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El final es de donde partí: Futbol y TV en Argentina

En agosto comenzará una nueva era en la televisación del fútbol de nuestro país. Asoman viejos vicios, nuevas formas y los mismos problemas de siempre.

El final es de donde partí: Futbol y TV en Argentina

21/06/2017 10:20 AM

 

En las próximas dos semanas, con el final del Torneo de Primera División de Fútbol que ya ganó Boca Juniors, terminará el programa de política pública de comunicación Fútbol Para Todos (FPT). Luego de que se jueguen y televisen las dos fechas restantes asistiremos al fin de una era (no tan) corta pero significativa en la relación entre estos dos amigos íntimos: el fútbol y la TV.

En realidad, lo que culminará es la  versión Cambiadade aquel modelo de distribución del contenido más relevante de la televisión en el país. Porque, a partir de la gestión de Cambiemos, asistimos a un modo diferente, que materializó la continuidad del programa (prometida por Mauricio Macri en la campaña electoral de 2015) apenas por los primeros 18 meses.

El modelo con el que termina el programa ostenta algunos rasgos propios de original. Y muestra una serie de elementos que lo distinguen. El FPT cambiemista dejó al Gobierno en el rol central del proceso, mantuvo al Estado como principal sostén económico (en marzo de 2017 pagó la última cuota de $350 millones); continuó la utilización política de este financiamiento para intervenir en la discusiones de la AFA y la falta de control sobre el destino de los fondos; sostuvo la distribución de las transmisiones de (casi todos) los partidos de las fechas por canales de TV Abierta –que en nuestro país demandan acceder a la TV de pago para verlos en la mayoría de las ciudades-; disipó por poco tiempo vicios como la divulgación de propaganda gubernamental en las tandas publicitarias ) y culmina al tope de los contenidos más vistos de la programación de una TV que ve cómo su consumo se ameseta.

¿EL FUTURO? Luego de varios meses de frenéticas negociaciones con empresas multinacionales y en medio de una crisis política e institucional muy profunda, la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) anunció en marzo el comienzo de una nueva era: el traspaso del control de los derechos de transmisión a manos extranjeras. Era el puntapié inicial para un cambio de paradigma. Otro más.

Tras la “licitación” para comercializar los derechos se resolvió que quedaran en manos de dos empresas de origen estadounidense que se asociaron para tal fin: FOX y Turner. De este modo, se completó una novela plena de intrigas. Y comenzó otra que devuelve a las audiencias argentinas al escenario de pagar de modo directo para gritar los goles que se miran por TV.  

Según el comunicado oficial, “la Comisión de Ofertas de Derechos Audiovisuales de la Asociación del Fútbol Argentino notifica que, en los términos de las Pautas para la Presentación de Ofertas para la Comercialización de Derechos Audiovisuales, ha seleccionado a FSLA Holding L.L.C. y Turner Broadcasting System Latin America INC. para que dichos oferentes, durante un plazo de exclusividad de tres (3) días hábiles, implementen y den cumplimiento a los compromisos asumidos en su oferta.

Pasaron varios meses de aquella decisión. Pero poco se sabe todavía sobre cómo será esa nueva etapa. Con el nuevo torneo, que pocos saben cuándo comenzará (sería a mediados de agosto) y cómo se jugará (implicará un formato de 28 equipos), reaparecerá el fútbol pago de modo directo. Pero con algunos condimentos del modelo actual que se vuelven residuales.

Dado que la producción de los contenidos quedó en manos de FOX y Turner, se habilita el regreso de los partidos a la grilla de la TV por Cable. Esa es la mudanza sustancial. Pero podría verse afectada de algún modo por el todavía vigente artículo 77 de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (¿viva?), que reconoce y “garantiza el derecho al acceso universal —a través de los servicios de comunicación audiovisual— a los contenidos informativos de interés relevante y de acontecimientos deportivos, de encuentros futbolísticos u otro género o especialidad”. Está por verse si esto será pieza de negociación para el futuro desarrollo o de demanda por parte de algún actor de la sociedad civil.

Por su parte, el camino hacia nuevas formas de distribución y comercialización sucede casi una década después del paradigma del fútbol “no pago”. En ese lapso, se ha profundizado una serie de transformaciones tecnologías (múltiples nuevas pantallas) y hábitos de consumo que generan incertidumbre sobre los modelos de negocio: ¿cuánto y por qué estamos dispuestos a pagar?

Las versiones más sólidas sostienen que el regreso será con un Paquete “Fútbol” ofrecido por los cableoperadores a sus abonados. Su costo rondaría los $300 e incluirá los 14 partidos de cada fecha. Es decir que no se prevén diferentes formas de empaquetado y, tal como sostiene Enrique Carrier, eso reduce el “costo por unidad”. Aunque el valor de cada commodity difiera (por interés, atractivo, etc.).

