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Tocó con todos (y con Macri toca mejor)

El frondoso árbol de vínculos del ex abogado de Firmenich con la política sirve ahora de puente entre el gobierno del PRO y el poder económico judío. La conexión Netanyahu. La compañera Bullrich.
Por 14/09/2017 07:56 PM

Fue una de las estrellas de la semana. En la primera visita de Estado de un primer ministro israelí a la Argentina, Mario Montoto tuvo un rol destacado como pocas veces. El presidente de la Cámara de Comercio Argentino-Israelí fue anfitrión de Benjamín Netanyahu y aliado del gobierno de Cambiemos en la cruzada por alentar la llegada de inversiones e incrementar el comercio bilateral.

Con un pasado frondoso en el peronismo, Montoto estuvo durante tres días al servicio de la comitiva de empresarios que llegaron a Buenos Aires y se encargó de valorar el “cambio en el clima de negocios” que se produjo a partir de que Mauricio Macri se colgó la banda presidencial. Estuvo en la Cancillería el lunes, en el cóctel del martes en el Hotel Alvear y tuvo un mano a mano aparte con Netanyahu. Se lo pudo ver con José Luis Manzano y Nicolás Caputo, el “hermano” del Presidente que asistió en nombre del oficialismo. “Soy un promotor de las relaciones comerciales entre los dos países. Hasta hace no mucho tiempo, para poder importar, estabas obligado a exportar el mismo volumen. Es muy complicado para empresas que están a miles de kilómetros de la Argentina que les digas que para poder exportar fertilizantes tenés que importar aceitunas”, argumentó Montoto ante Letra P.

 

 

PROMOTOR Y AMIGO. Especialista en el negocio de la seguridad, el empresario es dueño de Corporación para la Defensa del Sur (Codesur) y no es un recién llegado a las relaciones con Israel. Lleva más de dos décadas como nexo entre un mundo y otro, dos mandatos como presidente de la Cámara y más de 15 años como miembro de la comisión directiva. Su relación comercial con Israel se inició durante los años del menemismo. Católico fervoroso, Montoto suele recordar que quedó impresionado cuando viajó por primera vez a Jerusalén y vio -ya hace más de 20 años- un microchip: desde entonces, su vínculo con el país de Netanyahu y con las compañías que se dedican a la videovigilancia, “la defensa y la seguridad interna” no paró de agigantarse.

Fundada en 2003, Codesur explica en su página web que tiene entre sus principales clientes a las fuerzas de seguridad y al Ministerio de Defensa.

 

Amplio. Con Scioi, Berni y Montenegro.

 

El presidente de la Cámara Argentino-Israelí ya había estado en algunas oportunidades con el jefe del Likud como parte de la comitiva de empresarios argentinos. Pero no había tenido un vínculo personal como el que -asegura- logró con Shimon Peres, el histórico líder del laborismo. “Es el amigo más joven que he perdido”, les dijo a sus hijos después de la muerte de Peres, el año pasado.

LA PIBA. Una semana antes de la visita del premier israelí, Montoto se había reunido con una vieja conocida que hoy atraviesa una situación turbulenta por la desaparición de Santiago Maldonado: Patricia Bullrich. La ministra de Seguridad lo recibió junto a su segundo, Eugenio Burzaco, y al jefe de los espías, Gustavo Arribas. Se conocieron en tiempos de la última dictadura militar, cuando los dos se enrolaban en las filas del peronismo revolucionario. Todo cambió. Sin embargo, nunca perdieron el contacto. En tiempos en que Bullrich era una diputada opositora, Montoto solía bromear con la idea de que ejercía sobre ella una especie de jefatura política, tal vez herencia del pasado. “Mi relación con Patricia es pública y de muchos años, como lo es con tantos funcionarios, legisladores, gobernadores o dirigentes. Dediqué una parte importante de mi vida a la política y esos vínculos permanecen”, afirma.

En enero pasado, el Gobierno anunció la compra a Israel de cuatro lanchas artilladas y con gran poder de aceleración para patrullar el río Paraná y de sistemas integrados de vigilancia de cruces fronterizos terrestres por más de 80 millones de dólares. Fue después del viaje que la ministra Bullrich hizo a Jerusalén en noviembre de 2016. Después de esta visita oficial, se espera que las operaciones se multipliquen. “Se ha firmado un acuerdo marco para tratar temas de ciberseguridad y ciberdefensa, pero no estoy al tanto de que el Estado argentino vaya a comprarle armamento a Israel”, asegura el empresario.

