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El presidente de la UIA consideró que “no es lo mismo quién gane” y pronostica un triunfo de Cambiemos. Pide una reforma laboral y le resta peso a la teoría que ata las inversiones a lo eleccionario.
Por 17/09/2017 09:42 AM

Los presidentes de la Unión Industrial Argentina (UIA) no le han escapado a la lógica de los tiempos políticos. El tono y el perfil de los que ocuparon el sillón de la central fabril coincidieron en algún punto con el cariz y la intensidad de los gobernantes de turno. Miguel Acevedo, uno de los pesos pesados de Aceitera General Deheza (AGD), asumió el mandato casi en la mitad del gobierno de Mauricio Macri. Y fue la continuidad de una dirección menos confrontativa con las autoridades, proceso que inició con su antecesor, el directivo de Arcor Adrián Kaufmann Brea.

Esa situación es notoria y planificada y tiene que ver con la supervivencia de un sector muy condicionado por los cambios de signo político en el poder y su concepción de qué hacer con las fábricas. Lejos quedaron los años de liderazgos carismáticos y ásperos, como los de José Ignacio De Mendiguren y Héctor Méndez, bajo la conducción nacional de los Kirchner. Otros tiempos, contra una nueva dinámica del manejo del poder y las relaciones. Tan lejos de aquello que Acevedo resalta con orgullo: que luego de más de 15 años de alternancia en la elección de UIA (se turnaban entre dos listas), él es el primer presidente de “unidad” en la entidad con sede en Avenida de Mayo.

Este clima de buenas migas entre la UIA y Cambiemos generó cierto resquemor en algunos rubros industriales, afectados seriamente por la caída en el consumo y la lenta recuperación económica, como el calzado y textiles. Sobre todo después del discurso que el titular de la entidad dio en el marco del Día de la Industria, en Pilar. Acevedo lo explica a Letra P desde otra perspectiva: “Quise hablar más del largo plazo que de la coyuntura”, cuenta. Su posición de menos crítica se enmarca, además, en un contexto distinto, con las chimeneas empezando a humear nuevamente por el efecto rebote. Un escenario distante de la crisis radical de todo el 2016 e inicio del 2017, cuando el mismo Acevedo calificó de “amarreta” la recuperación económica e industrial.

Ese eje es parte inicial de una entrevista que aborda cuestiones eleccionarias, de reformas inmediatas, como la laboral. “No se puede hacer un copy paste a la brasileña”, advirtió. También se metió en la actualidad candente, como el caso de la desaparición de Santiago Maldonado. Sobre el punto, el empresario traza un paralelismo particular acerca del rol de un Estado con problemas de arrastre y pide “saber qué le pasó al chico”.

La firma de la que proviene Acevedo maneja casi el 40% de la producción y exportación de aceites, tiene un peso específico notorio dentro del Círculo Rojo, hoy tornado amarillo por su respaldo al Gobierno. Y la realidad del corto camino a octubre no le pasa de costado: “No es lo mismo gane quien gane. Creo que si no aparece ningún cisne negro, al Gobierno le va a ir bien en octubre”, sentencia.

 

BIO. “No me voy a eternizar en la UIA. Hoy en la empresa familiar hay un cambio generacional. Yo tengo el sillón de la UIA y dejé el sillón de AGD. Una porque aproveché el cambio generacional”, cuenta a Letra P Acevedo, que desde hace años está al frente de la aceitera más importante del país, propiedad de la familia Urquía. Los Urquía, oriundos de Córdoba, fueron algunos de los que crearon la Fundación Mediterránea. En su carrera fue también secretario de la Asociación Empresaria Argentina (AEA) y titular del ferrocarril de cargas Nuevo Central Argentino. Con una licenciatura en Administración de Empresas, ocupó cargos directivos en la Fundación Exportar y en la Fundación Observatorio PYME. La llegada a la presidencia de Acevedo fue parte de un acuerdo de unidad entre las dos listas que desde hace 15 años alternaban el poder: la Celeste y Blanca y la de Industriales. En la contienda, Acevedo triunfó por sobre las intenciones de otro cuadro de la alimentación, el abogado de la Copal, Daniel Funes de Rioja, el candidato que prefería el Gobierno Nacional.