En las últimas semanas diferentes medios informaron que en el año electoral  se demorará hasta noviembre la obligación de pagar para ver fútbol por TV. El gobierno habría llegado a un acuerdo para el paquete a comercializar sea promocionado durante los primeros tres meses: desde el inicio del torneo –cercano a las PASO- hasta noviembre, pasadas ya las elecciones. 

Por un lado, no hay información precisa al momento que aclare si este modelo demandará contratar el servicio para luego recibir la promoción. O si seguirá sin comercializarse hasta entonces. Por otro lado, no queda claro si dicho acuerdo tendrá costo alguno para el Estado, mediante erogación de dinero, pauta, eximición impositiva, etc. Tampoco si en ese período “free” o “gratis (todavía)” se incluirá algún superclásico. O si es que el triunfo de River en la Bombonera por 3 a 1 ante Boca del 14 de mayo fue el último de los “días felices”.  

Finalmente, la adjudicación de los derechos del Fútbol de Primera División a las empresas que comenzarán a operar en agosto de 2017 completa un proceso de transferencia del control y gestión de este tipo de derechos del Estado al sector privado. Sucedió sin solución de continuidad desde el cambio de gobierno con la Copa Argentina y la B Nacional a manos de la empresa Torneos. Quedan vigentes apenas Automovilismo para todos y los torneos federales que televisa la señal DeporTv.

 

 

SE TERMINA. El final del programa Fútbol Para Todos está cerca. Sucederá en un contexto peculiar. En la AFA casi todo es manejado por el presidente de Boca, Daniel Angelici, que responde a Mauricio Macri. Al negocio de TV vuelve –como operador de Cable- el Grupo Clarín, que nunca se había ido. El gerente de la AFA es un ex Exxel Group (que ¿concursó? su cargo). El torneo de Primera será administrado por la recientemente creada “Superliga”. Su CEO será un ex Grupo Indalo, la empresa de Cristóbal López. Habrá que volver a pagar de modo directo para verlo por TV. Pero asoma una “promo elecciones” que demora hasta después de los comicios de octubre el fútbol pago. Y volvieron las publicidades gubernamentales. Parece que cuánto  y cómo “cambiamos” no equivale a evolución. 

 

El final es de donde partí: Futbol y TV en Argentina

Docente - investigador en Políticas de Comunicación. Universidad Nacional de Quilmes. Universidad de Buenos Aires.

En agosto comenzará una nueva era en la televisación del fútbol de nuestro país. Asoman viejos vicios, nuevas formas y los mismos problemas de siempre.

 

En las próximas dos semanas, con el final del Torneo de Primera División de Fútbol que ya ganó Boca Juniors, terminará el programa de política pública de comunicación Fútbol Para Todos (FPT). Luego de que se jueguen y televisen las dos fechas restantes asistiremos al fin de una era (no tan) corta pero significativa en la relación entre estos dos amigos íntimos: el fútbol y la TV.

En realidad, lo que culminará es la  versión Cambiadade aquel modelo de distribución del contenido más relevante de la televisión en el país. Porque, a partir de la gestión de Cambiemos, asistimos a un modo diferente, que materializó la continuidad del programa (prometida por Mauricio Macri en la campaña electoral de 2015) apenas por los primeros 18 meses.

El modelo con el que termina el programa ostenta algunos rasgos propios de original. Y muestra una serie de elementos que lo distinguen. El FPT cambiemista dejó al Gobierno en el rol central del proceso, mantuvo al Estado como principal sostén económico (en marzo de 2017 pagó la última cuota de $350 millones); continuó la utilización política de este financiamiento para intervenir en la discusiones de la AFA y la falta de control sobre el destino de los fondos; sostuvo la distribución de las transmisiones de (casi todos) los partidos de las fechas por canales de TV Abierta –que en nuestro país demandan acceder a la TV de pago para verlos en la mayoría de las ciudades-; disipó por poco tiempo vicios como la divulgación de propaganda gubernamental en las tandas publicitarias ) y culmina al tope de los contenidos más vistos de la programación de una TV que ve cómo su consumo se ameseta.

¿EL FUTURO? Luego de varios meses de frenéticas negociaciones con empresas multinacionales y en medio de una crisis política e institucional muy profunda, la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) anunció en marzo el comienzo de una nueva era: el traspaso del control de los derechos de transmisión a manos extranjeras. Era el puntapié inicial para un cambio de paradigma. Otro más.