 

 

TOCÓ CON TODOS. Las conexiones de Montoto con el mundo de la política y los negocios son interminables. El vínculo con Bullrich no le impide mantener el diálogo con hombres de la más íntima confianza de Cristina Kirchner. Hasta la llegada de Cambiemos al poder, el ex apoderado de Mario Firmenich se distinguía por su cercanía con el entonces gobernador Daniel Scioli. Con el anzuelo de las cámaras de seguridad, Montoto desplegó una red con la que se metió en la cocina de provincias y municipios de todo el país. “Tenemos desarrollo de la tecnología aplicada a la seguridad en distintos municipios de todo el país”, suele decir. El lazo con el ex motonauta era tan estrecho que se le atribuía responsabilidades en la política de seguridad que desplegaba el entonces gobernador, en abierta discrepancia con el discurso del kirchnerismo, sobre todo durante la gestión de Nilda Garré en el Ministerio de Seguridad nacional. Montoto y Scioli quedaron inmortalizados en los cables de WikiLeaks en una reunión en la embajada de Estados Unidos. La diplomacia norteamericana mencionaba al especialista en seguridad como “asesor” del gobernador. La relación del dueño de Codesur con Estados Unidos también es larga y la confianza es tanta que le permitió dar charlas sobre seguridad en el mismísimo Pentágono.

Hasta el 10 de diciembre de 2015, la provincia de Buenos Aires era su fortaleza, pero estaba lejos de ser su único cliente. Sergio Massa se proyectó a nivel nacional gracias a las camaritas que Montoto le instaló en Tigre, igual que en la ciudad de Buenos Aires durante los mandatos de Jorge Telerman y Mauricio Macri.

Con una historia personal en la que sufrió la desaparición de amigos y personas de su círculo íntimo, Montoto inventó el negocio de la seguridad casi sin proponérselo. Cuando regresó a la Argentina, a comienzos de los ochenta, después de su exilio en Brasil y España, tomó dos decisiones: hizo colocar un ascensor en su casa de dos pisos en Palermo chico y puso cámaras de seguridad en el frente de su chalet. Quería estar seguro.

Durante los años noventa fue socio del empresario Sergio Taselli en el Ferrocarril Roca y trabajó para Ciccone. Aunque solía quejarse de que el kirchnerismo no le abría la puerta como merecía, en los primeros años del Frente para la Victoria en el poder realizó el mantenimiento del submarino Salta y, en sociedad con la firma israelí IAI, se encargaba del mantenimiento estructural del Tango 01 y reparaba los motores de los helicópteros Bell del Ejército.

 

Con Daniel Hadad. También es amigo del vaciador del Grupo 23, Sergio Szpolski.

 

Propietario de la revista DEF y de la editorial TAEDA, el empresario que ofició esta semana de lazarillo de la comitiva israelí tiene una amistad añeja con dos empresarios de medios con distinto presente pero muy vinculados entre sí: Daniel Hadad y Sergio Szpolski.

El dueño de Infobae suele destinarles un espacio importante a los proyectos de Montoto y el presidente de la Cámara de Comercio Argentino-Israelí es un columnista distinguido de ese sitio; se ven y hablan en forma permanente. Aunque en el mercado se los mencionó como socios en la firma Global View, Montoto niega tener emprendimientos en común con su amigo. El vínculo con Szpolski es tan cercano que en la comunidad judía consideraban que el empresario que dejó en la calle a 800 trabajadores de prensa en 2015 había sido su puerta de ingreso a la comunidad judía. Montoto lo desmiente: “Muy lejos de la realidad. Llegué a la Cámara porque la embajada de Israel y un miembro de la Cámara me vinieron a ver. Fue hace más de 15 años y Szpolski ni sabía quién era yo. La primera vez que escuché a hablar de él fue en la época del Banco Patricios”.

La visita de Netanyahu a la Argentina lo proyectó a un lugar de visibilidad que hasta el momento había preferido evitar.