 

-Los medios reflejaron que su discurso en el cumpleaños de la UIA en Pilar no tuvo, como en otras ocasiones, críticas al Gobierno por temas como importaciones o falta de crecimiento en sectores complicados como calzado o textiles. ¿Fue algo pensado?

-Pero esos sectores están hablando hoy con el Gobierno. Creo que lo que quise hacer es hablar más del largo plazo que de la coyuntura. Hablar de la unión de los empresarios para empezar a tener acuerdos. No me refiero a pactos de Moncloa ni mucho menos, pero sí a acordar entre la producción, la fuerza de trabajo y el Estado nacional, con acuerdos a largo plazo.

-Esos acuerdos que menciona son sobre temas que el establishment considera urgentes, como reformas del tono impositivo. ¿Qué les dice el Gobierno sobre esto?

-Acepta que hay un costo argentino, que está muy concentrado el tema impositivo en un grupo, que hay sectores que tienen una mucho mayor presión. Eso te lo dicen (el ministro de Hacienda, Nicolás) Dujovne y Producción. O sea, vos te sentís comprendido. El Gobierno es comprensivo, está escuchando. Ahora, cuando decís cuáles van a ser las medidas fiscales que va a tomar el Gobierno, ellos te dicen: “No, ahora no las podemos tratar”. Se va a hacer con el Congreso, eso quiere decir después de las elecciones y no sé si con esta conformación del Parlamento o con otra. Pero hoy el Gobierno no está discutiendo las medidas con los empresarios, que son los que van a tener el impacto. El Gobierno acepta que los impuestos son altos, que hay un costo argentino y que se debe al Gobierno. Pero no te dejan meter en el tema, a la discusión.

“El Gobierno acepta que los impuestos son altos, que hay un costo argentino y que se debe al Gobierno. Pero no te dejan meter en el tema, a la discusión."

-¿Qué entienden ustedes que debe modificarse a nivel impositivo?

-Les presentamos a los funcionarios hace un tiempo un trabajo que se llama la Reforma Posible. Bajar impuestos distorsivos, como el Impuesto al Cheque o a los Ingresos Brutos. Eso se lo planteamos. Ahora bien, el Gobierno te dice “yo voy a bajar pero no va a ser un shock ni nada parecido, va a ser una reforma a largo plazo, en cinco años”.

-¿Esos plazos son los mismos que ustedes piden?

-Te diría que si al empresariado le das pautas a largo plazo, no es malo eso. Te da la posibilidad de calcular. Es lo que hicieron con el campo.

-Pero con el campo fue distinto. Hubo una medida inmediata, una quita de retenciones importante...

-Sí, pero una medida rápida de baja de retenciones que alcanzó a menos del 50% de la producción del campo. Donde está el ingreso mayor, todavía tienen un 30% de impuestos. Si al productor le das un horizonte, le das una buena noticia.

-Paolo Rocca, de Techint; Miguel Pichetto, senador peronista; y Marcos Galperín, de Mercado Libre, empezaron a instalar la necesidad de una reforma laboral. Incluso algunos apuntaron al modelo de Brasil, lo que genera un temor importante en el empleado.

-Esto lo hemos discutido y creemos que no se puede hacer un copy paste de la reforma brasilera. Son dos situaciones distintas, incluso con Brasil teniendo más problemas que nosotros en el tema de los costos laborales. Lo que pasa es que tenemos que ver lo que se puede hacer acá para bajar ese costo laboral. Las provincias, por caso, piden por un problema de logística, pero también quieren que les den lo que en los noventa se hizo y fue bueno, que es bajar los costos laborales de acuerdo a la distancia que tenés de los puertos. Con eso compensas la mala logística que tenemos. El Gobierno está invirtiendo mucho en el ferrocarril Belgrano, pero esas inversiones no se van a ver hasta de dos, tres o cuatro años. Entonces, en el mientras tanto, ¿cómo vas arreglando esta coyuntura? Ahí se tiene que trabajar.