Tras la “licitación” para comercializar los derechos se resolvió que quedaran en manos de dos empresas de origen estadounidense que se asociaron para tal fin: FOX y Turner. De este modo, se completó una novela plena de intrigas. Y comenzó otra que devuelve a las audiencias argentinas al escenario de pagar de modo directo para gritar los goles que se miran por TV.  

Según el comunicado oficial, “la Comisión de Ofertas de Derechos Audiovisuales de la Asociación del Fútbol Argentino notifica que, en los términos de las Pautas para la Presentación de Ofertas para la Comercialización de Derechos Audiovisuales, ha seleccionado a FSLA Holding L.L.C. y Turner Broadcasting System Latin America INC. para que dichos oferentes, durante un plazo de exclusividad de tres (3) días hábiles, implementen y den cumplimiento a los compromisos asumidos en su oferta.

Pasaron varios meses de aquella decisión. Pero poco se sabe todavía sobre cómo será esa nueva etapa. Con el nuevo torneo, que pocos saben cuándo comenzará (sería a mediados de agosto) y cómo se jugará (implicará un formato de 28 equipos), reaparecerá el fútbol pago de modo directo. Pero con algunos condimentos del modelo actual que se vuelven residuales.

Dado que la producción de los contenidos quedó en manos de FOX y Turner, se habilita el regreso de los partidos a la grilla de la TV por Cable. Esa es la mudanza sustancial. Pero podría verse afectada de algún modo por el todavía vigente artículo 77 de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (¿viva?), que reconoce y “garantiza el derecho al acceso universal —a través de los servicios de comunicación audiovisual— a los contenidos informativos de interés relevante y de acontecimientos deportivos, de encuentros futbolísticos u otro género o especialidad”. Está por verse si esto será pieza de negociación para el futuro desarrollo o de demanda por parte de algún actor de la sociedad civil.

Por su parte, el camino hacia nuevas formas de distribución y comercialización sucede casi una década después del paradigma del fútbol “no pago”. En ese lapso, se ha profundizado una serie de transformaciones tecnologías (múltiples nuevas pantallas) y hábitos de consumo que generan incertidumbre sobre los modelos de negocio: ¿cuánto y por qué estamos dispuestos a pagar?

Las versiones más sólidas sostienen que el regreso será con un Paquete “Fútbol” ofrecido por los cableoperadores a sus abonados. Su costo rondaría los $300 e incluirá los 14 partidos de cada fecha. Es decir que no se prevén diferentes formas de empaquetado y, tal como sostiene Enrique Carrier, eso reduce el “costo por unidad”. Aunque el valor de cada commodity difiera (por interés, atractivo, etc.).

En las últimas semanas diferentes medios informaron que en el año electoral  se demorará hasta noviembre la obligación de pagar para ver fútbol por TV. El gobierno habría llegado a un acuerdo para el paquete a comercializar sea promocionado durante los primeros tres meses: desde el inicio del torneo –cercano a las PASO- hasta noviembre, pasadas ya las elecciones. 

Por un lado, no hay información precisa al momento que aclare si este modelo demandará contratar el servicio para luego recibir la promoción. O si seguirá sin comercializarse hasta entonces. Por otro lado, no queda claro si dicho acuerdo tendrá costo alguno para el Estado, mediante erogación de dinero, pauta, eximición impositiva, etc. Tampoco si en ese período “free” o “gratis (todavía)” se incluirá algún superclásico. O si es que el triunfo de River en la Bombonera por 3 a 1 ante Boca del 14 de mayo fue el último de los “días felices”.  

Finalmente, la adjudicación de los derechos del Fútbol de Primera División a las empresas que comenzarán a operar en agosto de 2017 completa un proceso de transferencia del control y gestión de este tipo de derechos del Estado al sector privado. Sucedió sin solución de continuidad desde el cambio de gobierno con la Copa Argentina y la B Nacional a manos de la empresa Torneos. Quedan vigentes apenas Automovilismo para todos y los torneos federales que televisa la señal DeporTv.

 

 

SE TERMINA. El final del programa Fútbol Para Todos está cerca. Sucederá en un contexto peculiar. En la AFA casi todo es manejado por el presidente de Boca, Daniel Angelici, que responde a Mauricio Macri. Al negocio de TV vuelve –como operador de Cable- el Grupo Clarín, que nunca se había ido. El gerente de la AFA es un ex Exxel Group (que ¿concursó? su cargo). El torneo de Primera será administrado por la recientemente creada “Superliga”. Su CEO será un ex Grupo Indalo, la empresa de Cristóbal López. Habrá que volver a pagar de modo directo para verlo por TV. Pero asoma una “promo elecciones” que demora hasta después de los comicios de octubre el fútbol pago. Y volvieron las publicidades gubernamentales. Parece que cuánto  y cómo “cambiamos” no equivale a evolución.