Tocó con todos (y con Macri toca mejor)

El frondoso árbol de vínculos del ex abogado de Firmenich con la política sirve ahora de puente entre el gobierno del PRO y el poder económico judío. La conexión Netanyahu. La compañera Bullrich.

Fue una de las estrellas de la semana. En la primera visita de Estado de un primer ministro israelí a la Argentina, Mario Montoto tuvo un rol destacado como pocas veces. El presidente de la Cámara de Comercio Argentino-Israelí fue anfitrión de Benjamín Netanyahu y aliado del gobierno de Cambiemos en la cruzada por alentar la llegada de inversiones e incrementar el comercio bilateral.

Con un pasado frondoso en el peronismo, Montoto estuvo durante tres días al servicio de la comitiva de empresarios que llegaron a Buenos Aires y se encargó de valorar el “cambio en el clima de negocios” que se produjo a partir de que Mauricio Macri se colgó la banda presidencial. Estuvo en la Cancillería el lunes, en el cóctel del martes en el Hotel Alvear y tuvo un mano a mano aparte con Netanyahu. Se lo pudo ver con José Luis Manzano y Nicolás Caputo, el “hermano” del Presidente que asistió en nombre del oficialismo. “Soy un promotor de las relaciones comerciales entre los dos países. Hasta hace no mucho tiempo, para poder importar, estabas obligado a exportar el mismo volumen. Es muy complicado para empresas que están a miles de kilómetros de la Argentina que les digas que para poder exportar fertilizantes tenés que importar aceitunas”, argumentó Montoto ante Letra P.

 

 

PROMOTOR Y AMIGO. Especialista en el negocio de la seguridad, el empresario es dueño de Corporación para la Defensa del Sur (Codesur) y no es un recién llegado a las relaciones con Israel. Lleva más de dos décadas como nexo entre un mundo y otro, dos mandatos como presidente de la Cámara y más de 15 años como miembro de la comisión directiva. Su relación comercial con Israel se inició durante los años del menemismo. Católico fervoroso, Montoto suele recordar que quedó impresionado cuando viajó por primera vez a Jerusalén y vio -ya hace más de 20 años- un microchip: desde entonces, su vínculo con el país de Netanyahu y con las compañías que se dedican a la videovigilancia, “la defensa y la seguridad interna” no paró de agigantarse.

Fundada en 2003, Codesur explica en su página web que tiene entre sus principales clientes a las fuerzas de seguridad y al Ministerio de Defensa.

 

Amplio. Con Scioi, Berni y Montenegro.

 

El presidente de la Cámara Argentino-Israelí ya había estado en algunas oportunidades con el jefe del Likud como parte de la comitiva de empresarios argentinos. Pero no había tenido un vínculo personal como el que -asegura- logró con Shimon Peres, el histórico líder del laborismo. “Es el amigo más joven que he perdido”, les dijo a sus hijos después de la muerte de Peres, el año pasado.

LA PIBA. Una semana antes de la visita del premier israelí, Montoto se había reunido con una vieja conocida que hoy atraviesa una situación turbulenta por la desaparición de Santiago Maldonado: Patricia Bullrich. La ministra de Seguridad lo recibió junto a su segundo, Eugenio Burzaco, y al jefe de los espías, Gustavo Arribas. Se conocieron en tiempos de la última dictadura militar, cuando los dos se enrolaban en las filas del peronismo revolucionario. Todo cambió. Sin embargo, nunca perdieron el contacto. En tiempos en que Bullrich era una diputada opositora, Montoto solía bromear con la idea de que ejercía sobre ella una especie de jefatura política, tal vez herencia del pasado. “Mi relación con Patricia es pública y de muchos años, como lo es con tantos funcionarios, legisladores, gobernadores o dirigentes. Dediqué una parte importante de mi vida a la política y esos vínculos permanecen”, afirma.

En enero pasado, el Gobierno anunció la compra a Israel de cuatro lanchas artilladas y con gran poder de aceleración para patrullar el río Paraná y de sistemas integrados de vigilancia de cruces fronterizos terrestres por más de 80 millones de dólares. Fue después del viaje que la ministra Bullrich hizo a Jerusalén en noviembre de 2016. Después de esta visita oficial, se espera que las operaciones se multipliquen. “Se ha firmado un acuerdo marco para tratar temas de ciberseguridad y ciberdefensa, pero no estoy al tanto de que el Estado argentino vaya a comprarle armamento a Israel”, asegura el empresario.

