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La encrucijada peronista

La encrucijada peronista

21/09/2017 05:40 PM

Cada parte del peronismo sabe que si no se integra con otro u otros no podría ganar la elección de 2019. Las PASO fueron un ensayo general y la elección legislativa del 22 de octubre operaría como demostración.

Hasta ahora se mostró la performance de  una nueva configuración política, Cambiemos, la fuerza política neoconservadora que respalda al gobierno de Macri. Nació como expresión municipal a partir de la crisis del 2001; hizo de CABA su reducto inexpugnable, y creció a partir de la negatividad sobre la gestión del kirchnerismo. (Entre las PASO 2017/2015 creció en 1.700.000 votos. Santa Fe y Río Negro fueron los distritos en que la alianza oficialista decreció)

Las hipótesis enunciadas por los investigadores coinciden que el 22 de octubre el caudal  de votos superaría el 36% total país y se acercaría al 40%. La provincia de Buenos Aires, como otras veces, expresaría valores similares al promedio nacional del ganador. 

La oposición peronista demostró  flaquezas  distritales en algunas provincias que sorprendieron, como San Luis, La Pampa y Santa Cruz. Inclusive el peronismo cordobés, muy particular él, cedió ante la alianza oficialista.

A la provincia de Buenos Aires, además del carácter de principal distrito electoral, se le agregó en esta oportunidad la competencia de la ex presidenta, que puso en juego su prestigio y jugando hacia dos vértices temporales: la reivindicación del pasado y el retorno al gobierno.

La victoria de Unidad Ciudadana en territorio bonaerense fue ajustada. Eso se extendió también a Santa Fe. La posibilidad de volver a ganar en territorio bonaerense es superando en varios puntos lo obtenido en agosto y eso debe provenir de afluentes disponibles en los canales posibles: votantes de 1 País, votantes de Randazzo, votantes de otros partidos menores y los que no votaron en las PASO. Se sabe ya que Cambiemos tiene una mejor accesibilidad a esos votos que Unidad Ciudadana. Pero bueno, para esto está la campaña electoral.

En Santa Fe ocurre algo parecido y eso significa un gran esfuerzo del peronismo provincial para quebrar el cerrado empate de las PASO y evitar que otra provincia quede en manos del oficialismo nacional.

O sea que el peronismo, hoy, se expresa en cada distrito. Y esto no solo está ordenado por la geografía sino por la política. Y la política indica que en su fragmentación hay cierta intencionalidad de consolidar una liga de gobernadores que se aúnan en el rechazo al kirchnerismo. Pero no cuentan con una cabecera de playa suficiente en el territorio bonaerense.

Es decir estamos ante un virtual empate: el kirchnerismo domina al electorado peronista bonaerense; y el peronismo no K, en el interior.  Por la simple aritmética ambos se necesitan. Pero en términos cualitativos no hay afecto asociativo, sobre todo de parte de la mayoría de los gobernadores hacia la ex presidenta.

Hay un peronismo que está esperando que CFK salga de esta experiencia electoral mucho más debilitada de lo que entró. ¿Eso significa un condicionamiento de una futura negociación o la decisión de apartarla? No lo sabemos.

Mientras tanto, el dominio de Cambiemos y de PRO, como la fuerza política principal, se ve facilitado por esta dificultad del panperonismo de dialogar, de debatir y de acordar.

El peronismo está en una encrucijada. Si quiere volver a ser primera minoría es imprescindible que se ordene y alíe entre sí, aunque no abarque el total de las partes. Hay muchas dudas que asoman en el panperonismo, pero hay una que sobresale: ¿CFK es un obstáculo o un facilitadora?

La encrucijada peronista

Cada parte del peronismo sabe que si no se integra con otro u otros no podría ganar la elección de 2019. Las PASO fueron un ensayo general y la elección legislativa del 22 de octubre operaría como demostración.

Hasta ahora se mostró la performance de  una nueva configuración política, Cambiemos, la fuerza política neoconservadora que respalda al gobierno de Macri. Nació como expresión municipal a partir de la crisis del 2001; hizo de CABA su reducto inexpugnable, y creció a partir de la negatividad sobre la gestión del kirchnerismo. (Entre las PASO 2017/2015 creció en 1.700.000 votos. Santa Fe y Río Negro fueron los distritos en que la alianza oficialista decreció)

Las hipótesis enunciadas por los investigadores coinciden que el 22 de octubre el caudal  de votos superaría el 36% total país y se acercaría al 40%. La provincia de Buenos Aires, como otras veces, expresaría valores similares al promedio nacional del ganador. 

La oposición peronista demostró  flaquezas  distritales en algunas provincias que sorprendieron, como San Luis, La Pampa y Santa Cruz. Inclusive el peronismo cordobés, muy particular él, cedió ante la alianza oficialista.

A la provincia de Buenos Aires, además del carácter de principal distrito electoral, se le agregó en esta oportunidad la competencia de la ex presidenta, que puso en juego su prestigio y jugando hacia dos vértices temporales: la reivindicación del pasado y el retorno al gobierno.

La victoria de Unidad Ciudadana en territorio bonaerense fue ajustada. Eso se extendió también a Santa Fe. La posibilidad de volver a ganar en territorio bonaerense es superando en varios puntos lo obtenido en agosto y eso debe provenir de afluentes disponibles en los canales posibles: votantes de 1 País, votantes de Randazzo, votantes de otros partidos menores y los que no votaron en las PASO. Se sabe ya que Cambiemos tiene una mejor accesibilidad a esos votos que Unidad Ciudadana. Pero bueno, para esto está la campaña electoral.

En Santa Fe ocurre algo parecido y eso significa un gran esfuerzo del peronismo provincial para quebrar el cerrado empate de las PASO y evitar que otra provincia quede en manos del oficialismo nacional.

O sea que el peronismo, hoy, se expresa en cada distrito. Y esto no solo está ordenado por la geografía sino por la política. Y la política indica que en su fragmentación hay cierta intencionalidad de consolidar una liga de gobernadores que se aúnan en el rechazo al kirchnerismo. Pero no cuentan con una cabecera de playa suficiente en el territorio bonaerense.

Es decir estamos ante un virtual empate: el kirchnerismo domina al electorado peronista bonaerense; y el peronismo no K, en el interior.  Por la simple aritmética ambos se necesitan. Pero en términos cualitativos no hay afecto asociativo, sobre todo de parte de la mayoría de los gobernadores hacia la ex presidenta.

Hay un peronismo que está esperando que CFK salga de esta experiencia electoral mucho más debilitada de lo que entró. ¿Eso significa un condicionamiento de una futura negociación o la decisión de apartarla? No lo sabemos.

Mientras tanto, el dominio de Cambiemos y de PRO, como la fuerza política principal, se ve facilitado por esta dificultad del panperonismo de dialogar, de debatir y de acordar.

El peronismo está en una encrucijada. Si quiere volver a ser primera minoría es imprescindible que se ordene y alíe entre sí, aunque no abarque el total de las partes. Hay muchas dudas que asoman en el panperonismo, pero hay una que sobresale: ¿CFK es un obstáculo o un facilitadora?