 

Con el anterior gobierno, cuando discutías había una pátina ideológica en mucha de esa gente, que tenían pensamientos con mucha ideología, y la siguen teniendo. Y no sobre cómo es la práctica del comercio en el mundo.

 

-¿Lo están hablando con los gremios?

-No todavía. Acá hay un parate hasta después de las elecciones. Pero se va a tener que discutir. El tema de los juicios laborales y el ausentismo también.

-Por experiencias pasadas y algunas recientes, las reformas laborales generan dudas sobre la calidad del empleo. ¿Cómo lo ve?

-El costo laboral va sobre los impuestos al trabajo. Yo estoy pagando un salario y, aparte de eso, pago una serie de impuestos sobre ese salario que casi duplica lo que le pagas al trabajador. Eso es lo que estamos viendo de bajar. Por eso, cuando hablamos de reforma laboral, decimos que no estamos tocando el sueldo de los trabajadores. No estamos yendo en ese sentido.

 

Macri y Vidal escuchan el discurso de Acevedo en el Día de la Industria.

-El caso brasileño muestra, en la práctica, un nivel claro de flexibilización de las condiciones y los contratos.

-Te repito, no creo que se pueda hacer a la brasilera. No podés aplicar eso acá, no lo vas a poder aplicar. Es lo que estamos pensando. Tendremos que hablarlo entre los sindicatos. Fijate que con Vaca Muerta se ha hecho sectorialmente. En el sector lechero y motos se está trabajando ahora. Y ahí no se está hablando de precarización.

-En el inicio del ejercicio, se le cuestionó a Cambiemos la falta de modelo industrial. Hoy, a la mitad del mandato, ¿cree que el Gobierno tiene política industrial?

-Yo creo que sí. Acá no hay una pátina ideológica, acá puede haber posiciones encontradas de una apertura mayor o una apertura más inteligente, o tener cuidado con los países que compiten en agregar valor o que subsidian al trabajo. Esa es por ahí la discusión. No estamos diciendo que tenemos que cerrarnos al mundo, no tenemos la visión de vivir con lo nuestro, sino de vivir de lo nuestro. Eso significa agregar valor, diversificar. Porque Brasil cada vez depende menos de nosotros y nosotros cada vez más de ellos. Esas son las discusiones que estamos teniendo con el Gobierno. La de hoy es una relación de acuerdos, hacia ahí estamos yendo.

“Una vez que esto se serene, las inversiones van a venir, y van a venir del lado de las empresas nacionales, más que de las internacionales. El inversor hace el cash flow, si le da va a invertir, y si no le da, no. Si ganan vienen; sino, no.”

-¿Qué diferencias encuentra en la relación que tenían con el kirchnerismo y la que hoy tienen con el macrismo?

-Con el anterior gobierno, cuando discutías había una pátina ideológica en mucha de esa gente, que tenían pensamientos con mucha ideología, y la siguen teniendo. Y no sobre cómo es la práctica del comercio en el mundo. Esas son las grandes diferencias.

-¿Qué cree que va a pasar a nivel eleccionario en los comicios de octubre?

-Mi suegro era una persona muy práctica. Vos le decías, "¿Qué va a pasar con la soja? ¿Va a subir?", y decía: “Haceme brujo que yo te hago rico”. La verdad que no sé qué puede pasar en octubre. En las PASO se puso en blanco sobre negro lo que decían las encuestas. No sé si va a ganar el Gobierno o va a perder, pero insisto en que eso va a durar una o dos semanas, pero el país sigue dos años más seguro. Y las discusiones son qué va a pasar con la reforma laboral, con la impositiva, cómo vamos a salir del déficit fiscal, cómo vamos a bajar la inflación. Claramente, la vida sigue.