 

 

TOCÓ CON TODOS. Las conexiones de Montoto con el mundo de la política y los negocios son interminables. El vínculo con Bullrich no le impide mantener el diálogo con hombres de la más íntima confianza de Cristina Kirchner. Hasta la llegada de Cambiemos al poder, el ex apoderado de Mario Firmenich se distinguía por su cercanía con el entonces gobernador Daniel Scioli. Con el anzuelo de las cámaras de seguridad, Montoto desplegó una red con la que se metió en la cocina de provincias y municipios de todo el país. “Tenemos desarrollo de la tecnología aplicada a la seguridad en distintos municipios de todo el país”, suele decir. El lazo con el ex motonauta era tan estrecho que se le atribuía responsabilidades en la política de seguridad que desplegaba el entonces gobernador, en abierta discrepancia con el discurso del kirchnerismo, sobre todo durante la gestión de Nilda Garré en el Ministerio de Seguridad nacional. Montoto y Scioli quedaron inmortalizados en los cables de WikiLeaks en una reunión en la embajada de Estados Unidos. La diplomacia norteamericana mencionaba al especialista en seguridad como “asesor” del gobernador. La relación del dueño de Codesur con Estados Unidos también es larga y la confianza es tanta que le permitió dar charlas sobre seguridad en el mismísimo Pentágono.

Hasta el 10 de diciembre de 2015, la provincia de Buenos Aires era su fortaleza, pero estaba lejos de ser su único cliente. Sergio Massa se proyectó a nivel nacional gracias a las camaritas que Montoto le instaló en Tigre, igual que en la ciudad de Buenos Aires durante los mandatos de Jorge Telerman y Mauricio Macri.

Con una historia personal en la que sufrió la desaparición de amigos y personas de su círculo íntimo, Montoto inventó el negocio de la seguridad casi sin proponérselo. Cuando regresó a la Argentina, a comienzos de los ochenta, después de su exilio en Brasil y España, tomó dos decisiones: hizo colocar un ascensor en su casa de dos pisos en Palermo chico y puso cámaras de seguridad en el frente de su chalet. Quería estar seguro.

Durante los años noventa fue socio del empresario Sergio Taselli en el Ferrocarril Roca y trabajó para Ciccone. Aunque solía quejarse de que el kirchnerismo no le abría la puerta como merecía, en los primeros años del Frente para la Victoria en el poder realizó el mantenimiento del submarino Salta y, en sociedad con la firma israelí IAI, se encargaba del mantenimiento estructural del Tango 01 y reparaba los motores de los helicópteros Bell del Ejército.

 

Con Daniel Hadad. También es amigo del vaciador del Grupo 23, Sergio Szpolski.

 

Propietario de la revista DEF y de la editorial TAEDA, el empresario que ofició esta semana de lazarillo de la comitiva israelí tiene una amistad añeja con dos empresarios de medios con distinto presente pero muy vinculados entre sí: Daniel Hadad y Sergio Szpolski.

El dueño de Infobae suele destinarles un espacio importante a los proyectos de Montoto y el presidente de la Cámara de Comercio Argentino-Israelí es un columnista distinguido de ese sitio; se ven y hablan en forma permanente. Aunque en el mercado se los mencionó como socios en la firma Global View, Montoto niega tener emprendimientos en común con su amigo. El vínculo con Szpolski es tan cercano que en la comunidad judía consideraban que el empresario que dejó en la calle a 800 trabajadores de prensa en 2015 había sido su puerta de ingreso a la comunidad judía. Montoto lo desmiente: “Muy lejos de la realidad. Llegué a la Cámara porque la embajada de Israel y un miembro de la Cámara me vinieron a ver. Fue hace más de 15 años y Szpolski ni sabía quién era yo. La primera vez que escuché a hablar de él fue en la época del Banco Patricios”.

La visita de Netanyahu a la Argentina lo proyectó a un lugar de visibilidad que hasta el momento había preferido evitar.