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Cristina (no es) eterna

Cristina (no es) eterna

14/09/2017 06:58 PM

 

"Deseamos una reforma constitucional porque queremos una Cristina eterna". Lo dijo la diputada kirchnerista Diana Conti el 28 de febrero de 2011. Se entiende: la expresión es una metáfora. Cristina Fernández de Kirchner no será eterna, en su condición de líder política, ni siquiera en el marco de su posibilidad vital. Más: es probable que su estrella como protagonista de la política nacional se atenúe severamente el 22 de octubre a la noche. Como ha señalado Letra P, las proyecciones que maneja el peronismo pronostican que la alianza gobernante Cambiemos le dará vuelta el partido que ganó en las PASO del 13 de agosto y es probable, incluso, que la venza por una diferencia que no admitirá discusiones. Lo que tampoco admite discusiones es que hoy, todavía, después de 12 años de ejercicio vehemente y controversial del poder, de recibir una catarata de acusaciones judiciales en su contra –ahora un fiscal quiere que se la indague por encubrimiento del más cruento de los atentados terroristas que sufrió el país en sus 217 años de vida- y de ser señalada como la responsable del gobierno más corrupto de la historia por una colosal maquinaria comunicacional, la ex presidenta conserva una centralidad política que compite de igual a igual con el mismísimo presidente de la Nación.

Fue plena prueba de esa afirmación la entrevista que brindó este jueves al canal on line del sitio Infobae. Durante la hora y cuarenta y cinco minutos que duró el reportaje, el hashtag #CristinaEnVivo encabezó el ranking nacional de tendencias en la red social Twitter; los tres sitios web de noticias más leídos del país (Clarín, La Nación y el propio Infobae) mantuvieron sus portadas tituladas con sus declaraciones y, salvo TN, que la ignoró por completo, las principales señales periodísticas de televisión por cable (C5N, Crónica TV y A24) se colgaron del streaming del canal digital de Daniel Hadad y recrearon en parte las cadenas nacionales que, en la nota, la ex jefa de Estado reivindicó, aunque con el matiz de revelar que se arrepiente del “tono” con el que supo impregnar esos mensajes cuando los pronunció “enojada”, “ofuscada”. Proyectada al universo infinito de medios y redes sociales que transmitieron o reprodujeron los dichos de la candidata de Unidad Ciudadana, la repercusión fue inconmensurable.

 

 

Claro: debajo de tanto ruido, la entrevista misma –la decisión de dar por primera vez un reportaje fuera de la zona de confort de su círculo de medios y periodistas afines- pone en crisis el grito de guerra de Diana Conti.

Cristina, ahora, se sabe más finita y por eso cede.

Por eso se expone al riesgo de trenzarse en un mano a mano, en vivo, sin red, con un periodista que se confiesa “gorila” y, con el diario del lunes, conocido el resultado del combate, se expone también a que sus propios fans le reprochen no haberlo hecho antes.

Cristina es la primera que sabe que la centralidad política no es eterna. Y que la suya puede recibir un golpe duro el mes que viene, porque una derrota envalentonaría a aquellos enemigos íntimos que, a pesar de perder mucho peor que ella, volverían a reclamarle la jubilación. Por eso abre el paraguas, insiste con llamar a la unidad del peronismo y avisa que, si ella fuera obstáculo para que se produjera, no sería candidata en 2019. Pero, cuidado: el título que Letra P le puso a la nota sobre la entrevista (ver “Cristina se anota para 2019…”) no es un error: lo que dijo Cristina es que ella está anotada para volver, como arenga el cantito que es el hit de la militancia K desde la derrota en el ballotage de 2015. Y que sólo en caso de reconocerse como una piedra en el camino hacia la victoria estaría dispuesta a salir de escena.

Cristina (no es) eterna

 

"Deseamos una reforma constitucional porque queremos una Cristina eterna". Lo dijo la diputada kirchnerista Diana Conti el 28 de febrero de 2011. Se entiende: la expresión es una metáfora. Cristina Fernández de Kirchner no será eterna, en su condición de líder política, ni siquiera en el marco de su posibilidad vital. Más: es probable que su estrella como protagonista de la política nacional se atenúe severamente el 22 de octubre a la noche. Como ha señalado Letra P, las proyecciones que maneja el peronismo pronostican que la alianza gobernante Cambiemos le dará vuelta el partido que ganó en las PASO del 13 de agosto y es probable, incluso, que la venza por una diferencia que no admitirá discusiones. Lo que tampoco admite discusiones es que hoy, todavía, después de 12 años de ejercicio vehemente y controversial del poder, de recibir una catarata de acusaciones judiciales en su contra –ahora un fiscal quiere que se la indague por encubrimiento del más cruento de los atentados terroristas que sufrió el país en sus 217 años de vida- y de ser señalada como la responsable del gobierno más corrupto de la historia por una colosal maquinaria comunicacional, la ex presidenta conserva una centralidad política que compite de igual a igual con el mismísimo presidente de la Nación.

Fue plena prueba de esa afirmación la entrevista que brindó este jueves al canal on line del sitio Infobae. Durante la hora y cuarenta y cinco minutos que duró el reportaje, el hashtag #CristinaEnVivo encabezó el ranking nacional de tendencias en la red social Twitter; los tres sitios web de noticias más leídos del país (Clarín, La Nación y el propio Infobae) mantuvieron sus portadas tituladas con sus declaraciones y, salvo TN, que la ignoró por completo, las principales señales periodísticas de televisión por cable (C5N, Crónica TV y A24) se colgaron del streaming del canal digital de Daniel Hadad y recrearon en parte las cadenas nacionales que, en la nota, la ex jefa de Estado reivindicó, aunque con el matiz de revelar que se arrepiente del “tono” con el que supo impregnar esos mensajes cuando los pronunció “enojada”, “ofuscada”. Proyectada al universo infinito de medios y redes sociales que transmitieron o reprodujeron los dichos de la candidata de Unidad Ciudadana, la repercusión fue inconmensurable.

 

 

Claro: debajo de tanto ruido, la entrevista misma –la decisión de dar por primera vez un reportaje fuera de la zona de confort de su círculo de medios y periodistas afines- pone en crisis el grito de guerra de Diana Conti.

Cristina, ahora, se sabe más finita y por eso cede.

Por eso se expone al riesgo de trenzarse en un mano a mano, en vivo, sin red, con un periodista que se confiesa “gorila” y, con el diario del lunes, conocido el resultado del combate, se expone también a que sus propios fans le reprochen no haberlo hecho antes.

Cristina es la primera que sabe que la centralidad política no es eterna. Y que la suya puede recibir un golpe duro el mes que viene, porque una derrota envalentonaría a aquellos enemigos íntimos que, a pesar de perder mucho peor que ella, volverían a reclamarle la jubilación. Por eso abre el paraguas, insiste con llamar a la unidad del peronismo y avisa que, si ella fuera obstáculo para que se produjera, no sería candidata en 2019. Pero, cuidado: el título que Letra P le puso a la nota sobre la entrevista (ver “Cristina se anota para 2019…”) no es un error: lo que dijo Cristina es que ella está anotada para volver, como arenga el cantito que es el hit de la militancia K desde la derrota en el ballotage de 2015. Y que sólo en caso de reconocerse como una piedra en el camino hacia la victoria estaría dispuesta a salir de escena.