-Pero para ustedes no es lo mismo quién gane.

-No, no es lo mismo. Y no es lo mismo tener que esperar hasta las elecciones para seguir tomando decisiones y haciendo reuniones que hoy no se hacen porque están las elecciones de por medio. Naturalmente, si el Gobierno no gana le va a costar más el tema de algunas leyes. Si Cristina (Fernández de Kirchner) gana va a tener mayor poder en el Senado y va necesitar mayor negociación el Gobierno para todo. Pero guarda que no es solo Cristina el tema, sino cómo les vaya a los gobernadores.

-¿Y cree que al Gobierno le va a ir mejor o peor que en las PASO?

-Si no hay ningún cisne negro en el medio de todo esto, en las elecciones generales le va a ir bien. Y en la Provincia puede subir un poco o bajar, pero no va a ser muy diferente el porcentaje de lo que vimos ahora. Hay algunos que me dicen que le quito dramatismo, pero gane el que gane van a entrar dos y uno. La diferencia es un senador, no mayoría. Sí le revalida lo que ganó hace dos años.

-Le pregunto sobre el escenario político porque en el Círculo Rojo se habla todo el tiempo de una relación directa entre un triunfo de Cambiemos y la llegada de inversiones.

-Una vez que se serene esto, las inversiones van a venir. Y van a venir del lado de las empresas nacionales, más que de las internacionales. El inversor hace el cash flow y si le da va a invertir, y si no le da, no. Si ganan vienen; sino, no. Es así.

El empresario es un cartero que te da las malas noticias y vos te la agarras con el cartero. Es el que te subió el precio, pero al empresario le pega igual que al consumidor la inflación.

-Su empresa madre produce alimentos. ¿Cómo observa la situación del consumo?

-Hoy hay una enorme estimulación a la economía a través de la inversión pública. El tema consumo en alimentos todavía se lo ve más lento que el resto. Pero es muy común eso, porque recién el consumo empieza a moverse meses después de que se reactiva la economía. Y eso tiene que ver con la percepción de la gente de si está mejor o no.

-El factor precios afecta mucho, la inflación de alimentos sigue más alta que la media. ¿Qué responsabilidad hay del empresario en esto?

-El empresario es un cartero que te da las malas noticias: y vos te la agarrás con el cartero. Es el que te subió el precio, pero al empresario le pega igual que al consumidor la inflación. El industrial, como el comerciante o el almacenero, cuando tiene que reponer el producto y sube, lo aumenta, no hay forma. Y eso repercute en el consumo.

Lo que más hay que combatir es la inflación. Por supuesto que hay mucha gente que quiere aprovechar cuando no hay referencia de precios, por eso hay que bajarla. Pero el empresario no es el que sube el precio y por eso hay inflación. En 2004 no había inflación, había más pesos en el bolsillo, nadie pensaba en el dólar y no había inflación ni nadie se acordaba de los empresarios. Hoy el problema es que no tenés referencia de precios, un día está a un precio y a otro día otro.

“Creemos que no se puede hacer un copy paste de la reforma brasilera. Son dos situaciones distintas. No estamos tocando el sueldo de los trabajadores, no vamos en ese sentido”.

-Por último, ¿cómo considera el tema de Maldonado?

-Creo que nadie está pensando distinto. Le saco el contexto político, quiero saber qué le pasó a Maldonado y que aparezca con vida.

-En buena parte del establishment creen que hubo una demora política del Gobierno para actuar en lo inmediato del caso.

-Si vos vas al principio de la charla estábamos hablando de eso. El razonamiento es el mismo, vos tenés un Estado que cobra impuestos hace años y el servicio que te da no es el correcto. Ahí dentro mismo está la seguridad. Y no es que lo esté comparando. Yo creo que es el mismo Estado que no sabe que le ha pasado a este chico, sino lo diría.

