es de izquierda ni una construcción del progresismo porteño. Quien lo hace se aleja del peronismo. Unidad Ciudadana no es el peronismo”. Más claro, imposible.

Como le dijo uno de los organizadores del encuentro a Letra P, en el Hotel Castelar había un indio de cada tribu peronista. Diego Bossio del Bloque Justicialista, Aldo Pignanelli del massismo, Julio Piumato ¿en nombre de Hugo Moyano?, el titular de la AGN Oscar Lamberto, experimentados noventistas como Humberto Roggero, ex sciolistas duros como Javier Mouriño, ex kirchneristas como Osvaldo Nemirovski  y una legión de ex duhaldistas como Eduardo Camaño, Jorge Remes Lenicov, Miguel Angel Toma, Alfredo Atanasof y Daniel “Chicho” Basile.

 

 

En la trastienda del acto, Eduardo Duhalde estuvo presente. Convencido de que la historia le fue ingrata, el ex presidente envió a un grupo de 30 ex diputados nacionales para que aplaudan a Pichetto. Además, habló por teléfono con el senador para expresarle sus coincidencias.

Pese a que respalda con todo lo que le queda al intento que lidera Pichetto, es difícil que Duhalde retome los primeros planos, aunque quiera. “La línea del Gobierno se impone hoy: ellos son el futuro y nosotros somos el pasado. Hay que revertir eso”, le dijo a Letra P uno de los peronistas que trabaja al lado de Pichetto.

De ese pelotón donde prevalecen los veteranos, surgirá desde la semana próxima la convocatoria a un encuentro nacional de reflexión del ancho peronismo, que sería antes de fin de año en Buenos Aires. Sin embargo, los protagonistas principales serán gobernadores jóvenes como Juan Manuel Urtubey (Salta), Sergio Uñac (San Juan), Domingo Peppo (Chaco), Roxana Bertone (Tierra del Fuego) y Gustavo Bordet (Entre Ríos).

Desde Cambiemos, argumentan -como siempre- a favor del rionegrino: esa lógica es buena para el Gobierno porque tiene referencia en gobernadores que tienen “conciencia” sobre la importancia de sostener la gobernabilidad. Para el manual oficialista, en ese punto, Cristina Kirchner y Sergio Massa son lo mismo. “No tienen responsabilidad de administración ni anclaje territorial. Es mucho más abstracto todo y te pueden mover el bloque para cualquier lado, sin conciencia de gobernabilidad”, dicen desde el macrismo.

 

 
 

Pacto de Olivos colegiado. Macri con gobernadores peronistas en la quinta.

 

DE VERBO Y DE CARNADURA. La cuenta fina que hacen en el PJ indica que, a partir del diciembre, el bloque panperonista puede nutrirse con el ingreso de entre 20 y 25 diputados: en principio, dos de Chaco, dos de Entre Ríos, dos de Salta, dos de Tucumán, uno de Tierra del Fuego, uno de Chubut, uno de La Rioja, uno de Buenos Aires, uno de Catamarca, uno de Corrientes, uno de Misiones, uno de Jujuy, uno de Neuquen, uno de Mendoza, uno de Córdoba y uno de Santa Fe que se sumarían a los nueve que le van a quedar al Bloque Justicialista.                        

En el Senado, ingresarían alrededor de diez nuevos integrantes del PJ: dos de San Juan, dos de La Rioja, dos de Formosa, dos de Misiones, uno de Tierra del Fuego, uno de San Luis y uno de de Jujuy.  Pichetto puede tener menos senadores, pero eso se compensa con el crecimiento de Cambiemos. En un acuerdo con representantes de Misiones y Santiago del Estero pueden tener un bloque de entre 30 y 35 senadores contra 25 o 26 de Cambiemos y alrededor de ocho de Unidad Ciudadana.

Es el “correlato legislativo” al que aludió Pichetto el jueves en el Hotel Castelar en su arquitectura del peronismo deseable. La fuerza que negocie con el oficialismo en el Congreso hasta 2019, mientras elabora un proyecto que intente diferenciarse del macrismo y del kirchnerismo: lo que hasta ahora nadie -incluido Sergio Massa- pudo lograr con éxito. “El peronismo tiene un problema de verbo, la propuesta, y de carnadura, el líder y el candidato”, admite uno de los nexos entre los gobernadores y el Parlamento.  ¿Quién puede ser el jefe de eso hacia 2019? Desde la Casa Rosada, anotan el primer nombre: Urtubey. “No tiene reelección, no le queda otra que ir a jugar la próxima presidencial y no tiene nada que perder. Aunque pierda, siempre es ganancia”. Hoy son todas especulaciones. Gobernadores jóvenes como Uñac y Manzur, veteranos como Juan Schiaretti -fagocitado en las PASO por su cercanía al macrismo-, la reaparición de José Manuel De la Sota, que eligió preservarse; el propio Pichetto, Florencio Randazzo, Massa ¿como candidato a gobernador en 2019 sin Cristina en la provincia? Eso vendrá después, dicen desde el PJ. Pero algo aparece claro desde ahora: es un peronismo que se define como poskirchnerista, no quiere ninguna alianza con el cristinismo, no le sobran candidatos ni tiene líder y está dispuesto a perder en 2019 para discutir el poder en serio recién en 2023.