"Las inversiones van a venir más de empresas nacionales que internacionales"

El presidente de la UIA consideró que “no es lo mismo quién gane” y pronostica un triunfo de Cambiemos. Pide una reforma laboral y le resta peso a la teoría que ata las inversiones a lo eleccionario.

Los presidentes de la Unión Industrial Argentina (UIA) no le han escapado a la lógica de los tiempos políticos. El tono y el perfil de los que ocuparon el sillón de la central fabril coincidieron en algún punto con el cariz y la intensidad de los gobernantes de turno. Miguel Acevedo, uno de los pesos pesados de Aceitera General Deheza (AGD), asumió el mandato casi en la mitad del gobierno de Mauricio Macri. Y fue la continuidad de una dirección menos confrontativa con las autoridades, proceso que inició con su antecesor, el directivo de Arcor Adrián Kaufmann Brea.

Esa situación es notoria y planificada y tiene que ver con la supervivencia de un sector muy condicionado por los cambios de signo político en el poder y su concepción de qué hacer con las fábricas. Lejos quedaron los años de liderazgos carismáticos y ásperos, como los de José Ignacio De Mendiguren y Héctor Méndez, bajo la conducción nacional de los Kirchner. Otros tiempos, contra una nueva dinámica del manejo del poder y las relaciones. Tan lejos de aquello que Acevedo resalta con orgullo: que luego de más de 15 años de alternancia en la elección de UIA (se turnaban entre dos listas), él es el primer presidente de “unidad” en la entidad con sede en Avenida de Mayo.

Este clima de buenas migas entre la UIA y Cambiemos generó cierto resquemor en algunos rubros industriales, afectados seriamente por la caída en el consumo y la lenta recuperación económica, como el calzado y textiles. Sobre todo después del discurso que el titular de la entidad dio en el marco del Día de la Industria, en Pilar. Acevedo lo explica a Letra P desde otra perspectiva: “Quise hablar más del largo plazo que de la coyuntura”, cuenta. Su posición de menos crítica se enmarca, además, en un contexto distinto, con las chimeneas empezando a humear nuevamente por el efecto rebote. Un escenario distante de la crisis radical de todo el 2016 e inicio del 2017, cuando el mismo Acevedo calificó de “amarreta” la recuperación económica e industrial.

Ese eje es parte inicial de una entrevista que aborda cuestiones eleccionarias, de reformas inmediatas, como la laboral. “No se puede hacer un copy paste a la brasileña”, advirtió. También se metió en la actualidad candente, como el caso de la desaparición de Santiago Maldonado. Sobre el punto, el empresario traza un paralelismo particular acerca del rol de un Estado con problemas de arrastre y pide “saber qué le pasó al chico”.

La firma de la que proviene Acevedo maneja casi el 40% de la producción y exportación de aceites, tiene un peso específico notorio dentro del Círculo Rojo, hoy tornado amarillo por su respaldo al Gobierno. Y la realidad del corto camino a octubre no le pasa de costado: “No es lo mismo gane quien gane. Creo que si no aparece ningún cisne negro, al Gobierno le va a ir bien en octubre”, sentencia.

 

BIO. “No me voy a eternizar en la UIA. Hoy en la empresa familiar hay un cambio generacional. Yo tengo el sillón de la UIA y dejé el sillón de AGD. Una porque aproveché el cambio generacional”, cuenta a Letra P Acevedo, que desde hace años está al frente de la aceitera más importante del país, propiedad de la familia Urquía. Los Urquía, oriundos de Córdoba, fueron algunos de los que crearon la Fundación Mediterránea. En su carrera fue también secretario de la Asociación Empresaria Argentina (AEA) y titular del ferrocarril de cargas Nuevo Central Argentino. Con una licenciatura en Administración de Empresas, ocupó cargos directivos en la Fundación Exportar y en la Fundación Observatorio PYME. La llegada a la presidencia de Acevedo fue parte de un acuerdo de unidad entre las dos listas que desde hace 15 años alternaban el poder: la Celeste y Blanca y la de Industriales. En la contienda, Acevedo triunfó por sobre las intenciones de otro cuadro de la alimentación, el abogado de la Copal, Daniel Funes de Rioja, el candidato que prefería el Gobierno Nacional.

 

-Los medios reflejaron que su discurso en el cumpleaños de la UIA en Pilar no tuvo, como en otras ocasiones, críticas al Gobierno por temas como importaciones o falta de crecimiento en sectores complicados como calzado o textiles. ¿Fue algo pensado?

-Pero esos sectores están hablando hoy con el Gobierno. Creo que lo que quise hacer es hablar más del largo plazo que de la coyuntura. Hablar de la unión de los empresarios para empezar a tener acuerdos. No me refiero a pactos de Moncloa ni mucho menos, pero sí a acordar entre la producción, la fuerza de trabajo y el Estado nacional, con acuerdos a largo plazo.

-Esos acuerdos que menciona son sobre temas que el establishment considera urgentes, como reformas del tono impositivo. ¿Qué les dice el Gobierno sobre esto?

-Acepta que hay un costo argentino, que está muy concentrado el tema impositivo en un grupo, que hay sectores que tienen una mucho mayor presión. Eso te lo dicen (el ministro de Hacienda, Nicolás) Dujovne y Producción. O sea, vos te sentís comprendido. El Gobierno es comprensivo, está escuchando. Ahora, cuando decís cuáles van a ser las medidas fiscales que va a tomar el Gobierno, ellos te dicen: “No, ahora no las podemos tratar”. Se va a hacer con el Congreso, eso quiere decir después de las elecciones y no sé si con esta conformación del Parlamento o con otra. Pero hoy el Gobierno no está discutiendo las medidas con los empresarios, que son los que van a tener el impacto. El Gobierno acepta que los impuestos son altos, que hay un costo argentino y que se debe al Gobierno. Pero no te dejan meter en el tema, a la discusión.

“El Gobierno acepta que los impuestos son altos, que hay un costo argentino y que se debe al Gobierno. Pero no te dejan meter en el tema, a la discusión."

-¿Qué entienden ustedes que debe modificarse a nivel impositivo?

-Les presentamos a los funcionarios hace un tiempo un trabajo que se llama la Reforma Posible. Bajar impuestos distorsivos, como el Impuesto al Cheque o a los Ingresos Brutos. Eso se lo planteamos. Ahora bien, el Gobierno te dice “yo voy a bajar pero no va a ser un shock ni nada parecido, va a ser una reforma a largo plazo, en cinco años”.

-¿Esos plazos son los mismos que ustedes piden?

-Te diría que si al empresariado le das pautas a largo plazo, no es malo eso. Te da la posibilidad de calcular. Es lo que hicieron con el campo.

-Pero con el campo fue distinto. Hubo una medida inmediata, una quita de retenciones importante...

-Sí, pero una medida rápida de baja de retenciones que alcanzó a menos del 50% de la producción del campo. Donde está el ingreso mayor, todavía tienen un 30% de impuestos. Si al productor le das un horizonte, le das una buena noticia.

-Paolo Rocca, de Techint; Miguel Pichetto, senador peronista; y Marcos Galperín, de Mercado Libre, empezaron a instalar la necesidad de una reforma laboral. Incluso algunos apuntaron al modelo de Brasil, lo que genera un temor importante en el empleado.

-Esto lo hemos discutido y creemos que no se puede hacer un copy paste de la reforma brasilera. Son dos situaciones distintas, incluso con Brasil teniendo más problemas que nosotros en el tema de los costos laborales. Lo que pasa es que tenemos que ver lo que se puede hacer acá para bajar ese costo laboral. Las provincias, por caso, piden por un problema de logística, pero también quieren que les den lo que en los noventa se hizo y fue bueno, que es bajar los costos laborales de acuerdo a la distancia que tenés de los puertos. Con eso compensas la mala logística que tenemos. El Gobierno está invirtiendo mucho en el ferrocarril Belgrano, pero esas inversiones no se van a ver hasta de dos, tres o cuatro años. Entonces, en el mientras tanto, ¿cómo vas arreglando esta coyuntura? Ahí se tiene que trabajar.

 

Con el anterior gobierno, cuando discutías había una pátina ideológica en mucha de esa gente, que tenían pensamientos con mucha ideología, y la siguen teniendo. Y no sobre cómo es la práctica del comercio en el mundo.

 

-¿Lo están hablando con los gremios?

-No todavía. Acá hay un parate hasta después de las elecciones. Pero se va a tener que discutir. El tema de los juicios laborales y el ausentismo también.

-Por experiencias pasadas y algunas recientes, las reformas laborales generan dudas sobre la calidad del empleo. ¿Cómo lo ve?

-El costo laboral va sobre los impuestos al trabajo. Yo estoy pagando un salario y, aparte de eso, pago una serie de impuestos sobre ese salario que casi duplica lo que le pagas al trabajador. Eso es lo que estamos viendo de bajar. Por eso, cuando hablamos de reforma laboral, decimos que no estamos tocando el sueldo de los trabajadores. No estamos yendo en ese sentido.

 

Macri y Vidal escuchan el discurso de Acevedo en el Día de la Industria.

-El caso brasileño muestra, en la práctica, un nivel claro de flexibilización de las condiciones y los contratos.

-Te repito, no creo que se pueda hacer a la brasilera. No podés aplicar eso acá, no lo vas a poder aplicar. Es lo que estamos pensando. Tendremos que hablarlo entre los sindicatos. Fijate que con Vaca Muerta se ha hecho sectorialmente. En el sector lechero y motos se está trabajando ahora. Y ahí no se está hablando de precarización.

-En el inicio del ejercicio, se le cuestionó a Cambiemos la falta de modelo industrial. Hoy, a la mitad del mandato, ¿cree que el Gobierno tiene política industrial?

-Yo creo que sí. Acá no hay una pátina ideológica, acá puede haber posiciones encontradas de una apertura mayor o una apertura más inteligente, o tener cuidado con los países que compiten en agregar valor o que subsidian al trabajo. Esa es por ahí la discusión. No estamos diciendo que tenemos que cerrarnos al mundo, no tenemos la visión de vivir con lo nuestro, sino de vivir de lo nuestro. Eso significa agregar valor, diversificar. Porque Brasil cada vez depende menos de nosotros y nosotros cada vez más de ellos. Esas son las discusiones que estamos teniendo con el Gobierno. La de hoy es una relación de acuerdos, hacia ahí estamos yendo.

“Una vez que esto se serene, las inversiones van a venir, y van a venir del lado de las empresas nacionales, más que de las internacionales. El inversor hace el cash flow, si le da va a invertir, y si no le da, no. Si ganan vienen; sino, no.”

-¿Qué diferencias encuentra en la relación que tenían con el kirchnerismo y la que hoy tienen con el macrismo?

-Con el anterior gobierno, cuando discutías había una pátina ideológica en mucha de esa gente, que tenían pensamientos con mucha ideología, y la siguen teniendo. Y no sobre cómo es la práctica del comercio en el mundo. Esas son las grandes diferencias.

-¿Qué cree que va a pasar a nivel eleccionario en los comicios de octubre?

-Mi suegro era una persona muy práctica. Vos le decías, "¿Qué va a pasar con la soja? ¿Va a subir?", y decía: “Haceme brujo que yo te hago rico”. La verdad que no sé qué puede pasar en octubre. En las PASO se puso en blanco sobre negro lo que decían las encuestas. No sé si va a ganar el Gobierno o va a perder, pero insisto en que eso va a durar una o dos semanas, pero el país sigue dos años más seguro. Y las discusiones son qué va a pasar con la reforma laboral, con la impositiva, cómo vamos a salir del déficit fiscal, cómo vamos a bajar la inflación. Claramente, la vida sigue.

-Pero para ustedes no es lo mismo quién gane.

-No, no es lo mismo. Y no es lo mismo tener que esperar hasta las elecciones para seguir tomando decisiones y haciendo reuniones que hoy no se hacen porque están las elecciones de por medio. Naturalmente, si el Gobierno no gana le va a costar más el tema de algunas leyes. Si Cristina (Fernández de Kirchner) gana va a tener mayor poder en el Senado y va necesitar mayor negociación el Gobierno para todo. Pero guarda que no es solo Cristina el tema, sino cómo les vaya a los gobernadores.

-¿Y cree que al Gobierno le va a ir mejor o peor que en las PASO?

-Si no hay ningún cisne negro en el medio de todo esto, en las elecciones generales le va a ir bien. Y en la Provincia puede subir un poco o bajar, pero no va a ser muy diferente el porcentaje de lo que vimos ahora. Hay algunos que me dicen que le quito dramatismo, pero gane el que gane van a entrar dos y uno. La diferencia es un senador, no mayoría. Sí le revalida lo que ganó hace dos años.

-Le pregunto sobre el escenario político porque en el Círculo Rojo se habla todo el tiempo de una relación directa entre un triunfo de Cambiemos y la llegada de inversiones.

-Una vez que se serene esto, las inversiones van a venir. Y van a venir del lado de las empresas nacionales, más que de las internacionales. El inversor hace el cash flow y si le da va a invertir, y si no le da, no. Si ganan vienen; sino, no. Es así.

El empresario es un cartero que te da las malas noticias y vos te la agarras con el cartero. Es el que te subió el precio, pero al empresario le pega igual que al consumidor la inflación.

-Su empresa madre produce alimentos. ¿Cómo observa la situación del consumo?

-Hoy hay una enorme estimulación a la economía a través de la inversión pública. El tema consumo en alimentos todavía se lo ve más lento que el resto. Pero es muy común eso, porque recién el consumo empieza a moverse meses después de que se reactiva la economía. Y eso tiene que ver con la percepción de la gente de si está mejor o no.

-El factor precios afecta mucho, la inflación de alimentos sigue más alta que la media. ¿Qué responsabilidad hay del empresario en esto?

-El empresario es un cartero que te da las malas noticias: y vos te la agarrás con el cartero. Es el que te subió el precio, pero al empresario le pega igual que al consumidor la inflación. El industrial, como el comerciante o el almacenero, cuando tiene que reponer el producto y sube, lo aumenta, no hay forma. Y eso repercute en el consumo.

Lo que más hay que combatir es la inflación. Por supuesto que hay mucha gente que quiere aprovechar cuando no hay referencia de precios, por eso hay que bajarla. Pero el empresario no es el que sube el precio y por eso hay inflación. En 2004 no había inflación, había más pesos en el bolsillo, nadie pensaba en el dólar y no había inflación ni nadie se acordaba de los empresarios. Hoy el problema es que no tenés referencia de precios, un día está a un precio y a otro día otro.

“Creemos que no se puede hacer un copy paste de la reforma brasilera. Son dos situaciones distintas. No estamos tocando el sueldo de los trabajadores, no vamos en ese sentido”.

-Por último, ¿cómo considera el tema de Maldonado?

-Creo que nadie está pensando distinto. Le saco el contexto político, quiero saber qué le pasó a Maldonado y que aparezca con vida.

-En buena parte del establishment creen que hubo una demora política del Gobierno para actuar en lo inmediato del caso.

-Si vos vas al principio de la charla estábamos hablando de eso. El razonamiento es el mismo, vos tenés un Estado que cobra impuestos hace años y el servicio que te da no es el correcto. Ahí dentro mismo está la seguridad. Y no es que lo esté comparando. Yo creo que es el mismo Estado que no sabe que le ha pasado a este chico, sino lo diría.